Bitácora de Sergi Bellver: Cuento de agosto

21/8/10

Cuento de agosto

Aclaración previa:

En breve cerraré esta bitácora por cambio de dirección web, y desde la nueva página seguiré escribiendo al ritmo de antaño. Esa es una de las razones por las que tenía deliberadamente abandonado este espacio. Me parece oportuno hoy, sin embargo, copiar aquí una nota que he publicado esta misma mañana en mi perfil Facebook.



Cuento de agosto


Hoy, sábado 21 de agosto, aparece otro especial sobre el cuento en el suplemento Babelia del diario El País. No voy a emplear mis comentarios en enmendar todos los olvidos y errores de algunos de sus artículos. Los hay muy concretos y hasta entrañables, como cuando le cambian el título de su libro a Patricia Esteban Erlés o la hacen coeditora de una antología1, o como cuando el gran José Luis Borau dice que "se cumplen ahora ciento cincuenta años de la muerte de Chéjov". Evidentemente, no me estoy refiriendo a esa clase de errores menores, aunque todo trabajo debiera tender a la excelencia (algunos periodistas insisten en justificarlo todo por la premura; también ha de trabajar rápido un bombero y sin embargo atiende a lo que está haciendo; bueno, vale, de acuerdo, no es lo mismo hablar de libros que apagar incendios, pero el trabajo es siempre el trabajo -también el de los correctores- y el corporativismo siempre un cáncer). Ni siquiera me refiero a la ristra de obviedades estilo Wikipedia del o de la novelista de turno hablando, de repente (como si les hubiera tocado a suertes), sobre Chéjov y el cuento. Ya nos sabemos de memoria las viejas canciones. Es verdad que el discurso quejica del cuento es cansino y, además, ya improcedente. Pero qué quieren que les diga, también hay inercias que se repiten una y otra vez, y eso harta todavía más.

En esta ocasión, y por motivos obvios (encontrarme en la recta final de la elaboración de la antología Chéjov comentado para la editorial Nevsky Prospects, donde colaboran algunas firmas que "algo" saben de qué va esto del cuento, como Eloy Tizón, Hipólito G. Navarro, Jon Bilbao, Ricardo Menéndez Salmón y muchos otros, o sobre la figura y obra de Anton Chéjov, como Paul Viejo -muy pocos como Paul Viejo-; antología de la que en el diario en cuestión tenían noticia y han preferido obviar, a pesar de la nómina de comentaristas), me incomoda especialmente que se haya relegado el "homenaje" al autor ruso en el ciento cincuenta aniversario de su nacimiento (que se cumplió a principios de este año) a un sábado de agosto y de la manera en que se ha hecho. Unos dirán que nunca llueve a gusto de todos, o cualquier otro tópico correoso, que qué se le va a hacer, que todo suma y que no importa, pero cuando unas personas cobran por un trabajo se les ha de pedir, cuanto menos, que sean profesionales. Y si son periodistas, que estén informados. Y si son "culturales", que lean. Insisto. Eso es todo. Al crítico, que lea mucho y lea bien. Al periodista y al articulista, que se informen. Insisto, insisto e insisto. Ni siquiera hablo de la pasión por un tema que sería deseable en cualquier comentarista, para contagiarle al lector una experiencia que fuera más allá de lo previsible. Me conformaría con la eficiencia. Porque después ahí queda lo publicado, y otros dirán que no hay para tanto, que sólo es un suplemento más, que aquí no pasa nada. Y he ahí el problema, que se despachan las cosas de cara al lector cuando, con un poco más de esfuerzo y objetividad, podría hacerse un buen trabajo, uno mejor, el mejor posible (manía española de ir a lo justito). Ese lector, al fin y al cabo, está pagando esa misma publicación, aunque muy probablemente pase de largo, camino a las secciones de política, economía o deportes.

A mí nadie me paga por decir lo que pienso, tal vez porque soy poco amigo de los conciliábulos y no me trabajo tanto la agenda de contactos como las lecturas. Tal vez porque me importa más lo que dicen los libros que de lo que hablan sus autores. Quizá porque prefiero ponerme del lado del lector anónimo que, una vez gastado su dinero en la librería, realiza a solas la prueba del algodón con cada nuevo título. Y cada vez que la cosa mancha, que los textos se deshacen (vaya, pues no, resulta que no era el libro del año, que la voz no era tan nueva ni la prosa tan potente, que lo que decían el editor y el crítico no sucede al final en la lectura), el lector no tiene más opción que la de no repetir autor o editorial, que no es poco. Por eso, en el fondo, al final la incidencia de esta clase de suplementos es mínima, porque donde se la juega un libro es en la privacidad de la lectura. Es verdad que en una primera andanada, los disparos tumban a unos cuantos lectores incautos, que se fían de las opiniones de críticos y periodistas para acudir a su librería. Pero no nos engañemos, en España se lee poco, se lee mal, y el lector informado sigue siendo una rara avis.

En esta ocasión mi primera reacción ha sido de hastío (¿de verdad no hay otra manera de hacer las cosas?). Ganas de poner el dedo en la llaga, de detallar cada despropósito. Pero luego ha venido otro tipo de cansancio, el de la cabeza que recuerda los moratones de embestir el mismo muro demasiadas veces, el de la espalda a menudo apuñalada por viejos colegas de letras cuando mi lengua no ha pasado suficientemente por la parte baja de su espalda. Y he decidido cambiar de estrategia, callar, dejar que cada redacción de cada medio decida qué le endosa a sus lectores y a qué colaboradores elige y paga. He optado por hacer otra cosa, sin demasiados aspavientos y yendo al grano, y recomendar, sin más, la lectura de algunos buenos libros de cuentos aparecidos en los últimos meses que no han sido mencionados en este especial de Babelia (el "ninguneo" a algunas editoriales que publican cuento es, cuanto menos, sangrante2) o que, aún peor, han sido comentados de un modo, cuanto menos, desafortunado. También incluyo algunos de los títulos que sí aparecen en el suplemento, porque doy fe de que valen la pena o sé que lo harán (novedades que se avecinan) y porque no todo puede salir mal y a veces uno, aunque sea dando tumbos, acierta.

Que el lector decida, que se deje guiar por la intuición, que acuda a una librería, escoja alguno de estos títulos y lea la contracubierta, las solapas y algún texto al azar, antes de decidir si pasa por caja. Pero que pueda decidir con un poco más de información. Desde mi modesta tribuna (al margen, periférica y amateur por completo), y desde todas las lecturas que he acumulado en el último año (si hay omisiones, es que anoto los primeros que me vienen a la mente, que el libro no me ha gustado o que no lo he leído -manías mías que jamás me dejarán llegar a nada en la crítica literaria: sólo hablo de los libros que leo, miren ustedes-), aquí van mis recomendaciones para terminar el verano leyendo buen cuento. Que ustedes lo lean y disfruten.

1. Buenos libros de relatos publicados en los últimos meses

  • Bajo el influjo del cometa, de Jon Bilbao (Salto de Página). Uno de los "olvidos" menos perdonables en el artículo de Babelia.
  • Atractores extraños, de Javier Moreno (Inéditor).
  • Aroma de alcanfor, de Naiyer Masud (Atalanta).
  • El libro de las maravillas. Cuentos asombrosos, de Lord Dunsany (Alfabia).
  • Los líquenes del sueño, de Ángel Olgoso (Tropo editores).
  • Cuentos completos, de Rodolfo Walsh (Veintisiete Letras).
  • Cuentos completos, de Fogwill (Alfaguara).
  • Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual, VV. AA. (Menoscuarto, ed. de Gemma Pellicer y Fernando Valls). Despachado de manera poco acertada en Babelia. Ya hablé de esta antología en BCN Week y pronto lo haré con más detalle en la revista Kafka.
  • El libro del voyeur, VV. AA. (Ediciones del Viento, ed. de Pablo Gallo). Ilustrado.
  • Velas al viento, VV. AA. (Cuadernos del Vigía, ed. de Fernando valls). Microrrelatos.

Anteriores, pero que merece la pena rescatar:

  • Las elipsis del cronista, de Pablo Andrés Escapa (Páginas de Espuma). En febrero llegó una reedición necesaria de este gran libro de cuentos.
  • La fe ciega, de Gustavo Nielsen (Páginas de Espuma).
  • Submáquina, de Esther García Llovet (Salto de Pagina). Otro de esos casos incomprensibles de divorcio entre buena literatura y repercusión. Tal vez porque la escritora sólo se ocupa de escribir y prefiere quedar al margen de fotos y bolos, pero la literatura de Esther García Llovet le da sopas con honda a la de otras autoras que pretenden vendernos como "revelación femenina". Sobre todo porque no escribe en femenino, sino literatura, a secas.
  • Cuentos completos, de Vladimir Nabokov (Alfaguara).

2. Libros de relatos que leeré seguro

Que aparecerán en breve o que todavía no he podido leer -no me llega el presupuesto o su editor no me los envía- pero que, por la trayectoria de los autores y otros textos que les he leído, no pienso pasar por alto

  • El otro fuego, de Inés Mendoza (Páginas de Espuma).
  • Cuentos reunidos, de Felisberto Hernández (Eterna Cadencia Editora).
  • Antes del futuro imperfecto, de Medardo Fraile (Páginas de Espuma, en septiembre).
  • Cuentos completos, de Ana María Matute (Destino, este otoño).
  • El chico de las flores, de Óscar Esquivias (Ediciones del Viento, en octubre).
  • Llenad la tierra, de Juan Carlos Márquez (Menoscuarto, este otoño).
  • Antes de las jirafas, de Matías Candeira (Páginas de Espuma, en 2011).
  • El nuevo libro de relatos de Gonzalo Calcedo (Menoscuarto, ¿este otoño?).

Seguiré incorporando títulos a estas listas en cuanto tenga noticia de novedades o pueda leer las que esperan en mi mesa. Si se os ocurren algunos a vosotros, adelante.

Notas:

1. Ana Rodríguez Fischer es la autora del artículo, y no Winston Manrique. Hay un error de atribución en la versión digital del suplemento, aún sin corregir. En cualquier caso, me da que Fischer ni se ha leído algunos de los libros que comenta. Solapa, cuatro notas, y arreando que es gerundio.
2. Mira que lo tenían a huevo, sólo había que seguir las pistas de la nómina de Siglo XXI de Menoscuarto (si se lo hubieran leído, claro, en vez de sólo pasar lista a las chicas) para descubrir a unas cuantas editoriales que también trabajan el cuento.

3 comentarios:

Jordi M.Novas dijo...

El otro fuego, de Inés Mendoza, es cojonudo.

Sergi Bellver dijo...

Eso llega a mis oídos últimamente, Jordi. A Inés Mendoza sólo le había leído dos cuentos en la antología Parábola de los talentos (Gens ediciones, 2007) y ya entonces prometía mucho. Saludos.

carlos maiques dijo...

Hola Sergi:

Una duda ¿"Llenad la tierra" es el mismo volumen de cuentos que como "Llegado el momento" fue seleccionado en el Premio Ribera del Duero?

Un saludo y felicitaciones anticipadas para esa nueva página.