Bitácora de Sergi Bellver: Para todos, con amor y sordidez.

29/1/10

Para todos, con amor y sordidez.

Una vez más, las bitácoras y los medios digitales parecen actuar como eco de las agencias de noticias y todo el mundo hace la muesca a los pies de la estatua: "Pericles de los Palotes estuvo allí", como insólitos turistas literarios que repasan las viejas fotos.

Ya sabemos lo que ha pasado. Lo dicen esas agencias. Lo dicen, lo repetimos y no decimos nada nuevo. Se pueden leer estas cosas en mil sitios. Facebook te lo cuenta, se expande como un virus y en cuestión de minutos todo el mundo tararea "Billy Jean" y desempolva las hombreras, teclea Müller ("Herta dices, ¿no?") en el buscador o se acuerda de Holden Caulfield.

Pero al maestro de los Nueve cuentos, creo, todo esto le hubiera parecido tan estúpido como el mundo al que renunció hace ya demasiados años. Se ha extinguido el hombre, se ha desplomado un fardo de huesos ermitaños y poco importa cuando su dueño decidió apagarse por su cuenta, desapercibido, digno y a su tiempo. "Los rayos están destinados a uno o no lo están", escribió. Y siguió caminando bajo la tormenta sin preocuparse ni del relámpago ni mucho menos de nuestras lucecitas de feria, sabiendo que el trabajo estaba hecho, que no le hacía falta morirse para permanecer vivo en millones de lecturas. Digo bien, lecturas y no lectores, porque no es lo importante, como no lo es ese anciano que empujaba un carrito en el aparcamiento del centro comercial en la última foto hurtada a su intimidad. De lecturas, digo, en las que todavía palpita (y seguirá haciéndolo) esa naturaleza sombría y afilada de las cosas.

Que vengan los carroñeros a hurgar en los cajones, si quieren. Qué más da. Uno es bestia parda y en el fondo lo desea, aunque sea tan solo por salvarse del tedio actual y volver a leer algo bueno de veras, probablemente. Y si dejan al muerto en paz, tanto mejor. Pase lo que pase, ya nada puede cambiar respecto a nuestra percepción de la obra de Salinger, porque un escritor es dueño de lo que publica y de lo que guarda para sí. Callar también es escritura porque el silencio también es discurso. Como el tiro en la sien del pez plátano, el silencio, elegido a su tiempo, sigue siendo perfecto.

9 comentarios:

Xuan dijo...

Me siento huérfano.

MGJuárez dijo...

Me gusta esta austeridad tuya, el comentario justo que lo dice todo. Qué bueno si a partir de ahora solo viniera silencio, y lecturas, claro.

Sigamos leyendo, pues.
Abraçades,
Montse.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con Montse.

Aquí una frase de Salinger
"Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribrir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi propio placer".

9 Cuentos es un curso de relato,de buenos diálogos, buen oído y escritura certera y precisa.
Y El guardián entre el Centeno(a pesar de que a mucha gente no le gusta) fue la novela que me lo descubrió y a mis 16 años fue una revolución. Sigo pensando que la voz del protagonista es totalmente natural y creíble.
Yo se la sigo recomendando a los adolescentes con inquietudes.

Un abrazo
R.A.

ETDN dijo...

Tienes razón, Sergi. Pero tampoco está mal que esto sirva para que alguien lea El Guardián entre el centeno o los Nueve Cuentos por primera vez y descubra a Salinger. Hoy, en los periódicos, la batalla por su legado. La incógnita de si se acabarán publicando o no más relatos suyos inéditos. Y hay casos en los que ignorar la voluntad del autor es una ganancia para todos (lease Kafka).

bss

MaLena dijo...

La maravilla habita en tu sed.

"Callar también es escritura porque el silencio también es discurso."


Lo abrazo camarada

Isa Glez dijo...

¡Qué magnífico 'titulador' Salinger!

L'Almorro dijo...

Como comenta ETDN, y que no contradice al silencio que tanto se empeñó en tener durante décadas, me encantaría que violasen ese silencio, si es que hay fruto en él.

Puede que sea horrible lo que defiendo, entendería que así lo pensárais, pero el silencio de Salinger era motivado por el pavor de perderse en los ecos banales que levantaban sus obras. Hoy, tras su muerte, ya no temerá el echar a rodar su genialidad y, creo, podríamos gozar de sus escritos sin obsesionarnos en asfixiar al genio.

Ernesto Calabuig dijo...

Me ha gustado mucho tu entrada, Sergi, comparto tu opinión. Yo traté de hablar también de la honestidad y la coherencia de Salinger y de los oscuros tentáculos de los carroñeros que mencionas, en una entrada de mi blog (sábado 30 de enero). Te pongo aquí el enlace por si te apetece mirarlo. Un saludo y enhorabuena
http://blogernestocalabuig.blogspot.com/

Giancarlo B dijo...

Siempre me pregunté por qué Salinger se condenó a sí mismo al silencio y al aislamiento cuando podía haberse perpetuado como un esritor de masas y ganar mucho dinero, o cuando menos en un autor respetado y elogiado en todas partes. Creo que este articulo me da una respuesta aproximada a ese por qué.

Sobre todo por esa frase final: "como el tiro en la sien del pez platano, el silencio, elegido a su tiempo, sigue siendo perfecto".