Bitácora de Sergi Bellver: julio 2009

27/7/09

Breves.

Mañana, martes 28 de julio y de 11 a 12 horas, segunda sesión del Taller de Escritura Creativa en las ondas, en el programa "Hoy por hoy" de la Cadena SER, con Pedro Blanco. Comentaré los textos de la semana pasada y hablaré de la naturalidad en el estilo. Finalmente, no están disponibles a posteriori los podcast del programa (salvo algunas secciones de actualidad), por lo que sólo se podrá escuchar en directo en cualquiera de las emisoras de la SER en España y, eso sí, a través de la página web de la cadena desde cualquier otro país. Si algún amigo puede y quiere grabar el programa y compartir después el archivo, estupendo.

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Ya se ha publicado el nuevo número especial de la revista-panfleto Calidoscopio, que bajo el título de "Taxi, Hotel" está dedicado en esta ocasión a la noche, a la ebriedad y a lo que queda al otro lado de ciertas líneas de sombra. He colaborado con un texto peculiar, algo convulso a propósito, que espero que os guste o, como mínimo, que también os maree un poco: "La negligencia".

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A partir de ahora mis artículos, reseñas y derivas en esta bitácora y también mis colaboraciones en otros medios, como Revista de letras, Calidoscopio, en septiembre Literaturas.com y otros que vendrán, serán cada vez más breves. Le dedicaré a cada libro el mismo tiempo de lectura y análisis, eso es innegociable (guerra santa al solapismo). Como lo es asumir los mismos criterios que hasta ahora, pero desarrollándolos en una exposición más certera o concisa. No escribo crítica para los críticos, ni para los editores ni para los demás escritores. Si comparto mis apreciaciones de un libro, es sobre todo para ponerlas en común con los lectores. Eso es al menos lo que me interesa a día de hoy y lo que observo que olvida buena parte de la crítica.

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Nuestro viejo conocido Manuel Sánchez Vicente (Manu Espada), el autor de la bitácora La espada oxidada y reciente ganador del concurso Relatos en Cadena de la Escuela de Escritores y la Cadena SER, ha tenido la deferencia de donar tres ejemplares de su libro de relatos El desguace para los próximos finalistas y el ganador del VIII Premio de Relato mínimo Diomedea. Muchas gracias, Manu. En la pasada edición Juan Carlos Márquez ya tuvo el mismo detalle con su Norteamérica profunda. Esperemos que siga cundiendo el ejemplo.

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Tengo desde hace tiempo un proyecto en mente que voy a empezar a desarrollar por mi cuenta en los próximos meses. Básicamente, se trata de unos talleres itinerantes de escritura creativa, iniciación al relato y otras materias relacionadas con la escritura y la literatura (el próximo 20 de octubre, por ejemplo, ofreceré una charla sobre relato contemporáneo en una biblioteca de Barcelona, evento del que daré más detalles a su debido tiempo). Para ello estoy desarrollando un temario y un metódo propios y espero contar en el futuro con la colaboración de instituciones públicas (ayuntamientos y concejalías de cultura, gobiernos autonómicos, fundaciones, bibliotecas, etcétera) y privadas. El pasado mes de mayo tuve una experiencia muy grata desde todos los puntos de vista a raíz del LILEC'09 de Almería y eso terminó de hacerme ver la oportunidad que esta iniciativa supondría para muchos alumnos potenciales, que prefieren los talleres presenciales a los virtuales pero que no disponen de oferta en su localidad de origen. Más allá de Madrid, Barcelona, Zaragoza y Sevilla, donde sé que sí existen diversos centros (si se me olvida algún otro, mis disculpas), estoy seguro de que en toda la geografía nacional hay otros lugares donde trabajar en este sentido, donde residen personas interesadas en el aprendizaje de escritura creativa y quienes tal vez agradecerían que una iniciativa como esta se lo pusiera un poco más fácil.

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Hablando de amigos, de escritura, de maestros, de instituciones y hasta de otros lugares (Helsinki, Glasgow...), un buen amigo me ha pasado el enlace a la página web del Instituto Cervantes, en concreto a una entrevista al gran maestro de vida y de cuentistas Medardo Fraile. Podéis ver el vídeo aquí.

20/7/09

Radio Ga Ga.

A los ¿16 años?, o todavía con gallitos en la voz, eso seguro, cerré un mítico programa de "Sábanas con chinchetas" en ¿era Radio Hospitalet o algo así? en una suerte de cadáver exquisito de cinco horas. Todos los oyentes configuramos un relato sin pies ni cabeza a partir de un tal Braulio ("¿dónde está Braulio?" era el planteamiento). Tras un "nudo" inconcebible, resolví el desenlace del culebrón imitando la voz del Papa Juan Pablo II como mecánico polaco aficionado al dibujo que tenía la respuesta sobre el paradero del buen Braulio en un huevo Kinder sorpresa, o algo así. Ni se me pasaba por la cabeza escribir algo al respecto.

A los ¿20 años?, bueno, más o menos, en todo caso cuando yo todavía no me llamaba Sergi Bellver y Barcelona acababa de recuperar el mar, cuando mi ventana daba a un patio con un níspero, el de una iglesia con tejado a dos aguas en el que imponían su ley unas cuantas gaviotas colombicidas, el gran Ramón Trecet leyó una carta mía en su insustituible programa "Diálogos 3". Recuerdo que le puso de banda sonora The Host of Seraphin, del grupo Dead Can Dance. Poco tiempo después acabé deambulando durante cuatro meses por la Patagonia chilena, quemando algunas naves. Por aquél entonces yo aún no escribía, sin embargo.

A los ¿24 años?, o eso creo, solía llamar al programa de radio "La luna" de M80. De madrugada, bajaba del hostal, buscaba alguna cabina en el centro de Madrid y compartía mis locuras. Recuerdo que una vez Coque Malla (jamás sabremos si era él o un excelente imitador) me tiró los tejos por antena. Le ponía mi voz, decía el muy gamberro. En una ocasión Ángel Tort y su compañera me invitaron a los estudios de Gran Vía a intervenir en directo, desde un estudio aparte. No estaba escrito que escribiera, aunque algunos ya me lo sugerían.

A los ¿28 años?, o no lo recuerdo bien, pero sí recuerdo a la perfección que era julio y que era domingo, y que la vela en mi estudio de Malasaña se apagó casi en el mismo momento en el que lo hacía la vida de Miguel Ángel Blanco. Llamé a un programa de Radio Voz, "La Guerra de los Mundos" (algo así como el rollo Freaker Jiménez de ahora) y compartí lo que en ese instante goteaba de mi asombro. Y leí un koan zen. Que no había escrito yo. Porque seguía sin escribir.

A los ¿32 años?, cuando empecé en esto de las bitácoras, tuve noticia de que a la buena de Philo se le ocurrió empezar a leer en antena algunos de mis textos de iniciación, en su programa "En el aire". Una emisión en podcast y radio en línea, que todavía sigue ahí, con las nuevas músicas, o las otras músicas, o con la música a esa otra parte donde todavía no ha llegado el colapso. Comenzaba a escribir. Mal, pero comenzaba.

Ahora, a los 37 años, voy a impartir tres sesiones del Taller de Escritura Creativa en las ondas, en el programa "Hoy por hoy" de la Cadena SER. Será mañana, como en los dos martes siguientes (21 y 28 de julio y 4 de agosto), de 11 a 12 horas. Para oyentes, internautas y curiosos. Y será ahora, justo ahora, que ya no puedo hacer otra cosa que escribir.

Así pues, saco tres conclusiones:

1. Adoro la radio. Algún día eso traerá consecuencias.
2. Mi memoria, al menos respecto a las fechas, está gagá.
3. Me ha costado darme cuenta, pero me temo que ya nunca dejaré de escribir.

16/7/09

Curso de Literatura de viajes en Madrid.

Literatura de viajes Literatura de viajes

Como tal vez algunos recordarán, el pasado Día del Libro, 23 de abril, tuve el placer de impartir un breve taller de Literatura de viajes en el Jardín Botánico de Madrid. También el pasado mes de mayo me invitaron a dar un taller de dos días sobre Literatura de viajes en el marco del LILEC'09, el Festival del Libro y de la Lectura de Almería. La versión virtual del curso, del que redacté el temario el año pasado, ya ha conocido varias ediciones, pero creo que es en persona, cara a cara, donde el taller cobra toda su dimensión y se establece un intercambio más fluido con los alumnos. Por fortuna y por fin, el curso va a conocer su versión presencial, después de cuatro ediciones en Internet.

El próximo lunes, día 20 y a las 19 horas, dará comienzo el taller en la sede de la Escuela de Escritores, en la calle Ventura Rodríguez, 11, 1º, muy cerca de Plaza de España y de las calles Princesa o Ferraz. Serán cinco sesiones de dos horas repartidas en dos semanas y en días alternos, es decir, un taller intensivo y que por lo tanto se puede compaginar con otras actividades o encajar antes o después de vuestras vacaciones. Os hago este recordatorio porque tal vez pueda resultar de vuestro interés, o tal vez del de vuestro amigos y conocidos, si comentáis la noticia con ellos, y me gustaría mucho poder ayudar a quien lo desee a mejorar las narraciones de sus viajes. Todavía quedan algunas plazas libres para el curso (limitadas, eso sí, para una mejor atención al alumno).

Os dejo el enlace con toda la información. En el caso de que os interesara, la matrícula se puede formalizar hasta el mismo lunes por la mañana:

Curso presencial de Literatura de viajes en Madrid

También a partir de los próximos días 3 de agosto y 7 de septiembre tendrán lugar dos nuevas ediciones del curso de Literatura de viajes en Internet, de un mes de duración y con cuatro entregas, como de costumbre:

Curso de Literatura de viajes en Internet

Un abrazo a todos y, tanto si nos vemos el lunes como si no, espero que tengáis felices viajes este verano.

10/7/09

Siete-mil riales de Omán.

Al cambio, más o menos, eso es lo que se llevará el ganador del Premio Setenil en curso: doce mil euros para aquel libro de relatos que el jurado considere "mejor" entre los publicados en España entre el Día del Libro de 2008 y el de 2009. A vuelapluma y sin rodeos, se me ocurre hacer algunos comentarios sobre este certamen, que en cierto modo alienta a la publicación de relatos por parte de algunas editoriales, lo que no es poco, tal y como está el asunto. Creo que ése es el principal efecto secundario (en clave positiva) de premios como éste, como el Hucha de Oro y otros a libros publicados: cada editorial asume sus riesgos y recoge lo sembrado con cada libro de cuentos, pero si el Premio Setenil (o similares) ayuda a mantener el interés de algunos editores por el cuento, bienvenido sea.

Ni que decir tiene que sólo cobra sentido un premio cuando es honesto y transparente. De entrada, creo que la trayectoria del Setenil mueve a cierta confianza, si reparamos en la nómina de finalistas del año pasado, o en la editorial del autor que se llevó los siete mil riales omaníes (quiero decir, doce mil euros) en 2008: Ediciones del Viento, un sello independiente gallego que apostó por Oscar Esquivias y La marca de Creta. También la presencia de Javier Tomeo en el jurado hace pensar en una lectura más ácida y moderna (si se me permite el exabrupto) de los textos, lo que anima a los autores más arriesgados. Ahora bien, a esto cabe hacer dos apostillas: por un lado, todo depende siempre de la labor del prejurado (bien está que conozcamos los 74 títulos candidatos, para calibrar mejor a posteriori la selección de finalistas), y por otro, la nota oficial del Ayuntamiento de Molina de Segura (la entidad que convoca el premio) este año comete el desliz (a mi parecer, ya que le hace un feo a los demás cuentistas) de añadir el siguiente párrafo: "Entre los autores que optan a este VI Premio Setenil se encuentran algunos tan conocidos como Ignacio Martínez de Pisón, Juan Bonilla, Juan José Millás, José María Merino, Espido Freire, Vicente Molina Foix, José Luis Borau, Albert Sánchez Piñol o Miguel Ángel Muñoz". Mal asunto para todos los candidatos que se comience a señalar con el dedo y a priori a unos autores sobre otros. Un feo, cuanto menos, como digo, ya que el trabajo y las ganas no conocen apellido. En todo caso, la decisión final será la que cuente, como es lógico, y ahí veremos si el jurado del Setenil permanece fiel al texto, al cuento y a lo literario, prescindiendo de lo demás. Creo que el certamen ya goza de prestigio por sí mismo y no necesita de ninguna estrategia por la tangente, ya que no existe a posteriori la expectativa de una publicación o de una rebanada de ningún pastel editorial (el premio es para el autor, aunque la editorial consigue cierta difusión para "relanzar" su libro, por supuesto).

Esperemos que este año, por lo tanto, no venga ninguna vaca sagrada con la pataleta de turno, si es que no gana el premio. Con esas rabietas que pretenden denunciar no se sabe muy bien el qué, el único retratado termina por ser siempre el ego del cascarrabias en cuestión. Confiemos en el buen hacer de todos y a ver qué pasa. Repasando la lista de candidatos creo que podemos concluir insistiendo en algo que ya se ha dicho en otras ocasiones en este espacio: desde el punto de vista editorial y de los medios, todavía queda mucho camino por recorrer para el cuento contemporáneo, pero desde el punto de vista creativo, creo que la cosecha ha sido bastante buena en general, con algunos títulos de los que, con siete mil riales o sin Setenil, nos seguiremos acordando dentro de unos años.

De entre los 74 títulos candidatos (puede consultarse la lista completa en la página Molina digital, o en las bitácoras El síndrome Chéjov y Relataduras), hay unos cuantos que he leído o catado y de los que se me ocurre detallar algunas cosas. Quien quiera, que haga su propia "porra". Y que ustedes los lean, sobre todo, que es lo que importa.

1. Oficios, de Juan Carlos Márquez (Castalia)
Un autor muy productivo, que el año pasado ya llegó a los finalistas con Norteamérica profunda. Para no repetirme sobre este nuevo libro, se puede leer en esta bitácora mi reseña de Oficios. No debiera tenerse en cuenta su Premio Tiflos, ya que las bases permiten presentar un libro ya premiado. Como este hombre es de Bilbao, es capaz de todo...

2. Cenizas, de Gonzalo Calcedo Juanes (Pre-Textos)
Un libro muy en la línea de Calcedo, solvente, bien resuelto, impecable, aunque tal vez ése sea el "pero" que se me ocurre ponerle, precisamente: que sigue en la línea de Calcedo y ésta comienza a ser un poco recta.

3. Aeropuerto de Funchal, de Ignacio Martínez de Pisón (Seix/Barral)
No he leído este libro, pero sí varios de sus relatos, ya publicados con anterioridad, por lo que a pesar del ilustre apellido, creo que debieran tenerse en cuenta las bases del Setenil, no sea que luego venga nadie a impugnar nada.

4. Tanta gente sola, de Juan Bonilla (Seix/Barral)
He comenzado a catarlo y a alegrarme del regreso de Bonilla al cuento. Además, Pre-Textos acaba de reeditar El que apaga la luz con algún nuevo texto. Los Bonilleros (en ningún caso nocilleros) están de enhorabuena.

5. La soledad de los ventrílocuos, de Matías Candeira (Tropo Editores)
Ha de venir una reseña de este libro en esta bitácora, y no tardará mucho. Creo, sin ambages, que estamos ante uno de los debuts más interesantes y originales del año. En esta ocasión el lugar común de la crítica, lo de "una voz propia" es, por una vez, un lugar cierto.

6. Cuatro veces fuego, de Lara Moreno (Tropo Editores)
7. Malas influencias, de Sergio del Molino (Tropo Editores)

No he podido más que catar estos dos libros, bien trabajado el segundo y arriesgadamente lírico el primero. En todo caso, creo que la candidatura más seria de los editores zaragozanos en este año es la de Candeira.

12. Sicilia, invierno, de Ignacio Ferrando (JdeJ Editores)
Sin rodeos, uno de los libros del año. Aun con las mínimas apostillas que le hice en su día a Ferrando en esta bitácora, con mi reseña de Sicilia, invierno, creo que si este autor no publica pronto en un sello fuerte será por pura miopía del sector editorial. Pocos narradores tan escrupulosos con el texto y la forma se me ocurren.

14. Los objetos nos llaman, de Juan José Millás (Seix-Barral)
No es el mejor Millás, pero entre las vacas sagradas de este año para el Setenil es uno de los que cumple mejor con sus cuentos.

18. Con la soga al cuello, de Flavia Company (Páginas de Espuma)
De todo el desembarco espumoso (cinco títulos), no es éste desde luego el que más números tiene para llevarse el gato al agua. No creo que el jurado del Setenil sea de la cuerda de esta heredera (más voluntariosa que real) de Fleur Jaeggy.

19. Propuesta imposible, de Javier Sáez de Ibarra (Páginas de Espuma)
Javier Sáez de Ibarra tiene un serio competidor este año: el propio Javier Sáez de Ibarra. Y es que después de Mirar al agua las huestes del cuento verían con ojos inyectados en vino (ya que de Ribera hablamos) su hipotética victoria. Un dilema, porque Propuesta imposible me parece uno de los mejores títulos del catálogo de Páginas de Espuma en 2008 (en lo que llevamos de 2009 sería La fe ciega del argentino Gustavo Nielsen, sin duda).

20. Las puertas de lo posible, de José María Merino (Páginas de Espuma)
Ahora entiendo por qué donde dije Merino digo Tomeo. En fin, el maestro Merino se merecía optar alguna vez al Setenil y lo hace con un libro muy digno, pero creo que sería bueno fijarse en los que vienen pisando fuerte, esa horda de jóvenes hambrientos.

21. El trabajo os hará libres, de Espido Freire (Páginas de Espuma)
Sí, el libro ha tenido buenas críticas. Sí, Espido Freire se ha llevado este año el Premio Llanes de Viajes. Sí, otro apellido de postín para la lista. Pero con franqueza, con humildad y con todo el respeto del mundo, creo que es el más flojo de los cinco libros de cuentos presentados por Páginas de Espuma.

22. Quédate donde estás, de Miguel Ángel Muñoz (Páginas de Espuma)
El regreso del caballero de la adusta figura. El responsable de El síndrome Chéjov (la bitácora) vuelve a experimentar un crisol de voces tras su primer libro, a no conformarse con sacar el rodillo y repetir el mismo cuento.

27. El boxeador polaco, de Eduardo Halfon (Pre-Textos)
Guatemalteco nacionalizado español y flamante finalista del Ribera del Duero (como Juan Carlos Márquez), para mí es el responsable de otro de los libros del año, aunque me temo que teniendo en la cabeza la ortodoxia y la praxis del cuento que tenemos en este país, el libro en cuestión es más un compendio de textos que de relatos y no se llevará el Setenil. Léanlo, en todo caso, porque merece la pena, como ya dije en su día, con mi reseña de El boxeador polaco.

29. Nosotros, todos nosotros, de Víctor García Antón (Gens ediciones)
Libro incomprendido por unos pocos, admirado por unos cuantos y adorado por más de uno, me parece otro de los títulos del año, la confirmación de su autor como magnífico cuentista tras Amor del bueno. Por méritos estrictamente literarios, creo que merecería estar entre los finalistas del Setenil. Lean por qué en mi deriva de Nosotros, todos nosotros.

31. Submáquina, de Esther García Llovet (Salto de Página)
32. Como una historia de terror, de Jon Bilbao (Salto de Página)

Marco estos dos libros de manera conjunta por varios motivos. Primero, porque los dos, para mí, irían de cabeza a una hipotética decena de finalistas. Luego, porque Salto de Página presenta dos libros muy parejos en su calidad literaria. El de Jon Bilbao ya obtuvo un premio importante e insito en lo que he comentado sobre Oficios. Incomprensiblemente, el de García Llovet no ha tenido todo el eco que merecía. Sería una buena ocasión para que las leyes del karma hicieran su trabajo. Más detalles en mis reseñas de Submáquina y de Como una historia de terror.

35. Órbita, de Miguel Serrano Larraz (Candaya)
El trabajo de hormiga de Candaya terminará por cosechar su recompensa más tarde o más temprano, pero aunque, como dije en mi reseña de Órbita, el libro tiene más aciertos que deslices, alzarse con el Setenil sería un premio excesivo para los cuentos de Miguel Serrano. Eso sí, al tipo, humilde y franco donde los haya, le daba yo los siete mil riales de Omán.

37. La ruta de Waterloo, de Adolfo García Ortega (Menoscuarto)
38. Un mortal sin pirueta, de Ernesto Calabuig (Menoscuarto)
39. El amigo de invierno, de José Luis Borau (Menoscuarto)

Menoscuarto siempre en la brecha y con las botas puestas. Como no recibo sus novedades (ya son unas cuantas editoriales las que me mandan sus títulos para una posible reseña en esta bitácora o en alguna revista), he de leerlas de prestado, catarlas en la librería de costumbre o pedirlas prestadas a un amigo. Ya lo sé, también existe el verbo "comprar", pero a día de hoy no lo puedo conjugar demasiado. Caté pues los libros de Calabuig y García Ortega, algunos cuentos, y el del gran Borau sigue intacto. En fin, me dejaron buen sabor de boca, aunque lo mejorcito de este año en Menoscuarto se lo he leído a Moyano, que no está en la pomada.

46. Estancos del Chiado, de Fernando Clemot (Paralelo Sur)
Una pequeña sorpresa este libro melancólico, demorado y vivo. Me lo hizo llegar el autor, o la editorial, no lo sé porque apareció sin previo aviso en mi buzón. Creo que de entre las editoriales más periféricas es el título que, de momento y aún con algunas objeciones, más me convence.

60. Abierto para fantoches, de Patricia Esteban Arlés (Dip. de Zaragoza)
En cuanto a ediciones periféricas también hay que destacar la de esta autora aragonesa, que en 2010 va a pegar con fuerza, ya lo verán. El año pasado consiguió entrar en la lista de diez finalistas del Setenil con Manderley en venta. Lo tendrá más difícil en esta ocasión, vista la competencia.

61. Revelaciones y magias, de Miguel A. Zapata (Traspiés)
No he podido catarlo aún, pero conociendo al autor, y si ha porfiado en su imaginario y formato habitual, es posible que el microrrelato le deje a cierta distancia de lo que tal vez espera el jurado de un premio como éste.

68. Yo también puedo escribir una jodida historia de amor, de Carlos Salem (Escalera)
A día de hoy creo que Carlos Salem, autor prolífico y expansivo donde los haya (novela, poemario y libro de relatos en un mismo año no puede ser bueno para la salud) es más solvente en la novela negra (que quede por escrito en la Semana Negra de Gijón, ya que estamos) que en el cuento. Un libro menor, a mi juicio.


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¿Mi pronóstico? Ni idea, tal vez ganarán Merino, Bonilla o de Pisón, tal vez Millás o Molina Foix, a lo peor, y que habrá alguna que otra ausencia clamorosa entre los finalistas. Alguna vaca sagrada puede incluso que se comporte como un jeque de Omán, sin sus siete mil riales ni su Setenil. Mi deseo (que no es lo mismo) es que los lectores conozcan y lean un puñado de buenos libros de esta añada fértil. Y mi criterio (que tampoco es lo mismo) me llevaría a dejar por escrito mi decena de finalistas, pero declino. No me apetece seguir "haciendo amigos", que es lo que pasa en este mundillo literario cada vez que uno dice lo que piensa o deja de nombrar a Fulano. La gente se queda más con el titular que con el argumento. Paso. La verdad, ya me he ganado unas cuantas espaldas de más. Haced la "porra" vosotros. Y que Chéjov reparta suerte, camaradas.

4/7/09

Balada para un loco: Astor Piazzolla.

El 4 de julio de 1992 fallecía en Buenos Aires el maestro Astor Piazzolla, quien con su bandoneón revolucionó la ortodoxia del tango, no sin una oposición frontal de la curia porteña de la época, para quienes siempre fue un descarriado, un hereje insolente.

Piazzolla supo beber de fuentes que no estaban en el santoral del tango tradicional, y en su búsqueda arriesgada e innovadora no dejó nunca de existir un hilo deudor desde Bach y demás pilares de la música clásica hasta Gershwin y otros grandes del jazz. Pero por encima de todo Astor Piazzolla, desoyendo todas las voces críticas con una lucidez que otros tacharon de ignorancia, de locura o de provocación, y a través de su estilo y de su perseverancia, logró inscribir en su música irrepetible la más pura esencia de la condición argentina. Y es que en todas las artes al pionero, al adelantado a su época, le toca en primer lugar la lapidación, para que a su debido tiempo esas mismas piedras sirvan para erigirle un pedestal, el mismo en el que la música argentina tiene desde entonces al maestro. Piazzolla dijo que el tango no debía limitarse "al canon de una permanente tradición", y en un día como hoy, diecisiete años después de su desaparición, sus palabras convocan , en lo que me toca en una bitácora como esta, a una reflexión sobre la actividad artística en general y en particular sobre el estado de la literatura contemporánea en castellano.

Un escritor del ahora ha de beber de muy distintas fuentes, sin renunciar a los basamentos más sólidos de la tradición, pero sublimándola y trascendiéndola, a través del trabajo y de la confianza en el propio estilo, sin hacer demasiado caso de las voces más formales, esquivando las piedras de los mediocres y de los popes de turno. Nada garantiza que al final del camino la búsqueda dé el fruto esperado, pero porfiar en ella es la única manera posible de conciliar lo artístico y lo artesano, el deseo y lo literario, lo concreto y lo universal, por encima de toda inmediatez, de las modas, los tabúes y las inercias del mundo editorial.

Va por ti, maestro Piazzolla, por esas derivas que tampoco yo entiendo hasta mucho tiempo después, por regalarme la banda sonora de un cuento amargo, y porque quiero pensar que en mi libro también habrá un poco de padre muerto y de patria diluida, de ignorancia audaz, de bendita locura y de herejía.