Bitácora de Sergi Bellver: Para meditación de todos los que echaremos de menos páginas como "El síndrome Chéjov" y "Masacre en los jardines".

22/11/09

Para meditación de todos los que echaremos de menos páginas como "El síndrome Chéjov" y "Masacre en los jardines".

Nota a 1/1/2010:

Cuarenta días después de su "despedida", hoy regresa El Síndrome Chéjov. Como me parece una buena noticia en general (para el cuento), me reservo mi opinión particular acerca de este curioso efecto Guadiana.


Sigue la entrada original:

***

Copio el comentario que ayer dejé en El síndrome Chéjov y que no ha sido aprobado, por el motivo que sea, me da igual ya a estas alturas, pero que me sirve para arrancar una reflexión sobre "el estado del cuento" con el que tanto nos estamos llenando todos la boca de un tiempo a esta parte.

"A pesar de nuestro desencuentro, me entristece leer esto.

Quiero dejar por escrito que tu despedida me parece una mala noticia para el cuento, para la crítica y para la red. Espero que sea una buena noticia para tu vida personal y para tu escritura.

Lo mejor que se me ocurre decir ahora es 'gracias' por todo lo bueno (mucho), que siempre termino por olvidar lo malo y que a tu pregunta, sí, Miguel Ángel, 'El Síndrome Chéjov' valió la pena."


Suscribo punto por punto mi comentario, me reafirmo en él y me parece una noticia realmente triste. Pienso que algo está pasando cuando cierran páginas como la de Miguel Ángel Muñoz o la colectiva Masacre en los jardines, donde por desgracia tampoco puedo dejar (ni yo, ni nadie, en este caso) mi comentario de despedida.

Lo único que me gustaría cuestionar es el derecho que nos atribuimos casi todos al hablar (otros, los más listos, callan siempre) de cainismo, de cobardía, de "trepismo" y ambición, de sumas y de restas, y las pocas veces que nos mojamos en sentido contrario. Me hace hasta gracia cómo señalamos siempre los pecados y jamás los pecadores. A mí ya se me han cerrado unas cuantas puertas; ya no me saludan ciertos autores con la efusividad de antaño o, sencillamente, dejan de hablarme o de participar con la pasión inicial en esta bitácora (por suerte, hay numerosas y significativas excepciones, incluso unos cuantos "ilustres" que me leen "en la intimidad"); algunos editores han dejado de enviarme sus novedades (curiosamente, justo ahora, otros tantos toman en serio mi trabajo y empiezan a hacerme llegar sus libros); a unos cuantos autores no les parece suficientemente "moderada" mi política a lo The New Yorker de no hablar de los libros de cuentos que no me convencen o me parecen totalmente fallidos como apuesta literaria (si llego a hacerlo, tendría que mirar a mis espaldas en callejones solitarios, por lo menos), o la de The literary suplement, al ponerle los "peros" que hagan falta a cualquier buen libro, si los encuentro como crítico, equivocado o no, pero sincero con mis lectores, a quienes deseo siempre contagiar lo que un servidor, humildemente, considere como buena literatura. Equivocado o no, insisto, pero ofreciendo argumentos a los lectores, esa masa crítica despreciada a menudo por el Mercado, tratada como clientes a quienes vender un producto (y un libro lo es, pero tampoco lo podemos equiparar a una percha o a una crema de manos, señores) y no como seres pensantes que deciden, por suerte, con qué autores repetirán, qué motos dejarán de comprar y qué gato devolverán por liebre y por libro tras cada lectura.

En una palabra, ya tengo enemigos. Y no creo que eso se deba a mi supuesta "conflictividad" (para algunos, lo que tiene gracia, porque jamás me he dedicado, como otros, a destripar públicamente a nadie ni a sus libros), sino al bajísimo nivel de tolerancia que muchos tienen ante la crítica. Se quejan muchos de la falta de debate en el cuento, de la sempiterna cantinela de la visibilidad y de las ventas, y cuando alguien plantea dudas a la calidad literaria de un texto, el desierto en vez de la tertulia, la espalda en vez del argumento. Cuando alguien ha criticado mi trabajo o mis ideas he sido el primero en escuchar, en tomar nota y en debatir, siempre (hasta con algún anónimo, sin merecerlo). Cuando he podido hablar con ciertos autores y editores (y aquí me encantaría dar nombres, pero no quiero que luego me acusen de adulador, lo que sería el colmo) de su trabajo y le he puesto pegas en algún caso, por fortuna han actuado del mismo modo, debatiendo, posicionándose siempre con argumentos, tomando nota y cuestionándose las cosas, en vez de defender a ciegas lo indefendible. Es en esa clase de autores y de editores, humildes y grandes, inteligentes y atentos, en los que todavía tengo fe, si pienso en el presente y el futuro del cuento.

Luego, estudien sus reacciones, señoras y señores, escritoras y escritores, editoras y editores, críticas y críticos, lectoras y lectores, mediten acerca de su predisposición a la crítica disidente y después hablamos de sumas y de restas en el cuento. El verdadero daño se lo está haciendo todo el que trata el cuento como si fuera un cachorro desvalido que no aceptara el debate, al que hubiera que llevar entre algodones y perdonarle las caquitas en el rincón. Como si novela o poesía fueran ejemplares adultos que pudieran corretear libres y el cuento una criatura débil sobre la que extender un manto de tibieza, con lo que me cuestiono la madurez del género en España, incompleta aún, visto lo visto. Me gustaría invitar a cualquier persona a repasar mis críticas, reseñas, debates y comentarios sobre libros de cuentos del último año y medio, para que encontrara una sola opinión no argumentada sobre premisas literarias, un solo insulto, una sola boutade malintencionada. Tampoco censuré jamás las opiniones ajenas, salvo cuando contenían esos insultos o esas boutades dañinas, sobre todo hacia terceros que no se podían defender aquí o que preferían no "bajar a este antro a mancharse las botas". Así pues, el cainismo, la cobardía, el "trepismo" y la ambición, las sumas, las restas y otras operaciones matemáticas del ego (¿acaso no suma en el cuento, como expresión artística, y en cualquier otra actividad creativa e ideológica una crítica no adocenada, valiente y argumentada, siempre que se haga con respeto?), tienen mucho más que ver, me temo, con la subjetividad interesada (todo el mundo es íntegro y ecuánime hasta que le ponen pegas, imagino) y con una españolísima hipocresía, que con una realidad objetiva. ¿Qué queremos decir al hablar de "sumas"? ¿Sumar en el mercado editorial o sumar en el cuento como expresión literaria, humana, viva?

Para algunas cosas, os aseguro de veras que me hubiera gustado nacer anglosajón. Ah, España. Bienvenidos sean los portazos en las narices, los desaires en las reuniones y los silencios condicionados (incluyo los de aquellos que en privado me hacen saber que están de acuerdo con ciertas cosas, pero que temen "que sus amigos o sus editores les relacionen con ciertas expresiones disidentes"). Si algunos quieren una crítica tibia y aplaciente, lo siento, pero que no cuenten conmigo. "Nosotros siempre reseñamos bien los libros, nos gusten o no, es nuestra politica" (sic), me dijeron una vez. Ésa sí es una buena suma en el mercado editorial, desde luego (risas, música, abrazos, serpentinas al encontrarse), pero una resta peligrosa en el cuento como manifestación artística y en el acerbo acervo cultural de este país, de nuestra lengua, de una literatura que quisiéramos adulta. No llevo adelante este espacio para sacar libros gratis (ya me los compraré cuando me interesen, descuiden, ahórrense los envíos a medios) ni supedito mi actividad como crítico a que un editor me acaricie el lomo y me publique el día de mañana como autor. Si cualquier editor de los llamados independientes publica o veta autores por razones no literarias, tal vez se haya equivocado de profesión. Bueno, de profesión no, si es un buen comercial. De vocación, entonces.

Más de una vez quisieron convencerme de que jugara al ajedrez. "Si quieres estar en el mundillo, publicar y esas cosas, has de callar lo que piensas y estudiar cada jugada en función de tus intereses" (sic). Todavía tratan de convencerme de eso de vez en cuando y seguro que piensan que soy idiota cada vez que razono mi oposición a esa estrategia. Ahora mismo sé que hay escritores y editores leyendo esto y pensando al tiempo que soy idiota. Pero si un día consiguieran "convencerme" los ajedrecistas, ya no tendría sentido un espacio como este. Ya no habría resquicio para lo que me planteo como posible alternativa en la crítica, a través de la llana exposición de lo que uno piensa, equivocado o no. Callaría y cosecharía frutos, me enrocaría, sería el puto Karpov del cuento. Pero no voy a cerrar mi bitácora, no pienso llorar cuando siga coleccionando enemigos y portazos. Asumo el alto precio, lo pago y sigo arando el yermo, que algo habrá bajo el polvo y la roca. Aunque sólo fuera por poder mirarme al espejo cada mañana, seguiré aquí, como un insignificante grano en el culo del mundillo para muchos, como una voz distinta para unos pocos, echando de menos otras voces que ahora callan, como las de El síndrome Chéjov y Masacre en los jardines.

Ah, España. ¿Y si emigro a Gibraltar? For God's sake!

30 comentarios:

Marta María López dijo...

Hola Sergi. No sé si será casualidad esta entrada o habrás leído mi última entrada del blog. Quizás te parezcan fuertes términos como cainismo y cobardía, pero este último post nace de la mala baba y lo reconozco. Antes de que se me vaya la idea de la cabeza, quiero decirte que a ciertas alturas de la vida, que alguien no te hable, no te lea y te tuerza la cara puede ser hasta una buena señal. Desde luego, cada vez que entro en tu bitácora sé lo que me voy a encontrar, y es honestidad. Creo que si partimos de esa base, aunque nos equivoquemos al hablar de algo, tenemos un punto a nuestro favor.

Dije que el post está escrito con mucha mala baba y es por lo siguiente: llevo meses aguantando la llegada de anónimos en los que se descalifica al autor o autora de cuyo libro hablo. Descalificaciones a nivel personal, no literario. Después pasan, claro, a descalificarme a mí, pero ese ya es otro tema. Creo que soy una persona con la que se puede hablar, discutir, que tengo una alta tolerancia a la crítica y la considero necesaria. Debido a que mi blog no es un blog “serio” de crítica, sino un mero apunte de las cosas que leo y me gustan, decidí desde hace mucho tiempo que sólo iba a hablar de eso, de los libros que me gustan, no de los otros. Estoy contigo en la nula capacidad de aceptar una crítica que tiene alguna gente. Las malas críticas duelen, qué duda cabe, pero son necesarias, fundamentales. Pero todo depende de cómo se digan las cosas. Si a mí me escriben, como lo han hecho, para darme clases magistrales con ese tonillo que utilizan los abanderados de no sé qué nueva literatura, por ahí no paso. Hay formas y formas de decirlo. Uno puede cuestionarse cosas, discutirlas, poner en tela de juicio las afirmaciones ajenas, pero lo que no puede es tratar al que tiene enfrente como si fuera un descerebrado al que hay que “iluminar”. Hay otro grupo de anónimos también que aludiendo a que son escritores y no pueden decir según qué cosas porque les pasaría factura, me dicen que ellos no están de acuerdo con la crítica que yo hago, que el libro les parece malísimo, aunque no se lo digan al autor porque es amiguete suyo y ya se sabe, a determinada gente es mejor tenerla contenta, así que delante de él dicen que el libro es la releche, pero que para buenos, buenos, sus relatos, y ahí están ellos, publicando en editoriales de menos renombre (esto es lo que me hace más gracia, que no sean capaces de ser tan críticos consigo mismos como con los demás). Cómo calificas tú eso. No doy nombres, Sergi, porque no sé esos nombres y escribo esto precisamente porque no los sé. Si los supiera, lo más probable es que nunca saliera a la luz un post como el mío porque me parecería, no sé, una puñalada trapera: alguien te dice algo en confianza y tú lo sueltas en un blog. No saber quiénes son (sólo las ciudades desde las que escriben y que marca el sitemeter) me da cierta libertad para hablar sin remordimiento. Esta mañana, sin ir más lejos, uno de mis anónimos asiduos, tras leer el comentario que dejé en El síndrome me escribió lo siguiente. Copio textualmente: “Que cierren El síndrome y Masacre y también la de David González Torres, por mí ninguna de ellas hizo nada. De mi libro no hablaron nunca”. En fin, no sé qué decir.

Te escribo este comentario tan largo porque después de leer tu post me ha quedado la sensación de que te sentías de alguna manera aludido, aunque no sé muy bien por qué. Creo que sabes el respeto que te tengo y si tuviera algo que decirte a ti, jamás lo haría por esos cauces, sino en privado. Sobra decir (creo que sobra) que ni lo de cainismo, ni lo de trepa ni lo de cobardía iban por ti, por dios. Varias veces dejé escrito en esa bitácora que tu actitud siempre me ha parecido valiente y hasta kamikaze.

Un abrazo.

Sergi Bellver dijo...

Querida Marta, ahora mismo estoy hasta arriba de trabajo, preparando una antología, y no puedo contestarte con calma y detalle, pero sí me da tiempo para algunas cosas.

He leído tu entrada, la de Miguel Ángel, los comentarios, etcétera. Estoy al tanto de lo que hacen muchos. Y nada es casualidad. El término "cainita" lo he visto en El síndrome Chéjov y luego reflejado en tu página. No creo que tú pensaras en mí. No puedo decir lo mismo de otros. En todo caso, no importa. Yo me remito a los hechos, a los anónimos que también me llegan para insultar o atacar a terceros (y que por supuesto no publico), a un hijo de puta que utiliza mi nombre en bitácoras ajenas para sembrar mierda, y firmarla con mi nombre (aunque la persona que me ha avisado de esto, un respetable crítico, tampoco es tonta y se ha dado cuenta de que esos comentarios no vienen de mi perfil Blogger, con el que siempre firmo todo lo que hago en la red, de cara).

Leo frases y veo actitudes (hechos, decisiones, censuras, publicaciones, elecciones, cosas objetivas) que se arrojan unos a otros, y sé que muchas van por mí y por gente que, como yo, simplemente dice lo que piensa. Hoy he leído una muy graciosa, que sugería algo así como que "alguien" plantea debates oportunistas porque le da un calentón, y que no hay rigor ni trabajo en sus críticas (no opinan lo mismo algunos lectores, escritores y críticos que se imprimen las páginas y me las comentan en privado, supongo). ¿Iría por mí el comentarista? Quién sabe, pero no soy gilipollas.

Me asquea la hipocresía, Marta, sólo puedo decir eso. Me entristece muchísimo ver cómo muchos ofrecen una cara pública, casi salvífica y beata, y por debajo realizan movimientos mezquinos. Me da vértigo ver cómo se destrozan en privado algunos libros que después, en público, se alaban hasta la felación.

Yo no he venido aquí a hacer amigos, y he perdido contactos (porque jamás fueron amigos, desde luego, aunque se les llenara la boca con la palabra) por hablar de un cuento mal resuelto (según mi criterio, equivocado o no, y siempre rebatible) o por no reaccionar como algunos esperaban, como algunos creían, que les debía no sé qué favores, que iba a alabar un mal libro. Y bastante he hecho muchas veces con callar y no decirlo, idiota de mí, pensando en no perjudicarles. Total, para terminar en lo mismo. Las malas costumbres y la tibieza están provocando no ya que no exista crítica sincera, sino que los autores se acomoden y esperen ya directamente el halago rendido.

Te aseguro, Marta, que aunque muchos piensen que soy "conflictivo" (señal de la inmadurez del cuento, si no se acepta la disidencia razonada), he callado mucho, y sigo callando. Conozco la identidad de algún que otro anónimo de esos que señalas. Y callo. Conozco jugadas sucias que se han hecho en el cuento, en premios amañados, en ediciones pactadas, y callo. Lo que no pienso hacer es callar si un libro que considero en general como bueno tiene aspectos mejorables, si con ello puedo orientar mejor al lector. ESO también es trabajar de veras por el cuento, cultivar una lectura crítica e inteligente en los lectores también es sumar en el cuento. Lo que no haré jamás será mentir, decir que un libro es una obra maestra si es flojo o que un autor refunda la literatura del siglo XXI si está meando sobre mojado.

Es triste cuando me encuentro a un autor que ya no me sonríe como al principio o a un editor que ya no me encaja la mano con fuerza al verme, como prevenido, como forzado. Es triste. Pero lo acepto. Me deben de ver como a un sujeto incómodo. Me parece bien. Yo les veo como grandes jugadores de ajedrez, como avispados comerciales, como gente lista y de provecho. Pero la literatura es otra cosa. No se puede ser tan voraz. No se puede tener todo. Yo no puedo tener "amigos" si digo lo que pienso, por lo visto. Pero ellos no pueden tenerlo todo, no, no pueden publicar, prodigarse, figurar, medrar, acaparar... y esperar luego que, para colmo, los demás comulguemos y demos nuestra bendición a productos que casi nunca son obras de arte.

Sergi Bellver dijo...

En fin, señoras y señores, NO SOY NADIE y a nadie le importan, en el fondo, estas cosas. No represento ni el 10% de la opinión general, ni eso. El mundo sigue. La nave va. Que cada rata salve su pellejo. O que todas remen en la misma dirección. Da lo mismo. Lo que importa es la condición de uno. ¿Soy una rata? ¿Me salvo sola? ¿Remo con las otras? Tal vez, al fin y al cabo, sólo soy una rata, tan mezquina como las demás, pero a la que no se le dan bien el ajedrez ni el remo.

Amaia dijo...

Mientras haya escritores como tú, mejor personas como tú, no puede morir el cuento Sergi, la retirada es cosa de cobardes y vivir como tú lo haces, comiéndote el asfalto sin protector gástrico, es sin duda de gladiadores natos. Un verdadero placer seguir a tu lado, a pesar de mis miserias que todos las tenemos.

Anónimo dijo...

Desde mi visión aérea de este mundillo no tengo los conocimientos suficientes para opinar. Lo único que sé es que de todo lo que hay en la blogosfera he permanecido fiel(a veces sin comentar apenas, sólo leyendo) a unos cuantos blogs porque considero que merecen la pena. Uno de ellos era el del Síndrome, también Masacres,La Nave...etc y ésta Bitácora, por supuesto.
Ya te dije una vez que no le dieras vueltas a las cosas, sobre todo a comentarios o actitudes relacionadas con tu honestidad. Si tu consideras que actúas correctamente y estás tranquilo, de eso se trata.
Otras cosa es las consecuencias que tu actitud traíga pero como dice JCMárquez, cualquier tiempo pasado es más de lo mismo.
Se ve que en el mundo literario(y en otros ramas del arte seguro que tb) hay fauna variada.

Un saludo cordial
R.A.

A.P. dijo...

En efecto, Bellver, eres un "idiota" porque se te van a seguir cerrando puertas. Pero eres un "idiota" necesario para algunos, te lo aseguro. Dudo qué decirte. Por un lado, te diría que sigas tu camino, que te olvides de los demás y trabajes por ti mismo. No sacarás nada de todo esto, ¿de verdad te importa tanto todo esto del cuento, los cuentistas y los editores? ¿Qué ganas con lo que haces? A veces la verdad es prescindible, perfectamente inútil, Bellver.
Pero por otro lado, siento que cada vez quedan menos voces disidentes, como dices, menos "idiotas" necesarios. Y que si tú también te callas esto va a ser cada vez más insoportable.
Haz lo que quieras, no lo sé, calla, habla, pero sigue fiel a ti mismo. Cualquier otra cosa no compensa. A largo plazo nunca compensa.
Saludos.
A.P.

Sergi Bellver dijo...

La verdad, inútil o prescindible, es la verdad, A. P. (¿te conozco, por qué cuesta tanto el tema de las firmas...?). O la verdad de cada uno, supongo. En fin, no sé nada, tiene usted razón, soy "idiota" y, desde luego, prescindible.


*


Un sujeto con algún tipo de retraso mental acaba de dejarme un anónimo (era de esperar) insultándome y diciendo no sé qué estupideces sobre "mi relación con Masacre en los jardines" (cuando les he tirado de las orejas cada vez que ha procedido) y sobre mi supuesta mala fe "y envidia, desde siempre" (sic) hacia Miguel Ángel Muñoz. Le invito a repasar "las hemerotecas virtuales", el blog de Muñoz y el mío, y caminar hacia atrás un año, dos, tres, cuatro... (que uno también lleva un tiempecito en esto) y revisar comentarios e iniciativas, a veces hermanas, a veces complementarias. Qué triste es la desmemoria.

Y sobre todo le informo a este anónimo discapacitado de que, como muestra de que siempre puse y pondré en valor el irrepetible e inmenso trabajo de Miguel Ángel Muñoz al frente de El síndrome Chéjov y en favor del cuento, la primera persona que peleó con su editor jefe para que todas las "entrevistas del Síndrome" aparecieran en un libro recopilatorio, que contaría con el prólogo de un autor de prestigio, fue un tal Sergi Bellver, quien por desgracia no consiguió convencer al citado editor.

La desmemoria y la estulticia son parientes, señores. Para colmo, cada vez que uno de estos anónimos mete la pata y escupe al viento, olvida que en este mundillo del cuento somos cuatro gatos, o cuatro ratas, y que nos conocemos todos. Arrieritos somos.

Sergi Bellver dijo...

Gracias, Amaia y R. A.

Creo que sin páginas como El síndrome Chéjov y Masacre en los jardines cada vez quedan menos espacios para el debate y la crítica, para la difusión seria y para la vida del cuento más allá del libro.

Y queda demasiada carroña para los tibios.

De momento seguiré aquí, dando guerra a unos y a otros, pero sobre todo haciendo lo mejor que he podido hacer en esta página: contagiando buenas lecturas, que es la respuesta que me llega de la mayoría de lectores. Y con eso me quedo.

Abrazos.

Anónimo dijo...

Saludos, Sergi Bellver. Siento comentar como anónimo y si no apruebas mi comentario lo entenderé, pero estoy en mi derecho, como lector, de opinar de manera anónima. Tú decides.

Me interesa, también como lector, esto que escribes:

"Cuando he podido hablar con ciertos autores y editores (y aquí me encantaría dar nombres, pero no quiero que luego me acusen de adulador, lo que sería el colmo) de su trabajo y le he puesto pegas en algún caso, por fortuna han actuado del mismo modo, debatiendo, posicionándose siempre con argumentos, tomando nota y cuestionándose las cosas, en vez de defender a ciegas lo indefendible. Es en esa clase de autores y de editores, humildes y grandes, inteligentes y atentos, en los que todavía tengo fe, si pienso en el presente y el futuro del cuento"

Y digo que como lector me interesa, porque soy lector de cuentos y me ayudaría saber qué cuentistas y qué editoriales consideras que te ayudan a tener fe en lo que está por llegar. Para tomar nota, más que nada.

Un saludo.

La_Polu dijo...

Estimado Sergio: No suelo dejar comentarios, pero hoy me animo. La despedida del Síndrome, el comentario de Marta, el tuyo... Estamos en un domingo con los ánimos algo encrespados. Decirte que, aunque muchas veces discrepo de lo que escribes, sí reconozco tu gran interés por la literatura, que para mí es algo primordial. Os recomendaría a ti y a Marta, si me lo permitís (ya que no me conocéis de nada), que os centráseis en lo que verdaderamente os importa. Si es en fomentar lo que vosotros creéis que es una buena literura, pues adelante. Las discusiones, amiguismos y enfados entre escritores es algo tan viejo como la escritura. Si además unís a vuestra faceta como escritor otras como la de crítico o editor..., pues más enemigos que ganaréis. Es normal y no hay que hacerse mala sangre. ¿Por qué quemarse con los anónimos? El hecho de no dar la cara, ya lo dice todo sobre ellos. Pensad en la vida que llevarán, odiando a los que destacan, envenenándose con los que les pueden hacer sombra... Eso no es sano: ni para el cuerpo, ni para la mente, ni para su literatura. Ese "arrieritos somos" con el que terminas sólo indica que te estás dejando llevar por sus mismos impulsos. Y ahí, ¿dónde queda también la literatura? ¿Qué pasa si uno de esos "arrieritos" que te encontrarás en el camino escribe de cojones el cabronazo? Yo hace tiempo que no entro en discusiones ni vendettas. Para mí son energía que quito a seguir investigando la literatura, que con los años se me vuelve cada vez más interesante. Céntrate en aquello que te interese, Sergio. Y disfruta. Un saludo:
Eva

Sergi Bellver dijo...

No me gustan demasiado los anónimos en general, pero sólo dejo de publicar los que insultan o atacan, sobre todo a terceros. Creo que no cuesta nada comentar con una firma y un enlace, un remite real si es el caso, pero en fin, no siempre tenemos lo que queremos.

A tu petición no creo que me toque responder aquí, en público. Ya sería demencial que algunos escritores y editores me retiraran también la palabra por no ponderarlos en esa hipotética lista de gente honesta y coherente, sobre todo porque hay mucha gente honesta y coherente por ahí que olvidaré mencionar o con quien todavía no he tenido contacto.

Saludos.

Anónimo dijo...

Es decir, que no te mojas. Bueno, creo que ese gesto forma parte, precisamente, de lo que estás criticando en tu post. Simplemente me apetecía pensar en positivo y saber quién está haciendo las cosas bien, y olvidarme de los que las hacen mal. Te entiendo, de todas maneras.

Un lector desorientado.

Sergi Bellver dijo...

A ver, lector, no creo que yo sea de los que no se mojan, y a las pruebas me remito, en esta entrada, y en otras anteriores. Manda weblogs, con perdón. Al final soy de los pocos "idiotas" que mentan pecado y pecador. Pero está bien, tú ganas, ya que lo planteas como una posible orientación (no quisiera ser responsable de tu extravío...).

Algunos autores con los que he tenido debates serios, argumentados y respetuosos, públicos y privados, acerca de su trabajo, y que demostraron humildad, criterio y buenas maneras:

Ricardo Menéndez Salmón
Jon Bilbao
Juan Carlos Márquez
Miguel Serrano Larraz
Darío Hernando
Vicente Luis Mora
Fernando Clemot
Ignacio Ferrando
Ángel Zapata
Eloy Tizón
Antonio Serrano Cueto
Javier Sáez de Ibarra
Víctor García Antón
Carlos Salem
Óscar Esquivias
Ignacio del Valle
Matías Candeira
Agustín Fernández Mallo
Andrés Neuman
Miguel Ángel Zapata
Esther García Llovet
Gustavo Nielsen
Hipólito G. Navarro
Medardo Fraile
y los que se me olvidan ahora mismo...

Que otros aprendan a domesticar su ego.

Algunos editores o directores de colecciones en editoriales que (siempre en algunos casos, casi siempre en otros) mostraron la misma actitud:

Pablo Mazo (Salto de Página)
Fernando Valls (Menoscuarto)
Olga Martínez (Candaya)
Carola Moreno (Barataria)
Ana S. Pareja (Alpha Decay)
Juan Casamayor (Páginas de Espuma)
Óscar Sipán (Tropo editores)
y los que se me olvidan ahora mismo, empezando por el equipo de Ediciones Escalera...

Que otros aprendan a escuchar a los lectores críticos.

manuespada dijo...

Hace poco lo hablaba con un autor que tenía un blog de críticas de cuentos. Es muy difícil, por no decir impsoble, ser autor y crítico a la vez por lo mal que suelen sentar las críticas malas, aunque sean fundamentadas. No creo que Carlos Boyero hubiera hecho ni una sola película con sus críticas, porque las productoras y las influencias de los autores se hubieran puesto en marcha. Por eso muchos autores con blog sólo ponen críticas de lo que les gusta y deciden no escribir sobre cuentos que no les han gustado nada. Esto se llama autocensura, pero al final, la supervivencia prima. Creo que es bastante incompatible ser crítico y auto`r porque cualquier crítica, aunque sea fundamentada, puede sonar a envidias y todo eso de lo que te haces eco, aunque no lo sea, y estoy seguro de que no lo es, pero la gente tiene su ego y luego no saludan. Por eso creo que un crítico que no es autor está al margen de toda esta parafernalia y puede decir lo que quiera sin morderse la lengua, pero un autor al final cae en esa autocensura, por otro lado, comprensible, una autocensura que veo que tú no tienes pero te ha ytraido esos problemas que comentas. Al final, lo mejor, es ser crítico y no conocer a los autores ni a las editoriales, así te da igual si te retiran la palabra.

Sergi Bellver dijo...

Eva, siento si parece lo que no es, pero te aseguro que soy un tipo positivo y emprendedor, y que mis amigos, los nuevos y los viejos, pero sobre todo los que honran esa palabra, lo saben bien. Sin embargo, no trago con la hipocresía ni con la mentira. Tan sencillo como eso. Léase con atención mi entrada, mi bitácora y se verá que jamás dejo de reconocer méritos literarios y profesionales por desaveniencias personales. Algo que otros no hacen, como "buenos" españoles, supongo. No soy cainita porque no soy hermano de ese tipo de personas.

Ya hago lo que deseo, escribir, editar, enseñar y hacer crítica seria y trabajada dentro de mis posibilidades. Pero cuando me encuentro con hipocresías e injusticias, no puedo callar. Es superior a mí.

Y creo que todo esfuerzo honesto suma en favor de la literatura, con errores incluidos, que no niego tenerlos.

Lo de arrieritos, concretamente, va por algunos de esos anónimos que dan otra cara y firman sus páginas digitales, sus libros y sus columnas con nombre y apellidos, claro. Nos conocemos todos...

Saludos,
Sergi.

Sergi Bellver dijo...

Tienes bastante razón, querido Manuel, y no pocas veces me he cuestionado eso mismo que comentas, si no debería dejar de publicar crítica al ser también autor. Ahora bien, he de considerar que soy autor antes que nada, con lo que en cualquier caso "debería renunciar" a la crítica y no a la escritura.

Sin embargo, me parecería un error plegarse a una inercia perniciosa en lo editorial y en lo literario, esto es, rendirse, aceptar "las cosas como son" (el ajedrez...) y renunciar a ser coherente con uno mismo y con sus lectores.

Por otra parte, si uno conoce el cuento porque lo trabaja como editor, como escritor y como profesor... ¿no está en condiciones de ofrecer a esos lectores una crítica, cuanto menos, seria?

Resumiendo, yo no tengo mayor problema que el que se deriva del ego de los demás. ¿Que no me publica un día un editor equis porque una vez le puse "peros" al libro de un autor de su catálogo? Pues, francamente, eso hablaría muy mal del editor, si mi libro vale la pena. Si mi libro es una castaña, será culpa mía y de nadie más que no se publique. ¿Publicaría esa misma castaña un editor por haberle hecho la pelota en mis críticas? Eso hablaría casi peor del editor.

¿Que algunos escritores-críticos despellejarán mis libros cuando toque, sean buenos o malos? Ya cuento con ello, caballeros, estamos en España.

Un abrazo.

Sergi Bellver dijo...

Tras recibir una comunicación en privado, me gustaría hacer una puntualización a este comentario, que he realizado hace unas horas:

"Y sobre todo le informo a este anónimo discapacitado de que, como muestra de que siempre puse y pondré en valor el irrepetible e inmenso trabajo de Miguel Ángel Muñoz al frente de El síndrome Chéjov y en favor del cuento, la primera persona que peleó con su editor jefe para que todas las "entrevistas del Síndrome" aparecieran en un libro recopilatorio, que contaría con el prólogo de un autor de prestigio, fue un tal Sergi Bellver, quien por desgracia no consiguió convencer al citado editor."

Bien, lo que he de puntualizar únicamente es lo de "la primera persona", ya que me acaban de informar de que se propuso la misma idea a otra editorial, por parte de tres de sus autores. No me concretan la fecha, pero en mi caso estamos hablando de enero de 2008, cuando realicé un dossier para MI editor jefe de entonces.

En todo caso, lo importante de mi comentario no era ser o no "el primero" en tener la idea, sino demostrar mi valoración del trabajo de Muñoz al frente de su página y desdecir cualquier estupidez en torno a envidias e inquinas pretéritas.

Saludos a todos.

Alvaro dijo...

"A mí ya se me han cerrado unas cuantas puertas; ya no me saludan ciertos autores con la efusividad de antaño o, sencillamente, dejan de hablarme o de participar con la pasión inicial en esta bitácora"

¡Es que eres pesadooooo! Hablas demasiado, husmeas en los blogs, te metes en todo, etc., etc.

Sergi Bellver dijo...

anónimo Álvaro, ¿con "husmear" te refieres a lo que acabas de hacer? Porque no es mi estilo. No tienes mucha idea de cómo va esto, por lo que veo. En lo que sí tienes razón es en que soy pesado y hablo demasiado... supongo que a la gente le caen mejor los monigotes que no dan problemas, bien calladitos.

Delia Olmos dijo...

Querido Sergi, el mundo es de los pusilánimes, de los que se callan bien la boquita para no ofender, de quienes saben lo que quieren y arrancan cabezas para lograrlo y de quienes no dicen nunca nada públicamente, pero se menean como serpientes en el silencio y pican aquí y allá, moviendo hilos para fastidiar a quien le molesta. El mundo es de esa gente, porque si te fijas, es la gente que de hecho no dice nada, calla, otorga, mangonea, y queda "como un señor", que es de lo que se trata, de quedar como un señor, no de serlo.

Te envío un abrazo muy fuerte y todo el apoyo, porque una cosa es callarse porque uno lo decida y otra muy distinta es que te quieran callar los que no tienen espaldas para aguantar las críticas.

Del temita de los anónimos, que te voy a decir: que al igual que tú y que Marta y que tanta otra gente (porque sabemos que hay más) yo también recibo cierto tipo de comentarios, de anónimos acusadores, de clases magistrales sobre cómo llevar o no llevar un blog y sobre cçomo leer un libro.

Estoy hasta el cuerno de la hipocresía que reina en este país. ¿Que tú eres conflictivo? Es la leche, ¿a qué llaman conflictivo? ¿Pero qué mierda de mundo es este, tan descafeinado, tan flowerpower? Vamos a contar mentiras, tralará. Ese es el lema. O sea, que lo que hay que hacer es mentir. Si no me gusta, digo lo contrario, no sea que la gente se traumatice. Vamos, hombre.

Me parecen discutibles las opiniones dichas con sinceridad. Con Marta y con Juan Javier Murillo, por ejemplo, que son amigos con los que hablo mucho de libros, he discutido mucho sobre dos, el de M. A. Muñoz y el de Rengel. Los tres decimos palabra por palabra lo mismo delante de todo el mundo que cuando hablamos en petit comite y por eso a los tres nos han llovido guantazos, no en la blogosfera, sino a otros niveles. Eso siempre cierra puertas, pero es lo que hay. A partir de la sinceridad y la honradez, yo discuto con quien sea y sobre lo que sea, temas, formas, refrito de tradiciones, lo que sea, pero con los otros, con los que me dicen en privado bestialidades y echan sapos y culebras contra un autor y delante de la gente, en blogs o reuniones con otra gente, lo adulan, con esos ya no puedo volver a hablar porque me dan asco.

Carlos F. dijo...

Sergi: No sé si mi comentario resulta pertinente porque soy uno que ve los toros desde la barrera. Y qué bien que se está aquí, fuera del cotarro. No tengo ni puñetera idea de las causas de este terremoto en la blogosfera. Y, si te digo la verdad, no creo que me interesen.
Lo que sí que siento es que se cierren estos sitios. Porque me gustaban y los visitaba con asiduidad.
También me causa estupor que la continuación del debate que tuvimos hace unos días se haya planteado en estos términos. O que ni siquiera se haya planteado. Insisto: hablo solo de los comentarios que he leido en el blog. Uno no tiene información suficiente ni para asignar ni para interpretar silencios.
Lo que sí que tengo claro es que si dentro de la vida literaria ha nacido algo así como la "vida del cuento", o la "vida de los cuentistas" flaco favor le vamos a hacer al género. Nos lo podemos hasta cargar.
En literatura, cualquier especialización conduce a la creación de reinos de taifas que se van cerrando poco a poco sobre si mismos.
Y, ojo, que, afuera, entre tanto plato roto, se quedan siempre los lectores. Nos especializamos, nos cerramos en banda porque tenemos la impresión de que no nos hacen caso.
En España tenemos el caldo de cultivo ideal: el cuento, muchas veces, sólo tiene salida como artefacto para ganar pelas en concursos. Se publica poco en libro y no tiene importancia en la prensa periódica. Así, mal vamos.
Todas las cosas que cuentas son típicas de un género endogámico. Si sólo se leen entre sí los escritores, al final, el choque de egos es invitable, por muy buena gente que se sea.
Sergi, me hago cargo de que estás denunciando esta situación, de que ha llegado el momento de reflexionar sobre la función de la crítica. Es muy loable.
Pero también creo que una buena medicina podría ser no dejar que las pequeñas miserias nos afecten (y no me refiero ni a ti ni a nadie porque, visto el percal, hay que aclarar todo) y hablar de literatura como dios manda. Aquí ya se ha hecho.

LCS dijo...

Está claro que los que escribimos relatos somos minoría y que la desaparición de cualquier blog siempre será una mala noticia. Es una pena, desde luego, pero así es la vida.

Pero también creo que le estamos dando demasiada importancia a todas estas peleas, hipocresías y amiguismos . Lo que ocurre en la blogosfera no es más que un reflejo de lo que ocurre en la realidad y, a estas alturas, ya deberíamos estar todos escarmentados.

Que escribamos cuentos no significa necesariamente que seamos mejores personas.

Un saludo y mucho ánimo, que aún tenemos el placer de seguir leyéndote.

Miguel Serrano dijo...

Querido Sergi:
Tal vez deberías darle menos vueltas a todo esto y dedicarte sólo a leer, escribir y hacer crítica. La metacrítica acaba confundiéndose con cotilleos y puñaladas. Tus reflexiones son siempre interesantes, pero más cuando van a la literatura y no a todo lo que la rodea. Creo, de verdad, que no vale la pena. Olvídate del ajedrez, no estés pensando en si vale la pena o no aprender las reglas, ni siquiera para llegar a la conclusión de que no quieres entrar en la partida, porque es otra forma de hacerlo. Espero que se entienda, estoy algo espeso esta mañana.
Saludos.

Juan Carlos Márquez dijo...

La vida literaria es así, con sus tribus, sus lobbies, sus justicias e injusticias, eso no va a cambiar nunca. Di lo que piensas si es lo que deseas pero no inviertas energías en comprender lo que no es comprensible, porque los egos, y de eso estamos todos los escritores más que sobrados, empañan y empañarán siempre los espejos de la razón. Deja estos temillas para la esfera privada, la hora del café, como hacen los demás. Por otra parte, lo que para unos sirve en literatura es a menudo inservible para otros. El gusto y el criterio se cultivan, eso es indiscutible, pero a unos las plantas les florecen más que a otros.

Anónimo dijo...

Unas preguntas, Bellver, a ti que te gustan tanto. ¿No te parece "raro" que seas el único a quien no le han aprobado el comentario en El síndrome chéjov? ¿No crees que será culpa tuya, que algo habrás hecho? ¿No le pedirías algún favor para tu único interés y te diría que no? ¿No viene de ahí toda tu mala leche? ¿No será que te jode tener menos visitas, que tu blog no le interese a nadie? ¿Todavía quieres hacerle creer a nadie que lo tuyo no es pura y cochina envidia, porque no tienes ni idea de cuentos, porque no has publicado nada, porque no has hecho nada todavía y porque no tienes la clase de Miguel Ángel Muñoz? Das pena.

Sergi Bellver dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios, Delia, LCS, Carlos, Miguel y Juan Carlos. En cuanto tenga un poco más de tiempo (empiezo a repetir esa frase demasiado a menudo, de un tiempo a esta parte, lo siento, pero el trabajo y mis circunstancias personales me absorben en estas semanas), os contestaré a algunas cosas y retomaremos lo más interesante de vuestras aportaciones en los últimos debates, que me han hecho reflexionar bastante.


*


Querido "anónimo", normalmente no aprobaría esa clase de "defensas" numantinas de lo indefendible porque caen en el insulto, siempre. Tú lo bordeas, así que quiero ser honesto. Si critico la censura, he de ser coherente. Pero tu comentario es tan, no sé, surrealista, que casi me hace gracia. Si quieres, "anónimo" (¿nos conocemos de algunas presentaciones y esas cosas, verdad, "anónimo"?), te doy dos opciones:

a) No contestarte y dejarlo todo como está, en plan "teletubbie", todos felices.

b) Contestarte con hechos y reirnos todos juntos, aunque no te va hacer ninguna gracia, "anónimo", ya te lo adelanto.

Podrías leer con atención, tanto en la entrada como en mis comentarios (no pido ya que evalúes una trayectoria...), pero igual te resulta complicado. Tampoco se me ocurre pedirte que aprendas a sumar, porque veo que los números no son lo tuyo.

Ve a por tu azucarillo, corre, buen chico, "anónimo", buen chico.

Saludos.

Anónimo dijo...

Trabaja, Sergi, trabaja y no dejes que estos asuntos se interpongan en lo que de verdad quieres hacer.

Me temo que no has descubierto nada que no intuyeras, nada que no supieras que podía y hasta debía pasar. Sólo que duele, me hago cargo.

A todos nos ha ocurrido alguna que otra vez. Con nuestra familia, con amigos, con gente del trabajo o del mundillo. Què hi farem, nada nuevo bajo el sol.

Trabaja, trabaja. ¿Que no sale lo que buscas? "Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor."

Un saludo tan anónimo como cariñoso,

uno del mundillo

carlos maiques dijo...

Hola Sergi:

Llega el frío y la lluvia, es domingo y han pasado unos cuantos días desde el fin del Síndrome, desde la congelación de la masacre en los jardines. La continuidad de los parques temáticos no cesa, y me quedo con unas cuantas reflexiones que haces ante estos nuevos desaparecidos.

Leo una reseña de Jordi Costa sobre Adventureland, y se van transformando las palabras del último párrafo. No sé de qué hablamos cuando hablamos del final, de los fines o intenciones, pero sí parece que algo ha ocurrido. Bien porque se trate de algo ajeno, algo que a pesar de todo acompañaba, igual que un aroma, las siluetas reconocibles en un rincón, los pasos perdidos. El paisaje ha cambiado, y nos recuerda que casi todo es provisional, una vez más.

Y parece que es otra ocasión en la que, ahora delante de nuestros ojos, contemplamos cómo no nace, cómo no crece, cómo no se desborda ni peligra y finalmente se extingue una vez más la posibilidad, la ventana, la visión de una puerta o un sendero, una escalera, una ascensión. Como las pasarelas, las bandas transportadoras de los aeropuertos, los vehículos no tripulados de desplazamiento entre diferentes zonas de grandes edificaciones, hemos visto una modificación, hemos sentido la cercanía, la proximidad y la promesa, y ha vuelto a escaparse de las manos. Quizás había que merecerla, que haber hecho algo más. Para buscar responsabilidades, culpables, diseñadores de una conspiración basta, en mi caso, con mirarse en el espejo. ¿Cuántos libros de relatos he comprado este año? Algunos de ellos: Noche sobre noche de Ignacio Vidal-Folch, Cuentos de Flanneryo O`Connor, Submáquina de Esther García Llovet (¿es un libro de relatos?) He ido completando mi esquina Eloy Tizón, y he tomado nota de un buen montón de novedades y consejos que debo agradecer (mucho)a unas cuantas bitácoras. Otros libros han corrido de mano en mano, otros muchos los he podido leer en bibliotecas.

Hemos convertido aquello que más importa en la excusa del encuentro, en algo accesorio. Puede que una carrera literaria, o cualquier otra modalidad artística no se sostenga con avalanchas de comentarios, o no sólo así. El autor, o sus editores, necesitarán algo más, casi seguro. Unos centenares de ventas, más que ocho mil comentarios -que también- Lo que está claro es que hablar de un libro no significa haberlo leído, del mismo modo que estar del lado de lo breve no significa que eso acabe notándose en las ventas, en la visibilidad, y se quiere, la búsqueda de un prestigio que no debería hacer perder el norte a nadie.

Pero es cierto, como escribes, que las cosas, las dudas se resuelven “debatiendo, posicionándose siempre con argumentos, tomando nota y cuestionándose las cosas, en vez de defender a ciegas lo indefendible. Es en esa clase de autores y de editores, humildes y grandes, inteligentes y atentos, en los que todavía tengo fe, si pienso en el presente y el futuro del cuento.”

Me alegra que no cierres la bitácora, así continuaré leyendo "Sergi, tú puedes", unas cuantas derivas, devoluciones o nuevas piezas flotantes. Con algo de suerte, tiempo y ese algo más, ese libro de relatos que me gustará tener en las manos. Mientras tanto, un saludo.

Un abrazo y hasta otra.

Sergi Bellver dijo...

Nota a 1/1/2010:

Cuarenta días después de su "despedida", hoy regresa El Síndrome Chéjov. Como me parece una buena noticia en general (para el cuento), me reservo mi opinión particular acerca de este curioso efecto Guadiana.

Fernando Hugo Rodrigo dijo...

Como soy nuevo en estos lares (aùn trato de ponerme al día en cosas de blogs, y, aún más, en qué se cuece en el cuento contemporáneo) tengo que decir que ando perdido.

Sin embargo, encuentro que estas polémicas no son excepciones en la blogosfera, y no es la primera vez que muchos se lanzan al cuello de un crítico. Yo conozco un poco la crueldad del mundo audiovisual; ignoraba que las cosas estaban igual de mal en lo literario.

Yo pienso leerte, porque creo que tienes criterio. Sí, es cierto: preferiría que, de cuando en cuando, hicieras una reseña negativa, pero, visto lo visto, comprendo que no lo hagas. Lo que pasa es que creo que en el cuento también hay "mucha paja", y sería bueno que alguien nos orientara a los recién llegados. Si los libros fueran gratis, y el tiempo, infinito, pues no pasaría nada. Pero...

Por cierto, que entro en el blog de Muñoz y veo que ya no se pueden dejar comentarios. Ignoro si es casual o significativo. Un saludo.