Bitácora de Sergi Bellver: Deriva en Facebook.

14/10/09

Deriva en Facebook.

[escritura compulsiva o handing]


Sergi Bellver en el fondo, y en tierra firme, no ha dejado nunca de ser un hombre-rana

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Quisiera unas mandíbulas como las de Ed Harris o Vigo Mortensen, para encajar mejor el cuello del traje de hombre-rana

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Y un piano de (cara)cola para hundirme con dignidad, con una melodía de algas y notas amortiguadas por la corriente

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nadie estaba allí para hacer fotos cuando crucé la estepa salina, vestido de hombre-rana, dejando un imposible rastro de goterones negros, ya a muchas millas del Mar de Aral

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Una vez, cuando alcancé la escalinata de la Plaza San Marcos (me crucé a Jan Morris meando de pie al borde del Gran Canal), sólo tuve que avanzar a tientas, como un lenguado de tinta, entre los tobillos desnudos de la gente y las tarimas contra la inundación, hasta alcanzar uno de esos Campi en los que una vez abofeteé a Tadzio

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Fue duro, pero bello, muy hermoso, darme la vuelta, cerrar los ojos y sumergirme poco a poco en las tibias aguas del Sena, mientras el vestido de aquella mujer seguía insultándome, como una vela rota. Mi silueta todavía se marca en el limo del río, junto a l'île de Saint Louis, y tiene el contorno exacto de un pecio vikingo.

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Recuerdo todas las ciudades en las que no he sabido naufragar: Madrid, Berlín, Zaragoza, Santiago de Chile... en todas me ahogué en asfalto y polvo. De todas quise escapar hacia los acantilados, hacia el borde del mundo, hasta la bendición del vértigo un segundo antes de dejarme caer en el oleaje, de partirme la crisma y volver a casa.
No es bueno que un hombre-rana esté seco.

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Cuando emerjo en Lisboa nunca noto la diferencia entre el agua y la tierra. Tomar el eléctrico 28 (el conductor siempre me obliga a permanecer de pie, no quiere que le moje el asiento y las aletas molestan a otros viajeros) es como bucear junto al bote, con las lamas de madera pulidas por el tiempo. Cuando salto por la borda del 28 en Baixa, cruzo la Plaza del Comercio y me hundo en el Tajo, todavía me acompaña una melodía de chelo que se me pega al traje de hombre-rana como alquitrán.
Lisboa también es anfibia.

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Nadie sobre la tierra es consciente de mi infinita paciencia. Cultivada en las bodegas de buques hundidos, en las cabinas de aviones derribados sobre el Pacífico, junto al esqueleto de un animal que jamás descubrirá la Ciencia, mi paciencia de hombre-rana es capaz de hacerme olvidar toda ofensa.

Sin embargo, en el ascenso, cuando las burbujas me marean y el pecho se expande, empuño con fuerza un cuchillo, ansioso por alcanzar la superficie para diluir la sangre del otro en el océano.

Soy una criatura anfibia.

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En los años veinte crucé el Atlántico a pie, con un juego de lastres de plomo en la cintura. Descubrí los restos del Titanic antes que nadie. Llegué a encontrar la biblioteca, pero los libros se me deshicieron entre los dedos. De la pasta macilenta de lo que fue un ejemplar de La Odisea salió una morena que me mordió en los riñones. Un mes más tarde varé en una playa de Irlanda y, mientras remendaba mi traje de hombre-rana y bebía vino caliente, le conté toda la historia a un joven James Joyce.

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4 comentarios:

Amaia dijo...

Por qué los mejores escritores,poetas,pintores,escultores...en una gran mayoría de casos no tenían dónde caerse muertos?
Dímelo tú...lo bueno es reducto,en eso los tiempos no cambian.
Ya sabes de mi apoyo INCONDICIONAL pero no puedo ser mecenas porque para eso hace falta pasta,si no, hace tiempo ya que te habría mecenado.
Pero tarareo contigo:...bailaremos agarrados por la música de un grupo compresor...y con aire comprimido brindaremos por la dicha del amor...

Petons,Ah Lisboa,nostálgica Lisboa...

Pepe Aguilar dijo...

Precioso, Sergi. Fragmentos, apuntes, sugerencias... párrafos en los que navegar (con neopreno, claro).

Anónimo dijo...

Al handing en mi pueblo lo llamamos escritura automática, ;)

Qué buenas letras fluyen con el surtidor mental abierto a tope.


Salut

R.A.

Isabel González dijo...

Me gusta este hombre rana.