Bitácora de Sergi Bellver: Los siete pecados virtuales.

13/5/09

Los siete pecados virtuales.

La abolición de la distancia física entre un comediante y un hombre de bien produce siempre, por muy grande que haya sido la diversión, cierto embarazo.

THOMAS MANN, La muerte en Venecia


Como en cualquier otro ámbito, también en el no-lugar de las bitácoras literarias se manifiestan las mejores y las peores versiones de nuestra condición humana. Los siete pecados capitales ―en los que todos hemos caído alguna vez― adoptan otros modos y ropajes, pero siguen siendo perfectamente reconocibles en este continente virtual. Así, podría identificarse la Avaricia en aquellas bitácoras cuyo objetivo de base es aumentar el número de visitas, donde a veces ni siquiera figuran enlaces a otras páginas ni se destaca el trabajo ajeno ―o sólo el de aquellos que ofrecen «contraprestaciones»―, y donde cada movimiento persigue un provecho laboral o una progresión vertical en listas y directorios. En cierto modo, también la Gula seguiría pautas parecidas en una bitácora literaria, según su compulsiva necesidad de engullir atenciones, enlaces, comentarios, acólitos y referencias. Dándole otra vuelta de tuerca al asunto, hasta la Lujuria tiene su espacio en la «blogosfera» de las letras, pues a menudo las relaciones entre algunos anfitriones y visitantes resultan casi pornográficas, con felaciones mutuas y otros desmanes obscenos. Sobre la Envidia creo que no cabe decir demasiado, pues tal vez sea el pecado capital más extendido y sintomático ―una verdadera pandemia―, en especial entre las bitácoras literarias en castellano, que padecen una doble denominación de origen: la hispana ―desde la madre pútrida hasta cada rincón de las Américas― y la literaria ―la Envidia es endémica entre los escritores, salvo historias clínicas de excepcional inmunidad―. Esa enfermedad, en los casos más graves, cuando la fiebre se intensifica y la sangre del infectado alcanza su punto de ebullición, desemboca en la Ira, otro pecado capital, por fortuna algo más escaso en lo literario, pero mortal de necesidad: cuando pierden los papeles, el escritor furibundo o el crítico virulento cavan la tumba de su credibilidad y de su prestigio[1].

Sin embargo, creo que en esta rara e inclasificable comunidad de las bitácoras literarias cabe matizar un poco todo eso y hablar, en cierto modo, de «los siete pecados virtuales» ―de idéntica raíz pero diferente ramaje, salvo la soberbia y la pereza―, pues la condición humana es la misma, pero la manera específica en la que se manifiesta en este medio produce sus propios endemismos, quistes y pandemias. De un tiempo a esta parte le doy vueltas a lo que otros vaticinan desde hace unos pocos años: una inminente implosión de las bitácoras ―no sólo de las literarias― o, cuanto menos, un declive involutivo que conducirá poco a poco hacia su extinción ―no literal, pero sí efectiva en términos de influencia, credibilidad y difusión―. No soy tan alarmista. Sería plausible pensar en una evolución, cruel, sí, pero tal vez positiva, según esa dinámica que ha seguido siempre la naturaleza en todas sus edades: la selección natural de los mejor adaptados al medio. Pero pienso que eso excluiría también ciertas propuestas artísticas e intelectuales esencialmente minoritarias, garantes por lo tanto de la diversidad cultural, y por eso quiero creer que todavía existen otras alternativas. El camino no tiene por qué conducir necesariamente a la profesionalización de los autores, como señalan algunos estudiosos[2], pues junto a algunas mejoras que se producirían en varias cuestiones formales vendrían también otros malos hábitos, inherentes a la inmediatez de la actividad laboral y contrarios a la expresión artística. Además, un autor profesional de bitácora debería conservar un elevado nivel de auto-exigencia y disponer de un completo margen para su libertad de opinión, algo que en teoría «garantizan» los medios, pero que en la práctica resulta falaz, desde el momento en el que esos medios pertenecen a grupos editoriales, cuando no políticos, y si bien no obligan de manera explícita, si condicionan y empujan a la auto-censura del autor. De no ser así ―y en esto lamento mi atroz escepticismo―, ese hipotético autor profesional comprometería las pocas virtudes ―las que compensan los siete pecados virtuales― de una buena bitácora literaria: independencia, diálogo[3], generosidad[4] y criterio ―más el talento, en el mejor de los casos―.

No obstante, aunque insisto en creer en la posibilidad de vías alternativas, a día de hoy me cuesta identificarlas y siento cierta preocupación o, cuanto menos, se va enquistando en mí un estado de ánimo particular, cierto embarazo, pero no el que pueda sentir ese hombre de bien ―tan políticamente correcto y burgués, que mira por encima del hombro al artista― del que habla Thomas Mann, sino desde el punto de vista del comediante, en el sentido más digno del oficio, el de quien ofrece su trabajo para disfrute ajeno, pero también en el peyorativo, el de quien ya no sabe si al final terminará hablándole al viento, como un payaso desubicado. Por muy grande que haya sido la diversión ―y me he divertido mucho en estos años, os lo aseguro, escribiendo en este espacio y sobre todo leyendo en otros―, empiezo a pensar que las virtudes de las buenas bitácoras literarias están en jaque, que atravesamos una época incierta y que se hace necesaria una reflexión seria, íntima, casi monástica, en la que cada autor y editor de bitácoras literarias se plantee seriamente su «fe», su motivación y la rectitud de sus acciones.

No se trata de buscar la perfección ni la «santidad» ―tan perversas e inverosímiles―, basta con tener un mínimo sentido de la ética y cierta empatía con los lectores, cierta noción de comunidad crítica. No se trata de bajar del Sinaí con unas nuevas Tablas de la Ley para la «blogosfera» ―que tarde o temprano vendrán impuestas desde un ente externo, si nos descuidamos: la SGAE, el Ministerio de Cultura, el Gran Hermano Google o cualquier otro sanedrín― ni de jerarquizar nuestra «religión» ―nuestra vocación por lo literario― con ningún clero de santones. Eso sería repetir los modos del Mercado. Bastaría, si se me permite porfiar en las fronteras del símil, con una concepción menos apocalíptica y judeocristiana del asunto ―menos darwinista, también, a pesar de la paradoja―. Sería suficiente adoptar una actitud menos competitiva pero sí competente, que resultara en una conciencia individual y al mismo tiempo colectiva ―más pronto que tarde tendrá que ser expuesta desde un debate interno en la red, si nos ocupamos todos: escritores, críticos, editores y lectores[5]―. Convendría una actitud más «budista» ―sigamos jugando en serio con la metáfora― que nos llevara a recorrer el «óctuple noble sendero» de la virtud: la recta atención, el pensamiento recto, la recta concentración, la recta opinión, la palabra recta, la recta acción, el recto sustento y el esfuerzo recto. Es decir, bastaría con respetar la motivación original que nos mueve a compartir nuestro tiempo y nuestro esfuerzo al frente de una bitácora literaria; bastaría con que esa motivación fuera honesta y sincera, con que prestáramos atención a las cosas y las pensáramos un poco antes de publicar nada. Que pensáramos además asistidos por el criterio, por un mínimo criterio que de veras ofreciera una opinión sólida, rebatible, pero defendible más allá del «gusto». Bastaría con la palabra recta, sobre todo, con decir verdad y ser valientes, pero también con la recta acción, al expresar esa verdad y nuestras ideas con valentía, sí, pero también con respeto. Sólo una conducta honesta, seria y rigurosa ―no comprometida por aspiraciones laborales o personales― garantizaría la independencia.

De lo contrario, tendrán razón los que profetizan el declive de las bitácoras literarias y, de seguir así, no se le podrá reprochar nada al iluminado agorero que desde cualquier púlpito anuncie su fin ―seguirán existiendo bitácoras «literarias», no cabe duda, y proliferarán a miles, pero se habrá aniquilado para siempre su verdadero potencial y la justificación última de su existencia: ofrecer una alternativa fiable a los medios y dar voz a discursos minoritarios―. Para evitar esa inercia peligrosa hay que identificar sus causas. Para salvaguardar las ―pocas, pero ciertas― virtudes de las bitácoras literarias, lo primero es tener conciencia de sus siete pecados virtuales.

*

I. LA SATURACIÓN

No es lo mismo diversidad que multiplicación. Es evidente que todo el mundo tiene derecho a expresar sus opiniones en su propio espacio, y esa es una de las virtudes potenciales de la red en general. Pero la realidad concreta de las bitácoras literarias, a día de hoy, es que demasiadas conviven y comparten la atención de un público que ya no puede seguir creciendo en progresión aritmética. La información ha llegado a saturar al medio y al lector y, lo que es peor, a menudo esa información se clona en una cadena interminable de páginas que, lejos de ofrecer esa diversidad cultural y ese altavoz para los discursos minoritarios, copian, reproducen y difunden fracciones concatenadas del mismo discurso dominante, produciendo esa sensación de que estamos a punto de perder la enorme oportunidad que ofrecían las bitácoras literarias. No nos convertimos en una alternativa realmente independiente a los medios si en el modus operandi de cada página reproducimos sus estrategias fundamentales.

Todas las bitácoras de creación literaria quedan sepultadas por el alud de propuestas. La mayoría de las bitácoras de actualidad literaria reproducen a pequeña escala la metodología de los medios informativos. Por último, demasiadas bitácoras de crítica literaria ―y todas las mixturas posibles entre esos tres tipos de página― están más pendientes de su repercusión que de su aportación en ideas. Tiene cierta lógica que, por ejemplo, algunos libros sean reseñados en diferentes bitácoras en un corto intervalo, ya que algunas editoriales envían sus novedades al mismo tiempo o los autores de las reseñas las encuentran simultáneamente en las librerías. Eso obedece a los plazos de cada plan editorial. Lo que ya no tiene tanto sentido es que casi todas esas reseñas deambulen por los mismos tópicos y echen mano de los mismos recursos, con lo que al final parece que lo importante es que la editorial X o el escritor Z sepan que has hablado de su libro, y no que los lectores conozcan tu verdadera postura, de haber alguna.


II. LA PEREZA

Semilla y fruto a la vez de la saturación, la pereza está consiguiendo que se intensifique esa sensación de tierra baldía, de clonación indefinida de un material estéril. Si el lector no siente verdadera curiosidad ni tiene afán por investigar en la red, termina por aceptar lo que tiene más a mano, con la misma pereza del lector conformista de suplemento cultural. Si el escritor no tiene una verdadera voluntad de cuestionar lo dado y de investigar en la escritura, termina por dar como válida cualquier cosa, y la pereza toma por buena cualquiera de sus «producciones» a la hora de publicar una nueva entrada en su bitácora. Si el crítico no siente un verdadero respeto por el trabajo de los demás ni tiene una vocación de estudio auténtica, la pereza le llevará a catar en diagonal un libro y a apoyarse en la mísera parcela de prestigio que haya podido conseguir para su firma, antes de reseñarlo. O peor aún, a no explorar en otros discursos y a repetir hasta la saciedad los mismos juicios y la misma dialéctica. Incluso algunos, en el colmo de la desfachatez, parecen jactarse de todo ello, lo cual sería aceptable como divertimento, si no pretendieran después arrogarse un criterio que no demuestran. Para escribir algo decente antes hay que leer mucho, pero para hablar de literatura no basta con haber leído mucho, sino que hace falta, sobre todo, haber leído bien, y eso supone un triple esfuerzo en tiempo, atención y reflexión.


III. LA PRISA

Es cierto que los planes de las editoriales hacen que las referencias a ciertos títulos coincidan en el tiempo, pero es también sospechoso que la actualidad sea la que parezca regir las elecciones de muchos de los autores de bitácoras que ejercen de críticos. La inmediatez no es un valor a considerar en literatura. En periodismo sí, donde las noticias caducan en poco tiempo, pero no en literatura, donde los textos necesitan una lectura atenta, reposada y crítica, antes de que pueda madurar cualquier interpretación sólida que compartir con los lectores. Al fin y al cabo, la prisa es en parte hija de cierto tipo de pereza, que quiere acabar cuanto antes las cosas, no tomarse demasiado trabajo con ellas y esperar a que todo el mundo tome nota de que se ha fichado, de que se ha cumplido, de que uno también estuvo allí y, a ser posible, el primero.

Del mismo modo que un proyecto creativo no puede tener demasiada consistencia si no se le dedica un tiempo a la reflexión y al trabajo, la construcción de una bitácora literaria tiene los cimientos de barro si la inmediatez dirige las obras. Vivimos en un mundo trepidante, cierto, y si en algún no-lugar se manifiesta esa energía dinámica es justo en la red, pero eso no quiere decir que los ritmos, los modos y las aspiraciones deban ir a la misma velocidad. Para los avances tecnológicos, vale, para la explosión de las redes sociales, es inevitable ―ya empiezan también a saturarse―, pero para la literatura no. Lo que estamos consiguiendo con todo esto es que nuestras bitácoras no sean exactamente literarias, sino bitácoras «de libros», bitácoras «del mundo editorial». Es decir, clonaciones virtuales e individuales de aquella mala praxis tradicional que tantas veces se critica desde «este lado» de las cosas. Por esta vía sólo seremos un eco más del discurso imperante, y no un coro de voces nuevas.


IV. EL AMIGUISMO

Los ambiciosos, a toda prisa, buscan «amigos» hasta en las puertas del infierno. Junto con la envidia, el «amiguismo» es el otro cáncer de lo literario, su reverso en realidad, al menos en el mundo hispano. Es natural y hasta saludable que cualquier persona que, por su trabajo o por su actividad literaria, esté relacionada con este mundo cuente entre sus amistades a muchos escritores, editores y críticos ―lo lógico es que un médico tenga amigos en el ámbito sanitario, y nadie se escandaliza por eso―. Es incluso probable que, entre todos esos escritores amigos, la persona en cuestión encuentre a unos cuantos cuyo talento se muestre de manera independiente al vínculo afectivo. Podría llegar a ser humanamente perdonable que, al margen de la calidad literaria de una propuesta, un amigo quisiera echarle una mano a ese colega de letras que está dando sus primeros pasos, con alguna mención, alguna recomendación o cualquier sugerencia. Lo que ya no me parece justificable es ensalzar por sistema el trabajo de los amigos, ya sea en editoriales, en columnas, en artículos críticos y por supuesto en títulos de creación literaria. Y ensalzarlo además al margen de su calidad literaria o, peor aún, otorgándole méritos que no se sostienen e integrándolo en grupúsculos, mafias y cuadrillas en las que gozará de favores vitalicios. Todo ello no conduce sino a la endogamia, que también observamos en las bitácoras, donde cada vez queda menos espíritu de búsqueda y de diálogo y los acólitos regresan siempre a las mismas parroquias. A corto plazo puede pensar uno que está haciéndole un «favor» a ese amigo cuando elogia su trabajo, pero es probable que a la larga se le ponga en más de un brete ―y con ello al criterio propio―, cuando lectores independientes sancionen su mediocridad. Del mismo modo que un verdadero amigo no es aquél que te dice lo que quieres oír, sino el que te señala lo que, por tu bien, necesitas escuchar, una reseña rendida y lisonjera de un mal libro o una hagiografía de una trayectoria personal, cuando no obedece a valores reales y contrastables, no es ningún «favor» entre amigos, sino un mercadeo insustancial entre necios.

Resulta comprensible, sin embargo, que más de una vez la amistad ponga en aprietos al criterio, pero también en esto toca ser valiente. Del mismo modo que podría ofenderse el autor del libro reseñado por una crítica negativa de su trabajo, debiera ofenderse antes el crítico por la insinuación del autor ―hay mil maneras― para que la futura reseña sea favorable en todo caso. En un mundo ideal todos respetarían el trabajo y el criterio del otro, pero al final uno ha de contentarse con el mal menor, y callar muchas cosas, guardar silencio antes que perjudicar al amigo y, en el mejor de los casos, hacerle partícipe de nuestras objeciones sólo en privado, pues a veces parece que sólo queda resignarse a que, como decía un sabio, dos escritores sólo puedan llegar a ser verdaderos amigos a condición de que no se lean el uno al otro. En realidad sí es posible la amistad entre dos escritores que, además de leerse, se admiren o que mantengan posturas estéticas y éticas irreconciliables, si por lo menos se respetan, pero en cualquier caso manejar el complicado ego de los artistas y esperar que sepan distinguir entre texto y persona resulta muy difícil.

Lo que resulta francamente indignante, y es algo que sucede de antiguo en los medios tradicionales hispanos y que muchas bitácoras literarias están imitando, es buscar deliberadamente esas «amistades» en determinadas esferas de influencia, o ignorar sistemáticamente el trabajo de otros autores sólo porque no son de nuestra cuadrilla o porque alguna vez tuvieron un rifirrafe con alguno de nuestros camaradas, o mentir descaradamente sobre la calidad literaria de un trabajo sólo para ganar un nuevo «amigo», un editor, un escritor de renombre, un redactor que nos conceda un rinconcito en cualquier revista literaria, una «amistad», en definitiva, que nos encargaremos de cebar bien para que siga siendo rentable.


V. LA HIPOCRESÍA

Una consecuencia lógica del «amiguismo» es la hipocresía, la única armadura que los necios pueden echarse a la espalda cuando tienen ya demasiadas vergüenzas que ocultar. Cuando se hacen determinadas concesiones, cuando la coherencia brilla por su ausencia en todos y cada uno de los movimientos que un personaje puede llevar a cabo con tal de conseguir sus objetivos, la hipocresía toma distintas formas, que no son sino acentos de una misma jerga: el cinismo, el «buenismo» ―el de a quien todo le parece «maravilloso»―, la seriedad mal entendida ―«riguroso» no quiere decir «rígido», ni es más serio un crítico por ser hosco y cortante, sino por tenerle un respeto a su labor y a la de los demás― o la supuesta independencia ―la de esos «críticos» que fustigan determinados libros o autores a partir de una complicada dialéctica que retuercen a su antojo para enseguida santificar otros, según sus intereses, el humor con el que se hayan levantado de la cama o los niveles de gramíneas en el aire―.

Lo peor de la hipocresía en lo literario es que su doble cara, su doble rasero, no queda sólo para el trabajo final, sino que afecta a todas las actividades del escritor y del crítico. A veces os aseguro que le dan a uno arcadas cuando escucha o lee dos o tres versiones no ya distintas ―se entenderían ciertos matices―, sino contrarias de una misma «opinión», según se exprese tomando cañas, en la presentación de un libro, en una bitácora o en una revista literaria. ¿Tan difícil es, atendiendo a las mínimas reglas del sentido común, mantener un discurso mínimamente coherente, sea quien sea el interlocutor? ¿Tan importante es congraciarse y prodigarse con todas las piezas del puzle literario? ¿No sería más saludable y relajado presentar siempre la misma cara y que fueran el tiempo y nuestros actos los que fueran colocando cada cosa y a cada persona en su sitio? De nuevo, la prisa es siempre mala compañera de viaje y la «candidez» no es otra cosa que la etiqueta que le colocan el necio, el cínico y el vendido a quien defiende su verdad.


VI. LA SOBERBIA

Otra de las funciones de las bitácoras literarias, perfectamente legítima, a mi entender, es la de difundir la obra de un autor. El escritor o el crítico pueden disponer de un espacio en el que encontrarán una respuesta por parte de sus lectores y, como ya sabemos, una oportunidad para el debate. No hay nada de malo en que un escritor o un crítico den noticia en su bitácora de los libros que publican, de las reseñas que aparecen de sus libros en los medios o en otras bitácoras, o de las que ellos mismos, como críticos, publican también en revistas literarias y otros espacios. Me parece una publicidad lícita y saludable, siempre que se mueva en los límites del buen gusto. Ya puestos, no estaría mal que algunas de las bitácoras literarias más visitadas de la red hicieran algo más que promoción, pues aparte de dar cumplida cuenta de la agenda cultural de la ciudad y de dejar guiños a sus amigos y lectores, lo cierto es que no ofrecen demasiados contenidos. Todo perfectamente legítimo, insisto, aunque no sabría si llamar a eso «bitácora literaria» o espacio promocional. En fin, creo que las redes sociales pueden llegar a cumplir mucho mejor esa función.

Lo que resulta un tanto irritante es comprobar la soberbia de algunos de esos autores y críticos que creen que por haber publicado en papel ya se han ganado no sé qué suerte de galones, cuando podríamos hacer inventario de decenas de poemarios, novelas, relatos, ensayos y artículos que, en manos de otros editores ―con mayor criterio o con más escrúpulos― no hubieran pasado ni la primera cata de lectura. Publicar no garantiza la calidad literaria, señores, porque muchos editores han de comer de su trabajo y están más pendientes de la rentabilidad de su catálogo que de la entidad de su biblioteca. Por eso, por lo lejos que queda esa actitud de la verdadera búsqueda artística, resulta indignante la arrogancia que derrochan algunos autores hacia otros usuarios de bitácoras literarias. Hablo de la soberbia de escritores y críticos de todo pelaje, ya publiquen en una editorial minoritaria, ya sean auténticos «fenómenos» editoriales ―no olvidemos la etimología de la palabra, que tiene que ver también con la anomalía o con la deformidad, y no sólo con el prodigio― o, en el colmo del despropósito, de la soberbia de quienes creen que un par de reseñas publicadas en la revista de algún «amigo» les confieren una especie de aura de «intelectualidad» de la que hacen gala sin ningún reparo. Da lo mismo si hablamos de escritores y críticos independientes, de escritores y críticos «consagrados», de escritores y críticos en la red o de cualquier otra criatura del circo de las letras, con sus domadores, sus elefantes, sus payasos, sus tigres de Bengala, sus putas de caravana, sus mujeres barbudas y otros freaks. Da lo mismo. Nada justifica, en ningún caso, la soberbia. La de desdeñar el debate, la de valorar una opinión por la firma y no por sus argumentos, la de no «mancharse los zapatos» paseando por ciertos lugares y la de mirar por encima del hombro las propuestas de los demás, cuando las suyas debieran ser las primeras a poner en cuarentena.


VII. LA TIBIEZA

Con mucho, el peor de los siete pecados virtuales de las bitácoras literarias. Entre otras cosas, porque participa de los demás, ya que tiene bastante que ver con la saturación ―la sensación de uniformidad del discurso imperante nace de la mojigatería de todos sus fragmentos, como piezas de un engranaje en el que nada chirría―, la pereza ―la renuncia a formar un criterio sólido―, la prisa ―las ganas de no quedarse fuera obligan a ser sumisos y complacientes con los círculos de influencia―, el amiguismo ―y la endogamia, sobre todo― y la hipocresía ―hay que mantener la sonrisa del súbdito a cualquier precio―. Pero, sobre todo, la tibieza es el peor y el más sibilino de todos los pecados virtuales, capitales y estructurales de las bitácoras literarias porque se disfraza de corrección política, porque impide el cuestionamiento, la duda, la disidencia, el debate de fondo, la alternativa, la originalidad y, por lo tanto, aborta toda posibilidad real de que la literatura se haga presente, evolucione y suceda en las bitácoras.

No puede ser que ciertas propuestas gusten o convenzan a todo el mundo, que un día se hable de un libro irreverente e innovador en términos elogiosos y al día siguiente se ensalce con el mismo ímpetu cualquier basura comercial. No es de recibo que un crítico comprometa su criterio reseñando o publicando textos que no se sostienen desde ningún punto de vista, y pretendiendo después que su dictamen se tome en serio cuando el objetivo, no siendo de su cuerda, resiste cualquier argumentación. Es absolutamente imposible defender la calidad literaria de dos textos antagónicos y quedarse tan ancho, sólo porque la novedad o nuestros intereses o afinidades nos empujan a ello. Con todo respeto, supongo que estamos de acuerdo en que el «corpus narrativo» de la muy honorable Corín Tellado no es «comparable» al de Jorge Luis Borges, Thomas Mann o Richard Ford, desde un punto de vista literario ―algún patán sorbemocos dirá por ahí que por qué no, «si escribió muchos libros»―. Bien, pues uno está cansado de ver cómo algunos escritores y críticos ―o aspirantes― no tienen el menor pudor en alabar, compartir o señalar textos a ambas orillas de un abismo intelectual y literario. ¿Cómo demonios van a ser lo mismo Lucía Etxebarría y Virginia Woolf; quién tendría narices de meter en el mismo saco a Coelho y a Musil, o a Zafón y a Kafka sin quedar como un cretino integral? Pues no se escandalicen tanto, no, porque todos los días me encuentro en algunas bitácoras y revistas virtuales con aseveraciones peores, con panegíricos donde lo mismo da un folletín kitsch que una novela de vanguardia y, lo que es peor, con cadenas de comentarios donde todo el mundo es «maravilloso», magnífico, magistral y usa el mejor dentífrico… pero en las que pocas veces alguien se atreve a alzar una voz en contra, educada, respetuosa, argumentada y constructiva, pero en contra de la falta de criterio, cuanto menos.

*

No tengo ningún afán inquisidor y no estoy libre de pecado, pero sí tiro la primera piedra, porque el tema me importa y porque creo necesario y urgente un debate o, cuanto menos, que cada uno de nosotros se retire por un tiempo a su celda virtual y haga examen de conciencia. Si cree que por acción u omisión, de manera deliberada o involuntaria está cayendo en alguno de esos siete pecados virtuales en su bitácora o en su revista digital, me valdría simplemente con que reflexionara sobre ello. Y que obrara en consecuencia, de la manera más recta posible y según su criterio, pero que mantuviera ese criterio, que lo cuidara y que lo defendiera sin complejos. Si algún día me veis escribir un ensayo, puede que os encontrarais con un manuscrito llamado Contra la tibieza. Qué ganas le entran a uno a veces, os lo juro.

Notas:
  1. En esto no hay apenas diferencias entre el cauce literario tradicional y las bitácoras literarias. Así, la envidia y la soberbia producen los mismos ataques interesados, malintencionados y personales, de manera idéntica en los medios impresos y en las páginas digitales, con una salvedad, para vergüenza de lo virtual: el detestable anonimato.
  2. Dice uno de los creadores de la revista virtual Dos doce, que pronto se terminará lo de la gratuidad en las páginas digitales, claro que también dicen otros que el libro electrónico ya está aquí para sustituir al libro impreso, y qué quieren que les diga, yo no las tengo todas conmigo y sigo erre que erre: convivirán.
  3. Diálogo, porque en una bitácora literaria, salvo censura ―directa o por omisión― del administrador, existe una auténtica oportunidad para el debate que no se plantea en los medios tradicionales. Es verdad que en las secciones de cultura de las páginas digitales de algunos periódicos, por ejemplo, existen foros de «opinión», pero también es cierto que la mayoría terminan por ser auténticos vertederos de injurias anónimas o de halagos impúdicos de los acólitos habituales. El escritor, el editor, el crítico y el lector encuentran en las bitácoras un verdadero espacio de diálogo e intercambio, que sólo alcanza su verdadero potencial cuando se unen el respeto, la valentía y el criterio. Sin embargo, existe eso que llamo censura por omisión, cuando el administrador responde a ciertos comentarios y obvia otros, bien argumentados, por el motivo que sea, o cuando son los propios lectores los que omiten alguna opinión para no «incomodar» al anfitrión.
  4. Generosidad, porque en la mayoría de casos el tiempo y el esfuerzo dedicados a la página no son remunerados, pero sobre todo porque una de las cualidades de las mejores bitácoras literarias reside precisamente en lo que mueven en toda la red a favor del trabajo de terceros, a través de enlaces, comentarios, reseñas o iniciativas.
  5. El próximo martes 19 de mayo, y en el marco del LILEC'09, la Feria del Libro y de la Lectura de Almería, tendrá lugar un encuentro virtual de bitácoras literarias, en el que, entre otras cosas, se pretende elaborar una suerte de código ético. Más información en este enlace y también en este.

44 comentarios:

Manuel Abacá dijo...

Hola, Sergi. Está bien esto de reflexionar sobre las bitácoras, sobre los pecados y las penitencias que llevan colgando. Sería posible redactar un libro blanco, pero no creo que lo vaya a cumplir nadie, totalmente. Y sí, hay un parte que todos, hasta los principiantes o precisamente por eso mismo, tenemos de EGOBLOG o BARRIOBLOG. Yo creo que una posible prueba, para comprobar hacia dónde se escora, sería que cualquiera se preguntase ¿DE QUÉ ME ESTÁ SIRVIENDO EL BLOG (DE LECTURAS) QUE TENGO O MANTENGO? Si le está llevando, no solo a hacer referencia, a leer libros que si no tuviese un blog no leería, mala cosa. Hay otras posibilidades: Si uno lee un libro que le parece malo y se lo calla, puede ser que sea por amiguismo pero también por respeto, por pereza...Si lo lee y además lo dice (que es malo) también puede ser por ser vago (por no esperarse a leer otro libro mejor) por ensañarse, por sacar tajada de la posible polémica(comentarios). En fin que estaría muy bien que se estudiase esto de los blogs, pero no creo que sea muy diferente a lo que somos en cualquier faceta de la vida. Por ejemplo: el trabajo. ¿Quién es el mismo delante de los jefes que detrás? LO QUE ME GUSTARÍA: Que "mi" blog me hiciese disfrutar.
Siento la caótica exposición. También habría que hacer un estudio de los que comentan en los blogs caóticamente. Mi explicación: no doy para más y tengo que ir a por las maletas, y luego a la playa almeriense. A ver si me escapo a la feria un rato. Lo siento. Saludos.

manuespada dijo...

En mi opinión, el pecado básico de las bitácoras, y lo que creo que supondrá su tumba, es la profesionalización, porque pierde la frescura y la espontaneidad con las que nacieron en un principio, ya que la gente se lo piensa todo dos veces a la hora de escribir para deslumbrar al lector. Anasagasti puso a parir a la familia real en su blog porque dijo lo que pensaba, él creía, como él mismo dijo, que era un espacio de libertad no vigilado. Mucha gente escribe en sus blogs lo que no puede escribir o hacer en su vida profesional o real, y los blogs parecen cada vez más páginas web promocionales y menos blogs, menos rebeldes, con menos chispa. Es como cuando las "Radios Libres" dejaron de ser espontáneas, perdieron toda la gracia.

Juan Carlos Márquez dijo...

Interesante reflexión, sólo han faltado nombres, apellidos y bitácoras, pero algunas me han rondado la cabeza. Lo que no puede ser es que de un tiempo a esta parte todos los libros sean virtualmente cojonudos, porque luego eso no se cumple sobre el papel. Si los responsables de los blogs no distinguimos entre lo bueno y lo malo (y que no venga nadie con la soplapollez de los gustos y los colores) no vamos a hacer avanzar la literatura ni un mísero peldaño.

Anónimo dijo...

Con todo respeto, Sergi, quisiera preguntarte algo muy concreto.

Te cito:

"Los siete pecados capitales ―en los que todos hemos caído alguna vez― adoptan otros modos y ropajes..."

"No tengo ningún afán inquisidor y no estoy libre de pecado, pero sí tiro la primera piedra, porque el tema me importa..."

Bien, la pregunta es la siguente: ¿en qué pecados has caído tú mismo con tu blog? O si lo prefieres, ¿qué tiene tu blog de "virtuoso" como para permitirte este post?

Creo que decir todo esto sin dar nombres no tiene demasiado sentido.

Saludos.

Vicente Luis Mora dijo...

Muy interesante el post, Sergi. Coincido con muchas cosas que dices. Sólo me gustaría comentar algo sobre la tibieza. Los que nos hemos caracterizado por ser contratibios, anti-tibios o como se diga, le hemos pagado y lo seguimos pagando mucho. Como alguien apunta por aquí, no ser tibio conlleva también la obligación de poner los nombres y los apellidos; yo lo he hecho hasta la saciedad -últimamente menos, me he querido conceder un respiro por la colección de amigos que estaba haciendo-, y he sido y soy consciente de las consecuencias. Es a lo que me refiero cuando digo que hay que hacer, de cuando en cuando, "canon negativo": poner ciertos nombres aparentemente intocables a remojar, para ver si de verdad son o no insumergibles. No te estoy animando con ello a que des nombres y bitácoras, porque creo que tu intención es hacer una especie de declaración general de intenciones, pero no está de más recordar que no ser tibio trae muchos disgustos. Quien lo probó lo sabe. Saludos, Sergi.

Vicente Luis Mora dijo...

Por cierto, que se me ha olvidado comentar otra cosa. No soy tan negativo como tú respecto a la hiperabundancia de la información. No está de más recordar que, en un comentario de 1974 a su libro de 1964, "Apocalípticos e integrados", escribía Umberto Eco: "un aumento cuantitativo de la información, por desordenado y opresivo que parezca, puede producir resultados imprevistos, según la ley por la cual en la circulación de las ideas no hay neutralización reformista; antes bien todo aumento cultural -sea cual fuere el proyecto ideológico que lo determina- produce resultados que, en dialéctica con circunstancias dadas, va mucho más allá de las previsiones de los estrategas o de los estudiosos de la comunicación". Ahí va eso. Por tal motivo, puse en mi post que este crecimiento exponencial de la información no es necesariamente malo. En realidad, para empezar, es bastante más democrático que modelos anteriores.
Abrazos, Sergi.

Pepe Momia dijo...

Creo que entiendo lo que quieres decir, que se aproxima bastante a un código de conducta virtudosa, a una cierta "autocensura" desde la calidad, el esfuerzo, la veracidad (o, al menos, la coherencia). Somos muchos los que hemos visto en tu blog, y en otros de crítica literaria, lugares donde aprender, donde encontrar recomendaciones bien elaboradas, donde participar. Creo que la red tiene eso de incontenible que hay que tolerar porque está en su misma esencia libertaria.
Pero, sobre todo, no creo en los pecados capitales. Curiosamente, en mi blog (sí Sergi, yo también he caído en el vicio nefando, ¿quién es el público hoy, con tanto autor?), estoy utilizándolos para una serie de relatos mínimos:para retorcerlos, desvirtuarlos (¿desvirtuar un pecado es oxímoron o hipérbole?).
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Hola, de nuevo, desde Almería. Me parece que tiene mucha razón Manuel Espada, en lo de la profesionalización. En eso se parece al periodismo escrito. Y no solo en esto. En mi caso, descubrí en algunos blogs, no ya críticas mejores o peores sino libros y escritores que de otra manera me hubiera sido más complicado conocer. Libros minoritarios, algunos buenos y otros malos, pero algo quedó: no quedarme en cuatro editoriales, como hacía antes. Y, no he acabado, ahora esos blogs se han profesionalizado con lo cual no cumplen la función que antes sí cumplían. Y, probablemente, sea porque reciben algún tipo de presión o ellos mismos (los autores) se sienten presionados. Pero también hay críticos en prensa escrita (Féliz Romeo, por ejemplo)que no parecen ser siervo sde nadie. Yo creo que es una custión personal y que los blogs y lo que no son blogs pueden ser perfecatmente compatibles.

Hola Juan Carlos: yo creo que ese cambio del que hablas es un granito de arena y con eso vale. No todo el mundo quiere cambiar con libros, nadie quiere cambiar en principio con libros, solo algunos cambian y no por el esfuerso mediático sino porque se encuentra con personas, blogs, profesores, amigos y libros que les cambian sin más. Un poco, como cuando de pronto empiezas a querer a alguien. Pero sí creo que haya que ser sincero. Por lo que el mismo Sergi cree: la prueba del algodón. Y eso en ambos sentidos. Yo ha leído alagos a go go para libros que no me he podido tragar y decir que los cuentos de Ismael Grasa no contienen vida (en varios blogs) y lo importante para mí no ha sido si hablan bien o mal sino si tienen unos "gustos" parecidos a los míos o no, que difícilmete pueden ser idénticos. Pero eso no le he apreciado en una crítica, en un post, sino en muchas y muchas entradas.

Saludos a todos y que gane el mejor (4-1 en estos momentos, ¿dónde están los blogs que ayuden al Bilbao, que lo cambian todo?, je)

carlos maiques dijo...

Hola Sergi:

A pesar de todo, sí que pienso que tiene sentido no decir nombres, porque la duda empieza con uno mismo, supongo, y por eso la planteas.

No tengo ni idea de cuál debe ser el futuro, si lo hay, de las bitácoras, pero sí me gustaría incidir en un comportamiento colectivo muy reconocible, que no es otro que el de la comodidad de lo conocido, la inercia de la costumbre. La saturación no tiene porqué implicar biodiversidad, por otro lado, no son antitéticas y no se trata de esperar extinciones ajenas, más bien, creo, de ver porqué agradan cosas tan semejantes, y cuál es la causa de tanta coincidencia.

La búsqueda constante da claves, de intereses da lugar a relaciones, a entornos con sus gustos y preferencias que son asimiladas por las "redes sociales" (lo pongo entre comillas por el aspecto siniestro que no dejan de tener), algo que desactiva su carácter particular y pasa a mejorar la especialización y adaptación de algo, la 2.0 que nació para...¿Cómo pasó todo, cómo era "antes", podría preguntar un recién iniciado?

Imaginemos que sí, que ahora un gran número de bitácoras nacen como vehículos autopromocionales en lugar de un objetivo más irracional en su ineficacia como proyecto (pero que obedece a una dinámica que rechaza una web al uso, confiando en la renovación semipermanente de contenidos de los blogs, su elasticidad contenida); pensemos que hay personas que ante la saturación, sólo han llegado a conocer cierto tipo de blogs, determinados círculos tibios o en ebullición; consideremos, que, al fin y al cabo, todo esto sigue siendo una opción personal, en la que el presunto pavor a desaparecer, de vista, de la propia costumbre del vicio o adicción a "estar", si surgiera, es fácil de solventar: las bitácoras pueden suprimirse o abandonarse, bien por cansancio o desvío de interés, lo que quizá no sea tan modificable es el impulso que las hizo nacer, pero esta todo tan en el aire que aún es pronto para sacar conclusiones. Ahora mismo, la tentación de siete brazos.




Ya echaba de menos estos posts largos, donde casi parece que se te escucha pensar, si corriges mucho, desde luego que no lo parece, Sergi. Un saludo y hasta otra.

Anónimo dijo...

No está de más una reflexión sobre el tema y me parece que apuntas el dedo hacia la llaga pero… dudo que un código ético resuelva la situación, los tics en los que andan cayendo los blogs literarios en los ultimos tiempos (una vez perdida la frescura como advierte otro lector) no parecen tener fin. Para mi gusto éstos son una excesiva endogamia (muy, muy excesiva) de contenidos y menciones amiguistas, cobardía de criterio y un buen rollismo que hace chirríar las letras y las opiniones certeras.
Aunque tampoco sirva de mucho rasgarse las vestiduras, en este mundo virtual, como en cualquier otro, basta dejar cocer los contenidos y cada cual sabrá a qué blog hacer caso o cual puede leer con desapego. Cuestión de posicionamiento ético y literario. Pero desde el propio, el del lector de blog. Lo demás no deja de ser, siempre desde mi punto de vista, buenas intenciones que se diluyen en fuegos de artificio.

O será mi resquemor el que habla, tras haber intentado leer recomendaciones infumables en alguno, por no decir muchos de esos blogs, y sentirme estafada. Es otra posibilidad, si.

Lectora que no escritora.

Hiperbreves S.A. dijo...

1) Admiro tu valentía Sergi, porque tratar de sacarle los colores a toda la blogosfera literaria es un riesgo de incalculables proporciones.
2) He leído con atención tus reflexiones y creo que aportas las bases de un interesante debate que, sinceramente, debería producirse de forma íntima en la conciencia de cada bloguero literario.
3)Es imposible que un mundo tan caótico como el de internet esté libre de pecados, de esos siete y de muchos más.
4) Creo que internet no es una cuestión de bytes, sino de egos. Y el gran error del que quiere compartir sus pensamientos y gustos con los demás a través de la red es creer que está en posesión de la verdad absoluta. Una dosis de humildad y paciencia no vendría mal. Luego habría que añadirle libertad y respeto a partes iguales, sin dogmatismos ni cátedras virtuales. Que si mañana el señor X quiere decir que El Quijote es una mierda, pues adelante, que para eso estamos. Para escribir y acertar o equivocarnos.
4) Como mi reflexión ha sido un caos, resumo, que no rezumo: Aplaudo tu iniciativa de intentar dignificar los contenidos literarios en la red, y aplaudo tu autocrítica, pero reivindico el derecho de cualquiera a errar en y por internet. El criterio de los lectores hará el resto. No menospreciemos la capacidad de la gente para leer, decir y escribir lo que le plazca.

S. dijo...

Pero bueno, Sergi... Si tú perteneces o frecuentas una de esas camarillas que criticas, que ponderais hasta las nubes el trabajo de vuestros colegas y mirais displicentemente o ninguneais el trabajo de los demás, no hay más que leer vuestros blogs. Y utilizais a conocidos del mundillo para medrar y sacar tajada. Por favor... Esto clama al cielo, mucha gente opina que caeis en el ridículo y os va a perjudicar seriamente en adelante. La crítica está bien, pero mírate el ombligo de cuando en cuando, que hay que quitarle la pelusa, que hay mucho que mejorar, deja de censurar en los otros lo que flagrantemente permites en ti y los tuyos. Ya está bien. Es una vergüenza, Sergi, y estoy segura de que no lo haces con mala intención, simplemente es una dinámica que alimentais de continuo casi por inercia, por desidia o acomodo. Y creo que sería honesto por tu parte evitar la censura de este comentario, porque no sólo hay que aceptar las críticas negativas a la obra de uno y su grupo, sino también a las opiniones que lanzamos al mundo, que no son sacrosantas.

Sergi Bellver dijo...

Gracias a todos por participar, en breve iré contestando a vuestros comentarios. Sólo entro para hacer un inciso al hilo del último enajenado (o enajenada, según S.; vamos, otro cobarde anónimo, lo de siempre -ver nota n.º 1 de la entrada-), a quien contestaré también, claro, y de quien he publicado su intervención para mostrar un paradigma de varios de los pecados relacionados en el artículo.

Bien, el caso es que uno de mis contadores de visitas revela (y un segundo contador lo confirma) que este comentario puede haberlo realizado una de las siguientes visitas:

36. 14 mayo 21:23 Telefonica de Espana, Barcelona, Cataluna, España
37. 14 mayo 21:29 Telefonica de Espana, Almendralejo, Extremadura, España
38. 14 mayo 21:30 CANTV Servicios, Venezuela, Cúa, Miranda, Venezuela
39. 14 mayo 21:48 AUNA, Almería, Andalucia, España

La de Almería es un poco justa, ya que un minuto no basta para decir tantas sandeces; y la de Venezuela no es, porque ha entrado vía Google buscando otra información generalista, de manera que nos quedan Barcelona y Almendralejo. Valladolid es la siguiente opción, según los contadores.

Los cazadores de trolls seguiremos informando. Lo siguiente es obtener pruebas, direcciones IP, etcétera. No para "hacer" nada, claro, no me dedico al cracking. No, sólo para decirle en público a la gente que "este señor o esta señora" se dedica a hacer este tipo de cosas... e igual hasta tiene bitácora propia, o publica en cualquier gacetilla y esas cosas. ¿No queremos nombres? Pues empezaremos por el de los gusanos que se dedican a pudrir manzanas ajenas sin dar la cara. Sí, eso estará bien.

Carlos D. T. dijo...

Hola, Sergi. Trabajo en un despacho de abogados y soy aficionado a la literatura
. Frecuento tu página de cuando en cuando aunque mi horario de oficina me impide participar. Aprecio mucho tu trabajo y el de otra gente que divulga las letras desde su espacio. Escribo por el tema de los anónimos, que sacude el 90% de los blogs y chats, sean literarios o de tenis o de cocina. Te cuento: el tema IP ocupa de cuando en cuando nuestras consultas por cuestiones relacionadas con la privacidad por obra de esos que tú llamas trolls.
Primero te digo que rastrear IP es un arma de doble filo muy peligrosa. El rastreo es a veces un señuelo de hackers o de crackers para acceder a datos de tu URL y poder joderte la página. Es fácil seguir un rastreo a la inversa (yo no tengo ni idea, pero nos consta que es posible y muy frecuente). Además, se puede utilizar dicho rastreo como prueba de un delito contra el derecho a la privacidad, que la Ley defiende por encima del derecho al honor, fíjate qué ironía, pero es así. Otra cosa: los finders-hackers-crackers suelen suplantar y copiar ID con una máscara de las mismas, de hecho funcionan así, enmarronando si me permites a cualquier pardillo que no tenga filtros de seguridad activados en su PC y que se pasee por tu página un segundo aunque sea por error, o a ti mismo. A veces, equipos instalados de malísima manera por emnpresas cutres no instalan paquete de seguridad alguno y joden a la gente sin querer abriendo sus equipos a piratas y troyanos destructivos.
Osea, que la cosa es enrevesada. En estos casos, y como sabiamente has habilitado la moderación de comentarios, lo mejor que puedes hacer para evitar complicaciones legales es no hacer ni caso, censurar el comentario para evitar lo que buscan: joderte a ti, tu página y a tus lectores, víctimas de hecho de estas prácticas tan habituales. Te dejo una dirección de correo (no la publiques) para cualquier duda o consulta: *******@*******
Espero te haya servido de algo este mensaje. Si quieres publicarlo, hazlo sin el correo, por favor, aunque era un comentario personal. Un saludo afectuoso.
Carlos de la Torre

Amaia dijo...

Ya te lo dije e insisto Sergi,no le des de comer se llame S o Anónimo,seguro que es el mismo pelma de siempre o casi siempre.Óbvialo!

Anónimo dijo...

Desde luego, los tienes bien puestos, Bellver...

hombredebarro dijo...

A ver, le entrada es excesivamente larga, y los comentarios también. ¿Quién aguanta críticas? Todos los que se levanten la mano tendrán un premio. Una crítica. En los blogs se llora de una manera bochornosa, se mamonea de una manera bochornosa, se adula, se halaga, sólo con el anonimato se critica, y muchos que tienen todos estos defectos son bochornosamente interesantes,entre ellos éste.
Un saludo, caballeros.

u minúscula dijo...

Sergiiiiiii, eres un FIERAAAAAAAAA!!!!!!!!!

Sergi Bellver dijo...

Un comentario general:

Me entristece que la extensión de mis entradas y comentarios provoque "malestar" en algunos, sobre todo porque nadie obliga a leer a nadie. Creo que lo importante no es si se habla mucho o poco, sino las cosas que se dicen y, humildemente, creo que por muy larga que sea la entrada, hay poca paja y unas cuantas ideas para el debate. Me entristece también que ese debate, del que no esperaba ni necesitaba aquí reflejo, no se produzca y me entristece que importen más los nombres de terceros que la reflexión personal. Porque el verdadero debate que estaba buscando al compartir mis dudas, mis propios "pecados" y mis cuestionamientos, tenía que producirse de manera interna en cada autor de bitácoras, tenía que producir cierto giro de conciencia general e individual que, paso a paso y sin prisa, pero sin pausa, fuera puliendo esos siete pecados virtuales para salvar la alternativa que las bitácoras ya no sé si ofrecen. Y dudo mucho que esto sea así. A día de hoy, lunes, temo que nada vaya a cambiar, que los modos seguirán siendo los mismos y la tibieza continuará imperando. Bien, hay algo en esto que salva mi tristeza de hoy: cada vez cobraré mayor conciencia de lo absolutamente prescindible que puede llegar a ser este espacio, cada vez ahorraré más horas de trabajo inútil. Así, a lo mejor me dedico más a mis libros, por ejemplo.

Sergi Bellver dijo...

Manuel A., ni libros blancos ni códigos deontológicos (a pesar de todo lo seguiremos intentando en Almería, en el LILEC, a ver qué sale, y seguiré intentándolo por mi cuenta, aunque cambiando de estrategia). Nada garantiza la "virtud" salvo el libre albedrío personal. "¿De qué me está sirviendo?" es una buena pregunta, correlativa a "¿Por qué lo estoy haciendo?". No olvidemos el factor lúdico, en el más noble de los sentidos: hacer algo en lo que uno cree y hacerlo bien, pero hacerlo sobre todo porque le divierte. Hoy no me divierte. Sólo asumo lo dicho, pero si no hay reflexión personal en cada uno de nosotros, toda esta entrada habrá sido perfectamente inútil.

Sergi Bellver dijo...

Manu Espada, tienes mucha razón y esa es una de las líneas maestras de mi entrada, pero no porque la gente se piense dos veces las cosas antes de escribirlas (que no sería mala cosa, en mi opinión, no para deslumbrar a nadie, sino para ser coherente y demostrar criterio), sino porque al comprometer la independencia y la verdadera libertad de expresión, una bitácora profesional perdería todo el sentido, la gracia y la espontaneidad.


Juan Carlos, los nombres no son importantes. Sobre todo si cada uno identifica bitácoras-tipo en su cabeza. Lo importante es que cada uno reflexione cuántas veces se permite caer en esos pecados virtuales y cómo desvirtúa la posibilidad que una bitácora literaria puede ofrecerle a la literatura en sí. Y creo que en tu última frase se resume una de las motivaciones principales de mi entrada: la literatura huele a aguas estancadas si repetimos modos. Pasa en las editoriales, pero son negocio y han de ser rentables. Bueno. Pasa en los medios, suplementos y demás. Ídem: han de ser rentables y cumplir compromisos. Pasa en los premios literarios (¿leíste lo que denuncia Juan Bonilla en el El Cultural?). Bueno. Bueno. Así es la vida, así el Mercado. Pero lo que no entiendo es por qué tenía que pasar también todo esto en las bitácoras literarias. Pensaba que "esto era diferente", pero supongo que estoy tardando mucho en caerme del caballo.

Sergi Bellver dijo...

Anónimo #1, con el mismo respeto: estoy harto de anónimos, aunque sea para comentar, insinuar o pinchar con todo el "respeto" del mundo. ¿En qué pecados he caído en mi bitácora? Pues seguro que en todos estos años he caído alguna vez en todos y cada uno de ellos, y en otros peores. La diferencia es que me hago cargo, soy consciente y trato de evitarlo día a día. Me "permito" esta entrada (a ver si empezamos a usar el castellano, por cierto, que ya está bien de ser catetos en la red) porque siento y pienso que era necesaria. O mejor dicho, sentí y pensé que lo era. Ah, y no voy a ser yo el único imbécil que esté dando siempre nombres, cosa que he hecho muchas veces. Que se moje todo el mundo (los que lo han comentado podrían haber dado ejemplo, se me ocurre).

Sergi Bellver dijo...

Vicente, no sé cuántas puertas se te han cerrado a ti por la falta de tibieza. A mí unas cuantas, te lo garantizo. No sé tampoco cuántas veces, conscientes o no, nos hemos permitido una mínima tibieza para no perjudicar a un amigo o a nosotros mismos, supongo que alguna vez lo habremos hecho, pues no somos santos. En cuanto a los nombres, podría haber dado hasta unos quince, sin pensarlo demasiado, pero se podría haber interpretado como que yo me permitía juzgar la totalidad de un trabajo, cuando muchas veces ese "pecado virtual" está en una actitud concreta, en aquella entrada del día tal o en cualquier tabú que, por omisión, se hace presente en una trayectoria. Empezaría mencionando a Bitácora de Sergi Bellver o a Diario de Lecturas, que alguna vez la habremos cagado, aunque no fuera nuestra intención. Pero sería muy triste (más todavía) que esta entrada hubiera ganado el eco que no ha tenido (en términos de reflexión individual y colectiva, no de comentarios, que eso no importa, insisto) por el previsible morbo del nombre, el dato, la persona. Creo que los interesados pueden darse por aludidos, sobre todo los tibios. Los que no tienen criterio no tanto, ya que igual ni se han dado cuenta de lo que aquí se cocía.

En cuanto al tema de la saturación de información, bueno, ya te he contestado un poco en tu página, al hilo de esa entrada que, por cierto, recomiendo a los lectores. Se esté o no de acuerdo con la propuesta, sea uno fiel espectador de ciertas series televisivas (cosa que yo no soy, por cierto, de ninguna) y encuentre o no afinidades en varias de las cosas que se han dicho en el debate, esta entrada es un claro ejemplo de lo que trato de decir cuando hablo de las posibilidades de las bitácoras literarias (mover, provocar, ir a alguna otra parte, hacer):

«¿Y si J. J. Abrams fuera el mejor narrador vivo?» (Diario de lecturas, Vicente Luis Mora).

Sergi Bellver dijo...

Pepe M., tu errata me hace pensar en algo gracioso: escribiste «código de conducta virtudosa», que podríamos estirar hasta «virtududosa», y es que el escepticismo, siempre que no raye el cinismo, es siempre saludable. Para con uno mismo, sobre todo. Todos en nuestra actividad caeremos alguna vez en cualquiera de esos "pecados virtuales" (al fin y al cabo era una forma de llamar al asunto sin aburrir demasiado, de encauzar un poco todo lo que ofrece oportunidades para el debate en las bitácoras literarias), y como le digo a Manuel, no sé si un libro blanco o un código de conducta solucionaría algo, porque sin la voluntad de autores y lectores, sería papel mojado (o un archivo en la papelera de reciclaje). Tolerar la anarquía como caldo de cultivo, sí, pero siempre que esa misma libertad ofrezca la posibilidad de denunciar los desmanes, la hipocresía y la tibieza, que es lo que en el fondo he pretendido hacer (sin demasiado éxito: a raíz del fallecimiento de Benedetti y de algunas otras noticias del sector editorial, hoy lunes vemos que el circo sigue a pleno rendimiento, y todo el mundo en su sitio).

Sergi Bellver dijo...

"Hola, de nuevo, desde Almería" supongo que quiere decir que eres Manuel A., ¿no? Bien, lo que, haciendo balance, más puede hacerme sentir satisfecho de haber tenido alguna vez una bitácora o de haber leído muchas otras es precisamente el haber colaborado y disfrutado de esos descubrimientos repentinos de autores, textos y editoriales que de otor modo hubiera pasado por alto. En cuanto a las bitácoras profesionales, no hay mucho que decir, pues trabajo obliga, pero respecto a otras bitácoras que, sin serlo, actúen con el mismo condicionamiento, creo que eso ya depende del deseo y de la motivación del autor. ¿Qué presiones? ¿Quedar bien con el editor que te manda libros para reseñas? ¿Hacerle la rosca a las editoriales, a los talleres y a las librerías con las que uno tenga "algo que ver"? No sé, yo de momento he recibido 21 libros para reseñar y de momento no he comentado ni la mitad (y muchos seguirán sin ser comentados, porque no he visto en sus textos nada destacable ni valioso que justifique una de mis derivas aquí; porque no quiero tomarle nunca el pelo a mis lectores). Esos editores, salvo excepciones, de momento no me retiran la palabra ni dejan de enviarme libros. Quiero pensar que es porque se fían, más o menos, de mi criterio. Bien, esa es la manera de trabajar que propongo: decir lo que uno piensa, tomarse tiempo para pensarlo y para decirlo de la manera más acertada, que el criterio y la honestidad lleven la batuta. Un ejemplo: la editorial X me ha enviado ya 4 libros de cuentos, he hablado de uno, he omitido otro, voy a hablar del cuarto y para el tercero se me ha ocurrido otra iniciativa. Si le hiciera la rosca al editor, hablaría de todos sus libros en términos elogiosos, pero precisamente porque esta bitácora no es profesional y lo único que tengo es mi tiempo y la poca credibilidad que los lectores estén dispuestos a otorgarme, elijo decir lo que pienso.

Y de paso, le moleste a quien le moleste, me tomo mi tiempo y examino el libro a fondo. ¿Y si me pagaran alguna vez por todo esto, y si en vez de en una bitácora lo hiciera en una revista o un diario? Bueno, pues creo que defender una trayectoria y una manera de hacer las cosas te cierra puertas a corto plazo, pero si llega a abrirte alguna, te da la llave para siempre. Romeo, Bonilla, sí, son unos cuantos los que en prensa escrita también son coherentes (y también he leído en las últimas semanas elogios bochornosos a libros mediocres, aunque en ciertos críticos eso es ser también "coherente", en cierto modo, con su modus operandi). Luego, razón de más para estar contra la tibieza en las bitácoras.

Sergi Bellver dijo...

Carlos M., por supuesto que me pongo a mí mismo en el disparadero, ya lo he dicho. Darse cuenta de los errores es el primer paso para solucionarlos. Pero sin modestia y con toda humildad (compatible, ya lo sabes) creo que hay bitácoras que porfían en esos pecados virtuales de una manera casi obscena. Y que, como me puede pasar a mí en este espacio, supongo, también hay excelentes bitácoras que de vez en cuando patinan.
En cuanto a la saturación, la que me preocupa no es la que comenta Vicente (oferta inabarcable, pero diversa), sino la clonada, la de factoría, la uniforme. En mis bitácoras literarias favoritas anoto gustos realmente distintos, o al menos que coinciden tantas veces como divergen, pero mientras se expongan con criterio y honestidad, siempre los tengo en cuenta y me hacen aprender, crecer como lector, sobre todo. Eso es lo que me gustaría que la gente pensara para sus bitácoras: esos mínimos que sugiero para poder mantener viva la alternativa a lo profesional, a lo establecido, a lo condicionado. Es verdad que uno puede dimitir, dar de baja su bitácora y olvidar el tema (yo lo he pensado varias veces), y es verdad que no se puede (ni se debe, creo) regular la "blogosfera" más allá de la legalidad vigente (piratería, pedofilia, etcétera). Pero creo (o creía) que hay otra manera de hacer bitácoras literarias que no es tan difícil de asumir. Cuidado, que también hay gente hoy en día que está trabajando mucho y bien, pero lo que predomina, y siento decirlo, es la tibieza.
No he dado nombres, vale, pero mi comportamiento y mis reacciones (u omisiones) hacia ciertos espacios a partir de ahora sí va a dejarle claro a los interesados que si no comulgo con sus modos, será por algo. Quiero creer que poco a poco los lectores irán haciendo lo mismo, conforme elaboren su propio criterio. Hoy no soy la alegría de la huerta y estoy espeso, Carlos. Hoy quisiera corregir más y pensar menos, borrar y empezar de cero.

Sergi Bellver dijo...

Lectora anónima, volvemos al asunto: ni libro blanco ni código ético vendrían a resolver nada sin la concienciación de cada autor y lector de bitácoras literarias, revistas digitales y demás. Pero al menos sí podría suponer un marco de referencia con el que compararse, no sé, una boya en la costa, para que quien insista en naufragar al menos sepa que lo sabemos. La endogamia, la cobardía y el "buenismo" son otras formas de nombrar esos siete pecados virtuales. Me temo que hoy suscribo tu frase: "Aunque tampoco sirva de mucho rasgarse las vestiduras", y que sólo me queda envidarlo todo a una apuesta última: el criterio de los lectores, como bien señalas. Si los autores no reflexionan, ya irán juzgando los lectores, sobre todo si tienen un criterio mínimo como para no sentirse estafados, como dices. ¿Piensan los autores y críticos más tibios en eso? ¿Les importa, en realidad, mientras mantengan cierto número de visitas? ¿Respetan esos autores y críticos "buenistas" o plegados al mercado o a la figuración el criterio de sus lectores? Pero el criterio no es democrático ni universal, ni en autores ni en lectores, con lo que estamos como al principio, y algunas de esas bitácoras mantienen bien nutrida su parroquia.

De todos modos, ¿importa? Pretender hacer universal lo minoritario sería como trabajar para que las masas leyeran a Kafka o a Mann o a Céline o a Capote o a Ford o a… en vez de a Brown o a Follet o a Zafón. No sólo es utópico, es inútil. Todo lo que podemos hacer es rascar un poco, mejorar algún detalle aquí o allá, ganar tres o cuatro lectores para la buena literatura. Nada más. Y nada menos. El caso es que algunas bitácoras "literarias" te dicen que la obra de Ford o de Kafka son "lo mismo" que los tochacos de Follet o que el último Planeta. Y que los responsables lo dicen además sin cortarse un pelo y convencidos de su criterio literario, y que una buena legión de lectores les da sus palmaditas en la espalda o les aplaude. Esa tibieza y falta de criterio, esa inmediatez pacata es lo que critico.

Sergi Bellver dijo...

Hiperbreves, haré los honores:

1) Al final se queda en nada. Sólo caeré más gordo todavía a quien se haya dado por aludido, pero resulta significativo el silencio de diez, quince o veinte "bloggers" de los que esperaba otra cosa.
2) Exacto. Con eso me vale: con que cada uno tome nota, reflexione y actúe en consecuencia.
3) Yo no lo estoy. Libre no, pero consciente al menos y con voluntad de cambiarlos.
4) Todo en literatura es cuestión de egos. Y ya sabes, la razón es democrática y universal: todo el mundo cree tenerla. Pero creo que con que en una bitácora se argumenten las cosas y se demuestre criterio, ya sería bueno para empezar. Pero sólo así, no de manera gratuita o con la postura del típico enfant terrible matapadres, sino con argumentos y sin sentar cátedra. Incluso soy más proclive a perdonar la falta de humildad (aunque agradezca la humildad) que la falta de argumentos y de criterio. Si un autor hosco y antipático, soberbio incluso, argumenta sus tesis con coherencia, aportará más a los lectores que si un buen chico se dedica a decir obviedades y pamplinas. Lo ideal sería un autor humilde y con criterio, pero puestos a elegir…

Sergi Bellver dijo...

S., te iba a contestar detalladamente, punto por punto, para rebatir tus juicios sumarísimos, falsos y miopes donde los haya (¿qué camarilla?, ¿qué ninguneo?, ¿¡qué tajada, por favor!?, ¿dónde esa "mucha gente"?, ¿por qué el plural?, ¿qué vergüenza?, ¿¡qué desidia, por el amor de Chéjov, qué desidia en esta bitácora!?). Pero como entiendo que tú y yo nos conocemos de alguna otra parte, que seguramente tienes tu propia bitácora "literaria" donde firmas con tu nombre real y que tu única motivación es la de intentar hacer daño (esa inquina no se entiende de otro modo), desisto. Si quieres volver a intervenir, argumenta y demuestra tus tesis y firma sin cobardías. De lo contrario, no pienso publicarte nada más, ni "a ti" ni a todos tus posibles alias.

Sergi Bellver dijo...

Carlos D. T.,, creo que no sólo yo, sino muchos de los visitantes de esta bitácora y usuarios de otras agradecen mucho tu comentario, que nos puede servir de guía y consejo ante ciertas actuaciones. Te agradezco muchísimo tu intervención. Obviamente, no puedo ni pretendo "hacer" nada respecto a ciertos ataques anónimos, pero sí puedo, el día que tenga las pruebas, decir que el señor o al señora Nombre Apellido de la bitácora W y que trabaja en el suplemento X, ha publicado en la editorial Y o da talleres en Z se dedica a hacer esta serie de cosas bajo la máscara del anonimato, mientras de cara al mundo oficia de respetable crítico/autor/mamporrero. Ellos o ellas se toman la libertad de injuriar o molestar, yo me tomaría el derecho de desenmascararlos. Simplemente, sin más perjuicio que el que quisieran provocarle desde entonces sus lectores, amiguetes o socios a su credibilidad.

Sergi Bellver dijo...

Hombredebarro, entiendo que cuando dices (aparte de que no hay un canon para lo que es o no "excesivamente largo" en una bitácora o en un libro, mientras no se rellene de paja y diga algo) que "En los blogs se llora de una manera bochornosa, se mamonea de una manera bochornosa, se adula, se halaga, sólo con el anonimato se critica, y muchos que tienen todos estos defectos son bochornosamente interesantes,entre ellos éste" incluyes esta bitácora. Bueno, parece que acabas de "perdonarme la vida", y soy el primero que admite errores, pero "adulacón", "mamoneo" y, sobre todo, "anonimato" no creo que los encuentres mucho conmigo como responsable. En fin, lo creo sinceramente. A las pruebas me remito.

hombredebarro dijo...

Los pecados virtuales que señalas Sergi, en tu artículo, son: la saturación, la pereza, la prisa, el amiguismo, la hipocresía, la soberbia, la tibieza.

He observado esos defectos y otros en los blogs que más o menos me interesan, de la misma forma que puedo encontrar vicios en los periódicos o programas de televisión que con diferentes grados de interés sigo. Pero hay un defecto que tienen los blogs que los medios tradicionales no. El de sentirse una alternativa. Y además sentirse una alternativa con los mismos paradigmas que usan los otros. Yo mismo me ofrezco como alternativa desde el momento en el que ofrezco mi trabajo por este medio y rechazo los valores estandarizados de aquellos espacios (editoriales, periódicos, revistas, etc...) que simplemente no me tienen en la cuenta que a mí me gustaría que me tuvieran. Cuando un grupo de individuos que se sienten una alternatiza se reúne en la blogsfera, se hacen muchas tonterías, pero la principal de ellas es la lamentación. Vamos a plantear el verdadero espacio de debate, de creación y de estímulo para todos aquellos , en este caso escritores, que se merecen una visibilidad que no tienen. Pero, ay, ese espacio de visibilidad ya ha sido tomado por los métodos y medios de siempre, por eso que tanto se critica desde los blogs, el meanstream, al que todos los blogueros se apuntarían sin dudarlo si pudieran.

Los blogs están perdiendo fuelle, sí. ¿Por qué? Por cursilería. Si me refiero a blogs de índole literaria, encuentro muy pocos dispuestos a disparar al blanco acertado. El blanco que es uno mismo. Y desde luego son incapaces de dejar pasar una crítica sin responder con una artillería infantil de justificaciones. Los mismos blogs que me sirven de referencia y estimulante fuente de información y debate, son incapaces muchas veces de darle a un comentario que los pone en cuestión su lugar . Esto es, no toleran otra autocrítica que la que ellos deciden. Llegar a la autocrítica desde las críticas encajadas es de lo que se trata, si uno quiere ser una alternativa. Y no simplemente estar en el lugar del que detenta el control de los medios.

No voy a ponerme a rastrear momentos de mamoneo, adulación o halago, ni tuyos ni míos, he dicho que casi todos los blogs que me interesan incurren en esos deslices, y no por eso voy a dejar de frecuentarlos.

Repito que nadie está dispuesto a encajar críticas. Es fácil de demostrar.

Quizás habría que empezar a hacer reseñas de blogs con sus vicios y virtudes.

Y sigo pensando que la entrada es larga en exceso, como lo pienso de casi todo lo que leo. Con la mitad de palabras se podría haber dicho lo mismo. Lo cual le sirve también a este comentario.

Sergi Bellver dijo...

Bueno es discrepar, hombredebarro. Se podría haber dicho "lo mismo", lo principal en mi entrada, con uno o dos párrafos. Aunque lamentarse de eso es incurrir en uno de los "pecados" señalados: la pereza. Porque no hay paja ni soliloquio ni rodeo, sino mil temas que surgieron e intenté tratar.

Estoy dispuesto a aceptar que en alguna ocasión yo mismo pueda haber resultado soberbio, alguna vez... apresurado no encaja con la propia extensión de mis entradas... y lo de hipócrita-amiguista-tibio (que va en el lote) no ha lugar. Más que nada porque me he llevado unos cuantos disgustos al señalar antaño a cierta gente con nombre y apellidos (amén de mis derivas-reseñas de libros, que no se ahorran objeciones cuando toca), porque me he llevado unas cuantas decepciones por no reseñar libros de amigos, etcétera. Tengo mil defectos, esta bitácora tiene mil defectos. Pero sinceramente, insisto, si no acepto esos "pecados" no es por cabezonería ni por falta de deportividad, es que si por algo se me conoce en la "blogosfera" es precisamente por bocazas, por nadar y NO guardar la ropa...

Probablemente esta bitácora sea mediocre, excesiva, pesada, aburrida, etcétera. Yo qué sé. Pero no se pueden medir, en general, ciertas cosas por su extensión. Una pregunta, para ti, no sé, La montaña mágica de Thomas Mann no es "larga en exceso", ¿no? Quiero decir, que todas las obras de la literatura universal podrían sintetizarse en dos párrafos, en los cuatro jodidos temas que tocan todas las narraciones que en el mundo han sido. Pero no seamos tan radicales, tan reduccionistas, ¿no? No estoy comparando, no seamos necios, mi bitácora es basura al lado de la obra de Mann, sólo hablo de que la extensión no invalida un trabajo. Y mira que de entrada detesto los novelones de 500 páginas... pero es que muy pocos autores están a la altura de Mann, o de Musil o de otros para sostener el hecho literario durante cientos de páginas.

Por último, sí, eso mismo pensé yo hace tiempo: hacer "reseñas" de bitácoras, resaltar sus defectos y virtudes, sus excesos (está claro cuál es el de esta bitácora) y carencias. Pero me lo pensé dos veces. Y creo que, sabiamente, lo dejé correr. Menudo berenjenal...

Ah, lo siento, pero cuanto más suplementos culturales y más diarios leo, más me reafirmo en que ciertas bitácoras literarias SÍ pueden ser una alternativa. Al menos a la crítica acomodada. Me importa poco lo que hagan otros y si su motivación es sustitutiva, si su aspiración es ocupar sitios libres. No lo digo yo, que sea una alternativa la red, que pueda serlo: lo saben ya unos cuantos editores, unos cuantos autores y, lo que es más importante... muchos lectores con criterio que están hartos de que les den gato por libro.

Saludos.

Margot dijo...

Ya, pretender hacer universal lo minoritario... suena tan elitista que... pero sí, es lo que en el fondo pretendemos muchos. Los que saben que no, que por mucha miga o Vargas Llosa que lo reseñe (sin ir más lejos), la porquería literaria es lo que es y confundir el culo con las témporas no conduce a ningún sitio.

También es cierto que cada cual tiene su hueco, no te deprimas, hombre. Es cuestión de hacerse un sitio mullido por encima del desengaño o la desesperación (la pensante, ajá) (otro elitismo y me importa un comino).

Y nunca, pero nunca, pidas perdón por darle vueltas a las cosas. Quien sea capaz de seguirlo que lo haga, el que no... que le vayan zurciendo con hilo verde. Harta estoy de la simplificación de contenidos, papillas conceptuales las justas, coñe ya.

La lectora, que igual podía ser fulana que zutana, pero se llama Marga Sanz y desconocía que el nombre, la identificación, fuera tan determinante.

Un saludo.

Sergi Bellver dijo...

Margot, el nombre NO es importante en sí, pero resulta significativo que cuando alguien quiere atacar sin argumentos y con mala fe (que no es tu caso), utilice siempre el anonimato o un alias sin remite, que es lo mismo. Hoy ya han intentado entrar tres veces de la misma manera, pero ya no les doy cancha.

De todos modos, en esta bitácora se han aprobado decenas de comentarios anónimos, también de los discrepantes, mientras acepten las normas elementales del respeto.

A mí tus comentarios me han servido de mucho (con o sin firma), ya que me importa el papel de los lectores en todo esto.

Saludos.

Francisco Ortiz dijo...

Me parece muy bien que nos invites a reflexionar. Es muy sano. Esto de los blogs ha servido para que algunos se endiosen: creo que es lo peor. Siempre me he tomado esta actividad como un ejercicio riguroso, absolutamente libre y sin precio, ya que no se cobra nada ni es la meta planteada. Recibo invitaciones para publicar portadas de libros, reseñas sobre novelas, e invariablemente digo que no. Y escribo sobre lo que me interesa y cuando me interesa. Y no me agobian las estadísticas de visitas: prefiero un lector interesado a doscientos visitantes de 10 segundos. Me planteo desde el principio mi blog sobre novela negra como una especie de pequeño diccionario sobre los autores y novelas del género que merecen la pena desde mi punto de vista, no siempre del todo objetivo, pues soy muy imperfecto, como cualquiera se ve cuando ejerce la autocrítica. He eludido las capillas hasta el momento, incluso las del propio género al que defiendo con vehemencia en mis mejores ratos, y visito más blogs de lectores poco o nada interesados en la novela negra que de apasionados por la misma, pues no he querido cerrarme a un solo gusto y a un solo palo (tengo un blog para hablar de otros libros y otras cosas, como ya sabes). Lo peor siempre es el cainismo, la envidia, el desprecio. Lo peor viene de la falta de sinceridad y del interés oculto. Lo peor que puede pasarnos es que repitamos los errores ya vistos en los suplementos culturales, querer utilizar nuestros espacios para hacer reseñas repitiendo la ira, la falsedad, la endogamia, y desembocar en la corrupción de nuevo hasta llegar a la inanidad. El temor está ahí. Comparto tus inquietudes. Y sólo sigo adelante con mi tarea pensando en los libros y en los autores que aún me esperan, en la cita con momentos inolvidables que luego intentaré transcribir mediante un comentario en el blog. Y pensando en que no estoy solo, en que hay gente que tiene escritos que me sorprenden, me descubren cosas nuevas, me llaman a la reflexión, como tú ahora. No es poco, ni mucho menos. Y después que el tiempo nos ponga a cada uno en nuestro lugar.

Hiperbreves S.A. dijo...

Sergi, gracias por tu paciencia en las respuestas y no te desanimes. La Bitácora de Sergi Bellver tiene un sitio en esta red y aporta interesantes ideas y debates, así que a pesar de los pesares no le cortes las alas al albatros (aunque ya no se llame así).

Jesús Ortega dijo...

Hola, Sergi.

Caramba, la has vuelto a liar. Bien.

Mover el nogal es sano, bueno, necesario y, por qué no, peligroso: te pueden llover nueces en la cabeza. De modo que felicidades, Sergi.

Aprecio tu nobleza de victorino o miura. Cuando uno se sube al púlpito a pedir "rectitud" tiene que estar dispuesto a que los demás se la exijan a él primero que a nadie. Lo contrario es fariseísmo.

Son muchas cosas las que se me ocurren. A ver.

1. Dices verdades como pianos de cola, a condición de que aceptes que (tal vez) puedan serte aplicadas, a ti o a tus amigos.

2. Lo del amiguismo/interés/hipocresía sin duda es una de las peores cosas que hay en la sociedad literaria, la real y la virtual. Es una verdadera peste. Vivo en Granada. Créeme, sé de lo que hablo.

2. Cosas buenas: el movimiento de autocrítica. Los blogs se analizan a sí mismos con una libertad desconocida. Sergi Bellver se sube al púlpito y se arriesga a que le tiren tomates. ¿Os imagináis un especial de "Babelia" dedicado a desvelar los tejemanejes de los suplementos culturales de los grandes diarios? ¿O un congreso universitario dedicado a desentrañar la endogamia de los departamentos, el insoportable nepotismo de los catedráticos y sus sobrinos y sus novios y sus adláteres, la manera como expulsan sistemáticamente a gente valiosa que no juega a sus juegos? ¿O unas jornadas poéticas de reflexión en torno a las camarillas en que se integran los vates y cómo se reparten unos a otros bolos y prebendas?


3. Lo de la tibieza. Claro, la tibieza de quien no rechista para no "moverse de la foto". De acuerdo. Pero aquí habría que matizar. Decía Auden en "La mano del teñidor" que prefería un iracundo equivocado antes que un tibio, que el peor vino malo era preferible al agua destilada. No lo tengo tan claro. A mí no me gustan los iracundos (he conocido a muchos), ni de la clase equivocada ni de la certera. Del iracundo al gurú hay un paso. El cainismo y el resentimiento (y su prima hermana la envidia) son el peor pecado de este país. Es increíble la fervorosa pasión con que tanta gente entre nosotros se dedica a odiar. Creo que a este país le sobra odio, critiqueo y malevolencia como procedimiento, y le falta generosidad. A mí me parece que el "meter caña" tiene un prestigio desmesurado. El que "mete caña" se supone que es más "auténtico" que el tildado de "tibio". Los así llamados "buenistas" están muy mal vistos, todo eso de la horchata en las venas, etcétera. No me extraña, con la de guerras civiles que llevamos a las espaldas. Mi modelo de "cañero" es alguien como Leonardo Sciascia o como Pasolini, es decir, alguien verdaderamente honesto, razonador, independiente y corajudo.

4. No hay que confundir el odio con el hablar. No hay que tener miedo a hablar. La contrapartida de todo esto, Sergi, es lo mal que se reciben las críticas entre nosotros. Es imposible escribir mal de un libro sin que el autor crea que lo has insultado personalmente y te retire el saludo o te odie para los restos. Estamos muy poco acostumbrados al discurso racional, todo lo entreveramos de odios y personalismos. Es un aburrimiento. La verdadera crítica ha desaparecido, porque o bien se convierte en propaganda interesada o bien es un disfraz del odio.

Vaya, ya me estoy enrollando.

Dos cosillas más. Hombre, Sergi, seamos serios. No tiene ningún mérito meterse con quien confunde a Corín Tellado con Borges. Eso está muy visto, es un viejo tópico. ¿De verdad hay todavía alguien que confunde a la Etxebarria con la Woolf? ¿Y qué? Esos no cuentan. Lo verdaderamente fino es distinguir calidades entre Óscar Sipán y Carlos Castán, entre Ángel Zapata y Miguel Ángel Zapata.

Y último. Lo de Bonilla y el Loewe. Eso es hablar claro.

Abrazos y enhorabuena.
Saluda al Mediterráneo de mi parte.

Ignacio Ferrando dijo...

Nada, Sergi. Comprende que después de leer la entrada de tu blog me haya quedado sin fuelle para leer los nosecuántos comentarios. Pero imagino que la habrás liado gorda. Al margen de mi opinión, me parece un comentario muy valiente, y sobre todo, un punto de partida para establecer un debate interesantísimo. Ya lo hablaremos en una de estas.
Un abrazo

Anónimo dijo...

A ver Sergio, yo pienso-como la lectora Marga- que le das muchas vueltas al tema. Me da la sensación, por varias entradas que al igual que esta han creado polémica,de que sientes la necesidad constante de demostrar y justificar que eres un hombre honesto y de bien que quiere hacer correctamente todo aquello en lo que se implica. Para mí está claro que lo eres, por lo que escribes, por cómo lo escribes, por la trayectoria. La gente que te conoce, bien sea personalmente o como yo por que te sigue, sabemos lo que hay. Así que al que le pique que se rasque y tú a otra cosa mariposa. Que entra un comentario grosero o sin argumentos, faltar por faltar o envídia cochina, pues lo censuras o si quieres lo pones pero que no te afecte. Tú sigue en tu línea.
Y dicho esto, al hilo del tema:
Yo no tengo blog porque no tengo tiempo(sería otro especimen dentro de la categoria que ha establecido Juan Carlos Marquez). Y sé que tú también eres multitarea y aun así sacas tiempo(muy loable) pero yo he de añadir a la multitarea dos criaturas de 9 y 7 años respectivamente. En fin que como me gusta hacer las cosas bien pues me dedico a leer y escribir en los ratos libres y a leer los tres o cuatro blogs que me parece que merecen la pena(más alguno nuevo que conozco gracias a éstos) y aportan algo nuevo al panorama.
Si tuviera un blog no le dedicaría el tiempo apropiado y acabaría adoleciendo de los 7 pecados capitales y algunos más seguro.
No sé si ese será el problema de algunos blogueros.
En fin...
Un saludo de R.A transmitiendo desde los Madriles.

Jesus Andres dijo...

Suscribo tu artículo.
Quién pudiera sumarle a ello las Seis propuestas...

Sergi Bellver dijo...

Nunca pasamos nada por alto, que diría Bradbury. Y no lo paso, y menos vuestras aportaciones. Gracias a todos por la lectura y, sobre todo, por vuestro tiempo de reflexión (que es lo que más me interesaba), que no ha dejado de motivar el mío, en especial hoy después de leer con calma a Francisco O., a Jesús O. y a R. A..

Las seis propuestas que Jesús A. echa de menos, el debate que Ignacio F. y yo seguiremos entre cañas o cafés, o las alas que volarán en otros lares, Hiperbreves, seguirán presentes en este espacio, pero tal vez con otros modos, sin tantas expectativas, con calma y a mi aire. Sin darle tantas vueltas ni esperar mucho, sobre todo porque, ya pasados unos días, veo que los vicios y virtudes de la "blogosfera" continúan más o menos en el mismo sitio.

No ha estado de más, sin embargo, dar testimonio de que uno se da cuenta, de que hay gente que se da cuenta, empezando por muchos lectores que se guardan la opinión para sí y obran en consecuencia. Con eso (con que los tibios sepan que nos damos cuenta de casi todo) y con que alguno le haya dedicado 5 minutos a pensar en el tema, ya es más que suficiente.

Creo.

Salud.

Lansky dijo...

Llegando desde 'hombre de barro' me encuentro este blog interesante y un post que lo mismo. Sólo echo de menos uno o dos pecados, aunque en parte están incluídos en los que mencionas y clasificas: 1) La estupidez (mezclada de ignorancia: falta de lecturas y formación y talento, qué coño), 2) y relacionado evidentemente con 1, la autocomplacencia.

Un saludo

Viktor Gómez dijo...

Por lo que a mi respecta, como lector de poesía, como lector, incluso, sin más, sería leer lo suficiente, con morosidad y reincidencia. Así pues la sobreabundancia de información, el exceso de oferta en papel, que por otro lado oculta o deja apartados textos que no ven la luz porque no entran en los parámetros de rentabilidad económica o política menester, me apabullan y bloquean. Me pasa igual que con los recitales de poesía. Antes me gustaba participar y fomentar cuantos más poetas, mejor, cuánto más horas de lectura, más mejor. Ahora estoy en otro sentir, desde otra predisposición, prefiero lo sucinto, lo no muy extenso, ni demasiado breve. Digamos, por ejemplo, que lean 2 poetas, unos 20 min cada uno, ruegos y preguntas otra media hora y punto final. ¿Cuestión de gustos? No solamente. Es que siento la necesidad de atender con intensidad y mi cabecita no da para más.

Creo que vivimos en un tiempo en el que es más importante el artista que su obra. Eso hablando desde la perspectiva de cultura masiva, pero no sólo.

En las bitácoras culturales hay poca crítica relevante, proposicional, argumentativa y analítica y no sentimental.

La mayoría dejamos nuestros gustos en lecturas, nuestros poemas y poco más. El autobombo es frecuente. También hay gente que alterna la difusión con interés político concreto con producción artística propia o afín.

Con todo, y pese al rodeo que voy dando, ya llego:

1/ hay más poetas que lectores de poesía

2/ se lee menos poesía de la que la gente reconoce haber leído.

3/ ¿Quién es capaz de escribir al margen del ritmo social y editorial cuándo le están reclamando fragmentos de su obra como quien compra-vende pescado fresco en la lonja, de madrugada?

Hay poetas muy prolíficos,Leopoldo Mª Panero, David González, Riechmann, Eduardo Milán, etc.-
y otros muchos con menos "renombre".

Hay bitácoras en internet muy visitadas, y otras menos, con una abundante cantidad de post.

Sergio, de verdad, y toda verdad ejerce una violencia contra otra verdad anterior, creo que "nada en exceso es bueno".

Como lector, prefiero ralentizar mis lecturas y ahondar autor por autor, sabiendo que me pierdo mucho, sabiéndolo bien.

Un abrazo,

V