Bitácora de Sergi Bellver: Viajes con Charley, de John Steinbeck.

21/4/09

Viajes con Charley, de John Steinbeck.

Literatura de viajes Literatura de viajes

Viajes con Charley, de John SteinbeckTítulo: Viajes con Charley. En busca de América
Autor: John Steinbeck
Editorial: Península, 1998
Colección: Altaïr
ISBN: 978-84-830710-6-9
Obra original: Travels with Charley (1962).



En el complicado 1960, John Steinbeck realizó un viaje en caravana por gran parte del territorio de su país, Estados Unidos, delegando las licencias de la ficción en las «personales» y silenciosas apostillas de su perro, Charley, para mezclarse con las gentes del camino y reflexionar sobre su realidad y sus esperanzas: la búsqueda de ese lugar en el mundo que todos acarreamos. Dos años más tarde, en 1962, el año del Nobel, John Steinbeck publicaba ese ejercicio de inmersión en un diario de ruta: Viajes con Charley.

En el primer fragmento de esta obra, que es la de un gran escritor pero sobre todo es literatura de viajes en estado puro, Steinbeck deja claro que, a algunos, la fiebre de viajar les invade desde el comienzo y ya no remite:

Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría ese prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre y ahora que tengo cincuenta y ocho tal vez la senilidad realice la tarea. No ha habido ningún remedio eficaz.

Steinbeck desmitifica la necesidad de exóticos viajes para lograr una buena experiencia ─también en lo literario─, por lo que recorre su país ─la edición en castellano de Península llevaría el subtítulo de En busca de América─ y se detiene a percibir el espíritu americano desprovisto de estereotipos. Precisamente por eso consigue aprehenderlo y profundizar en él como pocos, por mirarlo de un modo genuino, como viajero y como escritor. De nuevo, no siempre es el paisaje ni el itinerario lo que provoca una experiencia intensa, sino la mirada y la actitud del escritor y del viajero que se cuestiona la realidad, y a sí mismo, si es preciso:

Sería agradable poder decir de mis viajes con Charley: «Salí a buscar la verdad sobre mi país y la encontré». Y luego sería una tarea tan fácil escribir mis hallazgos y retreparme cómodamente con la magnífica sensación de haber descubierto verdades y habérselas transmitido a mis lectores. Ojalá fuese tan fácil. Pero lo que llevaba en mi cabeza y, más profundo aún, en mis percepciones era un barril de gusanos. Descubrí hace mucho recogiendo y clasificando animales marinos que lo que encontraba estaba estrechamente entremezclado con cómo me sentía en ese momento. La realidad externa sabe no ser tan externa después de todo.

Y para finalizar este breve acercamiento al libro, veamos cómo en este estupendo pasaje Steinbeck, tras haber atravesado el país entero desde su residencia en el viejo Este, regresa a su California natal y se reencuentra allí con los paisajes de su juventud. El autor no sólo habla de los bosques de secoyas, sino que va más allá de la estampa clásica del turista y sobre todo consigue mostrar esa magnificencia al lector. Logra transmitirle a ese lector la parte a priori intransferible de la experiencia, hasta hacerle sentir realmente su experiencia, con un lenguaje en absoluto engolado, de trazos líricos contenidos, y gracias a la genuina actitud del escritor y del viajero ante el camino.

Me quedé dos días cerca de los cuerpos de los gigantes, y no hubo viajeros, ni grupos cotorreando con cámaras. Hay un silencio de catedral aquí. Tal vez la gruesa y blanda corteza absorba el ruido y cree un silencio. Los árboles se elevan rectos hacia el cenit. No hay horizonte. Amanece temprano y sigue siendo amanecer hasta que el sol está ya alto. Luego el follaje, que tiene un verdor de helecho, filtra desde muy arriba la luz del sol dándole un tono de un dorado verdoso y la distribuye en rayos o más bien en fajas de luz y de sombra. Después de que el sol pasa el cenit es ya la tarde y enseguida el ocaso, con una penumbra susurrante, hasta que vuelve la mañana.
Así es como se modifican el tiempo y las divisiones ordinarias del día. Para mí el amanecer y el oscurecer son periodos silenciosos, y allí en medio de las secoyas casi todo el día es un periodo silencioso. Los pájaros se desplazan en la luz tenue o cruzan como centellas las fajas de sol, pero hacen poco ruido. Bajo los pies hay un colchón de agujas que ha ido depositándose a lo largo de dos mil años. No se puede oír ningún rumor de pisadas en esa gruesa manta. Yo experimento allí una sensación remota y enclaustrada. No se atreve uno a hablar por miedo a alterar algo… ¿qué? He tenido la sensación desde mi más tierna infancia de que en los bosques de secoyas estaba pasando algo, algo de lo que yo no formaba parte. Y por si había olvidado esa sensación, pronto volví a experimentarla.
De noche, la oscuridad es negra… sólo mirando recto hacia arriba se ve un trozo de gris y una estrella esporádica. Y hay un respirar en el negror, pues esas cosas inmensas que controlan el día y habitan la noche son cosas vivas y tienen presencia, y quizá sentimientos y, en algún punto de las profundidades de la percepción, puede que comunicación. He tenido toda la vida una asociación con estas cosas (es curioso que no sirva en este caso la palabra árboles). Puedo aceptarlas y aceptar su poder y su edad porque estuve expuesto a ellas desde la infancia. Por otra parte, la gente que carece de esa experiencia empieza a tener aquí una sensación de desasosiego, de peligro, de estar atrapado, encerrado y abrumado. No es sólo el tamaño que tienen estas secoyas lo que les asusta sino lo extrañas que son. ¿Y por qué no? Son los últimos miembros que quedan de una raza que floreció en cuatro continentes tan atrás en el tiempo geológico como el periodo jurásico. Se han encontrado fósiles de estos ancianos que databan de la era del cretáceo mientras que en el eoceno y el mioceno estaban esparcidos por Inglaterra y el continente europeo y América. Y luego los glaciares fueron bajando y barrieron a los titanes irremisiblemente. Y sólo quedan estos pocos: un recuerdo pasmoso de cómo era el mundo hace mucho. ¿Es posible que no nos guste que nos recuerden que somos muy jóvenes y bisoños en un mundo que era viejo cuando llegamos nosotros a él? ¿Y podría ser que hubiese una firme resistencia a la evidencia de que un mundo vivo seguirá su camino majestuosamente cuando nosotros ya no lo habitemos?

JOHN STEINBECK, Viajes con Charley


John SteinbeckJOHN STEINBECK nació en 1902 en Salinas, California. Tuvo varios reveses en los inicios de su carrera, justo cuando un escritor comienza a forjarse y revela su condición, la de quien no puede evitar seguir escribiendo porque es lo único que le mantiene cuerdo en su propia piel. Aquellos que todavía no hayan leído a este autor puede que tengan una idea de Norteamérica que, sin saberlo, le debe mucho al trabajo de Steinbeck, o tal vez conozcan un remedo de lo más significativo de su obra a través del cine, a veces gracias a excelentes versiones, como la de John Ford dirigiendo a Henry Fonda en Las uvas de la ira o la de Elia Kazan con James Dean en Al este del Edén, que adquirió más eco que el propio libro. Otras magníficas obras de Steinbeck que se llevaron con relativo acierto al cine fueron De ratones y hombres, con John Malkovich, o Camaradas errantes, con el gran Spencer Tracy.

Sin duda, Las uvas de la ira es la obra de mayor envergadura de Steinbeck. En ella, el autor logra que la vida transite por cada página, señalando la deriva de unos exiliados en su propia tierra y, a través de esa polvorienta odisea, la de toda una generación. La Madre del clan Joad simboliza el eterno pilar que sustenta todas aquellas patrias verdaderas del corazón humano, tan sólido como vulnerable y capaz de estremecerse ante la bondad del prójimo. El drama de aquellos granjeros desheredados puso en tela de juicio ante el público la bondad del espejismo americano, e incluso llevaría al gobierno a tomar medidas sociales.

¿Qué pensaría John Steinbeck al contemplar la América y el mundo de hoy? Aunque los últimos acontecimientos en la política de su país quizá le levantaran el ánimo, es probable que nos contara, apesadumbrado, que en realidad cambiaron pocas cosas, y aún así, apuesto a que seguiría manteniendo su inaudita fe en el ser humano. Esa es la grandeza de un escritor y de un viajero como Steinbeck ─no sería su único libro de viajes, vendrían otros, como el dedicado a Rusia─, pues a través de la sencillez se revela capaz de captar y mostrar la vida en palabras, sin maquillarla, pero al mismo tiempo sin derrotismo y sin renunciar a la posibilidad de un mundo más digno y respirable, libre del polvo de la injusticia.

2 comentarios:

Sergi Bellver dijo...

Iván dijo...
Grandisimo libro,lo he leído en inglés y me encantó,describe muy bien su road trip y las gentes y paisajes,pero sobre todo el viaje personal muestra sus reflexiones interiores
un saludo
Iván
http://ciudadanoenelmundo.wordpress.com/

30-nov-2008 11:43:00

Alejandro Castroguer dijo...

Sergi, sencillamente el mejor libro de viajes que he leído en mi vida. Así de sencillo. Buena entrada, sí señor.