Bitácora de Sergi Bellver: Textos de los alumnos (I): Jordi Roldán.

21/4/09

Textos de los alumnos (I): Jordi Roldán.

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Con este texto, publicado en origen el 16 de octubre de 2008, se inició la sección dedicada a las colaboraciones de los alumnos que pasaron por el curso virtual de Literatura de viajes de la Escuela de Escritores de Madrid. Una vez finalizado cada taller, les propongo revisar alguno de sus ejercicios semanales, corregirlo según lo aprendido durante el curso para, tras una edición básica por mi parte, publicarlo en esta bitácora colectiva.

YA NO QUIERES BAILAR CONMIGO



Dicen que su mujer, Matilde, en un día de tormenta se tiró a la riera desde el puente que lleva a Jaume III, un mirador con las tripas fuera al que le han segado el horizonte del mar. Antoine, sin embargo, nunca ha confirmado este hecho. Cada día desde hace dos años realiza el mismo tramo en la línea 5, varado en un horario y en un asiento. Matilde está en todos los puntos del trayecto, colándose entre las vallas publicitarias y los árboles de las aceras. Sus labios decoran las esquinas del retrovisor, sus ojos negros se abren y se cierran entre las letras de la ventanilla de emergencia, el aire acondicionado exhala el olor de su cuello, los bucles de sus rizos dibujan el volante del conductor y por la punta del bolígrafo resbala la textura de sus pecho, cuando Antoine hace garabatos en el periódico.
Ha pasado cientos de veces por Andrea Doria, casi tantas como las que ha leído el precio del diesel y los milibares necesarios para hinchar una rueda en la gasolinera del cruce, mientras esperaba a que ella saliera del trabajo. Aquel día de julio que llovía y que regresó solo a casa, en la tienda de lencería que queda enfrente del depósito de super, pensó en regalarle un conjunto de ropa interior. Seguía evocando recuerdos y por el hilo musical sonaba Misia: te extraño, en cada paso que siento solitario, y el autobús en la bajada, se transformó durante unos segundos en un tranvía lisboeta que va a encontrarse con el Tajo, aunque aquí el río es un mar y los edificios no tienen vida, son armazones inertes, construcciones postmodernas de ladrillo camuflado por pintura blanca o piedra forrada, con tímidos jardines en la parte delantera, un quirófano de vivencias.
Al girar a la derecha en Junípero Serra, un segmento de ciudad insustancial, sin otra misión que la de conducir al tráfico o al peatón de una calle principal a otra, hay una tienda de chinos que acaban de traspasar, donde Antoine le compró el perfume que imitaba a uno de Loewe y un vestido blanco de tirantes. Pero ahora esas no son más que pistas borradas.
Ya ha anochecido cuando el autobús pasa por Joan Miró. Múltiples establecimientos de comida rápida y tiendas de souvenirs le miran desde el suelo retando a que se pare y entre, pero no puede. Las calles están llenas de turistas anglosajones y germanos. Adolescentes y adultos jóvenes agrupados por género de camino a los garitos de Gomila o del Paseo Marítimo donde tendrá lugar la mezcla de cuerpos y labios extraños. Este rincón de Palma es una puerta de entrada a lo que anuncian las agencias de viaje en sus folletos: todo incluido, aunque el sexo corra de su cuenta.

—¡Amigo! Levántate para que oigas aullar al perro asirio.
Es su calle, Federico García Lorca, el final del trayecto de Antoine. Este fragmento de «Paisaje con dos tumbas y un perro asirio» de Poeta en Nueva York lo tiene grabado en la memoria, y a menudo, cuando ve el chasis azul de la parada, recita el verso en voz baja. Hoy, sin embargo, no puede moverse, sigue enganchado a la silla. El autobús pasa por delante de un bloque de pisos y sólo puede mirar de reojo la ventana de una habitación y a una mujer de vestido blanco en la entrada. Continúa la ruta, indefenso ante el ímpetu del motor.
Cruza Marqués de la Senia y mira al puerto deportivo cuando ya está subiendo el Born. Hacía tiempo que no venía. Antes paseaba mucho con ella por allí. En verano, con una botella de agua y cigarrillos, se sentaban en los bancos a la sombra de los Platanus hispanica, a sentir el inicio de la brisa marina que llega al puerto y a ver pasar la gente. Hablaban de pintores y de las piedras de marés, que según explicaba Matilde, si las metes en un cubo de agua no se disuelven, pero eso los alemanes no lo entendían.
El ritmo cardíaco se le acelera al recorrer Jaume III dirección al Paseo Mallorca. Llega a un puente que es un sepulcro, sin rocío, ni cruz, ni nada. Se agarra fuerte a la barra del techo y haciendo un esfuerzo por mover las piernas entumecidas, se levanta y aprieta el botón de parada. A través de las puertas automáticas, ve a una mujer con vestido ibicenco que busca el Mediterráneo a lo lejos. En la mano tiene el DVD de una película, El marido de la peluquera.
Antoine vuelve a sentarse.

© JORDI ROLDÁN
Jordi Roldán (Sabadell, 1975)
Radiólogo y escritor, reside en Palma de Mallorca, desde donde publica sus creaciones de narrativa y poesía, o explora el terreno del tunning literario a través de su estupenda bitácora.
Realizó el curso virtual de Literatura de viajes de la Escuela de Escritores entre julio y agosto de 2008.

1 comentario:

Sergi Bellver dijo...

El Viajero Solitario dijo...
Estupendo, Jordi. Como diría mi admirado Tony Soprano, este cuento es bueno de cojones.

En mi modesta opinión, Sergi, gran estreno para tu bitácora. Todo un viaje de low cost, que pocos tendrían los arrojos para emprenderlo.

Saludos a ambos.

16-oct-2008 13:48:00

gorocca dijo...
Sencillamente impresionante!

20-oct-2008 13:42:00

Jordi Roldán dijo...
Hombre Carlos, muchas gracias. Con un profesor como Sergi, ya sabes que todo es más fácil.
Un abrazo siciliano.

28-oct-2008 20:17:00

Jordi Roldán dijo...
Muchas gracias Gorocca e inmerecidas palabras. Con El marido de la peluquera de fondo, las historias salen más fácil.
Saludos.

28-oct-2008 20:19:00