Bitácora de Sergi Bellver: Bitácoras, literatura y siglo XXI.

25/2/09

Bitácoras, literatura y siglo XXI.

En el Instituto Cervantes de Madrid tuvo lugar ayer martes la mesa redonda «El blog: escritura y siglo XXI», coordinada por el escritor Juan Carlos Méndez, y en la que participaron Laura Borràs, investigadora y profesora de la Universidad de Barcelona y de la UOC, el periodista y editor Basilio Baltasar y el conocido escritor Lorenzo Silva. Fueron varios los motivos que me llevaron a acudir a esta cita, algunos bastante obvios, que para eso lleva uno un buen trecho recorrido en esto de las bitácoras literarias y quiere estar al día, y otro más concreto, que adelantaré al final de esta entrada.

Resulta significativo que, para redactarla, esté maldiciendo ahora mismo mi deficiente conexión a la red, ya que para desarrollar algunos temas necesito consultar las fuentes y buscar los enlaces correctos. La escritura y la lectura pueden mantenerse al margen de la realidad virtual y alimentarse sólo del papel, y esa es la opción de algunos reaccionarios, pero en ese enquistamiento terminarán por perecer. A día de hoy necesitamos de la red no sólo como medio de consulta ―complementario, que no único, cuidado con los indocumentados―, sino sobre todo como un espacio dinámico y libre en el que la idea y la creación literaria toman un ritmo y una dimensión que corresponde de veras a la contemporaneidad. Todo aquel que niegue a estas alturas las posibilidades ―muy por encima de los riesgos, que también los hay― que lo virtual ofrece a lo literario estará adoptando la misma actitud del amanuense ante la imprenta o del acemilero ante la rueda. La red no es ni el Armagedón para el papel ni la Tierra Prometida: sólo una herramienta más, un lenguaje nuevo, poderosísimos, eso sí. No estamos hablando de una guerra para el «futuro», ni de una confrontación entre tradición y modernidad, sino de un presente en el que, echando mano de dos títulos de Houellebecq, asistimos a una ampliación del campo de batalla que invalida cualquier posibilidad de una isla para la resistencia más catastrofista.

Ayer, en la citada mesa redonda, quedaron bastantes cuestiones en el tintero ―sobre todo a la hora de tratar las posibilidades o las corrientes específicas que ya se están dando en las bitácoras―, tal vez porque este es un océano del que apenas podemos rasgar la superficie en un encuentro de poco más de hora y media, pero otra bondad de lo virtual es que el diálogo puede continuar y ramificarse ―ganar vida― a través de bitácoras como esta, de vuestros comentarios o del correo electrónico ―medio que pienso utilizar para conversar con algunos de los ponentes, por cierto―. A menudo asiste uno a esta clase de eventos con cierto escepticismo, pero he de confesar que en el Instituto Cervantes se dijeron ayer cosas muy útiles y lúcidas sobre la realidad de las bitácoras ―yo insisto en esa nomenclatura sobre la anglosajona, ustedes me perdonarán― y la escritura. Sería demasiado extenso hacer en esta página una relación detallada de todo lo abordado, pero sí creo que puede tirarse aquí de uno o dos hilos conductores en las tres ponencias.

La profesora universitaria e investigadora Laura Borràs Castanyer ―impulsora del interesante proyecto Hermeneia― resultó, para quien esto escribe, todo un descubrimiento y una reconciliación con la actividad de los docentes universitarios, otras veces tan desubicados. Su concepción de lo virtual y de la red como espacios de libertad y de metamorfosis, la naturalidad con la que se despoja de lastre y navega al son del tiempo que vivimos, la exposición amena y desprejuiciada de sus tesis y las vías ―a modo de enlaces verbales que remitían a fuentes que uno pulsaba de inmediato en su imaginario cultural: siempre termino por regresar a Roland Barthes, y esta vez lo hice a cuento de la acertada lectura que Borràs hizo de los conceptos de cuestionamiento y disponibilidad― abiertas por su discurso me hicieron reflexionar y asentir de continuo. El único matiz que haría a su intervención tendría que ver con la red como espacio de participación democrática, cuanto menos en lo que atañe a lo literario-artístico.

Allí estaba Basilio Baltasar, editor y periodista relacionado con un diario nacional, para poner la apostilla adecuada a una amenaza que él tildó, con acierto, de plebiscitaria. Es verdad que su punto de vista podía resultar «interesado», ya que no en vano el papel del editor y de los medios impresos está en entredicho para el futuro más inmediato ―también el de los distribuidores, que ahí sí hay tela que cortar―, pero alarmismos aparte, y aunque mi postura es más cercana a la de Laura Borràs, hay dos cosas en las que estoy de acuerdo con la exposición de Baltasar.

Primero, sin la intervención de profesionales formados ni la criba de un buen editor, esa supuesta democracia ―un elástico todo vale― se convierte en el mayor peligro para las bitácoras literarias, en la raíz de esa obsolescencia inminente que algunos anuncian para el fenómeno, porque sin criterio ni formación lo único que conseguimos es la saturación de contenidos, la vacuidad de las propuestas y la publicidad ―de público― de materiales que antaño quedaban para el ámbito personal ―supongo que muchos recordaréis el desastre que tuvo lugar en el III Premio Diomedea cuando tuve la infeliz idea de acudir a la votación popular, en vez de recurrir como siempre a un jurado autorizado por sus conocimientos―. Entiendo que en algunos casos puede llegar a ser saludable ―más para el emisor que para el receptor― que cualquier persona tenga la posibilidad de poner en común su dietario, de hacer amigos virtuales o de publicar las fotos de su boda, pero creo que si hablamos de bitácoras con una mínima intención de abordar lo literario ―el tema de la mesa de ayer y de esta bitácora―, ya sea desde la creatividad, el ensayo o la crítica, la saturación no hace más que atomizar la atención de un posible lector entre demasiadas propuestas, por muy interesantes que estas sean.

Segundo, y para esto toca bajarse del caballo y palpar el terreno de la realidad, la gratuidad de los medios en la red es un bien para todos, pero no puede sostener económicamente ni a los profesionales ni a los propios medios, por lo que tanto los periódicos como los libros convivirán necesariamente durante mucho tiempo con las versiones digitales y los libros electrónicos. ¿Quién garantiza un sueldo digno para que los mejores profesionales del periodismo y los mejores creadores literarios puedan seguir desempeñando su papel si sus contenidos líquidos circulan de manera gratuita por la red ―porque el libro electrónico, por muchas fosas y trampas que se inventen, quedará a merced de la piratería igual que el Cd o el Dvd, que nadie sea ingenuo―, quién asegura, por tanto, la excelencia en su trabajo? ¿La publicidad ―ahora sí, la publicidad como estrategia del Mercado―? No es suficiente, sobre todo porque la dinámica ensayada hasta hoy por la publicidad en las páginas web es a todas luces molesta para los usuarios: uno puede elegir pasar página ante el anuncio impreso de un diario, pero el anuncio virtual aparece a modo de banner, cookie o a toda pantalla, de una manera agresiva. Como bien dice Baltasar, ese negocio no está resuelto. Claro que, como digo, es una posición «interesada» o cuanto menos implicada en el tema, pero no deja de ser coherente. Una cosa es la gratuidad ―en todas sus acepciones― de una bitácora, de cualquier bitácora, y ahí sí existe la libérrima opción de compartir algo con los demás, y otra cosa es el reparto universal del talento o la omnipresencia de la calidad literaria. No, cabe reparar en cada caso y reconocer la capacidad de trabajo, la utilidad y validez de un discurso, no como productos para el Mercado, sino, sobre todo, como motores y vehículos de esa metamorfosis permanente que la cultura demanda para no perecer en la endogamia, el inmovilismo y los viejos modos.

Como campo de pruebas y ocio personal, casi todo vale ―en Japón es legal la comercialización y publicación de fotos eróticas de menores de edad mientras no queden a la vista los genitales; en la red quedan a menudo impunes actitudes delictivas, apologías y ataques personales inaceptables bajo el anonimato, etcétera, luego, no todo debiera valer―, pero como actividad cultural cabría demandar un mínimo nivel de auto-exigencia por parte de los bloggers, que fueran los primeros editores de sus propias páginas. Un poco en ese sentido, y ponderando con lucidez las anteriores intervenciones, la de Lorenzo Silva ahondaba en los riesgos ―no en vano es abogado de formación― y verdaderas alternativas de las bitácoras ―como escritor que ha tocado diversos géneros, ya sea la novela, el negro, la literatura de viajes o ahora, justamente el que nos ocupa, con su último título, El blog del inquisidor―. El anonimato o la utilización perniciosa de las redes sociales fue otra de las cuestiones que puso sobre la mesa, aunque él sabe mejor que nadie que a largo plazo uno aprende a relativizar lo primero ―amén de esa desagradable pero útil función: la moderación de comentarios― y a gestionar lo segundo: cualquier herramienta queda a merced del uso que le demos los humanos, pero toda empresa que obtenga un beneficio económico ha de vigilar que esa utilización no vulnere los derechos de otros usuarios, como sucedió en Tuenti con un caso de acoso escolar, aunque para esto se tendría que abrir otro debate, como la apropiación de datos por parte de los administradores, por ejemplo, como sucede en el ya casi orwelliano Facebook, tan útil para ciertas cosas, todo sea dicho.

En cuanto a esa alternativa real de las bitácoras frente a los medios tradicionales, y para recoger el espíritu de la intervención de Borràs y rebatir un poco a Baltasar ―esto lo añado yo―, algunas de las ideas de Silva las firmo como propias: sí hay excelencia y gratuidad ―en las formas, al compartir, pero no en el fondo, donde asiste el criterio y el esfuerzo― en muchas bitácoras literarias, sí hay alternativa ―lo hemos hablado entre todos nosotros, a menudo― a los medios tradicionales, y sí hay libertad y vastedad del campo de batalla en lo virtual, y ahí están los creadores de software libre, los administradores de páginas dedicadas al estudio y la difusión de la obra de algún autor concreto, como señalaba Silva en referencia a la Universidad de Bonn y Franz Kafka, por ejemplo; ahí están los medios o los editores haciendo el camino inverso y fijándose en lo que se cuece en la red, y ahí, verbigracia, tenemos el conocido especial de Babelia, a pesar de su poca continuidad, o la consideración que ciertas editoriales están haciendo de nuestro trabajo.

En resumen, libro y bitácora son cada vez más simbióticos, la metamorfosis continúa imparable, el debate sigue abierto, y entre toda esta marea ―a menudo negra y pegajosa― de las bitácoras literarias, no cabe duda de que hay mucho bueno que rescatar, muchas iniciativas y trayectorias que nos revelan que el siglo XXI ha de ver por fuerza una regeneración de lo literario. En ese sentido y con ese espíritu ―y con esto acabo―, preparo desde hace semanas un nuevo temario a petición de la Escuela de Escritores de Madrid, que pretende abordar la realidad y las posibilidades de las bitácoras literarias y de la red en sí, y para el que contaré con la inestimable colaboración de algunas de las mejores firmas de esto que se ha dado en llamar «blogosfera». Desde luego, vuestro interés y vuestra actividad, efervescente siempre y a veces encendida, la trayectoria de muchas de vuestras páginas y la curiosidad de tantos y tantos lectores, propician mesas redondas como la de ayer tarde y demandan cursos como el que se avecina, y del que os daré más detalles en breve.


Este vídeo, que recoge unos pocos minutos de la ponencia, fue grabado por Antonio Pulido Ruiz y podemos acceder a él gracias a su bitácora Apuntes de un librepensador, donde también figura un álbum de fotos.

7 comentarios:

Gorocca dijo...

Muy interesante el debate Sergi!Precisamente esta mañana en algún diario local leía la comercialización del nuevo e-book por uno de los grandes del sector, vamos un negocio y te explicaban por qué comprar ese e-book y no otros más asequibles(sonrío).Negocios aparte, lo bueno de la red desde mi punto de vista y respecto a lo literario es lo fácilmente que puedes acceder a literatura de calidad, la gran variedad de bitácoras, la cantidad de ideas que éstas aportan,lo atractivo que resulta visualmente, el fácil manejo funcional de la bitácora, la gratuidad, pero como todo en esta vida, desarrollando buen criterio, porque la bitácora empieza a ser un gran negocio y a modo de ejemplo al abrir tu página me aborda un anuncio del imperio Zara con la ropa de esta temporada.
En fin, el libro electrónico es una realidad cada vez más cercana, digamos que es el futuro más inmediato y todo ello encajado dentro del sistema económico que tenemos, neoliberal o llámalo como quieras, porque de eso, ni la buena literatura se salva.
Un placer seguirte!
Hasta otra.

bydiox dijo...

Lo primero: enhorabuena por el interesante artículo, hacía algún tiempo que no leía una entrada tan interesante en alguno de los blogs de literatura que sigo diariamente.

Coincido contigo en que a día de hoy la Red es el medio más natural para la consulta y la difusión de obras (de todo tipo). No creo que nadie sea capaz de negar esta realidad... y si alguien lo hace, que se lo haga mirar.

Los blogs son democráticos en el sentido de que cualquiera puede dejar un comentario en el blog de otra persona (por muy importante o "famosa" que sea). Pero los blogs no son otra forma más de poder y donde demostrar quién es quién (yo puedo leer a Pepe, pero Pepe no tiene que leerme a mí y mucho menos dejar comentarios en mi blog o incluso responder los comentarios que yo hago en el suyo).

No estoy de acuerdo en que un gran número de blogs literarios sea un problema. Es cierto que a mayor número de elección, hay que hacer una mayor selección. Pero también hay mil programas en la televisión o cientos de discos nuevos al mes y no escuchamos todo, ¿verdad?
Y quiero adelantar aquí un punto que tengo pendiente tratar en mi blog... y es el de cómo los blogs literarios (sobre todo de creadores / críticos) no siguen el sistema de la web 2.0, simplemente su blog se convierte en continuas referencias a su nombre en diversas publicaciones (o referencias a amigos, en el mejor de los casos) o publicidad gratuita de eventos en los que uno participa (o amigos de uno, en el mejor de los casos). Es bastante triste leer todos los días ciertos blogs de supuesto "contenido" cuando luego no aportan nada o casi nada.

Temer por el futuro del libro (e-book) por culpa de la piratería (que la habrá) es simplemente ridículo. A día de hoy puedes entrar en cualquier red p2p / descarga directa y encontrar los libros que tú quieras, incluso las últimas novedades. ¿Hace eso descender las ventas de libros? Seguro que no. Yo mismo tengo una carpeta con centenares de libros (que por cierto, no uso) y eso no significa que deje de comprar / leer libros en papel (¿acaso el préstamo en bibliotecas o amigos hace peligrar el futuro de sector?). Estoy convencido del futuro del libro en formato digital a corto-medio plazo (dependiendo de lo que tarden los lectores digitales en bajar su precio al de los reproductores de mp3, más o menos).

Hay mil formas de publicidad, además de los simples enlaces, banners (si te parecen molestos: Firefox + Adblock, di adiós a la publicidad) o "post patrocinados" (un autor X escribe sobre X marca y lo pone en su blog, a mí no me acaban de convencer... pero hay gente que lo hace).

Y los blogs no dejan de ser un método de publicidad, no voy a citar a ningún autor, pero es obvio que el que tenga un blog y le dedique un par de horas semanales no hace más que aumentar sus ventas, le convierte en una figura mediática fuera de los suplementos, se convierte en alguien dentro de la blogosfera (así que creo que uno puede "regalar" un poco de ese talento si luego va a repercutir en él, claro).

Para ir terminando, libro y blog cada vez tienen más puntos en común, pero el problema es el mal uso que los creadores o críticos hacen de este medio (creo que lo confunden con una página personal) e ignoran lo más importante: el feedback. Uno puede ser el escritor más importante, pero un nadie en la blogosfera. Hay que saber diferenciar y actuar en consecuencia.


Un saludo :)


@Gorocca: Te puedo nombrar mil razones para no comprarse el Kindle 2 (software privativo, no lee pdf, conexión de momento únicamente para EE.UU., únicamente puedes meter libros pasando por caja, etc.)

Hiperbreves S.A. dijo...

Sergi, espero con interés ese curso en el que ya estás trabajando y, además, suscribo buena parte de lo que has comentado. Quizá, una de las principales carencias de la red de redes y de su submundo literario en español es la falta de una guía fiable, de un buscador inteligente, más allá de la gran ayuda que prestan los enlaces de bitácoras de prestigio como la tuya o la de Fernando Valls. En ese caso, tus enlaces y recomendaciones son un magnífico ejemplo de algo que debería crecer y expandirse. A lo mejor me equivoco y por ahí existe alguna página de referencia que, actualizada convenientemente, ofrezca enlaces de calidad, de una forma organizada, exhaustiva, crítica e informativa. Si no existe, habría que inventarla, ¿no crees? Para eso habría que reunir un pequeño ejército de colaboradores que mantenga viva la propuesta con unos criterios mínimos de calidad. Sería ambicioso, pero no imposible.

manuespada dijo...

Me parece muy interesante el debate que planteas Sergi. Todo esto ya se debatió en su día cuando comenzaron a publicarse periódicos virtuales, y...¿quién se llevó el gato al agua? El Mundo punto es. ¿Por qué? Porque era gratis. El que cobre por entrar en su blog la lleva clara. El País punto es cometió la torpeza y avaricia de cobrar por acceder a su información virtual y no se suscribía ni el Tato. Lo que ocurrió es que la gente se fidelizó con el Mundo virtual, siendo el periódico cibernético más visitado, con todo lo que eso conlleva en concepto de publicidad, influencia y punto de referencia periodístico. En las redacciones cada vez se utilizan más los periódicos digitales en vez de los teletipos de antes, algo que perjudica a las agencias de noticias. El por qué es sencillo. Te ofrecen noticias en tiempo real (pongamos por caso, una rueda de prensa de un ministro o un partido de tenis), y a esa información la acompañan de fotos e incluso vídeos, algo que no hacen los sosos y grises teletipos de agencia, que han quedado desfasdados en la época virtual. En la redacción en la que yo trabajo tenemos teletipos de EFE, Europa Press, etc. y no los lee ni dios. Lo mejor es la red, los periódicos, claro, no la wikipedia, tan plagada de errores. Aquí comienzan a entrar en juego algunas bitácoras, porque hay quien coge información de ellas si van firmadas con nombre y apellidos citando la fuente, por eso de que cada palo aguante su vela. Lo que no puedes es hacerte eco de la información anónima de un blog, pero la gente aún no es consciente del poder de los blogs. Por poner sólo un ejemplo, a Anasagasti le estallaron en cara las opiniones que vertió en el suyo llamando vago al Rey. Dijo que claro, que lo que se publica en un blog es para cuatro amiguetes que entran en la bitácora, pero no, el amigo de la ensaimada en la cabeza se equivocaba, algo cambia. La cara negativa de la red es que ya no se llama a las fuentes directamente, muchos periodistas se nutren sólo de Internet, incluso para escribir biografías, (lo veo a diario). No se llama a los protagonistas de la noticia, y esto lleva a grandes meteduras de pata.

Por último, un apunte periodístico. El otro día vi algo sorprendente a lo que te refieres en tu post. Un periódico publicaba las fotos de una menor japonesa medio desnudo con el titular: "¿Cómo es posible que en Japón sea legal publicar estas fotos?". Y la menor no tenía tapada ni la cara. ¿Cómo se puede tener tanto morro? Lo mismo dijeron, claro, como es china la niña, ¿quién se va a enterar? Lo mismo ha pasado con una menor, la novia del asesino de Marta de Castillo, se quejan de que la tele saca su cara sin tapar y tienen la jeta de publicar la entrevista entera o parte de ella en su web. Lo mismo pasó con el Rafita, uno de los menores asesinos de Sandra Palo. Con esto quiero decir que la prensa escrita se pega las mismas pasadas que la tele, pero disfrazándolo todo de una falsa ética aún más hipócrita. O eso, o son torpes, pero no cabe otra opción.

En cuando a lo de satanizar Tuenti o Faceebook por parte de algunos, es una soberana chorrada. Son herramientas, y cada cuál las usa de manera responsable o no, eso depende del individuo, y no de la herramienta en sí, igual que cualquier medio de comunicación.

Adelante con el debate, repito, muy interesante.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Gracias por este resumen, tan enjundioso por otra parte. Yo creo que el sector editorial aún tardará lo suyo en entrar de lleno en la literatura on-line, dado que todavía no están definidos ni claros los mecanismos de rentabilidad. Te dejo dos enlaces a entradas de mi blog en las que discutimos sobre este asunto. Tal vez te sean útiles. Saludos.

http://antonioserranocueto.blogspot.com/2008/09/sobre-literatura-en-los-blogs.html

http://antonioserranocueto.blogspot.com/2008/10/se-habla-de-los-blogs-literarios.html

Rubén A. Arribas dijo...

Compañero:

Sólo un apunte adicional a todas tus notas y, de paso, un argumento más para tumbar las reticencias de quienes desconfían de los blogs: tienen utilidad educativa, es decir, se usan ya en escuelas primarias y secundarias con gran éxito.

En su día me tocó escribir sobre ello, así que te dejo aquí el enlace por si te sirve de ayuda: http://tinyurl.com/cpo7l3

Se trata de la Escuela ORT, de Buenos Aires. Allí los alumnos suben sus apuntes al blog de la asignatura correspondiente y, por ejemplo, publican sus trabajos sobre Neruda, Walsh o quien sea; de ese modo cualquiera --sus amigos, los padres, nosotros--, no sólo el profesor, puede leerlos. Conceptualmente, es muy interesante el enfoque.

Un abrazo.

El Viajero Solitario dijo...

Un debate de lo más interesante el que planteas, Sergi.

Llevo un par de años visitando la blogosfera, algo menos formando parte de ella, y he podido llegar a varias conclusiones. En lo referente a bitácoras literarias, distinguiría entre las que se dedican a hacer reseñas/críticas/entrevistas/vaya usted a saber y las de creación literaria propia (hay algunas que son un híbrido de ambas, pero son las menos –ojo, hablo desde mi experiencia):

RESEÑAS/CRÍTICAS/VAYA USTED A SABER
Estas bitácoras las considero necesarias, saludables, higiénicas. Son bitácoras como la tuya, la de Miguel Ángel Múñoz, la de Pepe Cervera, Luis Vicente Mora... En este sentido, internet ha propiciado una democratización de la información. Ya no existen sólo los suplementos culturales de los periódicos y alguna revista literaria. Gracias a estas bitácoras (y al esfuerzo y dedicación, en la mayoría de los casos “desinteresados”, de los que las hacéis) los lectores tenemos acceso a libros y a autores que, por el circuito tradicional, a duras penas conoceríamos. Es cierto que la democratización de internet ha hecho que proliferen bitácoras de este tipo, muchas de dudosa calidad, con lo que el lector ha de estar atento y saber dónde se mete.
Ignoro cómo resolver el asunto de la gratuidad y la publicidad. Como cualquiera, uno debería cobrar por su trabajo, pero me temo que es algo aún no resuelto.
Quizá eche en falta entre este tipo de bitácoras alguna “revista” que publique textos de autores, como ocurre en algunas revistas tradicionales.

CREACIÓN LITERARIA
De la necesidad de este tipo de bitácoras tengo mis dudas (y yo tengo una, pero intento ser objetivo). Internet ha hecho posible que cualquiera pueda publicar, sin más criba que el criterio del propio autor. Esto, por un lado, es bueno, porque abre nuevas vías y posibilita que autores ignorados por las editoriales tengan su oportunidad. Pero, por otro lado, se corre el riesgo de que su publique cualquier cosa, sin atender a ningún criterio de calidad. Y puede ocurrir que, por ejemplo, Javier Marías, en una visita corta y azarosa, se tope con algunas de estas bitácoras y despotrique contra la literatura en la red (se me ocurre que si hiciera una visita azarosa y corta a una librería las conclusiones podrían ser parecidas). Y, en el mejor de los casos, en una de esas bitácoras que conserven cierto nivel literario (que las hay, son escasas, pero las hay —a lo largo de estos dos años me he topado con algún autor de calidad incuestionable, que no dudo que tarde o temprano encontraré en papel), hay limitaciones. La necesidad de una permanente actualización para que la bitácora no muera o se olvide obliga al autor a colgar entradas con bastante frecuencia, y a nadie se le escapa que, salvo honrosas excepciones (me viene a la cabeza Maupassant), nadie puede escribir un relato “digno”/susceptible de ser publicado en papel cada semana o semana y media. Además, el formato al que obliga la red es muy limitado: se reduce prácticamente al microrrelato o, como mucho, al cuento de una o dos carillas (hay autores que practicaron esta distancia y apenas necesitaron más —Monterroso, Mrozek—, pero nuevamente estamos ante una excepción). La solución al problema del mantenimiento de un nivel de calidad podría estar en la creación de una bitácora que recoja textos de muchos autores, gestionada por un “editor”; así, no todo el peso recaería sobre un solo autor y se contaría además con la criba de alguien ajeno al autor.
En mi caso, me planteo la bitácora no tanto como un espacio de creación literaria que sustituya al libro, sino como un laboratorio de ideas, como un termómetro para medir si una historia puede llegar a funcionar (para eso hay que contar con buenos lectores, que eso es algo de lo que también se podría hablar bastante).
Un tema bien distinto es el de la gratuidad. Por un lado, internet hace posible que un texto llegue a la otra esquina del mundo con un solo click, con lo que la difusión de la “obra” es casi ilimitada, pero a cambio de no recibir retribución ninguna. Como dije antes, es un asunto aún sin resolver.
En cualquier caso, creo que las bitácoras aún no están desarrolladas, que están por explotar, y en un futuro adquirirán bastante relevancia (se me ocurre, por ejemplo, que en la mayoría de las bitácoras nos limitamos a trasladar a internet lo que “publicaríamos” en un libro, sin aprovechar las posibilidades de combinar la literatura con la imagen y el sonido que internet ofrece).

En cuando al e-book, hasta hace poco pensaba que iba a suplantar al libro en un plazo no demasiado largo, pero ahora soy bastante escéptico. Como bien dices, con las descargas en programas p2p, las ventas bajarían considerablemente, por lo que dudo que autores y editores se den prisa en la irrupción del e-book. Tal vez la solución esté en buscar otras fuentes de ingresos, ignoro cuáles.

Acabo ya, amigo Sergi. Pretendía dar una breve opinión y dejar que los que sabéis de esto habléis, para aprender, y he acabado enrollándome. Pido disculpas.
Un abrazo.