Bitácora de Sergi Bellver: A cuento de Babelia.

26/1/09

A cuento de Babelia.

Como muchos de vosotros sabréis a estas alturas, en el suplemento Babelia del diario EL PAÍS del sábado 24 de enero apareció publicado un especial dedicado al relato que, por varios motivos y nunca mejor dicho, viene a cuento hoy en este espacio. También supongo que todo el mundo ―incluido algún astronauta a la deriva en la periferia del sistema solar― estará al tanto ya del bicentenario de Edgar Allan Poe ―a mí, de momento, la efeméride no me hastía, como sí me sucedió un poco con El Quijote, tal vez porque aquello lo asumí como una herencia común y a los cuentos del bostoniano les tengo un afecto especial―, y quienes visitan esta página con cierta frecuencia tendrían noticia de aquella celebración de la que unos cuantos pudimos disfrutar el pasado sábado 17 en la librería Tres rosas amarillas, con la complicidad de la Escuela de Escritores de Madrid y al hilo de la publicación de los cuentos completos ―y comentados― de Poe por parte de la editorial Páginas de Espuma. Los responsables de Babelia subtitulan su especial con el inexacto pero oportuno «El bicentenario de Poe coincide con el resurgir del relato español» ―inexacto porque creo que llevamos como mínimo cuatro o cinco años de auge en el cuento; al menos en lo que a creación se refiere, que el meollo editorial es otra cosa―, e imagino que tendrían cerradas desde mucho antes las colaboraciones, entrevistas y demás, pero no deja de ser curioso que aquella especie de corriente de energía que rebrotó como un conjuro en Tres rosas amarillas haya tenido un eco tan cercano y que además haya resonado con semejante difusión. Parece que el corazón delator de Poe ha seguido latiendo con fuerza bajo las tablas del mundillo literario, para poner en evidencia unos cuantos olvidos y reconocer algún que otro mérito.

Extrañaba iniciativas como esta desde hacía mucho tiempo, pero sin mucha fe, porque no dejo de contemplar con cierto recelo todo lo que tenga que ver con los suplementos literarios o culturales. Que nadie haga cábalas, pues, porque mi escepticismo sigue en perfecto estado de revista y pienso que el cuento merecía no ahora, sino desde hace años, unos cuantos especiales en los medios, o por lo menos una presencia continua entre las reseñas que tantas veces se dedican a la novela ―los críticos también reciben libros de cuentos en su buzón, y es elección y responsabilidad suya no reseñarlos―. Pero si esa presencia ha tenido que venir así, ahora y de la mano de Poe, bienvenida sea. Creo que el marco adecuado para un estudio exhaustivo del cuento y sus variables podría estar en una revista de veras especializada ―yo, erre que erre― o en algún libro de ensayo o teoría literaria ―el crítico Fernando Valls, por ejemplo, ha publicado hace poco, y precisamente con Páginas de Espuma, el interesante Soplando vidrio―, por lo que tampoco hay que ponerse estupendos o hilar demasiado fino y pedirle a un suplemento de fin de semana ―siempre sometido a la inmediatez― una exégesis profunda y definitiva del tema, aunque varios detalles sí me sugieren que se podría haber sacado bastante más jugo a la oportunidad. Por eso mi lectura del Babelia del pasado sábado me deja un sabor agridulce. Me alegro, como muchos, de este especial, pero aunque mis reservas le puedan parecer «insustanciales» a alguien, al menos son honestas y las expongo aquí sin guardar demasiado la ropa, como de costumbre.

Alberto Manguel, en su «Elogio del cuento» se da un poco la razón a sí mismo cuando dice que «El cuento es quizás el más conservador de todos los géneros», algo en lo que no puedo estar de acuerdo, por mucho que se refiera a lo formal, ya que lo que están haciendo algunos autores en el cuento me parece hoy en día una referencia de lo que tiene el arte de vivo ―de búsqueda, al fin―, tal y como pintan las cosas en los tanatorios de la cultura; ¿acaso no están anquilosadas también las proposiciones formales de la novela o la poesía, salvo por esos otros autores ―pocos― de veras innovadores ―y digo de veras, no refritos presentados como mutaciones―? Conservadora, como mínimo, me parece esa noción del cuento, justo después de que el artículo haya transitado por las sendas habituales cada vez que se habla del tema: señoras, señores, parafraseando a Hipólito G. Navarro, uno empieza a estar ya hasta las narices del dinosaurio de Monterroso ―ya está dicho―. Bien es cierto que Manguel es un lector privilegiado y luego da una de cal y una de arena al decir que «[…] los cuentos siguen escribiéndose y, no lo dudo, leyéndose. Tal vez porque, en su clásica, modesta precisión, nos permiten concebir la insoportable complejidad del mundo como una íntima y breve epifanía», pero aunque tanto él como Fernando Savater ―en su línea, en el artículo «Los hijos de Poe» el filósofo aborda su figura como una suerte de educación sentimental del lector, lo que en el fondo no me desagrada del todo porque, como ya he comentado, no soy imparcial en ello― pueden ser firmas reputadas para el lector medio, no parecen desde luego las voces más autorizadas para establecer un diagnóstico o exponer un estudio sobre las diversas realidades y poéticas del cuento. Primero, porque no lo cultivan ni como autores ni como críticos, y segundo y sobre todo, porque con el mayor respeto del mundo ―el que les tengo como lectores, más que nada―, estoy seguro de que hay otras voces con mucho más criterio y bastante luz que arrojar sobre el tema. De todos modos, me hago cargo de cómo están las cosas, y si hay que echar mano de un flamante ganador del Planeta para que el cuento de una vez exista a ojos de los lectores ―de la mayoría de lectores, porque cierta minoría ya lo disfruta desde hace años―, la apuesta de Babelia me parece comprensible: la figura del preceptor que bendice un discurso ―o la ausencia de discurso, da lo mismo― ha de tener ciertos galones en la manga para que las masas se la tomen en serio. Otra cosa es que el cuento necesite o no una visibilidad a esos niveles, porque tal vez ese margen minoritario no le siente del todo mal en algunos casos. Hay discursos que son incompatibles con la corriente principal ―mainstream, para los modernos―, y eso es bueno para la higiene de la literatura, porque si una parte de ella no queda en la periferia la condenamos a toda a la uniformidad. Y no estoy hablando de la impostura de lo marginal como estética vacía, sino de aquellos cuentistas que trabajan de veras en otra línea, que compensan la balanza del libro-consumible con una deriva distinta ―o con una deriva a secas, que no es poco―.

Cuentistas son desde hace tiempo, y buenos, Cristina Fernández Cubas y José María Merino. En su artículo «Cuentos infinitos», Fernández Cubas atina más cuando dice que «Existen casi tantos cuentistas como maneras de afrontar un cuento», despojando al género de esa aureola de recetario unívoco con la que algunos escritores y críticos desubicados se acercan a la creación e interpretación de relatos breves. De lo que uno anda ya un tanto cansado es del manido tema de la militancia y el sectarismo. Lo dice al menos un tipo que edita, receta ―digo bien―, escribe y lee cuentos ―de autores a veces antagónicos, sin casarse con nadie ni hacer camarillas―, pero que piensa cultivar también como autor la novela o la literatura de viajes y que no tiene, por lo tanto, la impresión de militar en otra garita que en la de sus zapatos. Escribe Fernández Cubas ―aunque puntualice lo de «casos extremos»― que a veces cuentistas y lectores «[…] tienen la sensación de pertenecer a una secta, una singular hermandad de iniciados protegida por infatigables estudiosos que desenvainan la espada a la menor ocasión en defensa del género», para matizar después que el único ataque posible es el silencio o el ninguneo que casi todas las grandes editoriales le han dedicado al cuento y los medios a las editoriales pequeñas que sí apuestan por él ―así reinterpreto parte de su texto―. Es un misterio todavía el hecho de que sólo Anagrama, Tusquets y Pre-textos ―y Destino, y pocas más― se tomen en serio ―de vez en cuando― al relato. Las demás editoriales ―casi todas las grandes, insisto― siguen pensando que sólo la novela bien cebada de páginas vende, pero resulta incomprensible que, después de haberse demostrado el predicamento de los grandes cuentistas universales y de algunos noveles valiosos en el boca a oreja, esas editoriales no se hayan preocupado del género, no ya por una labor de difusión cultural ―algo que puede sonar a utópico-cándido pero que debiera estar en el código deontológico de las editoriales que se llaman a sí mismas «literarias»― sino por una simple cuestión económica ―utilizando su lógica―, ya que el mejor libro de cuentos de Cortázar, de Monzó o de Tizón vende más que la peor novela de no-me-hagan-ustedes-decir-quién. Me detengo un instante y sopeso: me temo, con gran pesar, que incluso esa novelaca infumable y circunspecta de seiscientas páginas puede llegar a vender más que un buen libro de cuentos. Sí, me temo que así es, por lo que veo todos los días en los vagones de metro, pero eso no va en contra de mi argumento, sino que pone de relieve los síntomas de una mala praxis editorial: se le ha dado demasiada cancha a esas novelas consumibles, perfectamente olvidables al poco tiempo, henchidas de actualidad y buenas maneras ―y cuando se cuela un libro de cuentos en ese lote para cubrir el expediente, suele pecar de lo mismo―. Se ha perdido la oportunidad de seguir educando a un buen público con buenas lecturas, y la experiencia me demuestra ―Babelia ha obviado el importante papel que tienen los talleres literarios en ese aspecto― que un lector formado sigue siendo un buen comprador de libros, si no mejor. Como es lógico, las finanzas de las grandes editoriales me importan lo mismo que la milagrosa aparición del rostro de Proust en un paquete de magdalenas de oferta, pero la perjudicada al final es la buena literatura, que sigue enterrada bajo demasiada morralla perecedera.

Así es complicado asentar las bases de una literatura de calidad, pero lo cierto es que, al final, todo buen texto termina por abrirse paso lentamente entre esos terrones de mediocridad, tenaz como una raíz que horada la atención de cada buen lector. De ese modo se conforma la verdadera tradición literaria, la que establece una ligazón casi genealógica ―que no generacional, por favor― entre unos autores y otros, en la intimidad encendida de la lectura y al margen de una tradición supuesta e impuesta por un canon con fecha de caducidad, elaborado a base de listas de ventas y expertos en mercadotecnia editorial. Por eso, en cierto modo, me resultó grato leer lo que escribe todo un maestro del cuento como José María Merino ―me hubiese encantado leer también a Medardo Fraile, si se lo hubieran propuesto― en su texto «La tradición española»: «En los últimos tiempos, por parte de los jóvenes cuentistas, que en España son cada vez mejores, no hay empacho en utilizar lo fantástico, que también en la Universidad se empieza a valorar como un elemento respetable». El comentario seguía el hilo de lo fantástico en escritores latinoamericanos, y por lo tanto no dejaba de frecuentar caminos ya de sobra conocidos, pero el simple hecho de que un autor con el oficio y la experiencia de Merino considere que algunos cuentistas jóvenes están haciendo un buen trabajo, ya manifiesta que la atención es recíproca y que la buena salud del cuento ―desde el punto de vista de la creación literaria, insisto― no es fruto reciente, sino una tendencia a la que asistimos desde hace varios años.

En esa buena salud también tienen bastante que ver varias editoriales independientes ―las «independientes» de veras son las más grandes, que hacen lo que les da la gana, y no las pequeñas, que hacen lo que pueden, pero ya nos entendemos―, que me imagino que habrán recibido el especial de Babelia con la misma mezcla de sorpresa, expectativa y desconfianza que he notado ya en unos cuantos autores con los que he podido conversar y también en varias bitácoras, otra de las piezas del engranaje que, de un tiempo a esta parte, se han ocupado de esa buena salud del cuento de una manera más franca y constante. Si algo confirman ―por exceso o por defecto― todos estos artículos de Babelia que hoy comento es lo que ya he dicho muchas veces en muchos foros: el trabajo, la dedicación, el criterio y la credibilidad de algunas de esas bitácoras literarias me ofrecen, como mínimo, las mismas garantías que cualquier suplemento cultural. Ante la ausencia casi total de libros de cuentos entre las reseñas que elaboran los críticos más conocidos y en los medios de mayor difusión, ese lector interesado en el género ha obtenido más información y ha participado en más debates en la red de bitácoras y revistas virtuales, con lo que tildar de militancia o sectarismo al mundo del cuento no tiene justificación ―salvo por algunos lloricas, facoceros, matapadres de tres al cuarto e imitadores de Mr. Scrooge, que de todo hay―, porque lo que en realidad está haciendo, hasta el día de hoy, es sobrevivir como buenamente puede en esos márgenes que le deja la corriente principal del Mercado. E insisto, eso tiene tantas lecturas negativas como positivas. Algunos editores con buen ojo ya se están dando cuenta de ello y permanecen atentos a lo que se cuece en estos espacios virtuales. Otros, bien enfrascados en el supuesto advenimiento del libro electrónico como panacea, bien fosilizados en su biblioteca y descreídos de las nuevas tecnologías, están dejando de lado y mirando por encima del hombro esta realidad ―ésta, la de las bitácoras y la crítica alternativa, la de los lectores activos que prefieren indagar a recibir― y desconectándose por lo tanto del presente, que es lo que día a día construye ese futuro que tanto rumian unos o reformula ese pasado en el que tanto porfían otros. Hay pasos que no pueden obviarse para andar este camino. Por suerte, existen editoriales que nos permiten confiar en una cadena de presentes, en un futuro todavía saludable para el cuento, bien recién llegadas ―o casi―, como Salto de Página, Tropo, Gens ―ninguna de ellas mencionada, por cierto, en esa lista de novedades literarias en español [*], en la que hay algunas ausencias clamorosas y que por lo tanto cuestiona la amplitud de la mirada que Babelia ha volcado sobre el cuento― o 451 editores, bien desde hace años, como Menoscuarto o Lengua de Trapo, o como Páginas de Espuma, que justo ahora cumple una década con Juan Casamayor al frente ―con esta bocaza que me caracteriza, he podido comunicarle en persona mis reservas ante ciertos títulos e iniciativas de su editorial, reservas en parte disipadas por Casamayor sin luz de gas y con argumentos, pero he sido más pudoroso o remilgado para reconocerle y agradecerle todo lo que Páginas de Espuma ha hecho por el cuento en España e Iberoamérica, regalándonos libros y autores que nos han abierto muchos caminos y nos han dado de beber cuando esto del cuento era un verdadero desierto―.

Con su reportaje «Regreso a casa», Winston Manrique Sabogal ―de quien no tenía noticia hasta el sábado por mi poca querencia a los suplementos, supongo― tienta varias lagunas sin llegar a hacer pie en el fondo del asunto, aunque hay que agradecerle algunos detalles, como reconocer el trabajo que las bitácoras literarias y algunas editoriales pequeñas ―aunque no profundice en ello como debiera― están haciendo para que el cuento sea, sobre todo, un material literario de calidad y una propuesta artística de calado. No obstante, difiero en algunos puntos de vista de ese reportaje ―y en parte de lo que dice también Cristina Fernández Cubas―, como la insistencia en lo de las facciones y el victimismo del cuento, o el hecho de que la celeridad o el formato supuestamente breve y fraccionado de la red favorezca al cuento como género en sí, cuando podemos encontrar relatos de los llamados de aliento medio entre los títulos más elogiados del último año ―Ignacio Ferrando o Jon Bilbao escriben textos de unas treinta páginas en algún caso―, o la lectura de muchos libros de cuentos no ocupa menos tiempo que el de una novela de paginación media-corta ―como la que se avecina de Ricardo Menéndez Salmón, por cierto, El corrector, que aún no he podido leer y que no sale muy bien parada en este mismo número de Babelia, donde Manuel Rodríguez Rivero le da estopa―. La alternativa que ofrece eso que se ha dado en llamar «blogosfera» no participa tanto del formato, como de la visibilidad que cobran algunos libros y, sobre todo, del diálogo fértil que se establece entre ciertos autores, lectores y críticos. Eso permite que la pulsión del cuento entre ellos sea distinta a la que tiene el Mercado, como sucede en otras artes ―en este sentido, resulta curioso el artículo de Babelia, fuera del tema que nos ocupa, en el que los artistas plásticos también establecen sus preferencias y dejan fuera a vacas sagradas y mediáticas como Tàpies o Antonio López, o rescatan a Barceló por los pelos―. Es desde esa perspectiva implicada en el tema cuando se aprecia esa buena salud del cuento como detonador cultural, y no por una simple cuestión de plazos y espacios.

Se le agradece también a Sabogal, sin embargo, que empiece la batería de opiniones prestadas con Juan Eduardo Zúñiga, todo un referente que a menudo es olvidado por muchos, y que haya contado para la ocasión no sólo con autores, sino también con críticos y libreros, partes importantes del asunto. En una de las intervenciones más lúcidas, el escritor Miguel Ángel Muñoz demuestra, no ya un escepticismo saludable, sino una percepción atinada de la realidad del cuento en España, y por eso, para que «libros de cuentos muy valiosos» dejen de ser «completamente despreciados por los medios de comunicación convencionales», hace falta algo más que un especial de sábado a cuento de Poe. Del mismo modo que «Un cuento requiere un esfuerzo continuo, estar más atento, ser cómplice e involucrarse más en la historia», como bien dice Hipólito G. Navarro, para que este especial de Babelia no quede en flor de un día es necesario que todas las partes se involucren, que poco a poco comencemos a leer reseñas serias de libros de cuentos de editoriales grandes y pequeñas en los medios; que los críticos no aparten ciertos sobres de su mesa y de una vez consideren a la novela y al cuento como lo que son: arte narrativo por igual; que algunos editores sepan mantener cierta complicidad con los autores a la hora de apostar por su trabajo en textos breves, sin demandarles por sistema novelas para tomárselos en serio, como señala de manera gráfica el escritor Pedro Ugarte en el reportaje, o, reciclando un poco las palabras de la aragonesa Patricia Esteban Erlés, sin que los cuentistas tengan la sensación de que le hablan a las paredes cuando defienden ese trabajo ante un editor. Y se haría necesario, sobre todo, que los distribuidores hicieran un esfuerzo continuo, dejaran de pedir apellidos y credenciales para poner un libro en el circuito y estuvieran más atentos al hecho literario, porque el boca a oreja, cuando el texto es de calidad, garantiza una larga vida a ese libro.

Ha sido grato encontrarse, por una vez, con el cuento como protagonista en un suplemento con una tirada de más de dos millones de ejemplares como Babelia, pero ahora hace falta que nadie descuide a esos lectores fieles y entendidos que menciona el editor de Tusquets, Juan Cerezo, y esto sea el inicio de algo, o los que editamos, recetamos ―a pacientes y alumnos―, escribimos y leemos cuentos tendremos que regresar a nuestro sucedáneo de «militancia», que no obedece a otra cosa que a la tibia y ocasional impotencia de quien defiende aquello en lo que cree, aquello que ama. Ojalá cambien las cosas y, no ya el cuento en particular, sino la buena y nueva literatura en general, tengan su espacio, pero si no fuera así, algunos de nosotros seguiremos con nuestro trabajo, como siempre, cada uno desde su terreno, porque en esto nos mueve el deseo y nada más.

Finalmente, para ser sincero, he de reconocer sin ambages que me ha hecho ilusión ver a esta bitácora en ese especial de Babelia, entre las «Páginas digitales con especial atención al cuento», porque lo interpreto como cierto reconocimiento a mi trabajo, y sobre todo porque me alegra compartir mención con algunas de esas bitácoras que ―camaradería o amistad aparte― llevan mucho tiempo dedicándole «especiales» al cuento, todos los días, desinteresadamente, y de las que nunca dejo de aprender. Bitácoras como El síndrome Chéjov de Miguel Ángel Muñoz (le pusieron mal el enlace al bueno de M. A.), La nave de los locos de Fernando Valls, Relataduras de Juan Carlos Márquez o El tacto de un billete falso de Pepe Cervera, entre otras (la lista completa aparece al final del artículo de Sabogal, y no hubiera estado de más añadir alguna dirección más, de bitácoras que ya conocemos casi todos, aunque entiendo que en prensa el espacio es oro).

Ahora queda abierta la veda de los comentarios para debatir o aportar otros puntos de vista, pero terminemos con un pequeño juego, si os parece. En el especial de Babelia también incluyeron una relación de cuentos imprescindibles ―esas cosas que suelen hacerse en estas ocasiones―, a partir de los que proponían los entrevistados. Se repiten grandísimos cuentos como «El nadador» de Cheever, «Continuidad de los parques» de Cortázar o «La dama del perrito» de Chéjov. Podéis consultar el enlace de esos «Relatos universales que no hay que perderse», pero aquí van mis favoritos:

«Casa tomada», de Julio Cortázar; «Catedral», de Raymond Carver; «Enemigos», de Antón Chéjov y «Un día perfecto para el pez plátano», de J. D. Salinger.

En fin, ¿y los vuestros?


[* Hablando de novedades literarias en español, os invito a seguir mencionando vuestros libros de cuentos favoritos editados en España en 2008, en la encuesta en curso de esta bitácora. Se pueden seleccionar varios a la vez, pero sólo se admite un voto por IP, de modo que no se puede repetir, aunque sí rectificar. No es una competición ni nada que se le parezca, tan sólo me apetece conocer la recepción de esos libros entre los lectores. Se aceptan comentarios, por supuesto, y en ningún sitio mejor que en esta misma entrada.]

28 comentarios:

miguel ángel zapata dijo...

Hoy me he levantado dando un salto mortal y resulta que no había vendido 10000 ejemplares de mi libro. Otra vez, otra mañana sabatina de papel entintado será. De todas formas, tampoco queremos eso, ¿no? ¿O sí?

PD: canto en los dientes, supongo.
Amén y gracias, SPQR.

Hiperbreves S.A. dijo...

Sergi, llegué a este blog (y a todos los citados) gracias al especial de Babelia. Siempre es bueno que se hable de un género bastante, digamos, marginado, pero, como tú, eché en falta algo más de profundidad, la apertura de nuevas vías para seguir avanzando, como por ejemplo el acertado listado de blogs.

Probablemente no le interese a nadie, pero voy a contar mi experiencia personal, porque quizá puede servir como humilde ejemplo de lo que ocurre en este país con los escritores de cuentos, relatos breves y microrrelatos. Soy periodista y, desde hace años, quizá por deformación profesional, mi producción literaria se ha limitado a relatos cortos y, sobre todo, microrrelatos (hiperbreves los llamo yo). Publico cada semana un hiperbreve en el suplemento de ocio del periódico EL DÍA (de Tenerife), el más leído en Canarias con unos 192.000 lectores diarios, lo que lo convierten en uno de los 12 primeros periódicos regionales de España, y en mi blog, que reúne muchos de mis microrelatos y recibió recientemente el Premio 20blogs al Mejor Blog de Ficción de 2008 (una exageración, por supuesto), organizado por el diario 20 Minutos (el más leído de España, por ser gratis, claro...) y otorgado por el voto popular que, por cierto, lo situó también como el segundo blog más votado para el Premio de los Blogueros (elegido por los participantes, más de 4.500 blogueros de España e Hispanoamérica). En los últimos tres meses, mi blog ha recibido más de 13.000 visitas (para mí una barbaridad) y atesoro muchos comentarios positivos de mis amables y benévolos lectores. Algún otro premio literario he recibido en el pasado y mis relatos han tenido el honor de aparecer en seis libros colectivos (dos de ellos editados a escala nacional por la Fundación de Derechos Civiles), también estoy en camino de aparecer en una antología de microrrelatos hechos en Canarias. En este contexto favorable estoy intentando publicar un libro con 100 de mis hiperbreves y ¿sabes lo que pasa? Que nadie parece interesado en editar mis cuentos, sin ni siquiera leerlos. Por supuesto, nadie se ha puesto en contacto conmigo después de haber alcanzado cierta repercusión nacional, y evidentemente, lo más que he conseguido es un "envíe usted el manuscrito y en unos meses le contestaremos... o no".

Evidentemente, soy un inexperto, no tengo contactos y trato de vender algo que no está demasiado bien visto en la industria editorial española (¿qué fue primero? ¿no los editan porque no se venden o no se venden porque no los editan?). ¿No crees que pasa algo extraño con los cuentos y microrrelatos? Estoy seguro de que si hubiera escrito una novela por capítulos en el diario y en mi blog y hubiera obtenido exactamente el mismo éxito, varias editoriales se hubieran puesto en contacto conmigo inmediatamente. La verdad es que resulta batsante deprimente.

En fin, después de desahogarme. Te invito a ti y a todos tus lectores a conocer mi blog Hiperbreves S.A. (http://www.hiperbreve.blogspot.com). Y quedo abierto a todo tipo de consejos, insultos y humillaciones públicas.

Pepe Cervera dijo...

Aplaudo tus reflexiones, amigo Sergi. Ha sido un placer coincidir por escrito en ese suplemento (ojalá podamos algún día coincidir en persona.
Opino que lo que al cuento le hace falta es normalizarse, dejar de tratarlo como algo especial o marginal o delicado o como demonios se quiera llamar. hay que tratar a los cuentistas como lo que son, escritores, sin más, tal cual se trata a los novelistas.
Abrazos.

luna dijo...

Lolita, de Von Lichberg. Cuentecillo de sangre y flores.





Las cosas buenas que nos ha dado aquella noche Poe!

Sergi Bellver dijo...

Utilizo la primera persona del singular, Miguel Ángel Z.: no quiero vender 10.000 ejemplares cuando publique, ni quiero vender 500 para darme el pisto de autor de culto, ni quiero nada concreto que tenga que ver con cifras, en principio (trato de ganarme la vida con otras cosas), porque lo que no querría nunca es que esas cifras condicionaran mi escritura. Lo que sí me gustaría, en todo caso, es saber que si le envío mi libro de cuentos o mi novela a un crítico o a un editor, van a recibir de la misma manera los dos textos. Y lo mismo con los libros de los demás escritores. Con eso ya daría yo saltos mortales, ya.

Sergi Bellver dijo...

Estimado responsable de Hiperbreves S. A., hay que tomar conciencia de que ni los premios, ni las visitas en una bitácora ni el predicamento local son argumentos de peso para una editorial literaria que seleccione los textos sin hacer componendas. Y para las otras editoriales, las que miran esas cosas, es posible que tengas que ganar el Hucha de Oro, el NH o el Juan Rulfo para que, más o menos, empiecen siquiera a considerarte (y ni así tienes garantías de nada). A mí me consta que hay editoriales que se leen los textos, todos los textos, con atención. Y ahí hay que aceptar humildemente su apuesta o su negativa. En definitiva, hay que concentrarse en la escritura y perseverar, que si tus textos son buenos acabarán encontrando editor. Pequeño, seguro, pero editor.

Lo de los contactos sólo funciona en ciertas esferas y en ciertas editoriales petardas, créeme. Es descorazonador, puede, pero una vez te desprendes de esas ganas de estar en papel y ponderas todo lo que rodea al libro, al final todo cae por su propio peso. En fin, no te puedo decir mucho más. Suerte.

Sergi Bellver dijo...

Me temía cierta euforia, Pepe, pero veo que más o menos las bitácoras que tienen algo que decir en esto del cuento no han patinado demasiado, y quien más quien menos, todos parecemos conscientes del trecho recorrido y del que nos falta. Tampoco hay que ponerse en plan supertacañón, que hace gracia verse ahí, en papel, a ojos de otros. Pero en fin, me da la sensación de que esta alternativa que conformamos entre todos va a seguir caminando por su cuenta mucho tiempo. Y no es mala cosa, así guardamos cierta higiene.

Un abrazo, y a ver si un día te dejas caer por los madriles, que cañas aparte, me sé de una librería que te iba a poner los pelos como escarpias...

Hiperbreves S.A. dijo...

Igual me expresé mal, claro que hay editoriales que se leen todos los textos con rigor, me refiero a las que de entrada te dicen "cuentos, no", "manuscritos no solicitados, no"... Es el no a priori lo que desmoraliza. Me alegra que me digas que poco funcionan las componendas y los contactos en este mundo, porque la verdad es que empezaba a pensar que esa era la clave.

Por cierto, te repito la pregunta: ¿no los editan porque no se venden o no se venden porque no los editan?

Gracias Sergi, un saludo. Te seguiré leyendo con atención.

Sergi Bellver dijo...

Gracias por jugar, bella Luna, usted siempre con esa sabiduría innata que prefiere las cosas vivas.

Entre esas cosas buenas no estuvo cruzarnos (y mira que estuve horas en Tres rosas, y con Mazaias C. a mi vera), pero todo tiene solución y tiempo para darse.

Á bientôt

Sergi Bellver dijo...

Hiperbreves, lo de que "no se venden porque no los editan" es casi un pleonasmo, obvio. Y lo de que "no los editan porque no se venden" una circunstancia lógica para que las editoriales grandes te hagan caso y las pequeñas sean viables.

En serio, de un modo u otro, si el texto vale la pena termina por encontrar su cauce. Lee el l(po)ema de Rilke que preside mi bitácora, allá arriba sobre la banda sonora, que por ahí van los tiros.

Hiperbreves S.A. dijo...

Reitero mi agradecimiento, y ojalá Rilke tenga razón. Internet acudirá en nuestro auxilio.

Juan Casamayor dijo...

Estimado Sergi,

muchas gracias por la reflexión detallada que has hecho. En los diez años que llevo como editor del género se han publicado números dedicados al cuento en distintos suplementos. En mi opinión, las páginas de Babelia deben entenderse como un síntoma más del lento crecimiento de la cadena creación/edición/lectura. La creación gozá de un momento muy bueno, la edición es un cuello de botella demasiado estrecho y los lectores, bien gracias. Continuemos por la senda trabajando duro.

Abrazos,

Juan Casamayor

PD Gracias por esas palabras escritas sobre la labor editorial (el jueves en la presentación de Poli me dices los elogios, vergonzoso).

Sergi Bellver dijo...

Mis amigos saben que soy un bocazas incorregible, Juan, pero saben también que cuando digo algo (negativo, positivo o chichinabo), lo mantengo en todos los foros, en todas las situaciones y ante todos los interlocutores, lo que me convierte en alguien incómodo para los necios y un tipo transparente para los demás.

El sábado de Poe ya te dije que en este año, tres de cuatro libros de Páginas de Espuma me habían gustado (A Poli le he leído mucho, aunque le tengo ganas al estudio de Javier), un porcentaje que me cuesta establecer con otras editoriales. Pero el punto vergonzosón tiene su excusa: tengo mucho bueno que decir de tu editorial y tampoco es plan de babear, que luego acabamos mentando al Señor Lobo...

En fin, para ser llano y directo, sin libros como La vida ausente, Escritura y verdad (Medardo ya estaba disponible en otras ediciones, pero no así ni con esa óptica), Ajuar funerario, Pequeñas resistencias y otros muchos, uno estaría aún tirándose de los pelos como Gollum y esto del cuento seguiría siendo un lodazal que ni los llanos de Mordor (perdón por Tolkien, pero es que tengo delante a un hobbit).

miguel ángel zapata dijo...

Sergi, de acuerdo en todo. Sin apostillas.
Hiperbreves, mi humildísima opinión: la maraña de lo literario es tan densa, se abren tantas capas en la cebolla que uno puede aturullarse y mandar el libro de micros a Alfaguara o Anagrama (ahí, desde luego, puede alimentar el fuego fatuo de sus hogares de piedra en Navacerrada o el Pirineo leridano). Tienes que indagar en las editoriales (pequeñitas, casi seguro) que mejor se adaptan al perfil de tu obra. Y como dice Sergi, paciencia, perfeccionismo y frutos cayendo maduros en algún momento del camino. Indaga y selecciona. Suerte.
Con respecto a Babelia, pues sí, qué carajo, hay que valorar esas migajas. A la gloria por el blog, parece la consigna, y para eso estais trabajando desde hace un lustro: plataforma pero también fin, al menos los nombrados en la biblia babélica y alguno más olvidado. Si teneis un contador de visitas, me juego mi prestigio artístico a que incrementais el número de visitantes cual semillero de descarriados. ¡A Belén, pastores!

Manuel Abacá dijo...

Hola, Sergi. La verdad es que cuando te lo tomas en serio no hay quien te siga. No es de extrañar que un post tan trabajado despierte tanto comentario. De entre ellos, me han gustado los de Pepe Cervera y Juan Casamayor.
Por lo que veo en alguna de las bitácoras mencionadas, no ha sorprendido mucho lo del Babelia. A mí, sin embargo, me da la impresión de que cualquiera que no esté en la cuerda del blog, le podría dar que pensar por qué se mencionan tantas bitácoras. Si no recuerdo mal, fue Zúñiga el escritor que buscó una razón estructural para explicar la eclosión del cuento. No sé si visto desde algún punto de vista, más numeroso de lo que pueda parecer, se llegue a relacionar cuento-blog-talleres literarios-concursos-editoriales especializadas y se mezcle todo. Se vuelva a lo "raro" del cuento, se "guetize" y se olvide lo principal: para qué sirve la literatura, sea la forma que sea.

Un saludo a todos. Y perdón si parezaco radical, pero es todo lo contrario. Me gustaría contestar con pausa pero tengo prisa. Quería participar.

Manuel Abacá.

El ente dijo...

Yo es que en tu blog no comento, que no sé de quién eres.

Sergi Bellver dijo...

Miguel Ángel, las visitas han subido un poco, pero no tanto y eso sólo dura dos días. Cuando publico el fallo del Diomedea se cuadriplican, así que no hace falta Babelia para eso. Hoy me decía un editor que hago entradas muy largas y eso cansa a mucha gente, que huye o no vuelve. Como ves, me da igual que entre mucha o poca (o haría entradas más cortas, frecuentes y con mucha foto). Lo que me importa, a la vista está, es la calidad de esas visitas.

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Manuel, a mí me haría falta mucha pausa para contestar a eso, "¿para qué sirve la literatura?". Anda que no da juego, y nunca nos pondríamos de acuerdo. Esas relaciones casi de circuito electrónico que comentas a veces funcionan y a veces no, ni llegan ni a corriente alterna. El tema es mucho más heterogéneo, inclasificable y escurridizo de lo que algunos piensan. Afortunadamente, porque lo empírico le sienta mal al arte.

Y no hay tanto comentario (la mitad son míos, de respuesta). Mis amigos son bastante cabrones/pudorosos y no los dejan, me los escriben al correo-e (y desconocidos, también, como si esta bitácora manchara o algo) o se esperan a unas cañas para decirme la suya. Pero a mí me valen igual.

Por cierto, Manuel, he estado liado y no he podido atender mucho Yahoo esta semana (por exceso de trabajo pero también porque la página de Yahoo me da demasiada guerra en el Mac, a ver si lo soluciono), pero me enteré de lo de Babelia gracias a ti, que lo sepas. Y en cuanto a "lo que ya sabes", revisa tu correo y tómate cinco minutos para la reflexión que comento. Seguro que te lo piensas dos veces...

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Ente, yo tampoco.

Anónimo dijo...

Eh, eh, Sergi, que yo no digo que los cuentistas estén hasta las narices del dinosaurio de Monterroso, sino que es el dinosaurio de Monterroso el que está hasta las narices de los cuentistas, que es muy distinto. Pido una entrada seria para analizar esa diferencia en tu blog, y poner las cosas en claro.
Abrazos.
Poli.

Ayshane dijo...

Para ser sincera, hasta que no comencé con los cursos de creación literaria y relato, no presté demasiada atención a todas las grandes obras que nos rodean...

Ahora que me encuentro en la primera fase de "culturización" admito que más vale tarde que nunca para descubrir a los clásicos y que yo (ignorante, si) gusté pasarlos por alto en un acto de rebeldía necia y he descubierto que "Desgracia de Coetzee" puede ser adictiva (ahora voy por la segunda lectura); Segunda lectura también ha tenido el Guardián entre el Centeno de Salinger (que cuando te asfixian en el instituto para que te leas un libro le tomas un poquitin de asco y años después descubres que solo has sido un poco idiota...); Antón Chéjov va escalando puestos (no digo más...); "Crónica de una muerte anunciada" una vez más se encuentra entre mis favoritos; Edgar Allan Poe aún me pone los pelos de punta (a este lo conservo desde la niñez ¡¡¡benditos castigos!!!); Lovecraft para siempre....; "La montaña mágica" de Thomas Mann me ha encantado... (Leeré más cosillas suyas); etc...

Ahora, con una larga lista por delante (por recomendación casi obligada de mi profe Clara Obligado)a saber: "El Libro de la Selva de Kipling"; "El Lobo Estepario" de Hesse; "A sangre fría" de Capote; "Las flores del mal" de Baudelaire; etc....

En fin... vamos no me voy a aburrir...

Besos...
Anita...

Sergi Bellver dijo...

Hombre, Poli, qué alegría barra lujazo barra sorpresa tenerte por estos lares... Lo del dinosaurio lo podemos discutir el jueves en los madriles, que acudiré volando y con cabeza de merluza a verte y a pedirte el aguinaldo (se me acaba de cruzar un cuento de Ángel). Ya sé, ya sé, hice trampas, que te leí bien, pero según güisquipedia (diccionario a base de jotabeses a las tantas de la mañana): "La Paráfrasis constructiva: Esta otra, en cambio reelabora el enunciado dando origen a otro con características muy distintas conservando el mismo significado". O sea, que de lo que estamos hasta las narices, dinosaurios y homo sapiens, es de recurrir a las muletillas de siempre.

Pero todo esto no me lo dice usted en la calle, vamos, hombre, o sí, el jueves.

Abrazo no interruptus.

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Querida Ayshane, no sabes qué alegría me da verte subir escalones en la lectura y ver además que gozas con ello (si te gusta Mann prometes mucho...), y además que hayas venido a contármelo justo hoy, que he hablado del olvido en Babelia del papel de los talleres literarios en la formación no ya de escritores, sino de lectores, sobre todo.

Un abrazo grande.

Juan Casamayor dijo...

Querido Sergi, gracias por tus palabras que cruzan las estanterías de Tres rosas amarillas para colarse entre pixeles de la blogosfera. Un apunte quería dar al debatido tema de la presencia del cuento en Babelia el sábado 24 de enero de 2009 y es que, como decía en las "relataduras" de nuestro amigo Juan Carlos, la atención de los medios ni es nueva ni es radiografía completa (ni es oro todo lo que reluce ni todo lo que explota hace "boom", Iwasaki dixit). El número 645 del sábado 3 de abril de 2004 titulado "El cuento vuelvo a empezar" con entrevista y reseña a los cuentos completos de Medardo Fraile ("Escritura y verdad", ed. de Ángel Zapata, Páginas de Espuma, 2004) ya se anunciaba un análisis del "buen momento que vive el género en España". Veamos todo esto como una buena visibilidad del trabajo de muchos y de ánimos para lo que nos va a seguir tocando lidiar.

Abrazos,

Juan Casamayor

Eva A. dijo...

Habida cuenta del tiempo que nos ha tocado vivir, lo del sábado hay que considerarlo en su justa medida, y ésa creo que es bastante buena. Teniendo en cuenta, que en la literatura española no hay precisamente tradición cuentística (sino que surge ya en el s.XX), tampoco debemos desdeñar lo que hizo Babelia, digo. Sin embargo, en mi modesta opinión de escritorzuela de relatos cortos creo que más que reseñar y halagar al cuento, los periódicos deberían, como antaño, volver a servir de plataforma para darlos a conocer en estado salvaje. Algo así como lo que hace El País en verano, que parece que la época estival sea la única apropiada para leer cuentos, y publicar uno cada día, o medio, o algo.
Por otra parte, no olvidemos que el escritor, prescindiendo de géneros (que si es bueno, eso no importa),siempre ha sido un proscrito y ha malvivido trabajando de esto o aquello y publicando aquí o allá de vez en cuando. No queramos correr tanto, atrapados en el espejo narcisista la industria cultural de masas y el fingido glamour de aquellos que están subidos a la parra. La escritura necesita de los posos para ser. Y no digo más.
Salve,

Eva A.

PD.- coincido con vuesa merced: "Casa tomada" es uno de los mejores y, ahí va otro, "El jardín de los senderos que se bifurcan", de Borges.

Eva A. dijo...

Perdón por irrumpir de nuevo, pues quiero realizar una pequeña aclaración antes de que se me echen encima. Cuando hablo del origen del cuento, no quiero decir que nazca a surja en el siglo XX, pues obviamente es anterior, sino que es precisamente en ese momento que se le empieza a dar cierta vigencia. Todo el tema del nacimiento del cuento es fascinante y como todo no se puede situar en una fecha concreta.
Así pues, ande yo con mi conciencia tranquila.
Eva A.

Juan Carlos Márquez dijo...

Eva: quizá sea excesivo llamar "cuentos" a lo que aparece en los suplementos veraniegos. Por lo general, se le encargan a autores de cierta fama que rara vez o más bien nunca los escriben. Hay excepciones, claro.

Saludos.

Eva A. dijo...

Juan Carlos: ¿y entonces cómo los llamamos? Obviamente, hablamos de escritores de renombre y obviamente son encargados. Y otra cosa, ¿qué más da la regularidad o nulidad con la que escriban esos "cuentos"? O es que también vamos a especializar a los escritores según el pantanosos mundo del "género" en el que escriban...
Salud.

Juan Carlos Márquez dijo...

El problema, Eva, es mucho más simple: esos cuentos o como quieras llamarlos son mediocres por lo general y espantan para siempre a los lectores no avisados. Dan una imagen del género inferior a la real, la misma que daría yo si se me encargaran un poema.

Eva A. dijo...

Juan Carlos: Bien, ahí estamos del todo de acuerdo. Es por ello, que en lugar de darle una pequeña sección al cuento en ese momento del año, se la podría dar de una manera constante, tipo crónica, pero con cuentos. El periódico siempre fue un buen medio para que la gente conociera los diferentes géneros. El problema en la actualidad es la masificación absoluta y la pérdida de calidad constante en estos medios. ¿Somos soñadores? Pues desbanquemos a esos nombres sin trasfondo.
Ave!

Sergi Bellver dijo...

Todavía nos va a tocar lidiar con muchas cosas, Juan, pero creo que si unos cuantos (editores, escritores, críticos, lectores, libreros, etcétera) seguimos aunando esfuerzos, el cuento puede empezar a tener una visibilidad no ya buena, sino sostenida, como el mejor adagio, lo que ya sería para darse como un canto en los dientes. Como decía Hipólito, "a ver si esta vez es la buena".

Un dato (¿para ser optimistas?): hoy he leído Babelia, para ver si la cosa tenía continuidad, y al menos Jon Kortazar (qué buen apellido, "pues") hace una brevísima reseña [ver] de un libro de relatos, Carne, de la vasca Eider Rodríguez (451 editores, 2008 -no 2009, por cierto-).

Abrazos.

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Eva, bienvenida y muchas gracias por tus aportaciones, aunque no puedo más que estar de acuerdo con Juan Carlos. Lo que aparece como "cuentos" en muchos especiales veraniegos tiene la misma entidad literaria que mis primeros y apestosos poemas: nacen de una pluma desubicada, yo no soy poeta, y esos escritores (la mayoría) cumplen un encargo, pero no suelen ser cuentistas.

Creo que el cuento agradecería no halagos, sino criterio y presencia, y si es para ponerlo a caldo, pues sea, pero que los críticos lo reseñaran con la misma actitud (y los mismos errores, aciertos y desmanes, supongo) que adoptan ante la novela (o incluso la poesía, ya que estamos, que siempre tiene su página o doble página en Babelia, ABCd, etc.).

En lo que sí estoy de acuerdo es en lo de publicar cuentos, reseñas aparte, pero no de encargo a grandes divas del best seller, sino a los autores que se preocupan por él y lo cultivan con criterio. Hoy en día recibimos toda esa herencia maravillosa de Carver, Cheever, Ford o Bradbury porque en su día también existió un The New Yorker que publicaba sus relatos. Y que se los pagaba, de paso, un detalle importante para que ciertos escritores minoritarios puedan seguir llegando a fin de mes mientras comparten sus creaciones.

Saludos.

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A QUIEN QUIERA DARSE POR ALUDIDO:

No sé si es un pariente de la autora o (muy probablemente) un troll cibernético que tiene ganas de reventar la encuesta, pero aquí nadie se chupa el dedo: 10 votos en 48 horas para el mismo libro de cuentos son más que sospechosos, sobre todo cuando antes de la "operación" no sumaba más que uno. Ni que decir tiene que dejará de contar para el resultado final. A veces no entiendo cómo la gente puede hacerle perder el tiempo a los demás de esta manera...