Bitácora de Sergi Bellver: Escribir: Virginia Woolf (I).

6/9/08

Escribir: Virginia Woolf (I).

Fragmentos de La narrativa moderna:

[...] No escribimos mejor. Lo que puede afirmarse que hacemos es seguir moviéndonos, si ahora un poco en esa dirección, luego en esa otra, pero con una tendencia a lo circular si se examina el trazo de la pista desde una cima suficientemente elevada. Apenas merece decirse que ninguna presunción tenemos, ni siquiera momentánea, de estar en ese punto de vista ventajoso. En la parte llana, entre la multitud, cegados a medias por el polvo, miramos hacia atrás y con envidia a esos guerreros más afortunados, cuya batalla ha sido ganada ya y cuyos logros muestran un aire de realización sereno, de modo tal que apenas podemos frenarnos de murmurar que la lucha no fue tan dura para ellos como para nosotros. La decisión queda al historiador de la literatura; a él corresponde informar si nos encontramos al principio, al final o en medio de un gran periodo de narrativa en prosa, porque desde la llanura poco es visible. Tan sólo sabemos que nos inspiran ciertas gratitudes y hostilidades; que algunas sendas parecen conducir a tierra fértil y otras al polvo y al desierto. Acaso valga la pena alguna exploración de esto último.

[...] Tras admitir la vaguedad que aflige a toda crítica de novelas, arriesguemos la opinión de que para nosotros, en este momento, la forma de narrativa más en boga falla más a menudo de lo que asegura el objeto que buscamos. Lo llamemos vida o espíritu, verdad o realidad, esto, el objeto esencial, se ha desplazado o avanzado y se rehúsa a verse contenido en las vestimentas mal cortadas que le proporcionamos. No obstante, con perseverancia, conscientemente, seguimos construyendo nuestros treinta y dos capítulos de acuerdo con un diseño que cada vez falla más en parecerse a la visión que tenemos en la mente. Demasiada de esa enorme labor de explorar la solidez, la imitación de vida, de la historia es no sólo trabajo desperdiciado sino mal colocado, al grado de que oscurece y hace borrosa la luz de la concepción. El escritor no parece constreñido por su propio libre albedrío, sino por algún tirano poderoso y sin escrúpulos que lo tiene en servidumbre para que proporcione una trama, para que aporte comedia, tragedia, amor, interés y un cierto aire de probabilidad, que embalsame el todo de modo tan impecable que si todas las figuras adquirieran vida, se encontrarían vestidas hasta el detalle último con sus sacos a la moda. Se obedece al tirano, se fabrica la novela hasta el menor detalle. Pero a veces, y más a menudo según pasa el tiempo, sospechamos que hay una duda momentánea, un espasmo de rebelión, según se van llenando hojas del modo acostumbrado. ¿Es así la vida? ¿Deben ser así las novelas?

Mírese al interior y la vida, al parecer, se aleja mucho de ser «así». Examínese por un momento una mente ordinaria en un día ordinario. Esa mente recibe miríadas de impresiones: triviales, fantásticas, evanescentes o grabadas con el filo del acero. Esas miríadas vienen de todos sitios, una lluvia incesante de átomos innumerables; y según descienden, según se transforman en la vida del lunes o del martes, el acento cae en un lugar diferente al del viejo estilo; el momento importante no viene aquí sino allí; de modo que si un escritor fuera libre y no esclavo, si pudiera escribir de acuerdo con sus elecciones y no sus obligaciones, si pudiera basar su trabajo sobre sus sentimientos y no las convenciones, no habría trama, ni comedia, ni tragedia, ni intereses amorosos o catástrofes al estilo aceptado y, tal vez, ni un sólo botón cosido al modo que quisieran los sastres de Bond Street. La vida no es una serie de farolas ordenadas simétricamente, sino un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos rodea desde el inicio de nuestra conciencia hasta su final. ¿No es tarea del novelista transmitir este espíritu variado, desconocido y sin circunscribir, no importa qué aberraciones o complejidades manifieste, con tan poca mezcla de lo ajeno y lo externo como sea posible?

[...] No existe «material adecuado para la narrativa», pues todo es material adecuado para la narrativa, todo sentimiento, todo pensamiento; toda cualidad del cerebro y del espíritu de la que se eche mano; ninguna percepción está fuera de lugar. Y si podemos imaginar al arte de la narrativa adquirir vida y ponerse de pie en nuestro medio, sin duda nos pediría que lo rompiéramos y lo hostigáramos, así como que lo honráramos y lo amáramos, porque de esa manera se renueva su juventud y se asegura su soberanía.

VIRGINIA WOOLF

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Una luz amarilla en el orbe, desde Phoenix, Arizona. ¿Agustín, Vicente...?

gorocca dijo...

Qué ensayo tan exacto por lo que al último párrafo se refiere, al menos me lo ha parecido : no existe material adecuado porque todo es material adecuado para la narrativa, qué cierta afirmación tan cierta como la variedad temática de todos los libros que leí y aún me quedan por leer.
Un abrazo!

El Viajero Solitario dijo...

Vaya sorpresa me he llevado. Muchas gracias, Sergi, por recomendarme como Página de la Semana. Por supuesto que te permito es G. casi hipolitiana (así al menos me pareceré en algo al gran Hipólito). Un gran honor.

Por otro lado, me ha gustado estos extractos de Virginia Woolf. Supongo que, de una forma u otra, todos hemos sentido alguna vez la sombra de ese tirano poderoso y sin escrúpulos al que hace referencia.
En efecto, todo material es adecuado para la narrativa, lo que ocurre es que no todos estamos capacitados para hacer literatura de casi cualquier cosa, como era el caso de Virginia.
Y las dos primeras frases me han dejado pensativo: No escribimos mejor. Lo que puede afirmarse que hacemos es seguir moviéndonos, si ahora un poco en esa dirección, luego en esa otra, pero con una tendencia a lo circular si se examina el trazo de la pista desde una cima suficientemente elevada.

Gracias de nuevo, Sergi, y un fuerte abrazo.

Ayshane dijo...

El camino que elegimos, allí dónde encontraremos la inspiración, puede ser de diversasmaneras así como dispar el material que conformará el argumento que seguiremos; todo lo que nos rodea, todo sentimiento que nos embarga en ése preciso instante dónde se prende la chispa de la inspiración, aparecerá intrínseco de una u otra manera en nuestro escrito.

Con esto quiero decir que la obra de esta escritora, refleja tal vez lo dura que fue su vida hasta que decidió poner un punto y final a la misma...

A veces pienso que en realidad, somos lo que escribimos... y que escribimos lo que somos...

Besos,
Ana Belén

gorocca dijo...

No consigo escuchar a Philip Glass, y es uno de mis preferidos,a ver si lo arreglas cuando tengas un ratito.
Abrazo

Anónimo dijo...

Supongo que aún disfrutas de esas tapitas en ca Tres Rosas Amarillas,que tengas un merecido y prolífico fin de semana( en cuanto a la escritura,me refiero ;)
Te abrazo!
Gcc.

©hannibal dijo...

Muy bien el texto, no comparto algunas cosas, más sin embargo hay que aplaudirle el esfuerzo.

Saludos
Hannibal

chema dijo...

Claro que hay una diferencia entre que todo puede ser material adecuado para la narrativa y esa tentación del "fourre-tout" o cajón de sastre del que tanto abusan a veces ciertos narradores en nombre de la modernidad o transmodernidad. Virginia Woolf siempre resulta muy lúcida en sus ensayos. Y una persona que haya escrito joyas como "To the Lighthouse" y "The Waves" tiene toda la autoridad del mundo para sugerirnos cómo deber ser escrita una novela.

chema dijo...

En la encuesta sobre los cuentistas norteamericanos, echo en falta en esa lista a Sherwood Anderson, James Purdy...aunque los que aparecen son también imprescindibles.

Raúl dijo...

La literatura lo puede todo, porque nace de ese todo; siendo parte de él. Es decir, la literatura moldea la realidad de la que mama (y de la que emana), reconvirtiéndola en una nueva (pero no distinta) tras regurgitarla.
Va a resultar, querido mío, que escribir bien es algo tan difícil, como fácil es imaginárse que puede hacerse.

Miguel Ángel Zapata dijo...

Por desgracia, el tiempo de estas cerezas woolfianas parece haber pasado ya. Hoy, la novela queda acotada en directrices temáticas que lastran la creatividad y la innovación, reduciéndolas tan sólo a cuestiones meramente formales (como si no hubiese habido ya una docenita de revoluciones al respecto anteayer mismo: el stream of conciusness, la polifonía coral, el collage beatnik: Woolf, Szvevo, Huxley, Ginsberg, Capote...). Hoy, creo yo, na de na: fuego de artificio mutante y poco más. O la guerra civil o personajes estrafalarios fragmentados o crisis matrimoniales de la segunda edad en megalópolis alienadas. El que se salga de estos tiestos, no publica. Otra cosa es que nos importe un carajo publicar o vender un libro a nuestra portera. Entonces, disfrutemos, al menos.
PD: Sergi, hacía que no me pasaba por tu espacio, ya veo que estás en forma; feliz entrada de curso.