Bitácora de Sergi Bellver: Posible o probable.

7/5/08

Posible o probable.

El futuro del libro es incierto, aunque el rumbo de la cuestión cada vez se va definiendo un poco más. Como en casi todos los demás cambios que ha experimentado el ser humano —en cualquier ámbito, pero en el caso que nos ocupa hoy, también a la hora de relacionarse con la cultura—, en los albores de una gran revolución pugnan dos fuerzas contrarias: la de los visionarios que cabalgan la novedad con el mismo ímpetu con el que carga la caballería y la de los reaccionarios, que afianzan posiciones en su barricada —alzada a base de legajos, antiguallas y otros objetos sagrados—. Todos sabemos, a poco que nos movamos en la sensatez, que a menudo una revolución comienza arrasando para terminar reposando, como las mareas. El libro electrónico no es un futurible, ya está aquí, tan sólo falta abaratar costes de producción, esclarecer el precio —de la plataforma y de los contenidos—, ajustar el margen de beneficio de los intermediarios, y pasar por la guillotina a unos cuantos de ellos, como al distribuidor, principalmente, el gran burgués en esta ecuación. Pero también sufrirán el embate del cambio los libreros, y si me apuran, los lectores, por pura saturación —efecto secundario de ciertas libertades—. Está por ver cómo evoluciona todo esto, unos se hacen cruces ante la perspectiva y otros se aferran a ella como única vía posible para el futuro del libro. Los argumentos a favor y en contra son muchos, y muy discutibles, el precio del papel y la sostenibilidad ambiental, la simplificación de la transferencia autor-lector, en la que no sólo se eliminarían intermediarios sino otros procesos y demoras que a día de hoy lastran esa comunicación, etcétera. Personalmente, creo que son indudables las ventajas del libro electrónico en algunos casos, una vez se ajusten las relaciones calidad-precio-catálogo, sobre todo en lo que se refiere a materiales de consulta, libros de texto, guías de viaje, enciclopedias, memorias o publicaciones científicas. Hoy en día comprarse una enciclopedia no sólo es un desperdicio de papel, sino una mala inversión que roza el snobismo —aunque siga luciendo mucho en la biblioteca del salón—, ya que lo digital asegura actualización y ampliación de contenidos —las bibliotecas personales pasarán a ser paquetes de memoria portátil, anaqueles de bolsillo—. Pero también estoy convencido de que el libro, tal y como lo conocemos hoy, no va a desaparecer. Insisto en que uno y otro medio convivirán, coexistirán, se pelearán y a veces incluso se complementarán.
En lo literario, que es lo que en realidad me importa, continuarán existiendo los tres actores principales: autor, editor y lector —la plaga de la autoedición seguirá llevando siempre una rémora, un membrete de precariedad, porque una cosa es el discurso original y otra, a veces muy distinta, el trabajo final que convierte esa obra en publicable, y del que los autoeditados no suelen ser nunca profesionales—. Cómo cambie la manera de difundir la literatura, cómo varíe o se perpetúe la adulteración de lo que en verdad es un legado artístico por parte de los grandes grupos, que seguirán presentes y copando mercados —las multinacionales ya están tomando posiciones para asegurarse las mejores cuotas, y sus enormes recursos para la publicidad seguirán moviendo los mismo resortes—, y sobre todo, cómo resistan la carga de la caballería, se sumen a ella o elijan un camino alternativo las editoriales independientes, marcará el devenir de toda esta cuestión. También vendrán problemas: aunque la SGAE asiente sus zarpas sobre la presa y nos cobre hasta por las baterías del aparatito, aunque la ley persiga el fraude, el fenómeno de la piratería afectará en un grado mucho mayor al libro electrónico —no es lo mismo copiar un archivo que fotocopiar Los pilares de la Tierra, que además es un atentado ecológico y contra el buen gusto, aunque los chinos no se cortaron un pelo en publicar ediciones piratas de Harry Potter...—. De todos modos, el número de consumidores de música o cine que tiran de top manta o de cierta mula electrónica no será nunca el mismo que el de los lectores interesados en verdadera literatura. Los que no dudan en repetir con Dan Brown o Coelho se bajarán los best seller, qué duda cabe, pero los desorbitados márgenes de beneficios de estas moles comerciales les harán resistir sin problema. Lo literario seguirá siendo para minorías, salvo excepciones, por lo que a los piratas no les resultará tan rentable el abordaje a ciertos títulos en libro-e.
Hoy no he querido profundizar demasiado en ello, sirva este preámbulo o este rodeo general a vuelapluma para presentaros este vídeo. Lo descubrí ayer por la tarde en un curso intensivo —y subvencionado— que acabo de comenzar para seguir completando mi formación: Gestión de proyectos editoriales. El vídeo está en francés, pero no importa si no habláis el idioma —yo mismo sólo entiendo un 50% de lo que dicen—, creo que siguiendo las imágenes podéis haceros una idea de lo que tendremos entre manos en unos cinco o diez años. Si se me pregunta por mi postura concreta, creo que mis proyectos responderán por mí mismo: estar al día y no perder el carro de las ya no tan nuevas tecnologías, vivir en el presente y hacer uso de todos los medios disponibles para hacer más efectivo mi trabajo —como escritor a medio plazo y como editor a día de hoy—, y entiendo como efectivo que sea viable y le llegue a los lectores adecuados, pero mantengo la intención de sacar adelante, cuando el momento sea propicio, una revista literaria que combine el formato papel con el digital —y que deje de abusar del talento y la generosidad o a veces la ansiedad de los demás, y le pague a sus colaboradores, aunque sea poco—, y un sello editorial propio —a largo plazo— que recupere el libro como objeto de arte en sí mismo, que le rescate de esa cosificación mercantilista a la que hoy está sometido. Una cosa es que una editorial sea rentable, y otra cosa que las cuentas sean las únicas editoras reales que deciden qué se publica y qué no. Por esa vía crece el tejido empresarial que nos tiene por sujetos consumidores, pero se pudre la red cultural que nos define como seres humanos. Me interesa editar libros en los que contenido y continente formen un todo que vaya más allá del simple formato, algo más allá del código de barras y el dictado de la inmediatez. Libros imperecederos de autores imprescindibles, si se me permite la osadía. Libros que coexistirán sin complejos y sin prejuicios con todas las ventajas de la modernidad: una guía electrónica de viajes interactiva que no pese en la mochila, o un ejemplar de National Geographic que podamos reenviar por correo electrónico —previo pago, claro, como siempre—. Libros de papel que uno, después de haber leído sin mayor problema cualquier novelita en su dispositivo electrónico, pueda entretenerse en tocar, oler y apoyar en el pecho un día de apagón o bajo los árboles del parque. Hay cosas que jamás desaparecerán mientras una minoría, por pequeña que sea, les siga otorgando un valor diferenciador. O acabaríamos todos dentro de diez años tomando paella, cocido o tiramisú en píldoras. Bueno, seguro que Ferran Adrià ya lo tiene en mente... pero yo sigo disfrutando del arroz a banda sin pretensiones en la caleta del pueblo. No me importaría cenar en El Bulli, seguro que es divertido, pero eso no significa que renuncie a la autenticidad y lo mejor de la tradición. Cada discurso y cada acento tienen su espacio y su marco adecuados, o se convierten en otra cosa. Y no hay más. ¿Qué pensáis vosotros sobre todo esto? ¿Qué os sugiere este vídeo? ¿Cómo os veis a vosotros mismos como lectores en diez años?


26 comentarios:

carlos maiques dijo...

Hola Sergi:

Como dices, cada discurso y acento tienen su espacio y marco adecuados.

Como discurso voluntarista -el del vídeo- no tiene ninguna de las más que probables dificultades de estos productos, que para rendir bien habrán de estar, sí o sí, con la batería a rebosar. Por no hablar de los cargadores, los problemas con la humedad (muy bueno lo de la playa, a ver si es verdad). Entroncarlo con la capacidad expandida del iPhone, Blackberries, GPS y demás parafernalia también es muy conveniente. Y la tarea principal, a la hora de incrementar la calidad y por tanto las ventas a medio largo plazo, pasa por facilitar o mejorar la lectura continuada de ese tipo de pantalla. Ahora mismo debe haber incontables pruebas sobre la “jugabilidad” o interacción de estos libros electrónicos con el lector potencial.

La duda que me surge con esto es lo fácil que resulta abandonar un libro en un vagón, perderlo en una mudanza, o incluso tirarlo a la basura. Todo lo contrario que debe ser la pérdida de un aparato tan completo –¿cuántos tendrá cada persona en el futuro, cuántos intentarán venderse, y con qué mejoras, cada invierno?-. La miniaturización y abaratamiento constante es posible que produzcan futuros cementerios de información (ya los hay, realmente), como las cintas VHS, sin ir más lejos. Pero creo que el problema principal que conlleva este tipo de instrumental es la disminución progresiva de la atención. Y la modificación de la actitud –ahora más volátil, cambiante, no más perezosa- a la hora de leer.

Prestando atención por detalles, por iniciativas personales, dudo mucho que el libro electrónico sustituya al papel como no ha hecho el correo electrónico, que ya ha creado su propia cultura de pantalla. Ahora mismo conviven marcos digitales para fotos de familia con impresoras mini para tus mejores fotos del verano. Offset versus láser, si regresamos a las imprentas. No lo sé bien, quizás el papel, o un tipo de impresión sobre papel, el de las ediciones y autores imprescindibles que comentas, será distinto en su comercialización (Bubok, Lulu, no veo que vaya tanto por ahí, pero nunca se sabe)

Disculpa por la extensión, pero es un asunto que me interesa bastante. Nunca pensé que iba a tener móvil, y lo tuve que comprar para el trabajo, y así todo… Eso sí, creo que nunca dejaré de comprar libros, tal y como los conocemos, me gustan demasiado. Todavía hoy, y algunos años más allá, son un objeto diseñados de un modo portentoso. Un saludo.

bydiox dijo...

Yo cada vez veo más claro que el lector de libros digitales será nuestro compañero de trabajo en no demasiados años... será nuestra agenda personal, nuestro bloc de notas, será nuestra pda... será nuestro gran amigo, sin duda.

El libro tradicional existirá y resistirá... pero cada vez menos, será mucho más cómodo llevar en un aparatito que no ocupa "nada" miles de libros y cargarlos al instante (y hablo de verlos en tinta electrónica, no en pantallas luminosas, lo digo para los que no saben mucho del tema y hablan pensando que son "pantallas" y que hacen daño a los ojos... porque no, no hacen daño).

Y el libro electrónico ganará porque descargarte un pdf (o el formato que sea) te costará 2 ó 3€ y comprar un libro (físico) te costará 10 veces más. Ahí creo que reside la clave. Además, imagino que poco a poco los libros de papel incorporen un CD con el libro en formato digital... o algún puerto usb para enchufar y descargar... o qué sé yo.

Será que soy demasiado joven o será precisamente por eso, pero yo lo veo bastante claro. El futuro ya está aquí.

Juan Carlos Márquez dijo...

Yo, cuando se trate de literatura, siempre escogeré el libro tradicional; pero me parece estupendo que las enciclopedias, las guías de viajes, los periódicos, etcétera, adopten otros soportes más acordes con sus condiciones cambiantes y perecederas.

Marsu dijo...

A estas alturas, yo no me atrevo a decir ni lo que haré ni lo que dejaré de hacer dentro de diez años. Todo cambia demasiado deprisa, o quizá no "demasiado" pero sí muy deprisa. Los inconvenientes que vemos actualmente (batería, coste...) pueden haber desaparecido del todo en un tiempo no tan lejano.

Pero dentro de diez años sí me gustaría una situación como la que plantea el vídeo. Conjugar en el hoy el ayer y el mañana sin perder nada por el camino. Disfrutar de la lectura bajo el árbol o en la playa, sin cargar con el papel, que a veces pesa, o las gafas de vista cansada...que dentro de diez años fijo necesitaré. Las posibilidades son infinitas, a veces creo que superiores a nuestra capacidad de adaptación. No me gusta excesivamente leer en una pantalla, sobre todo un rato largo, pero un formato electrónico cómodo sí me parece viable. Y una vez fijados y controlados los distintos medios de distribución cibernáutica, y protegidos los derechos de cada parte, la rapidez, versatilidad y accesibilidad a cualquier tipo de publicación serán muy de agradecer. Sobre todo para lectores con pocas ganas o tiempo de hacer kilómetros para conseguir un libro... ahora mismo estoy esperando un paquete de seis "piezas", que está retenido porque falta una para completar el pedido. Y mira, te voy a decir cuál es, ya que te toca doblemente, como prescriptor y como editor; se trata de "Mudanzas". Que se debe estar mudando y no me lo pillan...aysss ;)

carlos maiques dijo...

Es verdad que hablo sin saber bien del asunto, pero no hablaba de la vista cansada ante la "pantalla", ni de las ledturas de textos con tinta electrónica. Más bien quería comentar la diferencia existente a la hora de ver/leer una superficie, no el daño ocular, como bien indica Bydiox.

La falta de costumbre se solventa con el tiempo, como ya sabemos, y estoy con Juan Carlos Márquez en el uso más general que supongo tendrán finalmente estos libros.

A ver qué pasa

Anónimo dijo...

Bueno,bueno,muy interesantes los comentarios anteriores.La verdad es que a mí personalmente el olor de los libros impresos,de las gomas de borrar y de los lapices nuevos me transportan a una infancia en un lugar concreto y en unas circunstancias las que fueron,así que para mí,es algo más que un libro impreso con una historia contada.Para otra persona que coexista conmigo,ese mismo olor a papel nuevo puede no traerle ningún recuerdo,sin más,así que por lo tanto en igualdad de condiciones cada uno elegirá lo que le vaya mejor,incluso lo probable es que acabemos eligiendo los mismos artículos pero cada uno en porcentaje diferente, y ahí ya contesto a la primera pregunta.El vídeo me sugiere mucha comodidad, un poder adquisitivo medio alto,que no es mi caso y una excelente excusa para dispersarse en la lectura tal como la entendemos y centrarse más en los diverjuegos y en el entretenimiento de las nuevas y no tan nuevas tecnologías.Yo dentro de 10 años,y tengo ya 41,me veo a mí misma siendo poco humilde, leyendo como ahora lo hago,a lo largo del año,comprando más o menos el mismo número de libros,aprox.15 y con algo menos de energía y rapidez pero con la misma ilusión por descubrir,y por supuesto,coexistiendo y leyendo lo electrónico ya que en mi trabajo,ya estamos utilizando certificados electrónicos,firmas electrónicas,y administración virtual.Perdona por la extensión pero era enormemente tentadora tu entrada.Un besiño.Gcc.

Anónimo dijo...

Ah,Sergi,me olvidé comentarte que noto en ti alguna asignatura pendiente con la literatura tipo Coelho,pobrecillo,creo que en cierta medida y a su manera,también se ha ganado su lugar en el reino del papel.Me gustaría darte alguna referencia de lecturas relacionadas con lo emocional,libros engendrados por personas dedicadas a la docencia,que llevan media vida estudiando las emociones y ayudando pedagógicamente a impartir una educación más emocional,al fin y al cabo,no son acaso las emociones las que rigen practicamente nuestra existencia?yo diría que sí,estúdialo!
La imprescindible experiència emocional:Estic contenta,però,de com he viscut.I afirmo que l'educació és més obra d'amor que de ciència,i que no hi ha res tan difícil i interessant com descobrir i formar la persona humana.Angeleta Ferrer i Sensat,llicenciada en Ciències Naturals,Catedràtica de Cièncias Naturals a L'Institut-Escola.
LLibre que et recomano:Educació emocional i llenguatge de Josepa Gómez i Bruguera de l'escola de Mestres de Rosa Sensat.Simplemente es que siempre noto que tratas ciertos libros con un cierto desdén y a mí personalmente me parece,que si de un libro logras sacar en conclusión ni que sea una sola frase que pueda enriquecerte,es lectura ganada y nunca perdida.Seguro que cuando empezaste a escribir tenías más frescura aunque menos experiencia, con la sabiduría que ésta otorga.Ya profundizaré un poco en tu obra,pues sólo he leído lo que aquí en el blog escribes,ya me dirás cómo llegar a ella,o ya lo averiguaré,gracias.Gcc

El Viajero Solitario dijo...

Supongo que el debate es natural, como lo fue, en otro ámbito, cuando surgió el cd (los nostálgicos hablaban de la pervivencia del vinilo).
Yo, que me cuesta imaginarme leyendo uno de esos libros electrónicos o como se llamen en lugar de un libro (nada tan sugerente como la librería de un salón repleta de libros), creo sin embargo que irán ocupando su lugar, y el cambio lo asumiremos de forma natural.
Objetivamente, uno de esos trastos presenta más ventajas que inconvenientes (si acaso la dificultad de leer mucho tiempo en una pantalla, que estoy seguro que la tecnología solucionará) y, aunque tengamos un cierto apego romántico al libro, me atrevería a vaticinar la desaparición del libro en formato papel.
La posibilidad de portar en un trasto minúsculo decenas de libros es muy tentadora, por no hablar de los "complementos": diccionario, mapas para consultar los lugares por donde transcurre la historia, posibilidad de tener acceso directo a la biografía del autor...
Punto negativo: las descargas gratuitas. Quizá sea cierto que, los que leemos Literatura, estemos más concienciados y compremos los libros digitales; pero es inevitable pensar que la mayoría optará por la descarga gratuita (ya ha sucedido con la música y el cine, ¿por qué no con el libro?)
En resumen: ahora mismo no me imagino leyendo en un formato que no sea papel, pero estoy convencido de que en poco tiempo andaré con un trasto de esos, y el cambio habrá sido natural.

marina dijo...

"cada discurso y acento tienen su espacio y marco adecuados".
Dentro de diez años... intentaré estar al día, observar toda la paleta de colores. Escoger. Descarto una postura polarizada y me sumerjo en un convivencia pintada con diversidad cromática.

Apuntat el llibre de Monzó. Ja et diré el què.
T'envio una abraçada ben forta! (i al nassarró hi trobaràs un petó :-P)

Anónimo dijo...

Yo me preocupo por lo que utilizaremos para rellenar el vacío. Podemos hacer un país nuevo, cogemos lo que nos gusta de cada sitio y configuramos nuestro propio planeta, pero, en resumen, sobra espacio, falta aroma, sabor y piel. No es que la cosa prometa mucho cambio, ya estamos en la era de los sin sentidos, es poco higiénico abrazar al vecino, los besos son transmisores de enfermedades, y los olores ¿qué peligros encierran? ¿por qué la gente ya no disfruta con los olores?. La sal de la vida, que ya no podemos disfrutar porque el sentido del gusto ocupará x megas...dentro de diez años me veo soñando, no sin cierta melancolía, con el sabor de la piel, con el sonido de las olas, con el olor de la tierra y con el tacto de la hierba y con la vista reclamando por los excesos. Es sencillo, prefiero cerrar los ojos. Y soñar, ¿nos venderán también los sueños enlatados o podremos dejarlos volar?.
Si el ordenador no funciona, no hay problema, dejamos de vivir durante un día, un mes, un año, lo que tardemos en comprar otro, con un poco de suerte podremos rescatar las copias de seguridad, porque hay que ser optimistas, si confiamos nuestro pasado a la máquina, lo menos que puede hacer es escupir las malditas copias

Besos

Balcius dijo...

Me gusta bastante (o bastante-mucho) el vídeo.

Porque no comete el error de los discursos distópicos-utópicos sobre el futuro que tan a menudo se encuentra. La gente tiene en común con nosotros su rutina de café por la mañana y de vida cada día, y se cumple algo que dije ya hace diez años (tengo pruebas): "Internet será realmente útil cuando deje de notarse". En los albores del uso de la electricidad, todo estaba lleno de cables, de mixtificación y de accidentes, todo lo nuevo relacionado con la electricidad estaba cubierto de un halo de misterio, y había grandes apóstatas y fanáticos de los inventos eléctricos. Toda la mística se cae cuando entra en la naturalidad de los cables escondidos, de los enchufes seguros y de la normativa de seguridad del marcado CE. Pasará lo mismo con Internet, los protocolos se unificarán y estabilizarán, cualquier equipo será capaz de usarlo y el almacenamiento remoto y los servidores de aplicaciones harán casi innecesarios los ordenadores personales. Internet estará en todos lados, tanto que dejará de existir. Y empezará a ser.

En cuanto a los lectores de libros como el que se ve, esa es la idea en la que se trabaja.

Parte de mi trabajo es desarrollar los materiales con los que se hará este tipo de invento. Una de las opciones es un papel revestido de nanotubos de carbono (una "nano-matt") en los que se inducen movimientos que cambian las propiedades ópticas superficales, otros sistemas son basados en MEMs, y otros en ink-jet smart materials, ... es igual, la cuestión es que ópticamente son muy similares a tinta sobre un papel, pero controlables mediante optoelectrónica.

Esto es importante: se usan superficies con capas funcionales: la electrónica, la óptica, la funcional. El consumo energético es muy bajo, porque sólo se excitan los "píxeles" que se quieren cambiar. Por otra parte, el uso de células de combustible y regeneradores de energía cinética hará casi innecesario preocuparse del nivel de carga del dispositivo.

Pero lo más importante de todo: el acto de leer será, entonces, tan emocionante como lo es ahora. Igual que sumergirse en el libro le hace a uno olvidarse de la maquetación, la calidad de la tinta, el tipo de papel, o las mejoras en la impresión desde el sistema Minerva... lo mismo pasará con estos dispositivos. Un buen libro nos hará olvidar de si estamos pasando páginas reales o sintéticas, si está descargado o está online, ... hasta nos hará olvidar del sentido de la palabra "real".

(Digo un buen libro, no Paulo Coelho, por supuesto)

Por cierto, este efecto de que el libro físicamente desaparece para aparecer únicamente la literatura, sucede sólo en libros bien editados. Se nota cuando un editor hace bien su trabajo porque no se nota la edición. Pasará lo mismo con los libros digitales. Por eso, cuanto menos efectos mejor.

Aventuro que volverán a reinar las palabras.

Balcius dijo...

Quizás lo que más me gusta es tu postura ante la situación. Normalmente los que hacemos investigación nos enfrentamos a dos tipos de persona, cuando intentamos difundir e implantar los descubrimientos hechos. Uno, el lobby que entiende todo cambio como una amenaza en lugar de una oportunidad. Otro, el que se convierte en "parricida" utilizando el nuevo invento como ariete contra la anterior tecnología o manera de hacer las cosas, generando falsas expectativas, frustraciones y vacíos en las necesidades que el nuevo sistema no cubre.

No sabes cómo echo de menos el sentido común que demuestras tú: simplemente estar informado, interpretar lo que venga y valorar su utilidad y oportunidad. Sin ceder a las pasiones, hay que ser profesional.

Ignacio Jáuregui dijo...

Sergi, tu video me ha dado pavor reflejo, y los pobres tipos esclavos de esa especie de Blackberry holística del futuro me han recordado a los pobres tipos esclavos de la Blackberry de hoy mismo, el día que la han perdido en la estación de Sans o en Barajas y su mundo se derrumba. Es algo en lo que me considero profundamente reaccionario; he tenido (y perdido) Palms y PDAs, y créeme que siempre preferiré mi agenda Moleskine de diez euros.
Ahora bien, lo cierto es que en la cambiante "literatura" técnica internacional, las ediciones digitales han sustituído casi por completo a las revistas en papel (si bien, para bajarse un pdf de la edición digital, suele ser necesario estar suscrito personal o institucionalmente a la publicación en papel), y pensando, pensando, hoy en día compro la mitad de periódicos que antes, y la mayoría de las noticias las leo en periódicos digitales (aprovecho para hacer propaganda del de mi primo Fernando, www.diariocritico.com).
Así que quizá sólo sea cuestión de tiempo eso de "télécharger" las novelas en las librerías, y puede que el papel hueso tenga ya los días contados... Bueno. Después de todo, nuestros bosques lo agradecerán.

L´ HABITACIO D´ARLES dijo...

M´ ha agradat molt. Molt d´ acord en com exposes les idees, no és gens nou.
Et poso diversos aforismes del gran Wagensberg:

575. El mal uso de una nueva tecnología no es un argumento contra su buen uso

576. El mal uso creativo de una nueva tecnología es inconfundible: se trabaja menos, pero se trabaja con las mismas ideas o con menos ideas

577. El buen uso creativo de una nueva tecnología es inconfundible: quizás no se trabaje menos, pero se trabaja con más ideas

A mi el vídeo me ha parecido cojonudo. Me gusta mucho esa idea. Y lo que pasará nadie lo sabe.

De pequeño solía leer el libro gordo de Petete (creo que tengo todos los tomos), había un apartado en el cual explicaban anécdotas históricas. En una de ellas, Mark Twain se encontró con Graham Bell en la oficina de patentes. El amigo Bell que por supuesto en aquellas era un desconocido, iba a patentar el telégrafo. Twain le preguntó que para qué servía, el otro le contestó que para comunicarse a distancia, a lo que el escritor le espetó que eso no tendría ningún futuro...

Ya ves...

Una abraçada.

J.J. dijo...

El olor de un libro, el tipo de letra, las páginas,... eso no se puede reproducir en otro formato.

Sergi Bellver dijo...

Quiero excusarme con vosotros, pues aparte de no tener un respiro entre editorial, Escuela, curso de edición, traducciones y escrituras varias ─berenjenales en los que se mete uno hasta la cadera, básicamente─, he tenido además unos días bastante complicados en lo personal y no he podido seguir ni contestar con tiempo y meditando las respuestas, como esperaba hacer, a vuestras interesantes ideas y opiniones. Como se abren varias vías y hay muchos guantes que recoger, en vez de ir fragmentando esas respuestas, las recogeré todas y os emplazo a una próxima entrada sobre el tema. Será cuestión de un par de días. Ya tenía pensado de antemano seguir hablando sobre el asunto, con más detenimiento y detalle, pero aprovecharé vuestras intervenciones para enriquecer mis argumentos. De modo que gracias a todos por esas huellas y retomamos la pista muy pronto.

Sergi Bellver dijo...

Eso sí, agradecimientos a bocajarro y algunas notas sólo sobre temas ¿ajenos? al asunto:
Nada de disculpas por la extensión, Carlos Maiques, te agradezco mucho que hayas aportado tu punto de vista y para mí es un lujo que abras el debate.
*
Gracias también a Bydiox, que no se deja ver mucho por estos lares y al que siempre leo con atención en otros espacios.
*
Un abrazo, Juan Carlos ─de acuerdo contigo─, nos vemos mañana en Tres Rosas Amarillas y espero que disculpes mi caradura de hoy.
*
Ojalá por fin pudieras vencer tu "matritofobia" (¿cuela?) y acudir también, Marsu, y siento mucho lo que me cuentas de ese libro. Aunque Mudanzas no es cuento sino novela, me consta que en Tres Rosas Amarillas lo tienen. De todos modos, como adelantaba en mi entrada, a veces los distribuidores se hacen imperiosamente "guillotinables"… Si está en mi mano y puedes revocar parte de ese pedido, tendré mucho gusto en encontrar otra vía alternativa para hacerte llegar el libro.
*
Viajero, incides en una cuestión sobre la que abundaré en mi próxima entrada. Un abrazo fuerte y es siempre un gusto tenerte por aquí.
*
Abraçada forta per a tú també, Marina. De vegades imagino el dia que viuré a Barcelona i podrem compartir trobades literàries com la de demà a Madrittt. Afegeixo: el llibre d'en Monzó em sembla del millor que he llegit darrerament. Petons.
*
Gracias por tu precioso comentario, Anónimo #2, da gusto ver que hay personas que, además de tomarse su tiempo, como las demás, se implican en una huella como esa. La técnica debe estar siempre al servicio de algo mayor. Los sueños han de ser el origen y el destino, la técnica sólo ha de servir para ciertos trayectos en ese viaje.
Besos.
*
Cuánto tiempo, Balcius. Reencontrarme con algunos nombres de la "blogosfera" que en su día me aportaron mucho, desde cualquier punto de vista, es un verdadero placer. Además tu intervención me parece muy acertada y viene de alguien que sabe lo que dice, por lo que en cierto modo mi respuesta se verá reflejada en la próxima entrada.
Abrazo fuerte.
*
También hay un par de cosas en lo que dices, Ignacio, casi de refilón, como lo del papel y los bosques, por citar una… sobre las que voy a escribir en esas próximas entradas (porque seguro que sale más de una) en relación con el futuro inminente del libro, habiéndome documentado además, sin vuelaplumas. Hablando de vuelos, mañana se te echará de menos, estaremos atentos por si ruge tu cuatrimotor sobre los tejados de Malasaña.
Abrazo volador.
*
Como siempre acertado y lúcido, Jordi. Tengo mucho que contarte. Lo hago pronto.
Abraçada gegant.
*
Bienvenido J. J.. Gracias por dejar tu huella también.

Sergi Bellver dijo...

Bienvenida y gracias por tu intervención, Gcc. Te he dejado para el final por la extensión y el tema. Algunas de las cosas que apuntas sobre el asunto que nos ocupa en la entrada las recojo para la siguiente entrada.
De lo demás, y aunque ya estoy viendo las collejas de algunos compañeros por tratar de explicar lo obvio, sí me gustaría responderte con toda amabilidad ─la misma que denota tu comentario─ a algo, pues es un tema recurrente que me gustaría dejar claro, y sin acritud pero tampoco medias tintas. No lo hago por mí, ni puede que por ti, sino por todas esas veces que aparecen los mismos nombres y la gente vuelve a preguntarse una y otra vez qué es y qué no es literatura. Con alguno de mis alumnos de la Escuela de Escritores también acabaré teniendo una conversación parecida, seguro.
Coelho se ha ganado un lugar en ese reino del papel, efectivamente, o del mercado del libro, como tantos otros. El tipo no me cae ni mal ni bien, no me meto con lo personal, cada uno es libre de, como él mismo dice, "escribir su leyenda personal" a su manera. De "pobrecillo" poco, eso sí, porque está forrado; menos mal que tiene una fundación con la que echa una mano a bastante gente, lo que me parece loable. Pero no se ganará nunca un lugar en eso que algunos pedantes llaman "la República de las Letras". Ni en los tratados de psicología, ni en las terapias serias. Para esos temas, sin dudarlo, yo acudiría precisamente a esas recomendaciones que haces: a verdaderos profesionales. Que cierto tipo de libros de salida inmediata y fecha de caducidad ayudan a algunas personas a sentirse mejor, no lo dudo, pero también lo hacen el bricolaje, las mascotas o la papiroflexia. Los placebos a los que recurre la humanidad son imprevisibles, y hay una gran parte de ella que no lee jamás, y sigue tan campante. Dan Brown o Ken Follett también cumplen las expectativas de otras personas: entretenerse un rato, matar el tiempo. Me parece plausible. En la lectura hay otras opciones sin grandes pretensiones, novelas de género, cómics de superhéroes, yo qué sé, de todo. También hay novelas negras y cómics que son obras de arte, dicho sea de paso. En todo hay una porción de excelencia. Ni critico a las personas ni censuro el modo en el que tenga cada cual de emplear su ocio y en qué deposita sus esperanzas para un día a día mejor. Pero yo sólo hablaba en esa frase concreta de la diferencia entre lo literario y la pura venta de libros, y por eso señalaba a los consumidores reincidentes en Coelho, Brown y tantos otros como tales: consumidores de libros. Pero ahí NO hay literatura, y lo digo categóricamente. Cuatro mil años de tradición escrita occidental ─la que conozco─ desde que Homero recogiera la épica que le precedió se merecen un respeto. No cualquier cosa es literatura, del mismo modo que una suela de zapato envuelta en gomaespuma no es un pepito de ternera, aunque uno a veces no lo tenga claro en según qué bares. La cuestión es que quien tenga hambre, o hasta gula, sepa si se va a comer un pepito de ternera o no le importa hincarle el diente a un trozo de gomaespuma. Lo que a mí me gustaría sería que no le engañaran, que todo lector tuviera suficiente criterio para evitarlo. No hablo de elitismo pues, sino de saber identificar cada cosa, sin más. Por lo tanto no considero que tenga ninguna asignatura pendiente ─precisamente yo defiendo la parte emocional de las letras, pero con otros matices muy distintos─ con esos productores de libros, que no autores, puesto que estamos hablando de materias distintas. E igual que cada discurso y cada acento tienen su marco y su espacio, cuando deba acudir a una terapia ─bien mirado, tendría que ir pensando en ello─ buscaré un buen psicólogo en vez de leerme un cuento de Bucay. Y cuando quiera leer literatura, y asomarme un poco a la esencia humana a través de ella y hasta cuestionármela, y no matar el tiempo, sino devolverle la vida y el sentido, recurriré a Faulkner, a Mann, a Chéjov, a Miller o a otros tantos, con los que yo, a mi manera, también me emociono.
En cuanto a "mi obra", Gcc, cada vez que escucho esas palabras no puedo evitar acordarme del mismo poema descreído de José Hierro (Para un esteta, del poemario Quinta del 42, creo recordar). No tengo nada publicado aún. Para ciertas personas, me temo que "no soy nadie" aún. Podría haber colado algún cuento en un par de antologías o haberlos enviado a dos revistas virtuales que me pidieron textos. Podría incluso probar suerte una y otra vez en concursos, no sé, seguir el circuito habitual. Pero de momento, y una vez asumido que esto es una carrera de fondo y no tengo ninguna prisa, prefiero hacer las cosas de otra manera. Y no me vale cualquiera. Por eso me estoy tomando todo el tiempo del mundo para escribir mis originales. Cuando acabe mi libro de cuentos (o mi novela) lo pondré en tela de juicio entre amigos escritores y profesores, después lo llevaré a otras editoriales ─presentarlo en la que colaboro a día de hoy no me parecería de recibo─ de las que me gustan algunas cosas ─no todas, las suficientes─, editoriales grandes, pequeñas, no me importa mientras hagan bien su labor. Y si se me cierran todas las puertas, mala suerte, pero cuando esté convencido del trabajo bien hecho y pueda defenderlo, nunca antes ni a cualquier precio. Ni en cualquier parte, precisamente por lo que ya he repetido varias veces: cada acento y cada discurso tienen su espacio y su marco adecuados. No me interesa figurar, sólo compartir, porque le tengo más respeto al trabajo que a mi apellido.
De modo, Gcc, que no tengo "más obra" que la que está por venir. Esta bitácora es otra cosa, entre cajón de sastre, campo de pruebas y diario abierto. Un lugar de encuentro, sobre todo, en el que serás siempre bienvenida.

Isabel dijo...

Hola, el blog de Vicente L.M. me ha traido hasta aquí.
Cuando pienso o escribo algo
(http://www.literaturate.com/leer-a-fondo/) de lo que aún no estoy muy enterada
(la ignorancia es atrevida), me alegra ver opiniones al respecto.
Me gusta el libro eléctronico del video, se ve cómodo y sobre todo ligero. No abandonaré el papel pero sé que esto se impondrá y yo lo probaré.

Balcius dijo...

"No tengo más obra que la que está por venir"

Eso ha sido precioso... poseo un papel en blanco y todo mi futuro, tal es mi tesoro.

hechi dijo...

Tal como se ve en el video es tentador. Tampoco creo que pueda abrir la boca y decir que haré como lectora dentro de diez años si a veces me cuesta hasta saber que haré mañana. Los tiempos cambian, y presumo, que nos demos cuenta o no, nosotros cambiamos con ellos, sin embargo, el aroma del papel, la sensación de pasar cada hoja, y lo que significa para mí mi biblioteca…Me resulta difícil dejar eso de lado, creo, de verdad creo, que al menos en muchos, pero muchos años, el libro tradicional va a perdurar, y ojalá sea así.
Así que finalmente uno de los dos consiguió uno de sus sueños…Eres editor…no imaginas la felicidad que me produce, yo ahora intento ponerme sería y mandar a editoriales mi primera novela, que ya tiene 9 años y va siendo hora, y me propongo terminar la segunda…el universo nos dirá.
Un besote Sergi,con estrellas…

Fisgón dijo...

¿donde lo hallaste?

Arilena dijo...

Un apunte más en torno a los libros electrónicos: aquí

P.D. Por mi parte sigo pensando lo mismo. Me parece muy útil el libro electrónico para toda la parte de libros de viajes, libros de texto, libros de conocimiento en general. Incluso para los betsellers (puede ser que porque no me producen ninguna emoción especial). Pero el futuro dirá. Además de las pantallas que tienen que mejorar para leer sobre ellas hay algo que también me mosquea mucho:
Tener libros electrónicos es en realidad tener unos y ceros (interpretados por una máquina) pero ¿Qué pasará cuando la máquina se averíe, si se cae o se moja? Me dan escalofríos sólo de pensar que se puedan haber perdido todos los libros que tenías.
Un abrazo

Sergi Bellver dijo...

Bienvenida, Isabel, a pesar de mis desacuerdos con VLM, respeto mucho su Diario y para mí es un grado que vengas de allí. Cuando tenga un rato me paso por tu bitácora.

El libro-e lo probaremos todos, pero está por ver si se impondrá. No será tan universal como el CD versus cinta o el DVD versus VHS. Creo que cada uno, libro-e y papel, tendrán su espacio.

*


Es un arma de doble filo, querido Balcius, lo que está por venir augura cualquier cosa, pero también y de momento, no existe. Es nada. Ya veremos qué pasa.

Me temo, con gran pena, de veras, que tu correo llegó como Spam (no es la primera vez que me sucede con otros amigos). Acabo de revisarlo ahora y veo que no lo hice a tiempo. Espero que lo pasaras bien de todos modos e hicieras descubrimientos por ti mismo. Te paso en breve mi correo personal, para que no vuelva a suceder lo mismo.

Abrazo fuerte.

Sergi Bellver dijo...

Qué alegría tenerte de nuevo por aquí, mi amiga Hechicera.

El mundo de la edición está llamado a cambiar, y mucho, pero te garantizo que, con o sin libro-e, tenemos papel para rato. Cuando retome el asunto en una próxima entrada (se han colado dos por cuestiones de ánimo, la que viene en un rato y la que le seguirá, pero palabra, vuelvo al tema pronto), una de las cuestiones que trataré será precisamente el papel.

Bueno, llámame editor... llámame pulpo como animal de compañía. Pero estoy en ello, aprendiendo cada día más. Aunque ya sabes que mi verdadero sueño está al otro lado del libro, en la autoría, he descubierto que en este también me bullen los sueños, nuevos y a cada rato. Y vendrán. Es bello colaborar al sueño de otros autores, a difundir su trabajo. La emoción de recibir los primeros ejemplares en los que has trabajado tanto, o la de llamar a un autor para decirle que le publicas, no tiene precio.

Dale, mándala a todas partes, porfía, que llegará. Pero sobre todo escribe.

Abrazo gigante.

*

Creo haberlo dicho en algún momento, Fisgón, me pasaron el enlace al vídeo en el curso de edición que hice este mes.

Sergi Bellver dijo...

He visto en dos minutos esa entrada, querida Arilena. Interesante. Aunque creo que estamos en las mismas, en ese tipo de pantallas la lectura sigue haciéndose muy pesada. El formato que se impondrá como soporte será el basado en las esperas de tinta, mucho más cómodo para la vista.

Has dado en el clavo, la emoción. Un libro bien editado nunca podrá ser sustituido por un archivo en ese sentido. Supongo que uno tendrá que ir guardando copia de seguridad por alguna parte, es lo normal, pero si a día de hoy ya andamos con el canguele con no perder el móvil o el portátil... imagina...

Abrazo fuerte.

Déjame que se me vaya la olla un par de días y retomo el asunto entonces.