Bitácora de Sergi Bellver: Delayed.

22/4/08

Delayed.

(Escritura nebulosa y terminal, ni relato ni carta, más bien cierto tipo de "handing").


A LA ESPERA y en guardia. En una sala inmensa en la que no cesa el gentío de ida y vuelta, espero. En el centro de un músculo de mármol y acero que expulsa y absorbe miles de rostros por minuto, donde van a parar y de donde brotan los pasillos por los que se aprieta la sangre anónima, espero. En el latido y la velocidad del mundo, bajo el abecedario de todas las ciudades que existen, de todas las calles donde mi hogar se ausenta. Sentado sobre una enorme maleta, llena de arena para no salir volando todavía, espero. Después de tantos años licenciándome en la vasta ingeniería del lastre consigo ahora no volar antes de tiempo y permanezco firme, centinela en guardia sobre las ruinas de mi propia fortaleza. Atado al peso de mi equipaje espero, a que en algún momento un timbre amarillo pronuncie tus coordenadas ―una ciudad del norte, una isla de roca vieja, una espiga de trigo en la nieve―, a que tu voz se agriete una vez más y entre la niebla se anuncie mi vuelo. A que tu boca me llame, en realidad, para dejarlo todo y extraviar la maleta, para emprender el vuelo con la voz vacía, para que sólo tu nombre la ocupe, a eso espero.
Mi pasaporte lleva más sellos que páginas, más exilios que fronteras, y en la fotografía se pueden reconocer los rasgos del eterno pasajero en tránsito. Cualquier aeropuerto de origen se desmantela en cuanto emprendo el viaje y la tripulación negará haber partido de allí alguna vez. El camino de vuelta y la patria ficticia los borra el viento mientras vuelo, como la estela de un caza abatido en una batalla por proyectiles de silencio y palabras rotas. Me olvido pronto de los naufragios aéreos, la sal del llanto se seca pronto y en seguida brota de nuevo la alegría, la vocación de explorador. No soy de ninguna parte y sin embargo cada aterrizaje me resulta familiar, cada vez que me estrello los pedazos se disponen en una geometría que reconozco: el diagrama que me define, un manual de instrucciones escrito en un idioma cifrado del que sólo tú tendrías la clave si quisieras. Así, de chatarra y cascotes diseminados por el suelo, de trazos de tinta arrojados al mapa en blanco he ido llenando de arena mi maleta, sobre la que ahora, sentado, espero.
La niebla dura ya muchos años, tantos, que los hombres ya se han hecho al gris y no son capaces de hablarme de la luz del sol. Siempre están aquí, pertenecen a este lugar y se confunden en el flujo del gentío, y ya no saben de otra claridad que la asepsia del mármol y la mecánica del acero. Con que estén limpios les basta, con que todo funcione les vale; aquí no hay sitio para el olor de la hierba o el rumor de la nieve. En un lugar en el que el mundo se mueve tan deprisa y se reparte aquí y allá, hasta el último rincón, hasta la última ciudad, el mismo cielo se hace un lugar tan improbable como el agua para el pez. De tanto volar por inercia, la costumbre les ha borrado la noción del aire. La niebla se ha hecho tan compacta que parece una extensión natural del suelo y aun en pleno vuelo los hombres de gris mantienen la mirada recta, los brazos cruzados, de ciudad en ciudad, avanzando a diez mil pies de altitud como quien gana estaciones bajo tierra en cualquier metro, sin importar lo que queda al otro lado de la ventanilla, sin contar con lo que viaja más adentro del traje.
Yo nací a destiempo, aparecí de pronto en la sección de objetos perdidos, y por eso siempre viajo desnudo y pego la nariz al cristal. Lo sigo haciendo, aunque la niebla no me siente nada bien, porque es demasiado fría para mis huesos y demasiado opaca para mis ojos. La niebla dura ya tanto que he de inventarme otro cielo, escribir un aire nuevo, para cuando pueda deshacerme de esta maleta y volar por fin a tu lado. Le doy la vuelta al reloj de arena pero la maleta nunca se vacía y el momento no llega, nuestro tiempo no despega. Por eso, mientras espero, para no volverme loco cierro los ojos y olvido el mármol y el acero, y la circulación de la gente, y el gris de los otros, y los latidos del mundo, y los infartos del sueño, y recuerdo tu boca, tu voz de sábana rasgada que aún me roza, el sello de tus dientes en mi pecho, el visado de tu sonrisa —ese que abre todas las fronteras—, el refugio de tu aliento, los peces inquietos que te bullen en la boca, el alimento marino de tus besos, tu lengua cruda y tibia que aún se agita en lo más íntimo de mi naturaleza, las palabras pocas que temblaban, y ese mapa hecho de labios y saliva que no se borra, que no se olvida, que me acompañará ya a todas partes, como la única patria cierta, el único destino que me podrá saber nunca a regreso, a lo más parecido que un exiliado podría tomar por el último viaje, el único que desea y espera: el de vuelta a casa.
Aquí, sentado sobre un lastre y un tiempo que estoy deseando perder de vista, sorteando el flujo de la gente y mirando a cada rato el panel de salidas, espero. Por si en un instante se arma tu nombre y al fin despega mi vuelo, sigo atento, por si se anuncia mi vuelta a casa. Aquí sigo firme y en guardia, y espero, a que la niebla escampe, a que tu boca me llame.

22 comentarios:

en tierra de nadie dijo...

Si aún quedan fuerzas para esperar, para escribir, es que no se ha esfumado del todo la esperanza. Aunque el aliento sea mínimo, aunque el aire no llene los pulmones, se sigue respirando y soñando. Y eso es lo único que importa.

Aliento y descanso, tus letras.

bss

ETDN

Anónimo dijo...

Acabo de llegar de un viaje largo en tren, y sin tener a nadie con sonrisa abrefronteras, sin esperar la aparición de ningún nombre, esto me ha tocado mucho. Puede que sea por eso mismo, por no estar en la estación. Me ha encantado leerlo. Gracias.

Objetos Perdidos

Marsu dijo...

Egoistamente, me alegra que nacieras a destiempo, y me tranquiliza que cada aterrizaje ya te resulte familiar. Sigue inventando cielos nuevos, para los que no somos capaces de hacerlo.

goroka dijo...

Devastador!siento que me estoy apegando demasiado a tu bitácora,con niebla, con el manto obligado de la melancolía que acompaña a todo buen escritor, esperando...un mínimo resquicio de luz.Excelente,casi rozas la perfección de lo que añoro.Un besiño.

goroka dijo...

M'oblidava,que tinguis un bon S.Jordi!

El Viajero Solitario dijo...

Mantener la cara pegada al vidrio, al cristal, ese es el truco, el maldito truco; entonces llegará el día en que, sin transición, sin sorpresa, nos convirtamos en axolotl, unos, o veremos armarse su nombre, otros.
Un abrazo.

en tierra de nadie dijo...

¿Qué tal este 23 de abril? Espero que se haya cumplido la tradición de este día y te haya pasado algo "especial". El año que viene, a firmar. Besazo

marina dijo...

Traspasar la niebla con la mirada de esperanza.
Seguro que sí, Sergi...

M'agrada llegir-te.

Bon dia al nou dia i... una abraçada voladora!
:-)

Juan Carlos Márquez dijo...

"Nací a destiempo, aparecí de pronto en la sección de objetos perdidos, y por eso siempre viajo desnudo y pego la nariz al cristal." Este pudiera ser el comienzo de un gran cuento para leer donde tú y yo sabemos un miércoles cualquiera.

Sergi Bellver dijo...

En otro momento contesto a vuestros comentarios y pronto habrá sorpresas en la bitácora, pero permitidme que, a modo de sorbete de limón entre primer y segundo plato, reproduzca un fragmento de la columna de Quim Monzó en La Vanguardia del día de ayer:


¿Qué otros días hay en un día como hoy?

Con voz calmada, en los años setenta siempre había alguien que decía: "Hay otros mundos..." Y, tras una pausa, añadía: "... pero están en tu mente". Acto seguido te pasaba el porro. Nunca supe muy bien si realmente hay otros mundos o si lo que sucede es que lo que hay son jetas de muy diversa graduación. Pero lo que sí sé es que cada día es diferente según el carnet de identidad que lleves en el bolsillo. Hoy, por ejemplo, para muchos ciudadanos de este rincón de Europa es el día del Libro, la jornada en la que se gastarán unos dinerillos a cambio del bienestar que da saber que, con ese sencillo gesto, pasarán a formar parte del colectivo de compradores de eso que llamamos cultura escrita. Y no es poco. Porque, además, la posesión de un libro no debe nunca incomodar a nadie. ¡No hay que temer al libro! Como dijo El Gran Wyoming una tarde que presentó un volumen mío en una librería de Madrid: "Y recuerden que la compra de este libro no implica necesariamente la obligación de leerlo". Así es. El comprador, por el hecho de serlo, no se compromete a tener que tragárselo. No señor. Porque el libro es libertad. Usted lo compra, el librero se queda un tanto por ciento, el distribuidor el tanto por ciento más suculento, otro tanto por ciento se lo queda el editor, y el diez por ciento restante (en algunos casos más, en otros menos) se lo queda el escritor. ¿Y qué le queda al lector? Pues le queda la libertad. La libertad de leerlo o no. La libertad de, habiéndolo leído, a medio leerlo o sin ni siquiera haberlo abierto, tirarlo a una papelera, arrancarle las páginas acabadas en 9, recortarlo en forma de pera limonera o ponérselo en el sobaco toda una noche, como remedio contra la astenia primaveral. (También puede leerlo, claro está, ¡y tampoco eso se lo impedirá nadie!) ...


Quim Monzó
La Vanguardia, 23/04/2008

Anónimo dijo...

A tí no te hace falta maleta, puedes ir desnudo, calor no te faltará.

Besos

Anónimo dijo...

Eres como un arquero, Sergi. Vas tanteando, vas tanteando, familiarizándote con el arco, esperando el momento, pero cuando dispares tu mejor flecha, acertáras de pleno, harás trizas la diana, atravesarás lo que te propongas.
No dejes de escribir, sé que un día leeré un libro tuyo y me sentiré orgulloso.

Un abrazo grande.
IF

Anónimo dijo...

Los latidos de dos corazones pueden sonar más fuerte que cualquier llamada. Tendrá que hablar el que tenga el tono más fuerte

Anónimo dijo...

Puedo intuir que no será ella, pero eso es anticipar acontecimientos. Yo no se si alguien tiene algo que decir, si ya se dijo todo, desconozco el estado actual de la maleta

Besos

Sr Curri dijo...

El tránsito es lo que nos caracteriza, ¿no? Hay que moverse y cuanto más lejos, mejor.
El viaje siempre es bueno, la tranquilidad ya vendrá.
Felicidades por tu regreso al blog.
Saludos.

marina dijo...

Cierto y con acierto lo que dice Monzó.
Sabes? mientras leía me he acordado que un día encontré un libro en un papelera, y además dedicado y todo. Me quedé con la duda de saber qué es lo que realmente se había tirado a la papelera, el libro, la dedicatoria o las dos...vés a saber... (ah, lo leí y no me gustó)

Anècdotes a part,
que tinguis un bon cap de setmana
Sergi, una abraçada...!

India dijo...

Escribes muy bonito... Si no hubiese leido lo de abajo que ponía Carta de amor, lo hubiese podido relacionar con otra cosa...

Bonito blog. Un saludo

maRia dijo...

Hola, Sergi.
Hacía mucho tiempo que no entraba aquí.Aunque no eres de los que he olvidado.
Ha sido un gustazo tremendo leer cada una de estas palabras.
Esto es como llevar tiempo comiendo pavo ligero en grasas y de repente paladear un buen jabugo.
Un estrujabrazo de aquellos, mi querido jabugo.

Isabel Romana dijo...

Cada vez escribes mejor. Ya desde la primera vez que te leí me pareciste deslumbrante y lúcido (y hace ya dos años). Ahora has ganado en precisión, en mano de relojero que coloca a cada matiz del sentimiento la palabra justa y la hace funcionar. No sabes lo orgullosa que me siento de conocerte. Un abrazo enorme.

Sergi Bellver dijo...

Gracias, anónimo, puedes jurarlo. De hecho mi ex me conoce como la estufa humana...

Besos.

*

Viniendo de ti, IF, la expectativa es todo un halago. Espero no fijarme tanto en mí mismo, para no acabar como San Sebastián. Hay que buscarle otro destino a esas flechas.

Abrazo fuerte.

*

No sé quién eres, Anónimo #2 de los latidos, pero creo que tienes razón.

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Tampoco sé quién eres tú, Anónimo #3, pero en efecto, no hay que hacer tanto, tanto, tanto caso de la intuición. El tiempo a menudo suele aportar más sabiduría.

Besos.

Sergi Bellver dijo...

La vida es sobre todo movimiento, Antonio, quiero decir, Sr Curri. O el cambio es lo único permanente en la vida. Me alegra verte por aquí. De un tiempo a esta parte, los almerienses sois una feliz plaga.

*

Estimada Marina, si encara no ho has llegit, fes-te amb els Mil cretins d'en Monzó. Va anar a la butxaca en català i m'està agradant molt.

¿Qué no te gustó, el libro o la dedicatoria? Mira que las hay que salvan malos libros y todo, y viceversa...

Una forta abraçada.

*

Bienvenida y gracias, India. Me intriga con qué lo hubieras relacionado, aunque todo es un tejido de conexiones infinitas.

Saludos.

*

Cuánto tiempo, maRia, me alegra verte de nuevo por estos lares. Lo que no mata engorda, dicen, así que me alegra —sin culpa— haberte hecho ganar algún michelín —literario—. Aunque la escritura debería ser cada vez más delgada... o eso intento.

Estrujabrazo, cómo no, de aquellos, de aquellos...

Sergi Bellver dijo...

¿Dos años ya? Cuánto tiempo, Isabel. Me alegra mucho tu comentario, y más viniendo de alguien que se lo trabaja tanto como tú con sus textos, día a día, porque precisamente estaba pensando hace poco que si no hay progreso ni aprendizaje, no vale la pena repetirse ni ponerse a juntar palabras. De modo que si de veras aprecias cierta evolución en mis letras, no sabes la alegría que me das, de verdad. De hecho, hasta me avergüenzo un poco de mis comienzos y es probable que un día borre todo el material antiguo, sobre todo el de Ya.com. No me avergüenzo de lo que hice, ni de quién fui, ni de haber empezado tan ignorante, todo eso me ha hecho quien soy ahora como persona... pero literariamente era casi todo —salvo contadísimas excepciones— una castaña emocional. Hay que ser franco (menos el 18 de julio).

Un abrazo grande, grande, por la N-III.