Bitácora de Sergi Bellver: Cartas de amor (I).

5/2/08

Cartas de amor (I).

Moscú, 21 de agosto de 2003.


Puedo vivir sin ti, es más, no te necesito. Sólo quiero que lo sepas y por eso te escribo, Irina.
Me las apaño bastante bien en esta ciudad, la misma que al llegar me pareció una enorme bestia gris, y que ahora creo haber conseguido domesticar. Sí, ya ves, al final resulta que a Sasha no se lo han comido en Moscú, y aquí sigo, después de casi nueve meses, como si llevara toda la vida manejando el asunto. Pero no fue fácil, para nada. Me ha costado nueve meses y unas cuantas cicatrices. Ahora puedo sentarme aquí, apurar el trago y dar con fuerza en la mesa, tomando posesión de mi lugar con el vaso, reclamando mi rincón del café. Desde hace un tiempo, esta mesa es mi propia colina sobre la ciudad, y acodado en ella veo toda la calle a través de la ventana. Las letras están desconchadas y el cristal está muy sucio desde el primer día, igual que un vaso de leche vacío que nadie se hubiera tomado la molestia de limpiar. Si no fuera por el calor que hace y las faldas de las chicas, que adivino más por las risas de algunos grupos de tíos que por la panorámica, diría que hay una capa de escarcha en el cristal. Me recuerda a los amaneceres en la dacha de mis viejos, cuando te quedabas a dormir y después querías salir a ver nacer el día, y salías corriendo con tu jersey blanco, mis botas puestas y las piernas brillantes, y yo me cagaba en todo —era mi forma de entrar en calor— mientras te seguía, con todas las ganas del mundo de desquitarme con cuatro azotes bien dados en tu culo —¿sigue igual o ya se te ha hinchado, criando a los mocosos de tu marido? Dale recuerdos, y no me refiero a tu marido—. Al alcanzarte me quitabas la razón, divertida pero sin reírte, como siempre has hecho, con tus besos y tu voz delgada, y nos sentábamos, envueltos en mantas, a ver la escena desde la colina, sobre el meandro del río. Siempre te ha sentado genial el blanco, en la ropa, en el paisaje, en tus silencios. Ahora miro la calle a través de esta ventana sucia y me acuerdo de todo aquello, pero en frío, ¿sabes?, sin problema. Ya no tengo tu cuerpo, ni tu olor impregnado en la lana blanca, apretada contra mí, me queda bien poco de tu recuerdo, pero puedo vivir con ello. Miro la calle y me acuerdo de cosas así, pero sin más, como me acuerdo de mis viejos muertos. Apuro el vaso, miro la calle y es como si la gente que camina hacia el centro fueran aquellos troncos que allí arrastraba la corriente río abajo, trazos de carbón sobre un fondo blancuzco. Así van a la deriva los moscovitas, en el fondo no es tan diferente, les arrastra alguna otra cosa, se pierden en algo más grande, se olvidan de que una vez fueron bosque y ahora son poco más que un ejército de troncos en retirada. Me gusta mirarles desde mi nueva colina, apurar otro vaso y ver que todos somos más o menos la misma clase de idiotas.
Parece mentira, la primera vez que entré en este tugurio el dueño, un georgiano mugriento, casi me echa a patadas. Me vio tan hecho polvo que pensaba que iba a pedirle limosna y empezó a gritarme como si fuera un perro asilvestrado que viene a mordisquear las patatas. Menudo cabrón, era mi segundo día en la ciudad y se aprovechó de que no me quedaran fuerzas y andara perdido, para tratarme como a un animal. Si no hubiera sido por un par de borrachines a los que por lo visto caí en gracia, me hubiera devuelto a la puta calle en plena nevada. Me metí en ese apestoso café porque me temblaban hasta las cejas y no aguantaba un minuto más a la intemperie, como se meten a veces los pájaros por las chimeneas, locos por un resquicio de calor, aunque se asfixien. Llegar a Moscú desde el interior es un golpetazo tremendo en la sien, todos los paletos desembarcamos en la gran estación y nos quedamos quietos un segundo después del remolino, entre humo y ladrillos, somos bandadas de pájaros flacos que al fin se posan en algo sólido. Pero llegar además en invierno es jugarse la vida, sobre todo si te presentas con una dirección anotada en un pedazo de papel que se te quiebra entre los dedos, azules por el frío, y si el conocido del amigo del primo del pueblo resulta ser un hijo de perra que te cierra la puerta en las narices porque ya tiene tres fulanas viviendo en su piso.
Ahora puedo reírme de todo eso, ya soy alguien en el barrio, también he tenido que sorberme la sangre del labio alguna vez, pero ya he partido un par de caras, incluida la de un bravucón con el que la tuvimos en el café. El dueño le tenía ganas desde hacía mucho, por lo visto se alegró de librarse de aquel bastardo, y desde entonces el tipo me tiene cierto respeto. Habla menos que un buzón de correos, pero lo noto, me deja a mis anchas, a veces hasta simula que olvida la botella y luego, cuando ya la he vaciado bastante, hace ver que no importa, que está bien así. Tiene el pelo más duro en el mostacho que yo en los huevos, unas mejillas caídas, de perro sabueso, y una nariz enorme, llena de venas. De hecho, cuando le miras un rato, tienes que apartar la vista, porque entre que el tipo siempre apesta a sudor y esa cara, de repente te viene el hedor de los lavabos a la mente y si te descuidas echas todo el desayuno. En el fondo no es mal tipo, el georgiano. Si se cambiara la jodida camisa blanca de vez en cuando y limpiara un poco, sería la leche, el georgiano.
Ya ves, Irina, me he hecho el amo del mundo aquí, ahora gano bastante pasta con mis asuntos y no se me pasa por la cabeza volver al pueblo. De vez en cuando me acerco por el piso —el hijo de perra aquel fue otro de los que se llevó una buena patada en la boca, cuando se pasó de listo una segunda vez—, escucho algunos discos, me zampo cualquier cosa que no haya preparado yo, lo que es un gustazo, ya sabes que odio cocinar, y paso un buen rato con alguna de las fulanas, sobre todo con Olga. La tía te caería fatal, estoy seguro, es de esas que ríe todo el tiempo y por cualquier chorrada, de hecho, yo tampoco la aguanto demasiado y al cabo de un rato, cuando ya tengo lo que quiero, suelo irme por ahí, a mi aire, pero es que la tía tiene un rollo alucinante, me pone como una moto cuando se hace la tonta y se restriega conmigo en el sofá y hay más gente en el piso —aquello a veces parece un club de baile, no conozco a nadie, ni falta que me hace, y además, al listillo lo tengo dominado y me deja hacer—. En serio, Olga es una pasada, parece que le va a explotar la cabeza cuando folla, la verdad es que se lo trabaja muy bien. Si la ves dormida —no es que me quede mucho, pero a veces me la encuentro así al volver del baño—, parece una bailarina de esas, tan espigada y frágil, pero si te descuidas te deja seco cuando te agarra. Ya sé que te jode que te cuente todo esto, y por eso mismo lo hago, Irina, para que te enteres de una vez de que ya no me haces falta, de que estoy de lujo sin ti.
Y tú que no dabas ni medio rublo por Sasha, ya ves, hasta casi te tengo que dar la razón al principio, claro, cuando me sentí fuera de juego, arrollado por esta bestia de hormigón y la muchedumbre idiota, que casi me arrastra con ella. Estaba cagado los primeros días, un pajarillo sin rumbo con miedo de acabar aplastado bajo cualquier coche, lo reconozco. Imagina a un chico de pueblo como yo, que ha dormido a pierna suelta entre los ruidos nocturnos del bosque, que ha despellejado renos sin dejar de canturrear o le ha acertado entre los ojos a un lobo con la escopeta del viejo, un chico curtido, vamos, que de repente llega a esta ciudad y se caga vivo. La nueva experiencia me dejó desubicado, el miedo. Pero acabé siendo más fuerte que eso y ahora me río de lo que fui, y salto del tranvía en marcha como si cruzara cualquier arroyo o paseo por el centro con la misma indolencia con la que atravesaba el páramo para ir a tu casa y llamarte bajo tu ventana, con cuidado, por si se enteraba tu madre.
Vivo en una calle a la que nunca vendría tu santa madre, llena de gente poco recomendable, cerca de una estación de metro en la que deambulan los vagabundos, donde algunos críos venden su cuerpo por una bolsa de pegamento, donde la gente parece llevar el invierno clavado en los ojos, con la mirada retraída y temblando aún en pleno agosto, y donde la pasma reparte leches a quien se le antoja, a veces para limpiar el barrio, dicen, a veces para sacar tajada de todos los trapicheos. Yo me mantengo a la distancia adecuada, no quiero que me jodan. Observo y me aparto, como cuando esperaba al lobo y encontraba el mejor momento para descerrajarle un tiro y dejarlo seco. Sí, creo que cualquier día me cargaré a uno de estos cabrones, el otro día se llevaron a dos críos y no les hemos vuelto a ver el pelo por el barrio. No, tu madre no vendría por aquí, seguro, debe estar muy contenta con tu marido, un buen partido, claro, un tipo sensato.
En fin, dale recuerdos, no, a tu madre tampoco, a tu culo, Irina, a tu perfecto culo, lo único que de veras me jode no tener cerca de vez en cuando por aquí, cuando pasa el día y me duermo solo, en mi jaula de paredes desconchadas y sobre un colchón al que le faltan muelles, pero apartado, en mi lobera, lejos de toda la chusma del barrio, de la cara de polla del georgiano, de las fulanas que me sacan cuatro rublos cuando pueden, de tener al día mis asuntos, de andar a todas horas a cara de perro para demostrarle a los demás que mis dientes son más chungos, de lamerme las cicatrices y que me sepa la boca a ceniza, del río de asfalto y de los troncos a la deriva, de todas esas bandadas de gente y todas esas calles de mierda en las que nunca me encuentro con tu jersey blanco ni tu voz delgada. Hago lo que puedo para no necesitarte, para domesticar esto, para hacerme un día dueño y señor de mi soledad y darle con fuerza a la mesa con este vaso, desde mi propia colina, sobre los meandros de un mundo idiota en el que ya no estás tú.

Sasha


13 comentarios:

goroka dijo...

Me encanta esta desgarradora y transgresora manera de escribir, con un transfondo tan apasionado como es el amor o desamor según se mire, me ha recordado a henry miller( no sé si está bien escrito) aunque me sobran algunas pequeñas partes con tinte misógino.
Mi opinión es que sigue perdidamente enamorado de ella aunque sé que es bastante discutible.Reconozco que tienes buen gusto, y como diría nimril, capacidad de sorprender!!Te sigo leyendo, un beso transgresor igualmente.Ciao!

Recaredo Veredas dijo...

Hola Sergi. Buen relato epistolar. Consigues que sintamos el frío. Saludos.

en tierra de nadie dijo...

Querido Sergi:

Ayer imprimí este relato. Lo he leido con atención y deleite. Y llevo todo el día pensando qué escribir en este espacio. Decir, por ejemplo, "me ha gustado" sería demasiado simple. Algo así como "¡me encanta!" sonaría tal vez a un entusiasmo algo forzado. "Genial, tío" sería excesivamente coloquial. "Osti, tú" caería en lo vulgar. "Eres un crack" es tópico y poco original.

En fin, seguiré pensando a ver si se me ocurre algo más atinado para expresar las sensaciones que me ha provocado el texto...

bss

ETDN

pd.- Una duda: ¿se te ha colado ese "andara" o es una falta intencionada? Me extraña en ti.

Sergi Bellver dijo...

Me alegra que te guste, Goroka, si algún día le llego a la suela de los zapatos (literariamente) a Henry Miller o Céline, reviento de gusto. No es misoginia, es armadura (del personaje, aclaro). Y tu opinión esta vez es acertada, era la idea: hablar del amor que no se extingue aunque se pretenda, y tratar de hacerlo sin tópicos.

*

Saludos, Recaredo. El otro día el polvo, hoy el frío... la próxima prometo sensaciones más agradables.

Un abrazo. Para mí esta bitácora sube puntitos si la visitan lectores como tú.

*

¡Anda, los donuts!

Pues me has pillado, estimada ETDN... Así que lo primero GRACIAS por la corrección, así salimos todos ganando (nota explicativa de la RAE al final). Supongo que me ha pasado porque escribí esa carta-relato deprisa, sin corregir mucho, pero sobre todo, puesto en el papel de ese personaje tosco, rudo y rabioso... que no sé si diría o emplearía la versión culta, "anduviera", en ese momento... Lo dejo así y asumo mi error.

Aparte... a veces la mejor reacción si algo nos gusta es el silencio, bien lo sabían, precisamente, los escritores rusos...

Así que halagado quedo.

Un besazo, va la nota:


Del DICCIONARIO PANHISPÁNICO DE DUDAS - Primera edición (octubre 2005):

andar. ‘Moverse, normalmente caminando’. Verbo irregular: v. conjugación modelo. Las formas con la raíz irregular anduv- del pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo (anduve, anduviste, etc.), pretérito imperfecto o pretérito de subjuntivo (anduviera o anduviese, anduvieras o anduvieses, etc.) y futuro de subjuntivo (anduviere, anduvieres, etc.) son las únicas admitidas hoy en la norma culta. Así pues, no se consideran correctas las formas de estos tiempos con la raíz regular and-: andé, andaste, andara o andase, andaras o andases, etc.

marina dijo...

Mientras leía la carta mis sentimientos hacia el personaje iban cambiando y al mismo tiempo intentaba comprender su actitud que a veces no me gustaba...
En fin que des del principio me he metido en su cabeza y aún sigo allí intentando clarificar un poco su psicología...e imaginar lo que no está escrito.

El frío sucio en el cual vive y el recuerdo en blanco...mmm... me encanta como lo describes.
Una abraçada, Sergi!

goroka dijo...

T'enllaço,un petó!

Olvido dijo...

Querido Sasha,
Yo también me las apaño bastante bien sin ti. No envidio tu rincón sucio y frío, tu colina que debería ser blanca y que sin embargo has vuelto gris. Tengo la sensación que la escarcha del cristal está en la suciedad de tus ojos. Sasha fueron bonitos los lejanos días en la dacha, el frío no podía con nosotros, siento verte vencido por el frío de Moscú, arropándote en él en lugar de abrigarte y caminar.
Mira, escucha, te lo diré con esa voz que recuerdas: mi culo sigue apretado y cálido tras la crianza de los niños, lo siento por ti. La diferencia es que yo si recuerdo tu olor y de vez en cuando sonrío cuando te pienso, una parte de mi vida que no quiero olvidar.
Ya veo que te haces respetar, los golpes son efectivos en tu vida, pareces necesitarlos. No, no me molesta lo de Olga querido, creo que en el fondo mis silencios te volvían loco. Mi marido también habla bastante, no cuando follamos, pero me hace reir, como tu lo hacías.
Me alegra que te desenvuelvas bien por el hielo de la ciudad, pero yo te aconsejaría volver al páramo, guardar silencio y abrigarte con un buen jersey de lana, encontrar unas manos cariñosas que te quitaran toda esa costra que te ha salido para que tu piel pudiera respirar.
Yo no siento frío Sasha, llevo un jersey blanco de angora que yo misma me he hecho estos años para resguardarme del invierno. De tu invierno.

Irina

Sergi Bellver dijo...

Llegar al sentimiento desde la negación, a la belleza desde la fealdad, no se si me ha salido, pero lo he intentado, querida Marina.

Abraçada.

*

Gracias, Goroka.

*

Primero, Olvido, agradecerte de todo corazón el detallazo y el maravilloso juego. En otro momento me hubiera encantado seguir con la correspondencia, recoger el guante, jugar a escribir una historia pero hoy no soy un escritor, sólo un pájaro de ceniza o una colina sin árboles sobre un río demasiado conocido. Hoy apenas soy.

Anoche Irina fue a Moscú y se vieron, y acaban de despedirse en la gran estación. Irina vuelve a casa, lejos, muy lejos. Y hoy a Sasha le sabe la boca a Irina, hasta la médula de sus huesos llega ahora ese sabor antiguo, ese reconocimiento en el otro, ese hogar encontrado y tan pronto perdido. Y lo que le jode a Sasha es que sabe (siempre lo supo, pero desde anoche lo sabe) que siempre la amó, que hubo unas cuantas Olgas y hasta algún simulacro de Irina, pero todo fue en vano, siempre la amó a ella, y la ama con cada célula de su cuerpo, se ha instalado en sus entrañas y ya no saldrá de ahí, ni con la rabia ni por el camino del exceso... ni en la destrucción o el placer mundano, ni con un millón de Olgas cabe ya el olvido. Pero Irina Alexandreva tiene otra vida montada, y está lejos, y desde el fondo de su rabia y su impotencia, Sasha sabe que Irina será más feliz así. Que ese marido y esa vida le darán su lugar en el mundo, y no un extravío constante al lado de un cazador de lobos, de un lobo mismo siempre a la fuga. Y de algún modo extraño, en algún rincón de todo ese torrente desbaratado, como en esos arrebatos fugaces de lucidez de un loco, se da cuenta de que amarla de veras (dando la vida, que es la única manera de amar que tiene y sabe, la única que le parece cierta y en su idioma) tal vez suponga renunciar a ella... Y le jode amarla, sí, pero más le jode un mundo idiota sin sus silencios ni su jersey blanco, un mundo en el que cada mañana despierta Irina y amanece la vida con ella, pero el sol es para otro.

Por eso la escarcha en la mirada, por eso la costra en una ventana, cerrada desde dentro.

Lo dejo ya, parece que hay un velo blanquecino en esta misma pantalla.

goroka dijo...

Velo blanquecino? lo que hay es una continuidad que me ha calado los huesos hasta el mismo tuétano,buf,si te digo que esta manera de escribir que tienes , este estilo literario me estremece, no te lo tomes a mal.Impresionante disertación de la realidad de ambos,los personajes claro.Un beso estremecedor como la aclaratoria!

marina dijo...

Decías que lo habías intentado, que no sabías si te había salido... Sergi...yo creo que sí.. :-)
Me gusta Sasha, su parte psicológica quiero decir. Me recuerda a aquellos alumnos que te miran de reojo, gruñendo, incluso regalan alguna patada...y que en realidad sabes que están pidiendo a gritos silenciados un abrazo inmenso.
En fin... que "espero amb candaletes" otro matasellos desde Rúsia..o de donde sea...
Un petonàs al nas*!

en tierra de nadie dijo...

Sasha e Irina. (Mosc�)

John y Mary. (Londres)

Hu y Xiuxiu. (Pekin)

Kenji y Naoko. (Tokio)

Pierre y Claudine. (Paris)

Ahmed y Fatima. (Casablanca)

Klaus y Brunilda. (Berlin)

Eduardo y Abigail. (Lima)

Kevin y Samantha. (Nueva York)

Giuseppe y Margheritta. (Roma)

Jordi y Merc�. (Barcelona)

Asier y Edurne. (Bilbao)

Anxo y Uxia. (Lugo)

Jose y Ana. (Madrid)

Adan y Eva...

�No ser� que esta historia se repite en todo el mundo?

Bss; fabuloso el juego.

ETDN

Sergi Bellver dijo...

¿Cómo tomármelo a mal, Goroka? Lo peor que puede provocar un texto es indiferencia, así que te agradezco la reacción.

*

En el fondo a Sasha le gustaría despertar cada mañana sin otro blanco en la mirada que el de las sábanas de Irina, en el fondo es uno de esos alumnos enrabietados y perdidos, amiga Marina.

*

Antes me creía aquello que dice Tolstoi, Dostoievski o Chéjov, o los tres, ya no me acuerdo, estoy bajo los efectos de las drogas hoy, no me aclaro, disculpa ETDN, pero antes me creía aquello de que "todas las familias felices los son de igual manera, todos los seres desgraciados lo son en formas distintas". Bueno, cito de memoria, pero era algo así.

Pues bien, creo que hay maneras de reinventar el mundo y el amor. Lo que pasa es que duelen, y cuestan, como cualquier primer paso en tierra extraña.

Ahora pienso que el deseo egocéntrico, la voluntad de posesión y la conveniencia, todas esas pautas y patrones psicológicos se parecen mucho y se repiten, desde Macao a San Francisco (no olviemos a Gary-Michael o Ann Ling-Claudia).

Y sin embargo, viniendo de la misma fuente, cada amor es distinto e irrepetible. Algunos hasta extremos inconcebibles.

Un abrazo, ETDN.

*

A tod@s:

Nueva carta escrita anoche, acelerada y encendida (por lo tanto imperfecta, pero la pienso publicar igual, con sus fallos, que esto es una bitácora, no un libro), así que corta y pega en 3... 2... 1...

Andrés Gustavo Fernández dijo...

Buenos textos y buena pinta la de tu blog, Sergi.
Abrazo desde Argentina.
Andrés.