Bitácora de Sergi Bellver: noviembre 2007

13/11/07

La impotencia del abecedario.

XXVII


A usted le doy una flor,
si me permite,
un gato y un micrófono,
un destornillador totalmente en desuso,
una ventana alegre.
Agítelos.
Haga un poema
o cualquier otra cosa.
Léasela al vecino.
Arrójela feliz al sumidero.
Y buenos días,
no vuelva nunca más, salude
a cuantos aún recuerden
que nos vamos pudriendo de impotencia.


José Ángel Valente
Obra poética 1. Punto cero (1953-1976).
Alianza Editorial, 1999.



(


AGUA (fragmento)

*

Surcas el surco que deja el agua
animal
que encuentra un charco
el año de sequía

*

Abajo del todo
el gran iceberg

Arriba
sólo su punta

Y aun así
estremece

*

Tanto soñar con la otra orilla
tanta cosa absurda
tanta palabra
para al final descubrir
que debajo del río
hay otro río. Éste
imposible de cruzar.



)


Julio Espinosa Guerra
NN, pág. 53-54.
Gens ediciones, 2007.



Este viernes 16 de noviembre, a las 19:30 horas, se presenta en Madrid el poemario NN, de Julio Espinosa Guerra, libro con el que Gens ediciones inaugura su colección de poesía Caja Alta. El poeta José Luís Gallero hará los honores en la Casa del Libro de la calle Fuencarral, 119 (metro Bilbao), donde también podréis encontrar en pleno a los editores ―incluido el que suscribe― para cualquier demanda, querella o proposición indecente. Para la entrega de poemarios y otros artefactos, remitimos al apartado de recepción de manuscritos en la página de la editorial. Os esperamos el viernes, a los que estéis por la villa, en general, y en especial a los que aún os quede una fibra sensible ―que no sentimentalista― ante la verdadera poesía, la que transfigura, potencia, constata, pero sobre todo, la que propone. «Un libro difícil», han dicho de NN, y debe serlo ―desde luego, el autor se ha tomado un trabajo inaudito para que ahora suene tan limpio y lacerante, no es casualidad―, si el ejercicio mismo de vivir es una manera de vadear el torrente de la realidad, si escribir es una rebeldía consciente de su impotencia y sin embargo, si el arte es un intento inútil, pero imprescindible, por descifrar la belleza entre todo lo putrescible.

Para voyeurs y demás hurones, en la bitácora de Fernando Sarría aparecen fotografías e indicios de la presentación de NN el pasado viernes 9 de noviembre en la librería Los Portadores de Sueños de Zaragoza.

10/11/07

Convocatoria del I Premio de Relato mínimo Diomedea.

GENTE QUE VIENE A NUESTRO ENCUENTRO

Cuando alguien sale a pasear por la noche, y un hombre, ya visible desde lejos ―pues la calle se empina ante nosotros y hay luna llena―, viene a nuestro encuentro, no lo agarraremos violentamente, aunque sea débil y desarrapado, ni siquiera en el caso de que alguien corra detrás de él y grite, sino que lo dejaremos pasar de largo.
Pues es de noche, y no podemos evitar que la calle se empine ante nosotros y hay luna llena; además, tal vez esos dos han organizado la persecución para divertirse, o a lo mejor persiguen los dos a un tercero, tal vez persiguen al primero, que es inocente, tal vez el segundo lo asesinará y seríamos cómplices del crimen. A lo mejor no saben nada el uno del otro, y cada uno corre hacia su cama, a lo mejor son sonámbulos, quizás el primero lleva un arma.
Y, finalmente, ¿no podemos estar cansados, no hemos bebido mucho vino? Nos alegramos de que ya tampoco veamos al segundo.

Cuentos completos, Franz Kafka (Valdemar, 2003).
Traducción: © José Rafael Hernández Arias.




Convocatoria cerrada. Consulta el Fallo del jurado.


Bases del I Premio de Relato mínimo Diomedea:

1. Queda abierta la convocatoria para el I Premio de Relato mínimo Diomedea, al que pueden optar todos aquellos relatos que presenten autores o autoras de cualquier país. Cada autor o autora podrá presentar hasta un máximo de tres relatos a concurso por cada convocatoria[1].

2. Los relatos deberán ser originales, inéditos[2] y en castellano, y no estarán sujetos a ningún compromiso de publicación ―tradicional o virtual― o de derechos con terceros. Cualquier responsabilidad derivada del incumplimiento de este punto recaerá exclusivamente sobre el autor o autora del relato.

3. La extensión de los trabajos no superará las doscientas palabras, o los mil caracteres ―excluyendo espacios―, ni será inferior a cien palabras, o quinientos caracteres. El nombre del autor o autora y el título (en ningún caso superior a cuarenta caracteres) del relato no se incluyen en ese cómputo[3].

4. Los relatos sólo podrán presentarse a concurso a través de un mensaje a esta dirección de correo-e[4], escribiendo siempre en el asunto del mensaje: «Para el I Premio de Relato mínimo Diomedea». El título y el texto del relato podrán ir en el cuerpo del mensaje ―debidamente indicados― o como archivo adjunto de Word ―recomendado―. En el cuerpo del mensaje deberá constar el nombre y apellido real del autor o autora y la localidad en la que reside. Bajo ningún concepto se hará pública su dirección de correo-e. Si el autor o autora presenta más de un relato a concurso, deberá enviar un mensaje de correo-e distinto por cada trabajo ―hasta un máximo de tres por convocatoria―.

5. El plazo para la recepción de relatos expirará a las 14:00 horas[5] (en zona GMT +1:00) del próximo lunes 10 de diciembre de 2007. Todos los relatos que lleguen a la dirección facilitada pasado ese plazo pasarán de manera automática a participar en el II Premio de Relato mínimo Diomedea.

6. El jurado estará asesorado por escritores de prestigio y profesores de diversos talleres de escritura creativa, y su fallo ―inapelable― se dará a conocer a las 14.00 horas (en zona GMT +1:00) del viernes 14 de diciembre de 2007, mediante una entrada en esta misma bitácora, en la que aparecerá publicado el relato ganador, el nombre de su autor o autora, la localidad y el país en la que resida, junto con un enlace a su página web o bitácora, si dispone de ella. También aparecerán publicados, en los mismos términos, los dos relatos finalistas. En ningún caso se hará pública ninguna dirección de correo-e.

7. El premio para el autor o autora del relato ganador consistirá en un lote de dos libros de relatos: Mujer con perro sobre fondo blanco, de Alfonso Fernández Burgos, y la antología Parábola de los talentos, publicados por Gens ediciones (Madrid). El método de envío o recogida del premio se convendrá con el autor o autora[6].

8. Si el ganador o ganadora dispone de página web o bitácora, hará constar en ella su galardón, en una entrada o con un banner ―que le será facilitado por el administrador―, pero siempre con un enlace a la entrada de esta bitácora en la que se haya publicado su relato, y en el que figure el texto: «I Premio de Relato mínimo Diomedea».

9. Al final de la primera temporada, una vez fallado el XII Premio de Relato mínimo Diomedea ―diciembre de 2008―, se considerará la posibilidad de publicación de los doce relatos ganadores y una selección de los veinticuatro finalistas, en una antología editada y supervisada por un sello editorial[7].

10. La participación en este concurso supone la plena aceptación de sus bases.

[1] Cada mes habrá una nueva convocatoria, y los autores o autoras de los relatos no premiados ni finalistas deberán enviar de nuevo sus trabajos si desean concursar en las siguientes. Por razones obvias, no obstante, se recomienda participar con obras nuevas en cada convocatoria.
[2] Se entiende como inédito en este caso todo texto que no haya sido publicado por vía tradicional en soporte físico. Sí podrán participar en este concurso aquellos trabajos que se hayan publicado en la red, como entrada de una bitácora personal, por ejemplo, siempre y cuando no hayan sido galardonados en cualquier tipo de certamen ―incluídos los virtuales―, ni estén comprometidos sus derechos de publicación o reproducción ―de cualquier índole― con terceros.
[3] Para realizar este cálculo, resulta de gran utilidad la herramienta para contar palabras del procesador de texto, que permite conocer el número exacto de palabras y caracteres sin espacios. El texto seleccionado de Kafka, por ejemplo, tiene 167 palabras y 744 caracteres, sin espacios.
[4] No entrarán a concurso relatos colgados en los comentarios de esta bitácora. Sólo se aceptarán trabajos enviados por correo-e. El administrador no mantendrá ningún diálogo con los autores o autoras acerca de sus trabajos o de las deliberaciones del jurado.
[5] Los autores o autoras que envíen sus relatos desde otras zonas deberán tener en cuenta la diferencia horaria para poder entrar a tiempo en la convocatoria. En las Islas Canarias, por ejemplo, el plazo expiraría a las 13:00 horas del lunes día 10 de diciembre de 2007.
[6] El administrador correrá con los gastos de envío por correo ordinario en territorio de la Unión Europea. Para otros territorios y envíos especiales, como certificados y urgentes, el destinatario asumirá parte del cargo.
[7] Este punto no es vinculante. Se presentará el proyecto a una editorial y se tomará la decisión de hacer una edición venal o no venal de la antología según las circunstancias.



II Premio de Relato mínimo Diomedea
Nueva convocatoria en curso. Consulta las bases.

8/11/07

Presentaciones.

De la página de Gens ediciones, para los maños, toledanos y transeúntes interesados. El que suscribe estará presente, en calidad de editor, en el evento de Zaragoza:

El próximo viernes 9 de noviembre se presenta en Zaragoza el poemario NN, de Julio Espinosa Guerra, libro con el que inauguramos nuestra colección de poesía Caja Alta. El acto tendrá lugar en la librería Portadores de sueños, en el número 4 de la calle Blancas, a las 20:30 horas, y contará con la participación del colectivo La caja nocturna.




El mismo día 9, y a las 20 horas, en la Biblioteca Municipal José Hierro de Talavera de la Reina, en la Avenida de Toledo, 37, el periodista Agustín Yanel y Benito Díaz, profesor de Historia de la UCLM, presentarán la novela El corazón de las estatuas, de Magdalena Tirado, número 9 de nuestra colección Guermantes de narrativa.

2/11/07

Día de difuntos.

Día de difuntos.


«Mañana podré decir, por fin, que soy sólo un hombre que escribe, un hombre hueco que escribe en un papel en blanco, sobre una mesa vacía, desperezado por el aire limpio y frío que entra por la ventana, un hombre vacío y en blanco que se reescribe a sí mismo.»
El libro de los náufragos, Diederik Schönblick



ENGO QUE MATARLA. La agonía dura ya demasiado y, la verdad, me irrita. Me saca de quicio que todavía se convulsione, que incordie a todas horas con sus lamentos, que me agarre la manga del jersey y me dé la murga con lo de siempre, cada vez que me acerco a su cama para ver si la ha palmado ya de una vez. No la soporto. Es una bestia egoísta e insufrible que lo quiere todo, y no es capaz de apagarse en silencio, no, ha de revolver toda la casa con sus voces, sus demandas y su soniquete plañidero. Con lo sencillo que sería dejarse ir, como cualquier animal moribundo que busca un rincón tranquilo y sombrío en el bosque, y se tiende sobre los helechos, para hundirse en ese dulce sopor de la muerte callada.
He de matarla cuanto antes, o me voy a volver loco. Necesito recuperar el silencio, la sencillez de la palabra justa, una columna de aire limpio sobre la mesa vacía, mi papel en blanco, mi santísimo papel en blanco, libre de borrones y anotaciones ajenas. He de matarla pronto o se tragará para siempre mi propia voz, esa que siempre se apaga bajo la cháchara atolondrada de la bestia. Para ella es muy fácil salir a la ventana y asustar a la gente dando voces, y volcar todo su delirio aberrante para llamar la atención, y llenar cada espacio de una niebla tan espesa que parece cemento líquido, una pasta gris que todo lo confunde y lo engulle. Sí, muy fácil derramar todo ese engrudo inútil sobre el mundo, y quejarse luego de que no se distinguen las cosas, de que le sangra la boca cada vez que se revienta la cara contra un obstáculo. Así no hay manera, cómo quiere llegar a ninguna parte ni que le escuchen, si todos y cada uno de sus artefactos se hunden en arenas movedizas, si la gente ya tiene bastante con tratar de hacer pie y que no le llene los pulmones esa pasta gris con la que los envuelve.
Resulta patético, cuando a veces el engrudo ha alcanzado ya la cota de la ventana, y la quimera da una zancada y sale, y trata de avanzar con unas brazadas convulsas, como una polilla en la tela de araña. Pero no se deja embalsamar en un capullo de seda, que es lo que hacen al final todos los insectos cuando llega el momento, no, ella se agita y berrea, zumba, la maldita, hasta rasgar los hilos y hacerle un siete a todo el trabajo de la inocente araña, que no se mete con nadie, que espera en su escondite y no toma más de lo que el azar y el viento le envían. Luego la bestia se zafa, desaparece de la escena dejando atrás el estropicio causado y regresa a mi mundo, no sé cómo, pero el caso es que siempre lo hace, y aquí la tengo, todo el santo día como un estruendo de martillo mecánico que se filtra por las paredes, que sacude la juntura de las tablas y mi cordura, que hace vibrar el polvo sobre los muebles. Ahí arriba, en su cuarto, se ha montado su guarida, llena de cachivaches y telones de mal gusto, quincalla recogida de las calles, fotografías robadas a los ahogados de la niebla viscosa. Con una barcaza que varó en su ventana un lunes, en una de tantas inundaciones, se hizo un altar para sí misma, rodeado de ofrendas forzadas e iconos de todo a cien. Su madriguera es una cripta en la que el ambiente se hace irrespirable, infestado por el humo de la soberbia, los hábitos sin orear, el hedor de la cera vieja, y de esas mechas que arden tan mal, embotadas aún en la saliva gris del cemento. Hay unos cuantos cirios de pie que rodean la cama, y también del techo –desconchado, del que llueve una caspa de yeso a cada grito– cuelga un lamparón de araña, y sus patas de bronce sostienen en cada extremo unos gruesos velones, que, igual que los cirios, llevan inscripciones absurdas en rojo lacre sobre sus troncos, que se deshacen en goterones baldíos, como el semen de un ahorcado.
Tengo que matarla de una vez, no tiene ningún derecho a joderme la vida con su mala manera de morirse. Bastante he aguantado ya sus memeces, sus aspavientos y sus desmanes. Siempre justificando cada vidrio roto por las ganas de mirar, siempre disculpando cada papel mojado por sus ganas de decir, por esa baba idiota que le cuelga de la vanidad, como a una becerra que boquea en el matadero, atascada en un corredor que le aparta del camino del verdugo. Pero aquí está la bestia gris, la veo venir desde hace mucho, no importa que se revuelva y cocee las paredes, ya va siendo hora de que me devuelva el silencio robado, de hundir el hierro en su testuz, para que se desplome por fin y me deje hacer las cosas a mi manera. Es el momento de acabar, hoy es el día perfecto, de modo que he de matarla ya, y enterrar pronto –antes de que le apesten las entrañas, abotargadas– el cadáver de esta bestia en cualquier rincón del bosque. Un buen día crecerán nuevos brotes y no quedará ni rastro, bajo la sombra delgada de los árboles. Hoy es un gran día, ha llegado la hora, voy a matar a esta bitácora.