Bitácora de Sergi Bellver: abril 2007

23/4/07

Mi Día del Libro.

"Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido.
En el pensamiento y en el arte son abominables."

Ernesto Sábato


Dicen que la casualidad es el señuelo con el que la vida nos escatima alguna insondable verdad. Como si el azar fuese un extraño idioma con el que el destino nos susurra secretos que no somos capaces de traducir. Lo cierto es que no tengo ni idea, prefiero explorar el territorio virgen de la incertidumbre que instalarme en cualquier certeza con fecha de caducidad. De modo que, a pesar de que ésta es sólo una más de la increíble cadena de coincidencias que se han sucedido en mi vida en los últimos días, no tengo más remedio que tomarme el día de hoy como un augurio inmejorable.
Con su inevitable traza de mercadillo vulgar, de templo casi profanado, levantado a base de pilastras de libros de toda clase, recetarios de cocina de algún famoso, manuales de papiroflexia, panegíricos y biografías de prebostes y fulanas, novelones rancios, saldos, flecos, y cabareteras con mostacho firmando mamotretos, con todo eso, y a pesar de todo eso, hoy es un hermoso día. Hoy recuerdo –e imagino- esa Barcelona vestida de fiesta, en el día en que, como todos los años, parece haberse instalado un efímero gobierno de la poesía sobre las gentes y las cosas, y todo el mundo pasea con una rosa y un libro, como si salieran a la calle tiritando de primavera, con un cuchillo verde en la boca, llevados de la mano por un candor casi adolescente. Hoy respiro –y me inspira- el hálito fresco del jardín botánico, resbalando cuesta abajo, en el regreso de los libreros a la madrileña calle Moyano.

Hoy no hay sitio para otra cosa: es un día hermoso.

Tal vez, el día más importante de mi vida hasta hoy, si soy capaz de salir un poco de mí mismo y abarcar esa vida desde una distancia mayor, con un prisma casi trascendente. No viene a cuento ahora desgranar los detalles, las circunstancias, y mucho menos los nombres propios, que tiempo habrá para todo ello, y tiempo quiero dejaros para que disfrutéis de la ciudad, de vuestra ciudad, donde quiera que estéis. Así que lo diré sin rodeos: hoy, lunes, 23 de abril de 2007, he comenzado a trabajar en una editorial. Se trata de una editorial independiente, y por una vez, esta palabra cobra sentido, porque no hay ningún tutor al que rendir cuentas, ni crece a la sombra de ningún emporio, sino que apuesta decididamente por la literatura, cargada de fe, honestidad y deseo. Y eso lo hace todo aún más bello, porque una cosa es entrar en la plantilla de cualquier gran empresa, en la que sólo existen los balances de pagos y el libro es un producto, y otra muy distinta implicarse en un proyecto que, aparte de buscar su legítima viabilidad, contagia la pasión por la verdadera literatura, lejos de las modas y el oportunismo. Y lo que es aún mejor, que requiere un esfuerzo y una dedicación total, ya que en este lugar voy a tener que aprender absolutamente todos los pasos que llevan una obra desde la recepción de un manuscrito a las manos del lector, convertido en libro. Y como quiera que amo ese objeto, desde todos los puntos de vista, me emociona la posibilidad de participar en cada detalle de su creación.
Imagino que sólo habrá un día tan importante como este en un futuro, por el que no tengo ninguna prisa, porque prefiero llegar más sabio y más fuerte, sin la torpeza del principiante, pero con la ilusión intacta: el de la publicación de mi primera obra.

Sólo me queda desearos un feliz, y sobre todo, feraz Día del Libro a todos, que os cunda la cosecha, y agradeceros el apoyo, el afecto y los capones a todos los que de alguna manera seguís el vuelo del albatros. Y a los que habéis enviado esas toneladas de buenas vibraciones para que todo esto llegara a buen puerto.

A los que residís en Madrid os emplazo, para terminar, a tres citas para esta tarde, tres sugerencias más en esa inabarcable Noche de los libros que hoy tendrá lugar en la ciudad. Aprovechando que están bastante cerca unas de otras, voy a intentar estar en dos o tres "saraos", para encajar algunos abrazos y presentarme a ciertas personas. Os dejo los datos:

• Varios autores de Parábola de los talentos (Gens ediciones) participarán en la jornada de puertas abiertas de la Escuela de Escritores, a las 19h. Ver más información aquí.

• Mesa redonda sobre la tensión entre literatura y mercado, en la que intervendrá otro autor de Parábola de los talentos. Tendrá lugar a las 20h. en el Aula Magna del Instituto Europeo de Design (IED), situado en el Palacio de Altamira, en el número ocho de la calle Flor Alta.

• Jornada de puertas abiertas, talleres demostrativos, y multitud de actividades en Fuentetaja.

8/4/07

Lo mejor de todo.

"Aunque los libros me lo dieron todo,
y comparecieron en ellos el mundo y lo invisible,
la vida fue siempre más grande que la literatura."

Diederik Schönblick


[*] Baja, que hay postre después del vídeo.

No me dejéis huerfanitas las palabras de la anterior entrada, "memes" aparte, sed buenos, ahora que vais retomando las posiciones de siempre en vuestras rutinas. Hay muchas cosas ahí que son importantes para mí, y no pude evitar volcarlas todas en el mismo arrebato. Voy a tardar un poco en publicar otras entradas, en poner un poco al día esta casa, y estar al tanto de vuestras andanzas, de hecho tenía pensado dejarlo todo como estaba por unos cuantos días. Tengo mucho que hacer, algunas sendas que desbrozar a machete y pluma, otras urgencias prosaicas que solventar y poco tiempo para todo, pero es que este impulso requiere ceñirse a la fecha de hoy.

De entre toda la paja, todo lo prescindible y todos los errores, no sé qué es lo más útil, lo más bello, lo más lúcido o lo más valioso de todo lo que he hecho en casi tres años de Alas de Albatros (falta poco más de un mes para cumplirlos). Pero estoy absolutamente seguro de qué es lo mejor que me ha dado (y me dará) esta aventura, más allá de lo aprehendido y de lo previsto: un puñado de amigos, de los ciertos, de los que permanecen, de los que reconfortan al nómada, hombro con hombro, o aun en la distancia. Hoy quiero homenajearlos a todos (bien saben quiénes son los que cuentan con mi afecto inquebrantable) a través de uno muy querido, y de paso desnudarme un poquito más, supongo, poniéndole mirada y acento al albatros. Y aunque sea con una nueva "versión del director" de una vieja película, me reafirmo en ella, puesto que aún se da la misma espera y la misma corriente fraterna.

Feliz cumpleaños, querido Fénix, allá donde estés. Que sepas que se te extraña y que aún prenden en muchos los rescoldos de tus hogueras.



[*] Postre del menú, a 12 de abril:

Como dije arriba, voy a concentrarme durante un tiempo en esos otros textos, esas ficciones en las que ahora vuelco mi esfuerzo. La dichosa novela me está saliendo respondona, una hija rebelde, a la que quiero incondicionalmente, claro, pero tarda tanto en madurar que ya me está cayendo gorda. Creo que voy a mandarla por un tiempo a un internado para que me deje retozar en paz con mis nuevas amantes: las poéticas del cuento. Así que ahora también desdoblo mi deseo literario en varios relatos, de toda índole: delirantes, cilíndricos, afilados, cenagosos, espartanos (por lo irreductible, aunque se acicalen como persas) y, sobre todo, transidos de algunas influencias que espero, que ansío, que suplico merecer. Tangencialmente, sigo preparando unas cuantas reseñas o, prefiero decirlo así, impresiones, que me han dejado los últimos libros que he leído (cuentos, novelas, ensayos -la poesía se ha despeñado por los acantilados del verso, cualquier día bajaré al rompiente a rescatarla-), y también algunos proyectos o eventos que se han cruzado en mi camino, como el breve pero fructífero encuentro de ayer con Belén Gopegui en La Casa Encendida.
Insisto en esto para tratar de explicarme, y es que a pesar de la vocación literaria de esta bitácora (desde que comenzó su tercera temporada, porque antes no sé lo que era...), creo que me he tomado alguna que otra licencia en varias entradas. Algún que otro desliz, tal vez fuera de lugar, pensaba, pero ahora comprendo el motivo: como le dejo toda la ficción a esos otros textos, todo lo que rebosa de esos vasos comunicantes, cualquier cosa de la vida o la literatura -no es que separe, sólo anoto- que me subleve o me conmueva y no quepa en esos trabajos (me incomodan las novelas-vertedero que justifican cualquier digresión gratuita, cualquier intromisión del autor que no puede evitar relamerse el ego y subirse a la grupa del narrador), acaba llegando aquí, y se derrama en estas alas. Por eso, y sólo por eso, los desmanes y de vez en cuando lo personal. Y por suerte, no todo, porque, en el ámbito privado, últimamente sólo escribo cartas de hastío y desengaño, heridas y ausencias por las que respira aquello en lo que se ha convertido mi deseo vital: una presa a punto de reventar. Y, francamente, aburrir al otro (lo siento por los voyeurs) con cuitas materiales, existenciales y, con mayor dolo, amorosas, es siempre una falta imperdonable. Pero que no canten victoria mis sufridores adversarios, seguiré estando al tanto, al acecho, más pendiente de vuestras páginas, en una palabra: presente. Tal vez sea un buen momento para que echéis la vista atrás, si os apetece, y leáis algunas entradas que tal vez por falta de tiempo, tal vez por mi verborrea incurable, se os hicieron demasiado largas en su día. ¡Recordad mi invitación para añadir algún que otro fogonazo a "Me dicen que dije" y "De otros blogs"! Como testigo de mi merodeo por estos pagos, he dejado ese "post-it" ahí arriba, para iros dejando algún que otro recadito en la nevera.

Un fuerte abrazo para todos, los leales, los ocasionales y los recién llegados. Estas alas seguirán batiendo para todos.

4/4/07

De oficio.

Apuntes previos: un blues en dueto de saxo y bajo, una partida de cartas, un sesgo de cólera y paso de mano con pareja de ases.

• Esta tarde la ciudad se quedará un poco más sola, y yo con ella, mientras legiones en desbandada se van coagulando a lo largo de las venas de asfalto del país. Trombosis excéntrica en pos de las orillas. Y ahora que las calles y yo podremos vernos las caras sin maquillaje, sin el tumulto, a las bibliotecas y las casas encendidas no se les ocurre otra cosa que cerrar. De modo que, salvo imprevistos, el albatros hará vacaciones forzadas y mantendrá el pico sellado (a lo mejor por eso hoy deja ración doble). Aprovecharé para quedar con un par de amigos, de los viejos y de los nuevos, pero todos de esa estirpe de camaradas indispensables que se quedan a tocar con la banda mientras el Titanic hace aguas. Adelantaré trabajo, seguiré buscándole una carga de profundidad a los tres cuentos que voy armando al tiempo (Bolaño tenía razón). Leeré mucho. Quizá me masturbe, hace tiempo que ya no me divierte, hace mucho que ya sólo me excitan alucinaciones lamentables de amor y entrega, en fin, milagrerías tan improbables como la causalidad, la magia y otras chiquilladas. He vuelto a ser, justo ahora que la edad demanda cinismo, un estúpido adolescente que delira con el advenimiento de alguna musa a la altura de sus atroces pasiones, a salvo del tedio general. Tal vez uno de estos días madrugue para evitar procesiones y otras inercias, y me deslice por las aceras, brillantes y agotadas por el sudor de la lluvia, como quien hurga entre las sábanas para saborear la espalda de una prostituta dormida, cuando sus párpados guardan el secreto de su verdadero nombre y por la candidez despreocupada de sus labios vuelve a respirar una mujer. Así, más o menos, pasaré mi santa semana: tirando folios a la papelera, tirándome de cabeza a una alberca de papeles, o besando la nuca desprevenida de Madrid, la más amable de las putas.

• Antes de cumplir con lo pendiente, ese correo del que hablaba el otro día, un guiño para algunos amigos de esta bitácora: un meme literario. Este es arbitrario e inasible a más no poder, pero no me paro a pensarlo demasiado, simplemente me hace gracia y acepto el testigo. Me lo hace llegar el Sr.Curri, desde su exilio voluntario en las galias. Tal como se lo han transmitido, se supone que hay que abrir el libro que estemos leyendo por la página 139 y transcribir en nuestra bitácora las cinco primeras líneas del segundo párrafo. Luego hay que invitar a tres "blogueros" más a continuar el juego, que a su vez invitarán a otros tres... hasta que llenemos la "blogosfera" de retales que, en el mejor de los casos, quiero pensar, llevarán a algún lector a decidirse por una nueva lectura (desengañémonos, eso es lo más útil que podemos hacer con nuestras iniciativas, contagiarle algún buen libro a otros).
¿Por qué la 139 y no otra? ¿Por qué el segundo párrafo? Misterios, pero cuando te decides a jugar no te preguntas tanto por las reglas. A propósito, o sin venir a cuento, me da igual, pero me hastía esta proliferación interminable de críticos de pacotilla, en los medios, en los suplementos, en las bitácoras, tanto da. Detesto a los cascarrabias que hacen leña de cualquier astilla, a toda esa panda de usureros con gorro de astracán o toga de chupatintas, que sancionan esto y aquello pero nunca se deciden a aportar nada de cosecha propia. Y lo que es peor, cuando asoman tímidamente la patita, espoleados por algunos colegas, achispados por la ebriedad que da esa poltrona que algún tendero haya considerado otorgarles, es para mancharnos la vista con una escritura tosca, ramplona y gratuita, que no deja tras de sí más que el rastro embarrado de una pezuña amaestrada. Puedes encontrarte a individuos de esa calaña en cualquier ámbito, en las aulas, las fábricas, los comercios, en cualquier oficina, siempre hay algún miserable dispuesto a fastidiarnos el día y hostigarnos las costillas con los codazos de su pedante gravedad, pero, ay, camaradas, qué insufrible es la plaga de sapos avaros en este mundillo de las letras. Hoy en día SÍ hay libros y bitácoras que valen la pena, SÍ hay iniciativas desinteresadas y fecundas, personas que, con mayor o menor acierto, pero con toda la honestidad, se exponen, arriesgan, apuestan... pero esta otra gente se ha caído de la higuera y el golpe en la cabeza les ha hecho creerse sabios, cuando su único mérito, tal vez, es haber hincado los codos y papado tantos higos como les diera abasto el buche, lo que no significa en absoluto haber sabido apreciar el jugo de la vida en cada fruto. En fin, esas malas hierbas (bien sabéis que la higuera es un árbol parásito que asfixia al huésped) son para otro día, cuando venga a desbrozar nuestro jardín.
Ahora sigamos con la partida. Espero que se animen y no robarle demasiado tiempo a los anfitriones de las tres bitácoras a las que (I'm sorry, my friends) cedo el testigo de este divertimento: Callecitas estrechas, El blog de Enrique Ortiz y Frag-mentos. Como es mi costumbre, estoy leyendo dos libros al alimón, así que me tomo la libertad de hacer dos transcripciones. En el primer caso, el segundo párrafo no aparece hasta la página siguiente, no sé si eso será fuera de juego, pero como los jueces de línea, interpretaremos la jugada:

"De pequeño, cuando me preguntaban: "Y tú, guapo, ¿qué quieres ser cuando seas mayor?", contestaba: "Depravado". Y he dedicado todos los esfuerzos de mi vida a intentar conseguirlo. A mi generación (más bien tendríamos que llamarla degeneración: hemos sido una generación afortunadamente degenerada) le..."
Ochenta y seis cuentos, Quim Monzó.

"-No, muchas gracias. Para mí una mujer es sólo un mamífero inofensivo, o un camarada de diversión..., a veces.
Albinus soltó una carcajada.
-Bueno... pues ya que es usted tan franco al respecto, permítame que a mi vez le confiese algo. Esa actriz, Karenina..."
Risa en la oscuridad, Vladimir Nabokov.

Se diría que uno y otro se confabularon para recordarme el cinismo en el que deberían estar instaladas mis expectativas, o la ausencia de las mismas, pero la obstinación es uno de mis peores defectos. Prefiero la sed y la espera a hundir la cabeza en el agua estancada del conformismo. Así me va.

• Y ahora, por fin, lo prometido, lo que debería haber sido esta entrada:

De oficio.


"Una mujer es más bella que el mundo en que vivo".
Paul Éluard.


Deberían existir las musas de oficio, para la defensa de cualquier acusado de lirismo y otras perversiones que se declare insolvente. Debería uno poder enfrentarse a la noche sabiendo que en alguna parte, provista de material poético y ataviada con la preceptiva bata blanca para la intervención erótica, una musa de guardia vela las veinticinco horas del día.
Remito a la entrada anterior para que todo esto resulte mínimamente inteligible. Pero digamos de nuevo que estoy escribiendo muchas cosas a la vez, y que de repente me acordé de este correo electrónico, mientras preparaba un par de textos para retomar la sección Musas y trataba de responder a la pregunta de un amigo sobre el tema. El apartado de Maestros lo tengo muy abandonado, tal vez por estar leyendo a gente nueva, buscando, indagando, sondeando el presente. Como es de recibo, respetaré la privacidad de la remitente (espero que no le importe que haya utilizado su breve mensaje para dar sentido a mi desvarío). De nuevo he decidido dejarlo todo como estaba, con sus erratas, que tienen su gracia, ya que donde dice "semejan hacer", por ejemplo, quise escribir "se dejan hacer", pero, por una vez, el corrector del Word o el lapsus mejoraron la cosa.

Pasadlo bien. A la vuelta os quiero a todos en perfecto estado de revista.



Fecha:
De:
Asunto:
Para:
Mon, 26 Feb 2007 16:22:17 +01 00 (CET)
"Sergi Bellver" alasdealbatros@yahoo.es
RE: Musa
*****@hotmail.com



>From: ***** <*****@hotmail.com>
>To: alasdealbatros@yahoo.es
>Subject: Musa
>Date: Thu, 22 Feb 2007 11:22:17 +0100 (CET)
>
>Yo puedo ser tu musa venezolana, hace días leí
>que había quien pagaba por una novia virtual, pues,
>fíjate, no había pensado que también había nicho
>para musas virtuales...
>Vivo en Madrid donde ser musa resulta demodé, pero
>de vez en cuando entro en personake y lo sigo
>disfrutando como cuando el sol del caribe me
>quemaba los hombros.
>También estoy muy lejos del mar, por ahora,
>un abrazo, *****

>______________________________________________
>LLama Gratis a cualquier PC del Mundo.
>Llamadas a fijos y móviles desde 1 céntimo por minuto.
>http://es.voice.yahoo.com


Difícil tarea...

Ante todo, *****, agradecerte el impulso. Que haya gente capaz aún de ser fiel a su primer arranque y no lo ahogue en dudas, me reconforta. De vez en cuando sucede, y te encuentras con las mayores sorpresas en la bandeja de entrada, y de repente, por ejemplo, te escriben de parte de un señor mayor que quiere regalarte un ordenador porque sabe que te hace falta y no tienes recursos, y se ha enterado de que proyectas una novela y le gusta cómo escribes... sí, a veces (de esto ya hace un tiempo) la vida te zarandea y te dice que todo es posible. Así que gracias por la frescura de tu mensaje.

Pero lo de ser musa no es cualquier cosa, he de ser sincero contigo. Para empezar, no es nada frecuente decidirlo, quiero decir, que una musa no hace oposiciones, simplemente llega un bardo chiflado y la elige, y ni siquiera esto es del todo cierto, porque la elección es aparente. Digamos que todo sucede sin intervención de la voluntad. Las musas caminan por las aceras, suspiran cansancio en los vagones, sujetan la puerta del ascensor con el culo mientras desalojan las bolsas de la compra, o flotan entre los árboles del parque. Sin más. A menudo sin saber que lo son. Y de pronto se cruzan en el camino de un artista y el accidente es ya inevitable. Eso sí, hay musas que colaboran, que cobran conciencia de su condición, y escuchan, y semejan hacer. Y otras, a menudo, ignoran la llamarada y se la quitan de encima con cualquier gesto huraño. Es un misterio.

Yo nunca he elegido una musa, sólo me las he encontrado por el camino, y casi siempre de la manera más insospechada. A veces se produjo el entendimiento, hablamos el mismo idioma, y pude volcar mi inspiración ante sus pies. Otras muchas llovió sobre la piedra estéril de su indiferencia. Así son las cosas.

Dicho todo esto, con el ánimo de ser honesto contigo, agradezco tu sensibilidad por pensar siquiera que mis letras merecen la atención. En cuanto a la posibilidad que sugieres, te diré que una vez, hace cuatro años, encontré una musa de Puerto Ordaz, en tu país. Fue un fogonazo del que aún duran los destellos, aunque con el tiempo se haya convertido en una amistad leal, en una presencia constante en el afecto. Lo inaudito. Empieza uno por el tejado y acaba obviando esa fantasía para disfrutar de algo más real y humano, más necesario para el hombre mortal: una amiga.

Pero la pequeña chispa de lo inmortal que aún nos habita, y que supongo que en los artistas (¿lo soy? aún no estoy seguro) es una pavesa que jamás toca el suelo, que siempre gira y gira en el aire para que la persigas, sigue pidiendo el alimento no terrenal de una musa. Por eso contesto así, encendido y reflexivo a la vez, porque una musa, definitivamente, es algo bien caro de encontrar, una rareza maravillosa que siempre le da alas al poeta, y campo abierto al deseo. No puedo definir cómo es mi musa ideal, porque todas las que aparecieron (pocas) antes eran en muchas cosas diferentes, y en algunos matices la repetición del mismo deslumbramiento, como olas del mismo mar que aparecen de un color u otro según la luz del día. Sólo sé que no eran comunes, que aunque no fueran perfectas, aunque pasaran desapercibidas en algún momento, no eran en absoluto comunes. Había mucho más que belleza (y la había por doquier, esto es innegociable) en sus formas y sus gestos, en el reflejo de la vida sobre sus dunas, en la llama de lo imperecedero en el fondo de sus ojos. Había, sobre todo, una mirada atenta y una actitud desinteresada, generosa, en su manera de escuchar.

Para la amistad soy un tipo tolerante y sencillo, y todos mis amigos son diversos, opuestos en apariencia a veces, de toda índole y condición, de cualquier tribu, descalzos o distinguidos. Sólo tienen en común la sinceridad, la generosidad, y la inteligencia. A una musa le pido más aún, demasiado tal vez, pero, belleza aparte, también esas tres virtudes. Incluso algún pecado inconfesable que la haga más oscura y peligrosa, si hace falta. Una santa me sirve de bien poco, y además no me la creo. De modo que no es fácil encontrar una musa. Si uno se conformara con cualquiera, no harían falta musas, podría inspirarse en cualquier cosa, en cualquier persona, en tu amigo, en tu vecino, en el gato de la anciana del quinto. Y de hecho, trato de hacerlo, porque no puedo pasarme la vida esperando a mi musa, y la sed me reclama siempre que escriba.

Estar lejos del mar, estimada desconocida, es sin duda un exilio amargo para los que hemos nacido con su sal en las venas.

Un abrazo muy fuerte.

Sergi.

Pd: ¿Querías decir “personaje” o hay algún local en la ciudad que se llama “personake” y yo me lo he perdido...? Por un momento parecía una invitación soslayada a hacerse el encontradizo por cualquier bar...