Bitácora de Sergi Bellver: Ruido.

3/12/07

Ruido.

«Mis lecturas, en general, eran constantes, pero las de cuentos, escasas, y aludo a esto por concesión a supuestos más fabricados que reales, porque el escritor joven de talento es, o puede ser, adánico, tiene sus ojos por lazarillo seguro, el mundo entero para pensarlo y sentirlo y el instinto de crear un mapa intricado de tachaduras indefectibles en cada folio. Y el incrédulo de ese misterio no sabe nada de nada.»
MEDARDO FRAILE, del prólogo a sus Cuentos completos (Alianza, 1991).


SIGO BUSCANDO EL MODO de contar el ruido, el desamparo de los peces de ciudad en un mar de hormigón infestado de turbinas. Aunque esto lo digo así sólo porque en este momento me infecta la banda sonora de una película en la que la lluvia golpea las azoteas. Ahora mismo tendría que escribir sin música, sin contaminación, pero esta noche estoy demasiado solo y prefiero el humo tóxico de los callejones. Por eso busco la mancha oscura de unas notas que me borren el frío, aunque me pierda por el camino de la mente en blanco. Y es que yo quería decir alguna cosa sobre la natación, creo recordar, pero no consigo armarla en mi cabeza, el barullo me puede y la dejo para más adelante. Hay una parte de la novela que se me resiste, o mejor dicho, todavía estoy buscando la manera de evitar que cierta cadencia que nace en esa parte ―la primera― para darle unidad al todo no acabe engullendo a las siguientes ―algunas ya escritas―. Contar el ruido sin armar escándalo no es tan sencillo. Es como hablar del amor sin ponerse insoportable, muy pocos lo consiguen. Ahora la banda sonora se entretiene en un remedo de jazz. Demasiado a menudo parece que el caminante llegue al mismo sitio por trayectos distintos o repita el mismo para terminar en un lugar diferente cada vez. Da igual, el caso es que la vida es la que traza todas las rutas, y al final nuestro albedrío es una ficción que sólo se sostiene mientras no nos alcance un brochazo de esa artista bendita y cruel. Hay algo que amenaza tras cada paso, pero a cierta clase de seres el temor se les hace más amargo cuando es previsible, cuando se toma su tiempo para dejarles el sabor de lo vulnerable en la boca, y a pesar de ello siguen caminando, siguen masticando. A mí me vence el ansia, me puede más que la inseguridad, por eso prefiero cambiar de camino, cruzar la calle sin previo aviso, subirme al primer autobús sin fijarme en la ruta y llevar abrochado a mi abrigo el miedo a lo desconocido. Cualquier deriva es mejor que temer a la rutina, lo que se me hace insoportable. Tan insoportable como el amor hablado, gastado en palabras huecas, tanto como las noches solitarias que no elijo y otras tantas derrotas heladas para las que se me hace necesaria una buena dosis de banda sonora. Ahora, por cierto, la apuro y chasqueo la lengua, como después de un trago de alcohol fuerte, con un saxofón hijo de perra que me recuerda todo el tiempo que llevo ya sin asomarme al vértigo en otra boca.
La novela. Daría cualquier cosa por poder ocupar una habitación con ventana a ninguna parte, en cualquier sitio, y vaciarme durante unos cuantos meses en la escritura. Pero hay que aprender el innoble arte del equilibrista con red. Ya se sabe, la rutina, el trabajo, esta carcasa egoísta que le deja tan poco espacio al riesgo. La novela me espía, noto su aliento en mi nuca. Contar el ruido, cortar ese aliento y detener el paso de las lunas. Si lo que en principio había planeado como una modulación del ruido del mundo acaba desbaratando todo ese otro mapa del silencio ―del silencio útil―, la novela no valdrá nada. Tal vez no lo valga de todas formas y al final se pierda por el sumidero de las aceras, pero sigo creyendo en ella, y mientras así sea, seguiré siendo una presa fácil para esa depredadora que respira ―y conspira, por suerte― a mis espaldas.
Por suerte también y mientras tanto, tengo un billete de ida en el bolsillo, y puedo salir a la avenida ―esas aceras todavía huelen a patio y a grifo― en cualquier momento a tomar el primer autobús nocturno que pase, sin más, de cuento en cuento, y apearme aquí y allá, mientras engaño a la novela con ese rodeo feliz, acojonado y solo, pero feliz de no saber qué me espera a la vuelta de la esquina, de no saber a dónde demonios me dirijo. Como hurones en los bolsillos, los cuentos me van mordiendo poco a poco en las tripas, apenas me doy cuenta de su aliento y me dejo taladrar por esa perseverancia de barrena, mientras me pienso con la nuca a salvo de aquellos otros colmillos. El mundo es un poco idiota a veces, le teme más al pez grande que a los bancos de alevines, escurridizos, pero al final unos y otros devoran la carne del náufrago con la misma avidez. Tanto da, novela o cuento, la sed aprieta en el mismo sitio y de esta no saldré indemne, y lo prefiero.


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CLAMORES APARTE:


Hay personajes tan zafios en este mundo de las letras ―como en cualquier otro campo, supongo―, que de tan ruines casi llegan a resultar cómicos. Aunque su hipocresía y su soberbia resulten imperdonables, uno llega a sentir cierta lástima y casi podría pasar la mano por el lomo de esas bestias pardas. Lo haría, si de veras sirviera para aplacar su rabia y hacerles comprender, pero se guarda la mano en el bolsillo y la conserva limpia, para encajar la de quienes la estrechen con franqueza y humildad. Me refiero a la envidia, al cinismo atroz, a la pataleta ilustrada y a los tirones bajo el agua, siempre con trampa. De momento me reservo nombres, a la espera de que su inquina perruna pueda más que su instinto de supervivencia y metan la pata. Que lo harán, y deberá uno responder entonces, implacable.
He conocido personalmente a autores con cuyas letras ―su estética, su apuesta por un determinado estilo, su concepción de la escritura― se puede comulgar o no ―la subjetividad inevitable, la misma que hace que dos autores que respeto y admiro tengan opiniones opuestas en torno a una obra tercera, toda la de Katherine Mansfield, por ejemplo, o que provoca que Carver me toque más de cerca que Richard Ford, por mucho que envidie los relatos de ambos―, pero a los que no se les puede negar un compromiso honesto y completo con la literatura, un afán sincero por el rigor y una capacidad de trabajo inaudita. Me consta que alguno de ellos acude a los certámenes literarios sin padrino, sin atajos, y resulta que la calidad de sus textos es reconocida una vez y otra… pero luego aparecen las bestias pardas a sancionar no sé qué favoritismos o vicios del sistema. La envidia muerde igual que un perro rabioso.
También me he encontrado en el camino con autores serios y apasionados al tiempo, con talento y en absoluto avaros en el esfuerzo ―no hay otra fórmula, no hay otra receta para la escritura, y si falla uno de los ingredientes los demás no bastan―. Y hasta puedo contarme como amigo de alguno de ellos. Sigo ahorrándome nombres porque no vienen a cuento, aunque vengan del cuento, y porque no quiero darme lustre, aquí lo que importa es el qué, no el quién ni el cómo. Y bien, ¿qué se supone que debe hacer uno entonces para que una bestia parda no le acuse de «amiguismo» si elogia su trabajo? ¿Qué hará un buen amigo de Leonel Messi cuando le pregunten por el talento futbolístico de su compadre? ¿Agachar la cabeza y salir con cualquier retórica modesta? No, ése sólo es otro disfraz de la hipocresía. Claro que hay amigos en este mundillo de las letras que uno quiere y les quiere de veras, pero que no escriben como a uno le enciende, y a quienes no sabe muy bien como decírselo sin herir su orgullo, por mucho que el amigo honesto deba ahorrarse las palmaditas en la espalda y ser valiente. Pero es que resulta que, de vez en cuando, uno también tiene amigos que además son escritores admirables, escritores de los que decir lo mejor, y decirlo alto y claro. Decir cosas como que una de las mejores novelas ―recién publicada― y uno de los mejores libros de relatos ―en el horno aún― que ha leído en los últimos meses son obra de dos amigos. Y luego algunas bestias pardas sólo sabrán defender su carnaza, su porción de carroña, sin haberse parado a leer de lo que ladran, sin mirarse al espejo antes, sobre todo. Pero qué importa, cada cual es responsable de la correa que acepta.


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Nota logística:

Os invito a echar un vistazo a la barra lateral de esta bitácora, en especial a los que aún no conozcáis la nueva iniciativa del cuentista militante Miguel Ángel Muñoz en sus Inéditos del Síndrome. También anoto en la agenda un par de noticias de las que me alegro especialmente, por el amigo Matías y porque ya sé con qué otro texto me va a tocar trabajar en las próximas semanas en la editorial.
De un libro de la editorial, precisamente, y de una compañera y amiga, Ana Muñoz de la Torre, os dejo el enlace a dos reseñas de Ella y La orgía perpetua aparecidas en el ABC y en el diario digital Siglo XXI.
También os recuerdo que resta una semana (a las 14 horas del próximo lunes) para que expire el plazo de admisión de vuestros textos en el I Premio de Relatos mínimos Diomedea. En estos últimos días ha habido un pequeño descenso en el ritmo de recepción de nuevos relatos, pero a día de hoy se contabilizan más de cuarenta, enviados desde ocho países. Se supone que, como en todo certamen, muchos lo dejarán para el último momento. Siete días para ultimar detalles, para hacer las penúltimas correcciones o para ponerse al fin con ese cuento. Ánimo y suerte a todos los valientes.

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Y un invento marciano, útil ―en textos informativos― para los que tengan algún tipo o grado de incapacidad visual, pero bastante chungo para el texto literario en particular:

15 comentarios:

Alan dijo...

Hola Sergi, me pareció muy interesante tu blog, sobre todo porque yo también intento abrirme camino en esto de la literatura. Aunque tengo una visión muy distinta de los cuentos, que no son el breve desvío momentáneo, sino mi principal objetivo (la novela... De momento no, quizás dentro de algunos años, no lo sé).

En cualquier caso, me gustaría saber, si tienes tiempo, tu opinión (sincera y sin falsedades, aprovechando que no me conoces ni te liga a mí ningún tipo de amistad o compromiso) sobre algunos cuentos.

Te dejo un enlace, y si te interesa, puedo mandarte algunos archivos: http://stores.lulu.com/alanzmud

Saludos.

Sergi Bellver dijo...

Madre mía, qué espanto, Alan.

Me explico, ya que no lo he conseguido en esta entrada: me aterra que se haya percibido al revés, porque tenemos LA MISMA visión del tema y para mí el cuento no sólo NO es el "hermano pequeño" de la familia literaria, sino que me lo tomo con el mismo rigor y la misma pasión que la novela. Si he dado a entender lo contrario, te pido excusas por la torpeza del texto. En mi descargo (inútil) diré que es una deriva de madrugada, y con el frío en los riñones.

Lo que traté de decir es que mientras la novela me respira en la nuca, y la voy armando poco a poco, y la traiciono y hago las paces -como los amantes, desbordado- me nutro de los cuentos, que no vienen antes porque sean menores, NI MUCHO MENOS más asequibles (con alguno llevo meses batallando), simplemente porque es probable que el momento lo pida.

Mi intención, mientras siga escribiendo, es y será siempre simultanear ambos lenguajes literarios, la novela y el cuento, que me tocan, me llegan y me encienden por igual.

Dicho lo cual... No te prometo cuándo pero sí el cómo, y me refiero a tu propuesta. Quiero decir que, para poder opinar con honestidad, también hace falta tomarse un tiempo, pero lo que te aseguro es que seré franco. Es lo único que resulta útil. Y salvo a un par de amiguetes a los que no me atrevo a desilusionar (y que por suerte no están en lo virtual, ni tienen "blog", ni nada de eso... o me retirarían el saludo, de atar cabos), a los demás amigos, por mucho que les aprecie -o precisamente por ello, para serles útil- y con todo el tacto del mundo, les digo siempre lo que pienso.

Por algo nací sagitario, es decir, bocazas.

Un abrazo y bienvenido.

Fernando Sarría dijo...

bueno sagitario como decíamos ayer...no..ja, ja..me ha gustado las dos partes de lo que has dejado hoy en la resaca de tu idilio con esa novela parda que te engulle y tu visión de los otros pardos que se resumen a si mismos..un abrazo..y cuídate de la noche y sus tiempos de usura.

A identidade do indiscernível dijo...

"Ahora mismo tendría que escribir sin música". Oigo y comprendo. Eso silencio, yo lo busco con la misma gana, pero hay tanto ruido... tal vez la solución esté nel billete de ida... no sé lo que me ocurre... devaneo.

Un beso.

Francisco Ortiz dijo...

La novela te persigue,bufa como una bestia, te despeina con su aliento atroz y luego te ama como la mujer de tus sueños: cuando al fin has abierto los ojos y el dinosaurio ya estaba allí, entero y listo para ser comido por todos los presuntos lectores.
Yo, en asunto de amiguismos y de enemistades, siempre lo tengo claro: digo lo que me da la gana y cuando me da la gana y prefiero que me tengan por amigo de mis amigos que por envidioso de mis enemigos. PD: Gracias por tus palabras en mi blog, inesperadas y útiles. Un saludo.

Recaredo Veredas dijo...

Hola Sergi, enhorabuena por tu blog. Tus pretensiones respecto de la narración del ruido son casi inalcanzables, pero merece la pena intentarlo. Mejor dicho, es la única opción. Saludos.

zeta dijo...

he vuelto
un beso

Enrique dijo...

Te veo muy en forma, Sergi (ya que hablas de Messi) y me gusta y sé que esa narración del ruido, como dice Veredas, es casi inalcanzable, pero alcanzable. Creo que me entiendes. Un abrazo muy muy fuerte.

Sergi Bellver dijo...

Telegráfico (lo siento, esta mañana no doy abasto):

Alan, me fue imposible acceder a tus relatos -sin pagar, digo-, si eres tan amable de enviarme alguno por correo-e, podré decirte algo.

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Amigo Fernando, te debo un correo-e con "lo tuyo", soy lo peor, lo sé... La bestia parda de la movela, por lo menos, es honesta, no así las otras, que señalan con el dedo sin mirarse la mierda de las uñas. Vaya para ellos la voz de Alberti, banda sonora de hoy.
Un abrazo, ursino, bien sûr.

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Querida A identidade, devanea cuanto quieras, sabes que me hace feliz tenerte por aquí.
Sempre obrigado, muito.

Sergi Bellver dijo...

Hombre, Francisco, qué honor, -inesperado también, pero grato- verte por estos lares.
A los amigos hay que apoyarlos -lo que no quiere decir necesariamente comulgar con ellos- siempre en público y tirarles de las orejas, si cabe, en privado. A los enemigos, cuanto menos, habría que pedirles que fueran de cierta talla, para no perder el tiempo, sobre todo.
Más que la mujer de mis sueños, la novela está resultando un guantazo de realidad, es decir, como si me hubiera ido a la cama una noche (permíteme que utilice a Tolkien) con Arwen y me despertara a la mañana siguiente con Gollum...

Dices "presuntos" lectores como si fuera un crimen imputado lo de leer a según quién, pero viniendo de quien viene -un experto en novela negra-, hasta me gusta.

Un abrazo y siempre bienvenido.

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Gracias, Recaredo, y bienvenido también. En esto de la literatura, como dice un amigo poeta, no se puede. Nunca se puede, hay una parte que queda siempre fuera de nuestro alcance. Pero tampoco se puede dejar de perseguirla, y eso, y no pasar o dejar de pasar por talleres, tener o no tener la bendición de un pope, publicar o no publicar, eso, perseguirla y no dejar de crear, es lo que distingue a un escritor. El tiempo ya pondrá a todo el mundo en su sitio.

Saludos.

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Bienhallada, Zeta, espero que con las pilas cargadas.

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Hola, Enrique (¿eres nuestro Enrique? es que no se activa el enlace, pero por el abrazo lo supongo). Lo que le comento a R. Veredas vale para guiñarte el ojo. No se puede, y se debe. Temo, pero debo, que decía hace tiempo.

A ver si un día de estos ya de una vez... nos vemos, leñe.

Sergi Bellver dijo...

Dije movela, sí, mezcla de monstruo y novela.

La bestia asomaba por ahí. Si es que no hay casualidad, ni en las erratas...

Anónimo dijo...

Sergi,

Mira, casualidades fantásticas

"lo que te aseguro es que seré franco. Es lo único que resulta útil. Y salvo a un par de amiguetes a los que no me atrevo a desilusionar (y que por suerte no están en lo virtual, ni tienen "blog", ni nada de eso... o me retirarían el saludo, de atar cabos), a los demás amigos, por mucho que les aprecie -o precisamente por ello, para serles útil- y con todo el tacto del mundo, les digo siempre lo que pienso."

franco, no atar nudos, "si el nudo que une el pensamiento y el ser, nudo que se designa filosóficamente con el nombre de la verdad"...

Se agradece, personalmente, lo agradezco. Aunque duela ¿ha de ser malo? Deshacer el nudo, cortarlo, con otro, ¿el de la verdad, quizás?
Que duela, no es malo, malos y buenos, ¿es eso verdad?
¿el nudo nos hará libres, quizás?

¿Quizás permitirá, según nudo vean, no verse allí? cazadores, bestias pardas, un día incluye la noche, de día y de noche: gatos pardos

Un abrazo de búfalo

Sergi Bellver dijo...

Si me aclara usted algo, querido anónimo, pero ese par de amigos, me consta, no leen jamás esta bitácora, ni ninguna otra.

De modo que no creo que esté usted incluído ni deba atar cabo alguno.

Un abrazo, ¿ursino, tal vez?

pets dijo...

Sin problemas. Le aclaro algo, sería de ayuda me aclarara qué prefiere le aclare, si fuera adivino, sabe? si lo sabe, el adivino lo sería usted, no estaría aclarando nada, entonces:

Es un fragmento de su post:
"lo que te aseguro es que seré franco. Es lo único que resulta útil. Y salvo a un par de amiguetes a los que no me atrevo a desilusionar (y que por suerte no están en lo virtual, ni tienen "blog", ni nada de eso... o me retirarían el saludo, de atar cabos), a los demás amigos, por mucho que les aprecie -o precisamente por ello, para serles útil- y con todo el tacto del mundo, les digo siempre lo que pienso."

Usted juega con palabras franco-nudo en contexto de declaración honestidad, decir la verdad.

Vea otra respuesta suya. Sobre las erratas. Ni estas son casualidades.

Le señalo relación verdad-nudo-franco (dictar la verdad)

No le parece fantástica casualidad: una Dictadura ata la verdad en un nudo? Va bien. Mírela, nada más. No creo haber escrito más.

¿Me puede aclarar algo?

Dónde saca, por dónde encuentra, cómo, identificación entre mi comentario celebrando esa actitud (¿le ha molestado?) y los amiguetes? ¿Es adivino? ¿Lee el pensamiento? Yo no.

¡Qué puñetas sé a quién se refiere, qué le conozco personalmente, al detalle! Cómo acertar, entrecomilla blog aumenta la pluralidad de lo que sólo usted sabe qué quiere decir, qué me dice, por dios, no se me duerma afirmando que me incluyo y ato cabos. No estoy atando nada.

Aclárese la cara con agua fresquita, no se me duerma.

Ursino tal vez, según a lo que se refiera, aclárelo o no, me da lo mismo. Un abrazo.

Sergi Bellver dijo...

Debo ser tonto. O debe ser que me gusta saber con quién hablo, y por eso siempre firmo con nombre y apellido, para que se me puedan tirar tomates a la cara. A la cara. Pero de todos modos, no importa. Necesito un diccionario (su comentario parece usar el castellano de un traductor on line), o tal vez tenga usted razón y lo que me conviene es un remojón en agua helada, todo puede ser.

Feliz martes (día del dios de la guerra, y yo tan poco guerrero hoy), querido Anónimo/pets.