Bitácora de Sergi Bellver: Día de difuntos.

2/11/07

Día de difuntos.

Día de difuntos.


«Mañana podré decir, por fin, que soy sólo un hombre que escribe, un hombre hueco que escribe en un papel en blanco, sobre una mesa vacía, desperezado por el aire limpio y frío que entra por la ventana, un hombre vacío y en blanco que se reescribe a sí mismo.»
El libro de los náufragos, Diederik Schönblick



ENGO QUE MATARLA. La agonía dura ya demasiado y, la verdad, me irrita. Me saca de quicio que todavía se convulsione, que incordie a todas horas con sus lamentos, que me agarre la manga del jersey y me dé la murga con lo de siempre, cada vez que me acerco a su cama para ver si la ha palmado ya de una vez. No la soporto. Es una bestia egoísta e insufrible que lo quiere todo, y no es capaz de apagarse en silencio, no, ha de revolver toda la casa con sus voces, sus demandas y su soniquete plañidero. Con lo sencillo que sería dejarse ir, como cualquier animal moribundo que busca un rincón tranquilo y sombrío en el bosque, y se tiende sobre los helechos, para hundirse en ese dulce sopor de la muerte callada.
He de matarla cuanto antes, o me voy a volver loco. Necesito recuperar el silencio, la sencillez de la palabra justa, una columna de aire limpio sobre la mesa vacía, mi papel en blanco, mi santísimo papel en blanco, libre de borrones y anotaciones ajenas. He de matarla pronto o se tragará para siempre mi propia voz, esa que siempre se apaga bajo la cháchara atolondrada de la bestia. Para ella es muy fácil salir a la ventana y asustar a la gente dando voces, y volcar todo su delirio aberrante para llamar la atención, y llenar cada espacio de una niebla tan espesa que parece cemento líquido, una pasta gris que todo lo confunde y lo engulle. Sí, muy fácil derramar todo ese engrudo inútil sobre el mundo, y quejarse luego de que no se distinguen las cosas, de que le sangra la boca cada vez que se revienta la cara contra un obstáculo. Así no hay manera, cómo quiere llegar a ninguna parte ni que le escuchen, si todos y cada uno de sus artefactos se hunden en arenas movedizas, si la gente ya tiene bastante con tratar de hacer pie y que no le llene los pulmones esa pasta gris con la que los envuelve.
Resulta patético, cuando a veces el engrudo ha alcanzado ya la cota de la ventana, y la quimera da una zancada y sale, y trata de avanzar con unas brazadas convulsas, como una polilla en la tela de araña. Pero no se deja embalsamar en un capullo de seda, que es lo que hacen al final todos los insectos cuando llega el momento, no, ella se agita y berrea, zumba, la maldita, hasta rasgar los hilos y hacerle un siete a todo el trabajo de la inocente araña, que no se mete con nadie, que espera en su escondite y no toma más de lo que el azar y el viento le envían. Luego la bestia se zafa, desaparece de la escena dejando atrás el estropicio causado y regresa a mi mundo, no sé cómo, pero el caso es que siempre lo hace, y aquí la tengo, todo el santo día como un estruendo de martillo mecánico que se filtra por las paredes, que sacude la juntura de las tablas y mi cordura, que hace vibrar el polvo sobre los muebles. Ahí arriba, en su cuarto, se ha montado su guarida, llena de cachivaches y telones de mal gusto, quincalla recogida de las calles, fotografías robadas a los ahogados de la niebla viscosa. Con una barcaza que varó en su ventana un lunes, en una de tantas inundaciones, se hizo un altar para sí misma, rodeado de ofrendas forzadas e iconos de todo a cien. Su madriguera es una cripta en la que el ambiente se hace irrespirable, infestado por el humo de la soberbia, los hábitos sin orear, el hedor de la cera vieja, y de esas mechas que arden tan mal, embotadas aún en la saliva gris del cemento. Hay unos cuantos cirios de pie que rodean la cama, y también del techo –desconchado, del que llueve una caspa de yeso a cada grito– cuelga un lamparón de araña, y sus patas de bronce sostienen en cada extremo unos gruesos velones, que, igual que los cirios, llevan inscripciones absurdas en rojo lacre sobre sus troncos, que se deshacen en goterones baldíos, como el semen de un ahorcado.
Tengo que matarla de una vez, no tiene ningún derecho a joderme la vida con su mala manera de morirse. Bastante he aguantado ya sus memeces, sus aspavientos y sus desmanes. Siempre justificando cada vidrio roto por las ganas de mirar, siempre disculpando cada papel mojado por sus ganas de decir, por esa baba idiota que le cuelga de la vanidad, como a una becerra que boquea en el matadero, atascada en un corredor que le aparta del camino del verdugo. Pero aquí está la bestia gris, la veo venir desde hace mucho, no importa que se revuelva y cocee las paredes, ya va siendo hora de que me devuelva el silencio robado, de hundir el hierro en su testuz, para que se desplome por fin y me deje hacer las cosas a mi manera. Es el momento de acabar, hoy es el día perfecto, de modo que he de matarla ya, y enterrar pronto –antes de que le apesten las entrañas, abotargadas– el cadáver de esta bestia en cualquier rincón del bosque. Un buen día crecerán nuevos brotes y no quedará ni rastro, bajo la sombra delgada de los árboles. Hoy es un gran día, ha llegado la hora, voy a matar a esta bitácora.

14 comentarios:

Marsu dijo...

Es coña, ¿no?

Bueno. Al menos tus proyectos de futuro y la coletilla de "más detalles en breve" insinúan que podremos saber de tí. Espero que así sea.

Mucha suerte, y que sea para bien. Me quedo esperando renacenes, o el libro de relatos, o lo que sea.

Anónimo dijo...

Albatros,

No sé si este post es literario o literal. Tan en blanco me he quedado tras leer sobre negro, que hasta te dejo un comment aquí, cosa que no hago nunca aunque siempre te leo.

Sólo puedo decirte una cosa, sabiendo lo que me digo: sé lo que es matar una bitácora. Piénsatelo muy bien antes de hacerlo.

Besos voladores,
Farfalla

Anónimo dijo...

No pensarás dejarnos?

Nunca te dejo huellas, pero pensando que si nos dejas, no podré seguir leyendo tus relatos,uff

Soy una incondicional de Albatros, así que espero que si tu decisión es firme, pronto pueda ver algún libro tuyo cuando voy al distribuidor, y pronto pueda decirles a mis clientes en la libreria: "si, si, este chico es muy bueno, leedle que no podréis dejar de hacerlo"

Sí algún día publicas algo, me encantaría saberlo.

Te dejo mi dirección de correo, se que será difícil para tí contestar a todos pero espero tener noticias literarias de tu parte en un futuro: auxi.p@hotmail.com
Papereria Groucho (Sant Vicenç dels Horts) Barcelona.

Mucha suerte y gracias por compartir tus palabras con nosotros

Auxi

A identidade do indiscernível dijo...

Ai que casi me muero y casi he matado lo "indiscernível" hoy!

Beso.

Pepe Cervera dijo...

Espero, amigo Sergi, que otros menesteres tanto o más interesantes te hayan llevado a tomar la decisión. Ten por seguro que se te echará de menos.

Nos vemos.

Alberto Espejel dijo...

es ficción o un anuncio?

Siempre justificando cada vidrio roto por las ganas de mirar... qué bella frase...

qué cierto es que a veces es vital el silencio, justo en esos momentos en que lo ya dicho tiene un efecto de boomerang y entonces te corta la cabeza, las manos, la voz

ah, las palabras, humanas herramientas que algunos neciamente vemos de formas poéticas, a lo que iba es que los silencios son vitales para seguir hablando, disfruta el tuyo y que tu mudez sea fructífera

Ignacio Jáuregui dijo...

¿¿¿¿????
¿Y ahora qué leo yo, Sergi? ¿Y con quién me meto yo ahora y a quién le llamo yo barrocón y graforreico, con todo lo que te jode?
No, en serio, Sergi, ya se sabe que un blog tan cuidado consume tiempo a mansalva, pero eres un fenómeno de la bloguería y tú lo sabes por el nº de visitas, dejemos huellas o no. Si hablas en serio, es una pena.
Espero que esos nuevos proyectos de los que hablas compensen la pérdida.
Un abrazo.

Juan Carlos Márquez dijo...

Si tienes que matar al albatros para dejarle hueco a Sergi, hazlo, qué cojones. Estrangula al pajarraco. Somos o no somos de Bilbao.

José C. dijo...

Yo creo que se puede compatibilizar un blog con tu trabajo y tus creaciones, pero tú sabrás mejor que nadie qué hacer. Si tengo que elegir entre leerte aquí o en papel, me alegraré por ti el día en que pueda comprar tu libro (o revista, tienes que dar más datos...).

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Sergi cada cual tiene y atraviesa sus momentos. No sé si efectivamente es solo ficción (me temo que algo hay detrás) Te entiendo bien, si te agobia 'su agonía' es que algo te incomoda...pero aviso: hay veces que se mata a quien no es culpable.
Te echaré de menos. Todo es demasiado volátil. Nada, nunca, permanece igual. Esto no tiene que ser necesariamente malo.
Un besazo grande
Olvido

Anónimo dijo...

Hola Sergi!! Soy Maite, la chica del space de Bilbao.

Preciosa prosa...la verdad es que jamás me había pasado por aquí antes, pero hoy he dicho que era el momento :) Hay cosas muy, muy buenas!!

Este texto es ciertamente abstracto, pero brutalmente seco y duro. Especial. ¿Qué pensabas cuando lo escribiste?

Un besito!

Anónimo dijo...

Fabuloso.

Soy Maite la chica del space.

Y no puedo decir nada más.

Dureza. Ira. Presión. Agonía. Muerte. Desencanto.

Belleza...

Juan Carlos Márquez dijo...

Ay, ay, ay, estos editores que acaban en el Space...

Sergi Bellver dijo...

Marsu querida, Farfalla (la buena, meine Freundin), Auxi (me ruborizas, va pronto un correo-e, palabra), A identidade (minha Odisseia), Pepe (por cierto, le he pedido una copia de "lo tuyo" a nuestros lectores y me sumo a la labor), Alberto E. (bienvenido, estupenda entrada la tuya), ¡¡Capótegui!! (cuando te pase un cuento-cuento, de esos que estoy haciendo con "vocación de papel", por decirlo así, ya verás lo que he hecho con el barroquismo, ya... menos es más, amigo), Juan Carlos (lo has "clavao", hay que matar todo ese plumaje para que hable el tipo de debajo, de una vez -por cierto, lo del Myspace tiene ya tiempo, no te vayas a pensar que me cambio de chaqueta, malandrín-), José C. (ojalá puedas elegir el papel pronto, ojalá, compañero...), Olvido (no sabes qué alegría me ha dado la excepción que acabas de hacer), Maitetxu (no te esperaba por estos lares, qué grata sorpresa)... habrá ocasiones de leer mis inventos, fijo, no se librará fácilmente el mundo de este pajarraco, sólo que ya no es tal cosa, ya es sólo un escritor, sin más, porque a veces hay que morir un poco para renacer, distinto, o acaso, de una vez por todas, el de siempre, sin fuegos artificiales y artificiosos.

Por eso se acabó el "albatros" (dejaré la dirección igual, para no marear a la gente con los enlaces, para seguir ahí en los buscadores), por eso se acabaron el barroquismo, las vomiteras sin sentido, los arrebatos insolentes... y sobre todo, insolventes... y a partir de ahora, trabajo, corazón y verdad, siempre, pero sobre todo trabajo...

Sí, estuve a un "click" de borrarlo todo y darme de baja, pero en fin, después de tres años y medio (se cumplieron justo ayer), he preferido una metamorfosis en vez de un asesinato en toda regla.

Un abrazo a todos (a todos, también los del correo-e), gracias siempre, y nos vemos por aquí.