Bitácora de Sergi Bellver: Fauna.

24/10/07

Fauna.

«El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra de puro vacío, y en el cabeceo del mundo bajo un viento banal sólo veo la obcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rige siempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que la persistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar.»
Mortal y rosa, Francisco Umbral



UANDO UN ESCUADRÓN DE ARAÑAS trepa por las cañerías, ¿qué fe puedo conservar entonces, si me doy cuenta de que soy un hombre hueco? Me agobia el rasgar de sus patas en las paredes, si las oyeras, es como si arrugaran un pedazo de estraza en mis oídos. Me da náuseas oler la hostilidad con la que clavan sus ojos de sastre en mi cabeza. Acosan la última madriguera del deseo, la quieren, la reclaman, para devorar esa esperanza acorralada. Presiento los despojos de mi nombre entre sus mandíbulas, mi memoria embalsamada en un sudario de seda y mentiras, el rastro de mis días almacenado al fondo de una tubería, en un nicho de mugre. Soy un hombre hueco poblado de arañas y otras tribus, acreedores del miedo, usureros del valor y un pelotón de ácaros que, como aquellos cangrejos rojos de Oriente, repiten en sus lomos la miniatura de un rostro histriónico de samurai flautista. Soy un nudo de cañerías que apenas consigue decir algo por cada junta, una red de gases innobles que silba en cada tuerca floja, una flatulencia que anuncia lo senil, y por algún aneurisma metálico, mientras parece que por fin todo va a reventar de veras, surge cualquier palabra inútil, enlatada, que al rato se va borrando en un olvido tubular.
Pero no me compadezco, es mi arquitectura, y pegada a los muros, soterrada bajo habitaciones en las que la gente sonríe, copula, maldice o se soporta, acepto mi naturaleza. Alimento a las arañas con la espera, las cebo con el tedio y las decepciones, cada día están más gordas, parecen puercas inglesas, bien cebadas y ensartadas luego por los alambres de un paraguas, un paraguas negro de notario. Cada día les arrojo señuelos que me dan un minuto más, un margen razonable para urdir otra estrategia y poner a salvo ese último reducto del deseo, de lo que en verdad soy en esa madriguera mía, a solas con el vértigo. No me compadezco, porque al menos soy un idiota que lo sabe y se resiste, porque es una fauna extraña la que me hostiga, aunque trepe por las paredes de mi hueca humanidad. Pero al menos no me desprecio, porque no soy ese trajín de arañas hambrientas, soy sólo un campo de batalla a la espera de los enterradores, un campo de batalla impasible ante la carnicería, un espacio que no abarcan los generales en sus mapas. Si pudiera ser algo distinto, sería el pedazo de tierra en el que decide desertar un soldado, o acaso la corteza de un árbol que reprodujera cada surco del rostro de Samuel Beckett.
El bestiario que me habita es perecedero, sólo necesito la tenacidad del tiempo para exterminarlo y regresar al silencio. Y es que no me compadezco, lo juro, porque al menos no soy esa fauna inmunda que contemplo desde la lejanía, fuera de mí, a cada rato, en tantos rostros. Soy idiota, y soy mezquino, no lo dudo, pero en absoluto soy parte de ese alud de comadrejas que, a esta distancia, desde la casa a la que vivo pegado con mi verticalidad de cañería, parece una plaga de gusanos necrófagos, engullendo hasta la última pincelada de verde sobre el cadáver del bosque. Qué hijas de puta, parece que ríen y todo mientras van a lo suyo, si las oyeras, ríen con esa algarabía de amistades repentinas en un bar, mientras la descomposición hace girar al mundo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

El vacío es lo que queda tras la entrega absoluta...yo quisiera ser hoy una mujer completamente vacía.
Un beso

Marsu dijo...

Ya Umbral no auguraba nada bueno.

Ser diferente, estar fuera, no formar parte, darse cuenta, insistir en no formar parte...

A veces el vacío también se siente cuando no hay ninguna posibilidad de entrega, cuando no hay a quién entregarse.

Anónimo dijo...

Poder mirar al espejo y reirme de mi mismo, de lo raro que soy y a la vez coherente.

Me ha encantado el relato, es frio, sombrio, pero a la vez espectante y brillante.

Gracias por compartir tus palabras

Auxi