Bitácora de Sergi Bellver: La cordura.

5/7/07

La cordura.


Para el último abencerraje.



—Entonces, ¿estoy loco?
—Creo que usted ya ha hecho su propio diagnóstico.
—Yo no hago nada, sólo me gustaría saber si estoy loco o no, si tengo la cabeza sana o soy un chiflado.
—No está enfermo, si es lo que quiere decir.
—Ya, pero tampoco cuerdo, ¿no es eso?
—Según su definición de cordura, no, desde luego.
—O sea, que estoy chalado.
—Si lo quiere ver así. Pero en ningún momento he dicho eso.
—Bueno, ¿y qué se supone que tengo que hacer?
—¿A qué se refiere?
—Pues ya me dirá, si estoy como una regadera, no me van a dejar ir por ahí, incordiando a la gente o subiéndome a las azoteas, supongo.
—Ya le dije hace rato que clínicamente está usted en pleno uso de sus facultades.
—Pero, ¿no me acaba de decir que no estoy cuerdo?
—No, dije que usted mismo lo rechaza, según su definición de cordura.
—Sí, claro, bonita manera de escurrir el bulto.
—Disculpe, pero ese no es el tema, aquí venimos a hablar de su caso, y usted insiste en que esa supuesta cordura le parece miserable, burguesa y pusilánime, según sus palabras de antes.
—Tiene gracia, se está haciendo el loco.
—Estoy recordándole su propia incongruencia, y tratando de abordar el tema con sentido práctico, eso es todo.
—Pues eso es precisamente lo que quiero, ser pragmático, ir al grano, y saber qué demonios tengo que hacer.
—Puede usted llevar una vida perfectamente normal.
—¿Una vida “cuerda”, quiere decir?
—Si lo quiere ver así, eso es exactamente, si es que se ve capaz de ello.
—¿Insinúa que no puedo? Debo estar de remate, entonces.
—No insinúo nada, sólo señalo que, teniendo en cuenta su concepción de lo que son la cordura y la locura, haría usted bien en tratar de asumir las cosas tal y como son.
—Ahora resulta que no sé distinguir la realidad.
—Cuanto menos la rechaza.
—O sea, que además de loco, soy un inmaduro.
—Ni lo uno ni lo otro, pero se refugia en su propio mundo, sus letras y sus utopías, y por eso el mundo real, el de ahí fuera, le parece absurdo y anodino, aburrido, previsible, o demasiado cuerdo, como usted dice.
—Tendrán que hacer algo conmigo, entonces, ya sabe, a la gente rara se la encierra.
—Creo que me habla usted de otras épocas, está muy confundido. Ahora todo es diferente, más científico y humano.
—Más cuerdo, claro, por supuesto, todo políticamente correcto y muy bien planeado.
—¿Qué quiere entonces, lanzarse como el Quijote contra los molinos de viento? Así no llegará a ninguna parte y sólo se hará más daño.
—Pero me sentiré mejor en la embestida.
—¿Cómo dice?
—Que el mundo está demasiado lleno de Sanchos.
—¿Por qué no intenta ponerme un poco más fácil mi trabajo y así me permite que le ayude?
—Porque estoy zumbado, ¿sabe? Siempre quiero darle otra vuelta más a las cosas, llegar donde los demás ni asoman el hocico, entregarme apasionadamente a un ideal, abandonarlo todo, ser fiel a mis instintos.
—Pues si está tan satisfecho consigo mismo, no entiendo qué hace en esta consulta, permítame que se lo diga.
—¿Satisfecho? En absoluto, decepcionado es como estoy. Y lo único que hago aquí es tratar de saber si de veras estoy loco o es el mundo el que ha perdido la cabeza.
—El mundo es el que es, caballero, y no le niego que algunas veces parezca desquiciado, pero usted seguirá viéndolo siempre así mientras no asuma que la voluntad y el deseo tienen sus límites, que hay cosas que, sencillamente, no pueden ser. Ha de concentrarse en pequeños retos, en el día a día, ser un poco más posibilista.
—Resignarme, quiere decir.
—No necesariamente, pero sí marcarse objetivos sostenibles.
—Conformarme, vamos.
—Si quiere reducirlo a eso, sí, al menos dejará de sentirse así.
—¿Así cómo?
—Desesperado.
—Qué sabrá usted lo que es la desesperación.
—Trabajo con ella todos los días.
—Pues no lo parece, es como si un minero saliera de la carbonera con las manos impolutas. Usted sabe de esas cosas desde lejos, me parece.
—Llevo veinte años tratando a pacientes como usted.
—Pues estoy seguro de que ha sacado un buen provecho, pero, lo que es a mí, esta consulta me está resultando completamente inútil.
—Siento mucho que piense eso.
—Ya me dirá, estoy como al principio, perdido.
—Creo que, de algún modo, usted se encuentra cómodo en ese extravío. Por eso resulta más difícil tratarle.
—Tratar mi locura.
—Tratar su caso, sin más. No se adelante.
—Luego, está sopesando la posibilidad de que esté chiflado.
—Estoy estudiando su historia.
—Pues no se meta en ella de lleno no vaya a mancharse, nunca se sabe.
—¿Qué quiere decir?
—Que igual le contagio.
—Las enfermedades mentales no son contagiosas.
—¿Lo ve?
—¿El qué?
—Ya lo ha dicho, estoy como una puta regadera.
—Pero...
—Muchas gracias, doctor. Que tenga un buen día.


53 comentarios:

Juan Carlos Márquez dijo...

Este es mi favorito de los que he leído aquí hasta la fecha. Un relato APA (Absurdo, profundo y ágil). Enhorabuena.

Anónimo dijo...

Poquillo loco sí que estás, nen.
Pero es lo suyo... digo: lo tuyo.

Anónimo dijo...

Divertidísimo cuento, mon cher.Y verdadero como la luz del día. La cordura, de hecho, no es ya una opción; no en este mundo al menos.

O vives tu locura, o acabarás por vivir la locura del Otro.

Un abrazo bien fuerte de Monsieur Charbon.

A identidade do indiscernível dijo...

Arancasteme una carcajada con tu relato. No lo sé se era tu intención, porque es cierto que es desesperado y loco. El tono dramatico es esencial, eso es mi medio: "la verve"

Un beso.

A identidade do indiscernível dijo...

Ah, muy buena la cita de la bitácora! Yo la creo.

Otro beso.

José C. dijo...

Me has dejado con un sabor agridulce en la boca, amigo Sergi. Por un lado me encanta ese tono del cuento, irónico, sarcástico, "alocado", nunca mejor dicho, y por otro me has hecho pensar en todas esas ocasiones en que los demás nos juzgan y nos condenan única y exclusivamente porque no nos sometemos al modelo mayoritario de conducta.

Me he divertido mucho, de todos modos, con ese verdadero diálogo de besugos en el que cada uno tira para lo suyo, el psiquiatra a lo cartesiano y lo mensurable, y el loco, cómo no, con su tema. Pero lo que más me alegra de este texto es ver que, si te lo propones, eres capaz de evolucionar mucho con tu trabajo. No es que no confiara en ello, pero fíjate cómo te has cargado de un plumazo al narrador, y has reducido al mínimo el lirismo (salvando algún punto del loco, o del cuerdo, según se mire). Además el diálogo fluye muy bien. A mí también me gusta cómo escribes cuando lo haces de otro modo, pero, como dice Juan Carlos Márquez, te ha quedado un cuento muy APAñado.

Ahora bien, no te perdono el vídeo del 88 de El Último de la Fila, porque me ha recordado a un concierto suyo aquí en Madrid y a mis noches de fiesta en El Templo del Gato, y me he dado cuenta de lo mayor que soy.

Un abrazo, querido loco.

Arilena dijo...

Me encanta. El texto se lee solo, es divertido, ameno y el diálogo es genial. Además a a mí me ha gustado especialmente el tema, jejeje, yo también quiero saber si estoy loca.

—Tendrán que hacer algo conmigo, entonces, ya sabe, a la gente rara se la encierra.
—Creo que me habla usted de otras épocas, está muy confundido. Ahora todo es diferente, más científico y humano.


Este par de frases me han recordado que ahora lo loco, lo friky se ha puesto de moda. Ahora se lleva lo de estar como una regadera.
Un saludo

Zoe dijo...

Menudo cambio, Sergi!! de lo barroco a lo básico, del párrafo que se recrea, al diálogo puro y duro. Y encima has salido bien parado (aunque a mí me gustan más los diálogos con narrador, por justito que sea, para que me de algunos detalles de las escenas y movimientos de los personajes).

Una vez dijiste que nunca escribirías teatro, y he visto por el rabillo del ojo en los comentarios del post anterior que insistes en que no eres cuentista, en que serás novelista (lo que me encanta porque leer 200 páginas con tu intensidad debe ser como un subidón de adrenalina). No sé, pero deberías replantearte algunas cosas, albatros. Yo creo que si te pones a ello, lo consigues. Otra cosa es que quieras, claro.

Si todos los locos fueran como tú, que reparten lo que tienen con esas ganas, y la cordura fuese de veras "esto" que nos venden, no me importaría que me declararan loca de remate.

Me ha encantado hacer una pausa para visitarte.

Un besazo muy fuerte, sol, con el que te mando un poco de mar y arena, que sé que lo echas de menos.

Juan Carlos Márquez dijo...

Sergi, al contrario que Zoe, no creo demasiado en los narradores en los diálogos ni en las acotaciones cuando lo importante es qué se dice. Aquí está de más si los personajes se tocan la nariz, apagan cigarrillos o se recuestan en el diván, por eso me parecería superfluo el narrador (un intruso). En otro tipo de diálogo, mas de transición, si que tienen cabida (e incluso son necesarios) esos recursos. Mark Twain dijo: "Si ves un adjetivo, mátalo" (o algo así), y yo creo que a veces eso se puede hacer extensivo a los narradores: "Si ves un narrador, mátalo".

Faerie dijo...

Sergi!!!!!! Me ha encantado... y... bueno, supongo que muchos de nosotros nos sentimos así... pero si van a encerrarnos por no seguir las reglas, se van a llenar los psiquiátricos hasta los topes...
Me ha gustado mucho el final... agridulce, como decía josé c. ...

Marsu dijo...

Ese loco me suena mucho, pero que mucho...."quiero darle otra vuelta más a las cosas, llegar donde los demás ni asoman el hocico, entregarme apasionadamente a un ideal, abandonarlo todo, ser fiel a mis instintos".

Genial ese médico que acusa al paciente de algo en lo que él cae de lleno. Genial el "loco" que demuestra más cordura en el debate que el supuesto especialista. Genial es escritor que consigue darle ese ritmo tan brillante al diálogo.

Me ha encantado, no sólo la forma (repito, brillante), sino el fondo. Es un análisis muy acertado de la realidad, del mundo, del "conformarse", del sentir que estás fuera cuando no te conformas...

P0ko dijo...

hola! hace rato que no te dejaba un comment, pero siempre ando leyendo tu blog. Me gustó mucho todo este diálogo-debate y pues no sé, me llamó la atención la dedicatoria... hace poco leí la historia del abencerraje y la hermosa Jarifa, de hecho tuve que hacer un trabajo sobre eso y ja no sé, al leer la dedicatoria me acordé de todo el libro y de los pasajes hermosos.

vivan los abencerrajes!!

Saludos desde acá, jaja, un abrazo.

hechi dijo...

Dentro del juego de aparente locura o absurdez, se me antoja un relato, conversación, pero que muy inteligente, bendita locura esa que nos diferencia del resto de "cuerdos" tan abundantes en nuestro mundo de ovejitas que piensan, sienten y viven como un ente invisible pero astuto( sociedad?) les manda.
Toy hasta la escoba de bruji piruji de tanta gente cuerda me presentas a tu amigo ese loquito??? Creo que es de los sanos que a mí me cane bien...
Abracitos con polvo de estrella...

Sergi Bellver dijo...

Vaya, Juan Carlos, me halaga mucho que digas eso (si te ha gustado es que vamos bien). Le voy a dar la vuelta a la “ñ” de la broma de José C. y diré que este “cuento”, por lo menos, parece una ñAPA de esas que igual aguanta el tirón. Ayer me propuse escribir un diálogo sin narrador, sin adornos, que era lo más contrario que se me ocurría, así de repente, a mi estilo habitual (la estética de la renuncia, que diría mi editor jefe). Y me puse a ello en un par de horitas hasta que salió eso.

Creo que tienes razón en lo del narrador (y casi hasta en lo del adjetivo, porque digo yo que Mark Twain, aunque no fuera de Bilbao, algo sabría del tema el hombre), y que hay diálogos que han de sostenerse por sí solos, o de lo contrario, dependen de una especie de titiritero que los manipula (y por lo tanto adultera). Si no hubiera sido un ejercicio del albatros, lo habría pulido más, habría buscado una voz aún más apropiada para el médico, pero bueno, creo que no salió tan mal.

Has escrito un libro (y pico), pronto serás pAPA… ¿ya has plantado algún árbol, compañero? Siendo bilbÁino, si te pones, igual reforestas media Amazonía, hijo, que está hecha polvo.

Espero verte esta tarde o noche, saludarte con la quijada al cielo desde lejos, y que –crucemos los dedos- paseemos a hombros a Ignacio por los madriles -o a Alfonso, qué demonios, aunque il nostro capo ya lleva un año sembrado y hay que dejarle paso a otros- hasta Cibeles o donde sea (*), como si fuera nuestra Champions League particular

(*): Hay que buscar una fuente parabólica, o incluso genesíaca.

Sergi Bellver dijo...

Palabra que el loco del diálogo no es el loco de la bitácora, Anónimo, así que suyo, todo suyo.

¿Ha “colao”? ¿No, verdad? Bueno, ya que estamos, sí, lo asumo, soy un loco convencido en un alienante mundo de cuerdos.

Sergi Bellver dijo...

Ya es un honor saber que de vez en cuando trasteas en silencio por estas alas, mon cher Monsieur Charbon, pero si encima uno lee seguidas las palabras “divertidísimo” y “cuento” para referirse a algo propio, viniendo de quien vienen, se siente como en una tarde de domingo con bombón de nata y todo (robado, si hace falta).

No he encontrado todavía mi locura intransferible en esto de las letras, no como Llopis, por ejemplo, sigo buscándola, y no sé si en la vida tampoco la tengo clara, no como el hombre orquídea o ese hijo de una arandela y de una tubería que tan bien conoce el último abencerraje. Pero para las mujeres sí, bien lo sabes, amigo mío, que así me luce el pelo y sin embargo porfío en aquellas que poseen brazos como barandillas de escalera de caoba.

De todo lo que dice el médico, lo que parece más obvio es lo que se me antoja más falso: sí hay locuras contagiosas. Mírame si no, aprendiendo a darle por el culo al sentido, gracias a ya sabes qué pandilla de sputniks.

Le abrazo, maître, con un embudo en la cabeza, y sobre el embudo, un fósil de trilobites, y sobre el fósil, un cojín, y sobre el cojín, un artefacto explosivo, y sobre el artefacto, los Episodios Nacionales.

Á bientôt, mon ami.

Sergi Bellver dijo...

Ese diálogo buscaba más la sonrisa inmediata y la reflexión a largo plazo que la carcajada, A identidade, pero créeme si te digo que me hace feliz saber que al otro lado del mapa hay una persona que ha volcado su risa por mi culpa. Me encanta que la vida se manche de vez en cuando con esos imprevistos.

Ya ves que son pocas, pero sí quedan algunas verdades a las que aferrarse, y las más profundas ya están escritas sobre pergamino desde hace miles de años, como en esos cantares hindúes. El deseo es el motor de todo lo demás.

Un abrazo muy fuerte, mi amiga carioca.

Sergi Bellver dijo...

Gracias como siempre, José C., y hoy más que nunca, por confirmarme el resultado que buscaba, como le acabo de decir a mi amiga brasileña. Dulce –humor- al primer bocado y amargo al final, pasado un rato. En lo que comulgo del todo con ese loco, o el verdadero cuerdo, como dices, que se atreve a seguir su propio delirio (y no otro ajeno) es en algo en lo que me mantengo siempre firme: no soporto que me juzguen, y menos a la ligera y según un patrón establecido, porque yo trato de no hacerlo con los demás.

Hoy le he dicho a mi editor jefe que el día que publique (vamos a pasar ya del condicional) seré un escritor de minorías, y me parece perfecto. Prefiero estar a gusto conmigo mismo y agradar a menos gente, que sentirme sucio por tratar de gustar (deliberadamente y a cualquier precio) a muchos. Si además de poderme mirar al espejo y sentirme digno, me leen ocho en vez de cuatro, pues bienvenido sea, que tampoco vamos a ir en plan posturitas, pero que caiga por su propio peso y nunca por haber trucado la balanza. Dicho esto, añado que le comentaba a mi editor jefe que hay un grupo fiel (y leal, que no es lo mismo, aunque “suene” igual) de lectores impagables a los que estaré orgulloso de poder dedicarle algún día mi trabajo en papel. Pues ya puedes contarte entre ellos, por la confianza depositada, el tiempo empleado, y la constancia.

Por cierto, ya que le mencionas y que te gusta tanto la lectura, estaría bien (si tienes tiempo claro), y aprovecho para hacerlo extensivo al resto, a todos los que visitan al albatros, que os tomarais un ratito para descubrir -quien aún no lo haya hecho- otras bitácoras como la de Juan Carlos, por ejemplo, que además de amiguetes, son mejores cuentistas. Y lo digo sin zalamerías, porque me remito a los hechos y las obras, al camino ya recorrido por unos y otros. Y sé que a quien emprende la aventura de una bitácora le hace mucha ilusión que le lean con atención y le dejen algún comentario. Hay varias personas que ya han publicado en formato libro, y que mantienen páginas virtuales que de veras merecen la visita, Juan Carlos, Ignacio, Matías, Ana (aunque a Ella no le falten los gemidos, precisamente, pero siempre agradece las “caras” nuevas), etc. No tenéis más que echar un vistazo a mis enlaces y buscar el icono de los libros, por ejemplo, aunque también hay bitácoras excelentes de escritores aún inéditos. En fin, bucead por ahí, en las dos columnas y todas las secciones de los enlaces, que ahora en verano igual tenéis más tiempo y, como dice una amiga, hay mucho talento por el mundo.

Ay, José C., ya vamos de bajada, 1988, madre mía, si yo aún era virgen (en todos los sentidos) en aquella época…

Un abrazo y mis condolencias, agüelo. No somos nada.

Sergi Bellver dijo...

Llevo tanto tiempo leyendo (y escuchando) comentarios acerca de cierta dificultad para la lectura de mis textos, Arilena, que me alivia saber que te ha sido leve este intento mío por hacer otra cosa. Señal de que me he despojado un poco de mis muletillas.

En eso andamos casi todos, en saber quién somos. Los que nos sospechamos locos ya tenemos un trecho ganado, porque muchos cuerdos viven convencidos de serlo y están para abrocharles la camisa de fuerza, a tenor de cómo empotran sus vidas contra las necesidades artificiales, o se fuman la salud en bocanadas apresuradas, y cualquier día amanecen con el culo al aire por un infarto burlón. Como dice Monsieur Charbon, en esta sociedad ya no queda sitio para la cordura intemporal, para eso que mis paisanos llaman seny (pronunciado “señ” -sentido común-), tan poco usual, parece. Ahora bien, si ya me niego en redondo a que me exijan esa cordura en un mundo así, por lo que no paso es por las modas. Las odio. Como me cerciore de que se lleva la chaladura, mañana mismo hago un plan estratégico de cabalidad y buenas maneras.

Vamos, hasta ahí podíamos llegar… ;-)

Un beso.

Sergi Bellver dijo...

Gracias por el paréntesis, Zoe, yo no sé si sería tan generoso, entre la playita y un ordenador, la verdad, me quedaba en la orilla. Hasta tu comentario huele a protector solar y chancletas. Pues sí, lo echo de menos, pero casi mejor ni lo pienso, que me entra la morriña.

En fin, me alegra que te haya gustado el cambio. En cuanto a lo del narrador, y aprovechando lo que comenta Juan Carlos, se me ocurre citarte un cuento de un Gran Cuentista y Mejor Amigo, que ejemplifica bastante bien lo que puede y no puede hacer un narrador en un diálogo. Creo que los hay que deben valerse por sí mismos, sin toda esa retahíla de “dijo, añadió, señaló, contestó” y otros tantos lugares comunes que en la literatura del siglo XXI empiezan a sonar a telarañas. Y por supuesto, también hay diálogos que necesitan narrador, pero yo me los tomo al revés, es decir, que es la prosa la que se sirve de un diálogo –en general, breve- para concretar algo, profundizar en los personajes, o lo que se tercie. Bueno, el relato en cuestión, que no en vano se llama La dura realidad, lo encontrarás en Las buenas intenciones y otros cuentos, publicado en 2001 por la Diputación de Córdoba, y es de Ángel Zapata. Además de divertido y demoledor (ese sí que te deja meditando sobre la alienación de esta dura y mustia realidad), está trazado con una finura magistral, y cada intervención del narrador es la justa para marcar las pautas y no pisar al diálogo, sino potenciarlo.

Aparte de eso, me reafirmo en lo del teatro (si ni me gusta leerlo, menos escribirlo, ya me dirás, sólo me atrapa en los escenarios, para lo que ha sido creado) y sigo dudando en lo del cuento. La verdad es que estoy en ello, ya me dirás qué tal cuando acabe mi libro. Eso sí, la novela hay que trabajarla mucho con la podadora, o en vez de un subidón de adrenalina, algunos tendrán un bajón de azúcar por agotamiento…

Si todos los locos fueran como yo, el mundo sería un desorden, pero más amable y divertido, no lo dudes.
Un abrazo desde la meseta (hasta los webs de páramo y secarral, leñe, ¡quiero salitre!).

Sergi Bellver dijo...

A todos:

Dadme unas horitas, que he de seguir con el curso de diseño web (estoy con el corta y pega, mis respuestas escritas anoche y en un descanso), celebrar con una comida el galardón que le van a dar en un rato a un amigo, y esta misma tarde acabo de responder al resto como a mí me gusta (o sea, sin prisas).

A identidade do indiscernível dijo...

La carcajada no impedio mi reflexión, Sergi, aunque con las respuestas tuyas mi reflexión tenga aumentado. Pero la carcajada pude también llevar al pensar, ya dijera Aristofane.

Un abrazo transoceanico. (son grandes mis brazos

Sergi Bellver dijo...

Hola de nuevo, Faerie. Qué bien que te haya gustado, a pesar o precisamente gracias al regusto final. Los verdaderos locos no son los que rompen las reglas, ni los que se inventan otras y las hacen propias, y reinventan el mundo (su mundo) a cada paso. Los verdaderos chalados son aquellos que siguen todas las reglas ajenas a rajatabla y pasan por la vida sin haber sido ellos mismos ni un solo segundo. No llenemos los psiquiátricos, mejor abrimos las ventanas e invadimos el mundo, a ver si le contagiamos un poco de autenticidad, de una vez por todas.

Un estrujabrazo, amiga (sin pasarme, que eres flaquita e igual te perjudico alguna costilla, con mi ímpetu de cachorro mimosón).

Sergi Bellver dijo...

¿De veras, Marsu? De qué te sonará, me dejas intrigadísimo… :-P

Lo primero que hacen los jueces de la virtud (con todos sus atuendos, bata blanca, toga negra o chorreras académicas -reales o aprehendidas en los adentros, en el gesto de la cara, escrutador- ) es señalar con el dedo aquellas llagas del prójimo que ellos mismos esconden bajo el uniforme. El loco no es que sea bueno o malo con la dialéctica, es que es genuino, y sabe lo que desea, y sobre todo, desea, mientras el otro cumple, y conserva, y hace méritos. El escritor, bueno, por lo menos se lo está currando, tratando cada día de ser un poco más humilde y audaz al tiempo, de aprender de los que saben más y atreverse a llegar lejos. Ya veremos qué sale de todo esto.

Me temo que esa alienación de fondo es el estigma incurable de los que no nos conformaremos nunca con lo que nos han dado, aunque tratemos por todos los medios de valorar lo que hay de bueno y sagrado en nuestras vidas (la gente que queremos, las cosas en las que creemos). No se trata de una postura adolescente y enrabietada, va más allá, y tiene que ver con una insatisfacción consciente y adulta, que nos empuja a tratar de hacerlo cada día un poquito mejor, a ser más dignos, a rechazar las cadenas invisibles.

Y para traer de vuelta la sonrisa y ponerme menos serio, por si no lo has deducido ya por ahí: nuestro Ignacio Jáuregui ha quedado finalista del NH de relatos, y Alfonso Fernández Burgos –otro escritor de Gens- con él. ¿Has visto qué nivel? Y mira que me alegra, más que por el premio, por saber que en muchos hoteles de muchos países, mucha gente se encontrará sus cuentos en la mesita de noche, que es donde tienen que estar los buenos libros, sí señor.

Un besazo talla XXL para que te dure todo el fin de semana, guapetona.

Sergi Bellver dijo...

Bienvenida de nuevo, P0ko.

Es verdad que hacía mucho tiempo, pero me alegra que sigas ahí, vigilando de cerca el vuelo de estas alas. La dedicatoria tiene su clave, que no viene a cuento aquí, pero es para una persona que aprecio, por su amistad y su compromiso con aquello en lo que cree. Y resulta que ese, “El último abencerraje”, es el nombre con el que fue rebautizada en este mundo. Algo más que un pseudónimo. Curiosa coincidencia, pero que vivan, que vivan los abencerrajes, y éste sobre todo.

Un risueño y chejoviano abrazo.

Sergi Bellver dijo...

¿Seguro, Hechicera que ese ganado piensa, siente o vive? Para pensar hay que desear una solución y para desearla hay que estar insatisfecho, y para estarlo hay que sentir, desde las tripas, que la realidad no basta, o no abarca, y sólo cuando se entrega todo en ese afán, de verdad se Vive. Así que, más que cuerdos, esa gente son momias, zombies teledirigidos. Y no lo digo con el desprecio altanero del intelectualoide insoportable y pedante, no, lo digo con pena, con cierto dolor, porque me gustaría que todo bicho viviente (sea lobo u oveja) tuviera una vida digna, plena y honesta. Pero cada cual hace su camino… (como nos recuerda esa cita del Upanishad que luce allá arriba).

Oye, si tienes alguna amiga vasca allá arriba, que esté de buen ver, así como una de esas musas oscuras que a mí me encienden, y te dice que le presentes a este loco, “chequéale” los brazos, me soplas si son de madera pulida, ya sabes, de barandilla de escalera de caoba, y hala, allá que voy, ¿eh? En fin, bobadas aparte, sólo quería decirte que tengo muchas ganas de regresar a Euskadi, hace años que no estoy de visita por allá. Y para entonces (para cuando “lo tuyo” esté más tranquilo y rodado, ya sabes), quiero mi paseo en escarabajo por tus rincones favoritos de esa tierra, anótalo.

Abrazo con saudade o morriña de mar (¿hay alguna palabra en euskera para eso?).

Sergi Bellver dijo...

La carcajada, A identidade, como el miedo cerval, o el vértigo, o un orgasmo, es otra de esas vías do indiscernível que utiliza la vida para sacudirnos un poco la pereza y la apatía. Sal y limón en la piel del alma para que despierte.

¿Nos tomaremos alguna vez una caipirinha en Río…? ¿Sabes? De los muchos lugares que me gustaría visitar en el mundo alguna vez, una, al menos, antes de irme al otro, Brasil es de los que más me atrae, pero hay un rincón en especial, que queda muy lejos de tu ciudad, pero que me evoca sueños surrealistas, agua en y no junto a la arena, balsas de lluvia en medio de una página en blanco: hablo de los Lençoes Maranhenses (creo que se llaman así, no estoy seguro) ¿Lo conoces?

Un abrazo, amiga.

A identidade do indiscernível dijo...

Cuando venga, llamame. No, no conozco esos Lençóis aun, será un placer, si es una invitación!

Un abrazo, amigo.

el último abencerraje dijo...

Querido Albatros:
Después de este bello regalo que me has hecho, sólo me queda dedicarte, de memoria, este poema de Bretón, que ya conoces de sobra, pero cuyo grito y amor compartimos, estoy seguro:

Abandonadlo todo
Abandonad a vuestra mujer
Abandonad a vuestra amante
Abandonad a vuestros hijos en mitad del bosque
Soltad al pájaro en mano por aquellos que están volando
Abandonad vuestras esperanzas y vuestras creencias
Abandonad, si hace falta, una vida así,aquello que os han presentado como una situación con porvenir
¡Lanzáos a los caminos!

Para mi amigo querido, Albatros, Sergi, de "El último abéncerraje" con un beso.

marina dijo...

"Mirad! ¡Es un loco!"
Miré hacia arriba con cierto aire de desafío para ver quien profería aquellos gritos. Por primera vez en mi vida el sol besaba mi cara descubierta. Mi alma se inflamó de amor por ese sol y ya no quise llevar máscara alguna.
"Benditos, benditos sean los ladrones que me quitaron mis máscaras!"
Así fue como me volví loco.

...

I si no tenim la sort que descriu Gibran, si no topem amb uns lladres que ens la prenguin, haurem de "descordar-nos" la veta que la manté subjecta, amb valentia.
Dice este hombre que la locura no es contagiosa...¡vamos! Yo tengo la esperanza de que sí! :-)
Sergi, una abrazo relleno de locuras!

Nirth dijo...

Su locura radica en la necesidad patológica de que lo definan, de que le den una identidad. Y nadie puede decirte quien eres, salvo tú mismo.

Simplemente Olimpia. dijo...

A tu relato "literal"; quien busca ser excepcional, sólo encuentra ser exceptuante, en un discruso agónico...no hay pócimas maravillosas ni brebajes de cordura institucional.
Un dialogo para un monologo claro.

Pensarnos diferentes no ayuda ni a creerselo, en cualquier caso...suerte con tu salto...seguro que la red te espera.

Olimpia.

Inés Mendoza dijo...

En mi humilde opinión, ese compromiso del que hablas no es un mérito de un grupo ni de nadie, si no una necesidad. Lo otro es vivir, como dices, la vida "del otro", y ese compromiso, sin acción, no es más que un montón de palabras. Coincido con la "ovación" (y perdóname la palabra) general a tu cuento, pero no por cortesía o por confluir, sino porque tu cuento vehicula un compromiso.

Me gusta mucho tu cuento, no porque esté bien escrito -que lo está- y porque literariamente no tenga nada que objetarle, sino porque dice algo, -hace verdad- sobre ese eterno forcejeo entre la Inmanencia mortífera de los adaptados a este mundo (cuya vida gira en torno a este pobre ser que somos todos, con su aburrida cotidianidad y su falta de miras) y la Trascendencia vivificadora del así llamado "loco" de tu cuento.

Me gusta mucho tu texto porque da con la clave de lo que somos: como le ocurre al médico de tu cuento, la verdadera locura es pensar "no, no, en esta época ya no se persigue a la gente rarita, han muerto las utopías, el mundo va en progreso, hay democracia" y tópicos por el estilo que dejan -pienso- la conciencia tan tranquila como lo está la de un cadáver.

Me gusta mucho tu cuento, finalmente, porque me dan ganas, cuando lo leo, de subirme a incordiar a una azotea, de hociquear (aunque no sé lo que es eso) por ahí, de darle la vuelta al mundo, o como dice en su comentario tu misterioso amigo "Abencerraje", de abandonar muchas cosas (y acaso no es subir a las azoteas el único sentido de la escritura?)
Tu cuento tiene un aire de libertad, y me acuerdo ahora de lo que dijo cierto surrealista: "sólo la palabra libertad tiene el poder de exaltarme"

Me dan ganas, ya te digo, de subirme a una azotea, y cuando, un día de estos lo haga, lo haré en tu honor.

Un beso de azotea,
Inés Mendoza

Escéptico dijo...

Joder, Sergi, después de leer este relato, después de comprobar el dominio que tienes en el uso de los diálogos, sólo puedo decirte, desde el fondo más hondo de mi envidia más mala: ¡cabronazo!

Sergi Bellver dijo...

Ay, amiga A identidade, ese “cuando vengas” puede demorarse años, me temo, si mi vida sigue más o menos por el mismo rumbo que hasta ahora. Tendrá que suceder algo, que cambien las circunstancias (económicas), para poder permitirme viajes como ese. De todos modos, llegarán, algún día llegarán. Y descuida, que me encantará aterrizar en Brasil y saber que hay alguien esperando para mostrarme su inmenso hogar.
La verdad es que viajar (lo que yo entiendo por viajar, que poco tiene que ver con el turismo) es lo que mejor me hace sentir (más, mucho más que la literatura misma), y uno de mis sueños es poder visitar algún día a toda la gente que aprecio y que se encuentra tan lejos.

Si uniera todos los nombres de mis amigos (los antiguos, del abrazo ya sido, y los nuevos, de la carta y el abrazo a distancia), como puntos que anudara en un trazo, podría dar una inolvidable vuelta al mundo: De Madrid a Galicia, y bajar hasta Sintra (Portugal). Volar a Tenerife (Islas Canarias), Santiago (Chile), Buenos Aires, Rosario y Salta (Argentina), la frontera de Uruguay con Brasil, y después hasta Río de Janeiro. De allí a Maracaibo, San Cristóbal y Caracas (Venezuela), Guatemala, luego Los Cabos, Mexicali, Puebla, Torreón y el D.F. (México). Volar hasta Bali (Indonesia), luego a Singapur y de allí a Beirut… Después Wiesbaden (Alemania), Tromso (Noruega), París, Bologna, Catania (en Sicília) y de nuevo en mi tierra, Catalunya, para conducir de Barcelona hasta Málaga y Almería, y de nuevo para mi querido Madrid.

La felicidad debe parecerse a eso…

Beijos.

Sergi Bellver dijo...

El Último Abencerraje, estimado camarada de vuelo, este albatros, como pájaro que vuela y no cabe en mano alguna, y sin embargo habita en todas las que se tienden honestas y generosas, como la tuya, te dice que no citaste ese poema de memoria, porque no acudiste a ese archivo mental para rescatarlo, sino que, como demuestras en tu camino diario, lo llevas impreso a fuego en cada gesto y cada impulso, aprehendido en ese motor vital que es el deseo, tu deseo, el deseo de todos los seres humanos que no se amedrentan.

No fue tal regalo, sólo celebración de un privilegio. Porque el mundo parece menos gris si se comparte con amigos como vosotros. Por eso el abrazo y la lealtad, pase lo que pase, siempre.

Sergi Bellver dijo...

Insisto, Marina, porque también va por ti: el mundo parece menos gris si se comparte con amigos como vosotros. Por eso el abrazo y la lealtad, pase lo que pase, siempre.

No hay nadie que pueda darnos un nombre, sólo a nosotros nos compete el bautismo, el renacimiento constante a una nueva versión de nosotros mismos, cada vez más sencilla, más pura, más sabia. “Loco” es un nombre gastado, “cuerdo” es un nombre equívoco, y si hay que elegir, mejor pensar en lo que somos en lo más íntimo, y asumirlo, y defenderlo, y nombrarlo, si cabe, antes que aceptar la correa del otro.

Dices de esa máscara: “Y si no tenemos la suerte que describe Gibran, si no nos topamos con unos ladrones que nos la arrebaten, habremos de ‘desatarnos’ el cordel que la mantiene sujeta, con valentía ”. Y por esta vez traduzco, sólo porque me apetece, pero me ha encantado que dejes parte de tu comentario en catalán, porque el otro día se me pasó contestarte a una cosa de tu correo-e: escribe en el idioma en el que te sientas más cómoda, en catalán, en este caso. No tengas ningún reparo en hacerlo en tu lengua materna (y le digo lo mismo a todos los que visitan al albatros: hacedlo si os sentís mejor o alguna vez os cuesta utilizar el español para decir “eso” exactamente “así” y no de otro modo, si así os nace, sea en portugués, francés, italiano, inglés… -de otras lenguas ya no respondo- no quiero que nadie se aguante las ganas de decir algo por ese motivo), no hay problema en absoluto, porque prefiero mil veces que dejes tu huella tal y como la sientes, sin traducir el sentido de cada detalle (intransferible a veces en el lenguaje en el que uno late). Si luego hay que tomarse dos minutos para republicarla en castellano y que la comprendan otros, no te apures, que yo me encargo. Pero aquí se viene a sentir y a compartir, no a encajar en un molde.

Dit aixó, rep una abraçada estiuenca i esbojarada ;-)

Sergi Bellver dijo...

Bienvenida, Nirth, creo que es tu primera huella en estas alas.

El loco de este diálogo absurdo no busca tanto una etiqueta que atarse a la solapa como un lugar desde el que esperar al enemigo, o del que descolgarse y desertar con sus aliados. Quiere lo mismo que todos, lo admitamos o no, lo sepamos ya o aún esté por aflorar: un lugar en el mundo. “Patológico” es un término que, aparte de la enfermedad, podría definir una anomalía según “el otro”, es decir, un vértice que no encaja o sobresale del lecho de Procusto, algo que debe ser deformado o mutilado hasta cuadrar con algo establecido de antemano. Tienes razón, nadie más que uno mismo puede intentar descubrir quién es, y todavía no le alcanzará una vida para desentrañar el misterio. Un nombre, al final, no es más que un signo para interpretar, y en toda esa operación hay demasiada niebla, siempre. Pero un judío, por ejemplo, lo es por ese código de significantes y significados que le construye, desde sí mismo y en libertad con los demás, pero nunca por una estrella de David amarilla que OTRO le clava en la solapa. Supongo que no me explico, pero seguro que me entiendes.

Un saludo y gracias por la visita.

Sergi Bellver dijo...

Había sopesado decir “Gracias por tu intervención, aunque no comparta ni su fondo ni su forma”, sin más, y dejarlo correr, pero eso hubiera sido demasiado cómodo para mí. Así que…

Para tratar de ser justo y no apresurarme, Olimpia, he leído varias veces tus últimos comentarios y aún así hay algo que se me escapa de ese tono tuyo entre escéptico y sobrado, y utilizo ese segundo término (con el primero no tengo ningún problema) porque pasas de la sanísima discrepancia al juicio de valor. Debo ser yo, que no alcanzo y no doy para más, o que soy muy susceptible (el peor de mis muchos defectos), pero me queda una sensación extraña después de tus intervenciones, como de haber sido mirado con desdén por encima del hombro, con un mohín hosco y omnisciente (con esa rigidez que tantas veces se confunde con “rigor”). En fin, corrígeme (lo harás, me temo) si me equivoco.

Sobre lo que ya no tengo tantas dudas es que no te gusta demasiado lo que lees en esta bitácora, por lo que te agradezco doblemente el esfuerzo y el dispendio. Si alguna vez te encuentras alguno de mis futuros libros por ahí (algún editor incauto caerá algún día, para desgracia de algunos), apuesto a que lo dejarás en la estantería y sabrás encontrar algo más acorde con tu postura. Uno no puede agradar a todo el mundo, y de hecho, sería sospechoso de estratega si lo hiciera.

Hasta aquí te he respondido con total sinceridad pero en frío, créeme. Hoy ha sido un día bello para mí, lejos del ordenador, he compartido varias horas con gente que quiero, he tenido buenas noticias, vamos, que estoy de muy buen humor, de modo que no hay nada dicho “en caliente”. De hecho, escribo esto en casa (donde no tengo conexión a internet, sólo un Pc que va casi a pedales), de madrugada, muchas horas después de tu comentario, y lo pegaré aquí el domingo por la tarde, o tal vez el lunes por la mañana, aún no lo sé. Pero tengo algo que decirte, con la misma sinceridad, aunque de manera casi vehemente, y que no espero que ni tú ni nadie comprenda, porque no obedece a la lógica sino a lo emocional, a la intimidad, casi, y que me ha molestado muchísimo que te aventuraras a cuestionar, la verdad, en ese juicio de valor que mencionaba: cuando yo salto, sALTO, y lo hago siempre sin red.

Tus discrepancias, Olimpia, y argumentos cuando los haya, como los de cualquier otro, serán o no compartidos, pero siempre recibidos con respeto, y publicados, por cierto, ya que he de decir que, a día de hoy, todavía no he tenido que “filtrar” ni un solo comentario, pues no ha vulnerado ninguna de las mínimas pautas acerca de la moderación de comentarios en Alas de Albatros, que expongo en la entrada Vuestras huellas, que no sé si habrás leído. Incluso, si me apuras, hasta he decidido publicar alguno que sí se las ha saltado en parte, por lo que todavía entiendo menos tu apostilla en el comentario que has dejado en “Visibilidad reducida II”. Así que puedes discrepar cuanto quieras, sobre todo en lo literario, que para eso estamos, pero ese derecho supone el deber moral de aceptar que me exprese también en libertad cuando me sienta juzgado gratuitamente. Y es que tengo la impresión (me he molestado en preguntarle antes a varios amigos, por si fuera sólo cosa mía, pero opinan que no voy desencaminado) de que me estás sentenciando.

Un saludo.

Pd: pócimas maravillosas no, más bien nauseabundas, porque sí hay “brebajes de cordura institucional”, ni lo dudes. Este capitalismo ultraliberal y todas las necesidades artificiales que nos crea, y todos los moldes que nos asignan desde que nacemos, para que seamos todos eficientes, asimilables y productivos, no son más que lingotazos de ese veneno, al que algunos se hacen adictos, lo sepan o no, con una sonrisa inmaculada o un sucedáneo de seriedad, tanto da.

Sergi Bellver dijo...

Que conste que no es por cansancio después de lo grafómano (las huellas anteriores están escritas en casa), sino por arañar dos minutos del curso de diseño web (aprovechando que a la gente se le pegan las sábanas en este lunes de julio y el profesor da un poco de cancha), pero voy a ser inusualmente breve -con la emoción que decía Chéjov, esa que se expresa mejor con el silencio-:

• Inés, no sé qué hacer con tu comentario, si enmarcarlo, o si imprimirlo en octavillas y provocar una lluvia surrealista desde cualquier azotea... "Gracias" es una palabra que ahora se me antoja pequeña... pero es la única que me cabe. Me has pintado un lunes de fiesta.

• Escéptico, hace tiempo fue un anónimo el que lo dijo, pero quiero que sepas que me ha encantado ese cumplido, y te lo digo en serio, de hecho, cuando me pasa a mí, y leo ciertas cosas, mi frase es como una letanía... "qué cabrón"...

Un abrazo a los dos y gracias por las buenas vibraciones.

Ada Juneau dijo...

Enhorabuena, Sergi, yo también me apunto a esa calificación que hace Juan Carlos Márquez, un relato APA, aunque dejaría lo de profundo y ágil y tal vez cambiaría la primera A por alguna otra, A de afilado, aleccionador, austero, no tengo ni idea, pero en ese diálogo sólo me parece absurda la testarudez de uno y otro, porque por desgracia se trata de un tema recurrente que muchos vivimos a diario. Si no pueden etiquetarte, no pueden controlarte, y cuando te sales de cuadro es cuando te cuelgan la más fácil de todas las etiquetas: la de loco, o ingenuo, o retrasado. Pero tampoco creo que sea buena idea instalarse de antemano en ese sitio, y ejercer de "loco" cuando convenga, si eso supone eludir las responsabilidades que a cada uno nos tocan. Es complicado.

La última vez te dije que cuando crees estar haciendo literatura a veces arrastras demasiado lastre personal, pero con este relato dialogado creo que has conseguido unir una cosa y otra sin que se estropee la mezcla. La verdad es que si no fuera una pedantería por mi parte, pensaría que has escrito ese diálogo después de mi anterior comentario, porque en algún momento trataba de atemperar tu idealismo, de bajarte un poco de las nubes, y ya lo ves, sin querer estaba haciendo de "doctora", pero una vez leído este relato me doy cuenta de que en realidad tengo más de "paciente" que de "médico". A lo mejor es que soy demasiado práctica, o temerosa, y trato de no sufrir, y por eso lo del camino medio. Yo creo que tu postura vital es, en efecto, un poco radical, pero si de verdad eres así y estás dispuesto a aceptar lo que venga, entonces te alabo y te respeto.

Enhorabuena otra vez por tu trabajo, Sergi, me gusta mucho que seas capaz de probar cosas nuevas, y probarte a ti mismo. Por cierto, claro que firmo aquí con un pseudónimo, y que puedes usarlo para lo que quieras, si alguna vez "me veo" en algún relato tuyo, será todo un honor. Y en cuanto a lo del café, por mí encantada, si es que era una sugerencia, aunque de momento va a estar difícil por razones obvias.

Un fuerte abrazo.

A identidade do indiscernível dijo...

Lo que tendria que decir ahora es una broma en portugués: "cuando venga" dá pra te pagar uma caipirinha! Mas uma só, amigo :D

Y si, la felicidad es una viaje. Hermoso tu guión!

Besos.

Capótegui dijo...

Sergi, encantado de haberte conocido y de haber compartido contigo y con 'il capo di tutti capi' gambas y pulpo y cervezas mil (aunque las mías fueran sin alcohol) en la Santa Bárbara.
(Has de saber, por cierto, que al día siguiente fuimos al Reina Sofía y nos encontramos sin querer con el local -cerrado- de Gens en la c/ Santa Inés).
Me parece conmovedor cómo cruzabas los dedos por Alfonso y por mí hace un par de días, antes del fallo, deseándonos lo mejor. Eres de lo que no queda.
Y sí,existen muchas palabras en euskera que definen morriña o saudade, aunque no soy especialista en el tema: desde el adjetivo "larri" (triste, flojo, decaído) al sufijo "mina" o "miña", que va con el prefijo de lo que eches de menos (herrimiña = nostalgia de tu pueblo, etxemiña = nostalgia de tu casa, etc). Así, morriña de mar sería "itxasomiña".
Después del calor que pasamos en Madrid, no me extraña que la tengas.
Un abrazo del viejo Capótegui.

David Condés dijo...

Querido Sergi,

Poco que añadir a lo que ya se ha comentado aquí sobre este cuento rebelde tuyo, sobre todo por el nivel de algunos de los que han dejado su huella -saludos, camaradas- Así que sólo me queda decirte que, para mi gusto personal, es cojonudo amigo mío. Así se pega...

Un sabrazo,

David

Anónimo dijo...

jajajajajaja!

IF dijo...

Ya que has eliminado al narrador, haré algo parecido y eliminaré ese ego que siempre busca dejar algo lúcido o deslumbrante en un comentario, para que se fijen en nosotros, y me limitaré a constatar lo que pienso y siento tras leerte hoy:

Confía en tu talento, no te fies de tu ingenio, insiste, persevera, trabaja duro, Sergi, porque vas a llegar.

El día que tengamos en las manos un libro tuyo, habrá sido un placer el haber sido testigo de tus primeros pasos en este blog.

Un abrazo.
IF

Sergi Bellver dijo...

Cierto, es complicado, Ada Juneau, pero creo que esa clase de loco, precisamente, no repara mucho en lo que le conviene o lo que es "productivo", por lo que no adopta a priori ninguna postura ensayada, sino que se lanza a la corriente (o contra ella, más bien) siguiendo su propio código (po)ético.

Me hace sentir muy, muy bien, de veras, que lo que hago pueda gustarle a gente que demuestra ser inteligente y sensible a la vez (ya sé que parece una perogrullada enlazar estas dos cualidades, pero en los tiempos que corren abundan los "potastros" que insisten en enfrentarlas).

Lo del café era una frase, no una proposición (demasiado decente) en toda regla, pero ya que estamos, si esas razones obvias (la distancia, me imagino, ¿no?) tienen alguna vez arreglo, me avisas. Me encanta ponerle voz y cara -y abrazo- a los que me visitan, como pude hacer el otro día con el gran Ignacio Jáuregui (y señora).

Hasta entonces, los abrazos, virtuales, aunque no menos sentidos.

Sergi Bellver dijo...

• A identidade, si me llega para el avión alguna vez, creo que podré poner para la segunda caipirinha... ;-)

Te mando un abrazo, hoy con acento de Itapoá, de Vinicius y Toquinho, chupando una cachaçinha y "sintiendo la Tierra rodar".

.........

• Anónimo, el risueño, nada, que me salto el orden de las respuestas y me alegro aquí por tu risa, si es que mi diálogo "tuvo alguna culpa".

Sergi Bellver dijo...

Querido Ignacio Truman Jáuregui Capótegui:

Fue un placer compartir todo eso, y los posavasos de los Picapiedra -de la Sta. Bárbara- que nos pusieron (si llegan a traer dos más se hubiera combado la mesa), y la amable compañía de tu mujer (que algo de vasca y mucho de madre se trajo al encuentro, ahora que me acuerdo de lo que me animaba a comer, pobrecito), pero no fue una sorpresa, no lo fue en absoluto. Y lo digo porque todas las buenas vibraciones que desde el principio (incluso desde antes, cuando leías tu papelito en la presentación de la Parábola) me daba tu persona. Todavía debe quedar gente que piensa que los escritores son gente ermitaña, ensimismada y altiva, y esas cosas, pero la verdad es que estoy teniendo la suerte de conocer a más de un hombretón de esos que no disimula la ternura ni queriendo.

Gracias por la breve lección de idiomas, enhorabuena de nuevo por el finalista del NH -creo que te mereces eso después de tanto perseguir ese cuento- y, nada, que ojalá la próxima sea entre pintxos y txakolí.

Un abrazo en cuatrimotor.

Agur!

pd: el bilbainito de Moratalaz ya llegó, y ojalá nos traiga pronto bajo el brazo el libro de su aita.

re-pd: Te pasaste con la dedicatoria en la Parábola, que uno no es de piedra...

Sergi Bellver dijo...

Saludos, mi querido sputnik, y gracias por tu opinión, aunque hay cosas que, más que rebeldía, deberían suponer -y manda "webs" que lo diga justo debajo de este relato/diálogo, pero así es- un acto de sentido común, de supervivencia casi. Pero en fin, David, ya sabes que a quien no reconoce el problema no puedes pedirle que se pare a pensar soluciones, y mucho menos, revoluciones.

Eso sí, aquí cada uno tiene su valor, y aunque unas huellas vengan de quien vienen y otras sean anónimas, a mí, por lo menos, todas me sirven para seguir avanzando. Ahora bien, para qué mentirte, alguna que otra te da un subidón de moral que no veas...

Y hablando de ciertos camaradas comunes, digo yo que a ver si algún día de estos juntamos a Peter el Rojo y al albatros por algún garito de Malasaña, a ver qué sale ¿no?

Abrazo en voz alta, Condés.

Sergi Bellver dijo...

Para no querer deslumbrar, IF, por lo menos a mí, me has emocionado un poco. Pero espera que me limpie los mocos y reflexione:

- Creo, no tanto en mi talento, como en mi Deseo de decir.

- No me fio un pelo de mi ingenio (me ha gustado eso), porque suele tener más que ver con el ego cabrón que con la luz que le es útil a los demás.

- Y no sé si voy a llegar, y sobre todo, a dónde llegaré, pero en el camino estoy, y trabajo, palabra que trabajo, con toda la humildad y la audacia del mundo. La primera la utilizo para aprender de los que saben más que yo -y algunos visitan estas alas-, la segunda la llevo siempre encima para que no me venzan los complejos.


"El día que alguien tenga en sus manos un libro que yo haya escrito" (porque ya no será "mío", sino reinterpretado por cada uno), habrá sido un placer el haber compartido estos primeros pasos con todos vosotros.

Un abrazo agradecido.

.........

pd: para todos los que visitan el albatros: nuevo papel, nuevas actuaciones en el Albatros Café, y sobre todo, nueva intensa y extensa entrada en 10... 9... 8... 7... 6...

Anónimo dijo...

Pues si me ha causado risa y mucha! Es que te imagine a ti leyendolo! jajajajaja... Muy bueno poepillo... He estado de tur por una isla muy bella. Ya te enviaré foticos :D

TQM

An Inspiring Agent dijo...

Hola Sergi!!!

Pues mira que sorpresa me he llevado hoy- he visto el lado divertido y sarcástico de tu “Voz”. No me habia leído este escrito y me ha gustado mucho. Me lo he leído durante mi descanso y me has hecho sacar unas carcajadas, quizás por que como en tu cuento yo creo que estoy loca tambien….

Me identifico muchísimo con el siguiente trozo de tu texto…
— “Porque estoy zumbado, ¿sabe? Siempre quiero darle otra vuelta más a las cosas, llegar donde los demás ni asoman el hocico, entregarme apasionadamente a un ideal, abandonarlo todo, ser fiel a mis instintos.”

Bravo por poner un toque simpático a mi dia!~!!!! Y bravo por tu talento que como te he dicho anteriormente….”que mi Dios te lo bendiga”…jajaja

Abrazos bien gigantescos de la “Zumbada Barbie”….jajajaja

PD. Gracias por el mensaje de bienvenida a tu bitácora…esas alas tuyas de albatros que se extienden desde Madrid hasta lo azul zafiro del lago Michigan y te hacen sentir bien!!! Me parece muy lindo que te tomes el tiempo de contestarle toda la gente que te dejas huellas. It is a very nice touch!!!

Hasta que vuelva por estos lados a leerte un poquito mas…