Bitácora de Sergi Bellver: Visibilidad reducida (II).

25/6/07

Visibilidad reducida (II).

Para Ihintza C.



II



La ciudad no es más que una península de asfalto a la que nunca desciendo. Cada mañana hago el mismo recorrido, en el mismo vagón, pero siempre paso de largo. Cada mañana vengo desde el mismo lugar apartado, mi pueblo parduzco, encajonado al fondo de un valle en forma de T, con las casas enharinadas en caolín y la gente a medio cocer. Gente recia y adusta, pero reblandecida por la alborada, que se amontona a diario en el andén de un apeadero descubierto, como mazacotes de barro fresco y sin voluntad. Por la noche regresa agrietada y ya sin el barniz de la ciudad, como una partida de vasijas fallidas y desechadas, para desaparecer cada quien bajo la luz amarilla de su casa, a mojarse en el desencanto y esperar al día siguiente. Al despuntar el alba, otra vez y siempre, mis paisanos vuelven a apilarse en silencio bajo el vaho del mismo andén, como bloques de arcilla húmeda, y así todos los días, desmoronándose y resurgiendo una y otra vez del mismo lodo, con la renuncia intacta.
Tirito con ellos cada mañana, y el sueño también me llena de burbujas el fango de la cabeza, que a duras penas se mantiene alerta para tomar el primer tren. Sí, también espero en silencio en el mismo apeadero, pero mi viaje es distinto. Las manos de la ciudad no son más que las de un alfarero que nunca me tiene a su merced. No sé cómo fui a parar a ese pueblo empotrado en un zócalo, al pie de un tajo que deja desnuda una loncha de tierra rojiza al fondo del valle. Una pared cortada como si fuera manteca se yergue sobre el sudor pastoso y frío de las casas —un ribete de vegetación asomada al precipicio forma una costra verde allá arriba, y de lejos la sima todavía parece más una hogaza de pan de centeno, vencida por el moho—, y amenaza desde hace décadas con deslizarse sobre el pueblo y sepultarlo. No sé cómo llegaron a ese lugar mis padres, ni qué les llevó a pudrirse en ese pueblucho, a marchitarse con la lentitud de un pedazo de pan en la alacena, pero un día de estos me largaré a cualquier parte, a respirar un poco de brisa, a ver el mar desde la otra orilla —debe ser precioso el mar al otro lado, lejos de este malecón pedregoso y enmohecido, de este terruño gastado y siempre embotado en melancolía; las mañanas deben ser condenadamente azules, y seguro que calientan la sonrisa y hasta las tripas allí, en la otra orilla, pero ahora, aquí, sólo me repiten la leche, los azulejos, el calostro y los lamentos de mi vieja; asco de pueblo—.
Cada mañana el tren me saca del valle, y atravieso la planicie de los caseríos, la deriva de los postes de la electricidad, la lenta marea de hormigón de las afueras, los naufragios herrumbrosos de las fábricas, la chatarra ruidosa y el barro febril que el extrarradio y la comarca arrojan a la estación central de la ciudad, y empiezo a rozar esa otra orilla de las cosas, todas las mañanas del mundo a las siete y veintinueve, en cuanto atisbo la melena de Lucía, brillante de tan oscura, haciéndose sitio entre la gente. Sin apenas rozar a nadie, como si los demás temieran mancharla con sus rutinas, y sin dejar su caminar altivo, como de otro mundo, su presencia ilumina por un instante la penumbra del andén. Lucía sube el primer peldaño de la escaleta, se demora un segundo para entrar en el vagón, suspendida e indolente, y un pedazo de sol, desde la comisura de sus labios, refulge por encima del trajín de bultos y murmullos de la muchedumbre, y sus rayos llegan a tocar el fondo de arcilla de mis entrañas, hasta cocerlo, mientras la veo entrar cada mañana. Todas las mañanas del mundo, porque siempre amanecen la esperanza y la locura desde el vértice de su boca.
Hoy hace un día feo, casi viscoso, como si la luz apenas atravesara un paño húmedo tendido en el cielo, y parece que va a llover dentro de un rato, pero ahí delante, arrobada en su revista de moda, Lucía brilla y me ignora, y me basta, mientras la ciudad se va haciendo añicos, y los últimos edificios desaparecen por fin en la distancia.


...estación anterior
próxima estación…

49 comentarios:

A identidade do indiscernível dijo...

Haceme falta en las imagines que evoca la description de Lucia. Se el itineratio es diario, Lucia no podría estar todos los días egal, sía sí fuera no brillava. Mesclar tal vez la description con o pasar del tren, los otros pasajeros, lo tiempo. No lo se. És solo una idea que ocorreme con su bello relato.
Un beso.

Marsu dijo...

Me gusta cómo pasas se lo anodino a lo sobrenatural. Como haces que brille la luz entre el barro.

Genial El Chinchilla. Versión clap de Insurrección. Ver para creer.

Arilena dijo...

Me gusta, sobre todo la segunda parte, cuando ya aparece Lucía. De todas formas entiendo que es algo más grande y habrá que leerlo todo para opinar bien.

Entretanto me quedo con esta frase:

"y sus rayos llegan a tocar el fondo de arcilla de mis entrañas, hasta cocerlo"

Un beso

P.D. Confirmo que finalmente sí eras tú el del otro día. ;)

Eduardo Goñi dijo...

Hermano siempre te visito por tu buena onda, tu estilo, hoy trato de dejar un comentario, no me iba bien esto de ser sólo un voyeur.
Intensa Lucía a pesar de su indolencia, creo que haré en breve una tesis, sobre ciertos hombres (me incluyo), que nadamos en pro de lo imposible.
Sergi mi afecto, vos sabés.

José C. dijo...

Excelente juego, Sergi. Ya veo que esta Visibilidad reducida se va a ir aclarando poco a poco, según vengan las estaciones. Todavía no hay conflicto (o apenas se apunta ya, con esas ganas de escapar de la mediocridad, y esa idealización de Lucía como algo de fuera, aunque cotidiano), y por lo tanto, todavía el relato, si es que lo es, no cobra forma. Lo que sí es cierto es que me engancha tu manera de conjugar imágenes y estados de ánimo. Tu habilidad para dibujar metáforas, y para que digan varias cosas al tiempo, me parece uno de tus puntos fuertes. A lo mejor dosificarlo un poco, como ya te han dicho otras veces, no iría mal, pero algunas de esas metáforas que consigues a veces son de verdad brillantes, mejores que muchas de las que se suelen ver en textos de otros autores consagrados, que sin embargo transitan por los lugares comunes. Me ha gustado mucho la parte del pueblo, me dan ganas de leer, de saber más, aunque leyendo seguidas las dos partes que llevas hasta ahora deberías haberla apuntado un poco al principio, igual que haces con otras cosas, como lo de los naufragios, la leche, que sí van recogiéndose luego. Si te digo la verdad, es lo que más me ha gustado de todo hasta ahora, junto con la llegada del tren a la estación de la primera parte.

A ver si Lucía abre la boca o baja de las nubes en próximas estaciones, que parece más una estatua que una chica. No sé si estos textos tuyos son autobiográficos y después pasados por el tamiz de la literatura, o son pura invención, pero, como siempre, con todos tus fallos y aciertos, con todo lo que sin duda te queda por aprender, al final consigues impregnarlos de algo especial.

Creo que en el futuro vas a conseguir que unos cuantos nos hagamos adictos a tus libros, o al menos, que los disfrutemos de principio a fin, sin tregua, porque eso sí hay que decirlo, mantienes la intensidad, siempre, en todo lo que escribes. Por cierto, la página te está quedando impecable, la sección de enlaces es para enmarcar.

Un abrazo muy fuerte, y a seguir trabajando, que ya veo que ganas no te faltan.

El Navegante dijo...

Querido Sergi:
No sólo conservas intacta tu cualidad de escritor de lujo, tus metáforas que sólo tú puedes tallar como joyas en cada escrito, y desde leugo, enga, el buen gusto a la hora de musas lograr.
Te felicito, como siemrpe lo hice por todo tu talento.
No es fácil pedir disculaps or una ausencia, pero hubion unn justificativo, anterior a los 5 meses de inactividad que tuve en mi blog Poe tenas familiares.
Tu prsentación relamtne hermosa que ha´bias logrado creo qeu jusot antes que este blog, con tanots efectos que habías construído con esmero y dedicación, tal vez no era para suar mi Windowas 98, el cual aún está en uso por aquí.
Tal vez por ese motivo cada vez que deseab ingresar se me bloqueaba tu blog, y me resultaba implsible ingresar un comentario.
Siento n enmrome placer en pdoer abrazarte ahior,a lueog de tnato tinmepo, pedire mis disculpas, y agradecerte ut cimpñái que me has brindado como un alto honor para este Navegante.
Hasta cualqoer momento ARTISTA, y te deseo lo mejor. !!!!!

marina dijo...

El barro. Logras que sienta barro en el tacto, en el gusto, a lo largo de toda esta estación.
"Las manos de la ciudad no són más que las de un alfarero que nunca me tiene a su merced"..y una sonrisa de luz ,de Lucía..fíjate...:-)
Me encanta la descripción del pueblo: la "loncha de tierra rojiza", la manteca, la hogaza de pan.... Juntado con el barro, afecta a todos mis sentidos.
Y es que, Sergi, me encantan las piedras...y algunas veces veo hojaldre tostado con crostas también verdes...mmm...
Un abrazo!
P.D: Un día, en el café, pude atrapar a Inti-Illimani...! Pura tierra y la quena desgarrando el cielo... Bravo. Eso sí: vuelvo a decir que "qui no corre,vola"...pero es normal, siendo un albatros quien lleva el café...:-)

Escéptico dijo...

En efecto, y de algún modo, la vida es como una cinta transportadora sobre la que nos desplazamos, casi inmóviles, desde el espacio que marca el inicio del día hasta el ocaso.

Como vasijas imperfectas nos desplazamos. O como maletas que ignoran su contenido, único objeto de su existencia.

Sergi Bellver dijo...

Gracias a todos por intervenir, y a los que leen en silencio, por la atención.

Hoy me siento realmente mal, cuando tenga otros ánimos, vendré a contestar todas vuestras huellas (y a visitar vuestras páginas) como merecen.

Mil perdones.

pd: Abro provisionalmente los comentarios, podéis intervenir sin esperar a que se moderen.

Marsu dijo...

Vaya, siento mucho leer que estás mal, y siento también saber que "desde este lado" no puedo hacer nada. Huelga decir que si se te ocurriera algo, ya sabes dónde estoy.

Si crées en las buenas vibraciones, mías y de todos los que te apreciamos, tu estado de ánimo mejorará en breve, ya lo veras.

Un abrazo fuerte, Sergi, con mucho cariño, y compañía en la distancia.

Ada Juneau dijo...

Querido Sergi, perdóname si me equivoco o me entrometo, tal vez no sea eso lo que te pasa (espero que nada referente a salud o a desgracias, cruzo los dedos), pero por lo que dices, y por lo que has escrito en las últimas semanas, y lo que he leído de ti publicado en los últimos meses, creo que lo que te pasa es que no estás hecho para la rutina, y mientras no aceptes ese peaje, vivir te va a seguir costando demasiados sinsabores.

En realidad quería decirte que se te nota, incluso cuando crees estar haciendo literatura (y cuando a menudo lo consigues, con tu talento y tu esfuerzo, pero nunca te libras del todo de ese lastre al que me refiero), que te quema algo por dentro. Creo que más que un vacío, lo que tienes es un exceso. Pienso que naciste para una manera de sentir diferente, distinta, demasiado intensa, demasiado fuerte, y que si quieres sobrevivir vas a tener que mentalizarte de que el mundo no está hecho para esa clase de ideales. El mundo es algo bastante más tosco y manejable, y vivir con una alegría moderada es mucho más inteligente que aspirar a una imposible felicidad absoluta. Estás hecho para amar de una manera que no es nada habitual, pero eso también puede traerte la más terrible de las soledades, si no encuentras a tu musa. ¿De verdad te compensa ese idealismo romántico (en el sentido culto del término)?

De tu relato, a mí también me ha gustado mucho ese cambio que haces desde la parte del pueblo a la del tren otra vez. Ese retrato de los obreros, también lo es de la rutina, pero la del otro extremo, la que ni siquiera aspira a la alegría. Tu frase "con la renuncia intacta" es demoledora. Y luego ese lado mágico y sobrenatural, casi, de la chica idealizada que sube al tren y te hace ver distinto el mundo.

El camino medio es el que debemos encontrar, para no morirse en vida en la rutina absurda, pero tampoco vivirla triste por una utopía inalcanzable que nunca llega. Sería bueno que te concentrases en lo posible, en lo realizable, porque tienes mucho que ofrecer a los demás, y te aseguro que los demás, al menos en mi caso, te lo agradecemos y confiamos en ti. Serás un buen escritor, y te lo dice una humilde pero curtida lectora que no se deja llevar por la sensiblería ni, como hablamos una vez, lee "best seller" y esas cosas. Cursilería no, pero sentimiento, todo. Yo quiero que un libro me vapulee, en una palabra. Y tú puedes conseguirlo, si te lo propones, no hay más que leer los comentarios que te dejamos algunos.

Te mando un fuerte abrazo para que te animes y regreses pronto con tu vitalidad, que se echan de menos tus comentarios.

Raquel dijo...

Un beso enorme, Sergi y todo mi cariño.

Te dejo un poema de uno de mis poetas preferidos:

El doliente (de Óscar Hahn)

Pasarán estos días como pasan
todos los días malos de la vida
Amainarán los vientos que te arrasan
Se estancará la sangre de tu herida

El alma errante volverá a su nido
Lo que ayer se perdió será encontrado
El sol será sin mancha concebido
y saldrá nuevamente en tu costado

Y dirás frente al mar: ¿Cómo he podido
anegado sin brújula y perdido
llegar a puerto con las velas rotas?

Y una voz te dirá: ¿Que no lo sabes?
El mismo viento que rompió tus naves
es el que hace volar a las gaviotas.

IF dijo...

Veo que también en lo personal eres un artista, es decir, alguien que no se conforma con la realidad que le han dado, e intenta moldearla y transformarla, y por eso tiene un extra de padecimiento cuando no lo consigue.

No te diría que no persigas la utopía, sólo que seas consciente de lo que implica: ser más fuerte de lo normal. Es el precio.

Me ha encantado tu texto, en serio.

Un abrazo y ánimo.

IF

Anónimo dijo...

Por caer al azar en un blog, y leer de repente frases así:

"Cada mañana el tren me saca del valle, y atravieso la planicie de los caseríos, la deriva de los postes de la electricidad, la lenta marea de hormigón de las afueras, los naufragios herrumbrosos de las fábricas, la chatarra ruidosa y el barro febril que el extrarradio y la comarca arrojan a la estación central de la ciudad, y empiezo a rozar esa otra orilla de las cosas, todas las mañanas del mundo a las siete y veintinueve, en cuanto atisbo la melena de Lucía, brillante de tan oscura, haciéndose sitio entre la gente."

Es por lo que todavía tengo fe en la literatura que está por venir, los libros aún inéditos de escritores todavía jóvenes y que sin embargo no se dedican exclusivamente a seguir el panorama actual para ajustarse y someterse al nuevo canon, para ser "famosos". Y es que me aburre esta corriente general que ahora impera en lo que es tenido como buena literatura actual, el feísmo, el realismo sucio, la parquedad, y todo lo que pretende ser una ausencia de estética (y que no deja de ser otra más, una postura como cualquier otra). No entiendo por qué no pueden convivir estilos distintos sin dejar de estar en su tiempo. Parece que muchos escritores tienen miedo a ser otra cosa distinta a lo que es aceptado por lo académico y la crítica, ya sea por demasiado "modernos" (rompedores) o demasiado "adornados" (preciosistas). La verdad, creo que los mejores escritores nunca estuvieron demasiado pendientes de esas cosas, simplemente hicieron lo que hicieron, y luego fueron los demás los que les clasificaron y etiquetaron según su "criterio".

Ni escribo, ni critico, ni me dedico a este mundo, sólo leo, y con pasión. Gran descubrimiento el de estas Alas de albatros.

Regresaré.

MaleNa dijo...

No recuerdo tu entrada, al beber de tu comentario, naufragué, no puedo saberte triste.
Dejo mi alma, úsala.

Te abrazo compañero.

Anónimo dijo...

Lucía es un orgasmo(varios) y Elena es tu vida y vos la suya, te ama y te quiere en su cama
¿A que esperas?
Despierta y métete de una vez en esa cama.

Sergi Bellver dijo...

Hay seres, A identidade, que brillan siempre, hagan lo que hagan, vayan como vayan, y estén donde estén. Con un traje de Armani o con una camiseta vieja. El protagonista y narrador (y hasta el autor…) lo ve así, al menos, y por eso no repara en las pequeñas diferencias, si Lucía luce vaqueros un día y un vestido al siguiente, si lleva el cabello suelto o recogido… lo que le enciende de ella son otras cosas, invisibles, imposibles, inasibles. De todos modos, todavía no sé a dónde nos llevará este tren, porque voy haciendo las distintas partes según me lo pide la historia. De hecho, la voy construyendo al mismo ritmo que el tren. Sólo tengo claras un par de cosas, de escenas, de ambientes, y entonces me pongo a escribir. Digamos que es un ejercicio de escritura espontánea (me tomo un buen rato para crearlos, a partir de una intención primera, y luego un par de horas para corregirlos, no más), textos que no me valen para el libro de relatos (para esos puedo estar semanas…), pero con los que quiero decir algo, sea lo que sea, y para ello utilizo estas alas.

Um beijo muito muito forte, garota.

Sergi Bellver dijo...

La luz, Marsu, igual que el color, no depende tanto del emisor como de la capacidad que tenga el receptor de reflejarla. Si ves luz entre el barro, si te tomas el tiempo de descubrirla en lo que hago, es porque eres, digamos, “fotosensible”…

Cuando pienso en un tema que me apetece para el Albatros Café, siempre me surge alguna que otra curiosidad, que no es lo que quería exactamente, pero mira, a veces descubre uno versiones que le hacen sonreír.

Y eso, sonreír, y algunas cositas más, es lo que consiguen gestos tan sencillos como el tuyo, la simple manifestación de la presencia y el afecto. Eso ya vale de mucho, amiga mía, así que te aseguro que “desde ese lado” tú y algunos otros conseguís contagiarme vibraciones de primera. No es nada “tangible” lo que me pasa, y no hay manera de echar una mano en ese tema, pero esas buenas vibraciones me hacen recordar que hay otro millón de cosas por las que merece la pena seguir adelante.

Un estrujabrazo del bloguero pródigo (por cierto, pronto te cuento en privado un chisme, referente a uno de nuestros “blogueros” favoritos, una alegría que nos va a dar en breve).

Sergi Bellver dijo...

No sé cuánto más grande será este viaje en tren, Arilena, pero por lo menos me quedan dos -seguramente tres- estaciones más. Cuando acabe igual tampoco sacamos nada en claro, pero me doy con un canto en los dientes si este ejercicio de estilo, o este afán de decir algo a toda costa, al menos os hace pasar un rato agradable. Me alegra que eligieras esa frase, porque quise poner –o recoger- un par de claves importantes en ella. Además, es un símil bastante más gráfico de lo que pueda pensarse, porque así me he sentido alguna vez, delante de ciertas Lucías que la vida me ha puesto delante: como vasija de barro en un horno, a punto de cobrar una forma superior, de trascender, de ennoblecer mi tosquedad en algo más puro y acabado. Aunque luego no sirviera para nada, qué importa, al menos me sentí diferente, vivo, en ese instante.

Un abrazote, y a ver si repetimos cañas otro día, en cualquier sarao literario, y charlamos.

Sergi Bellver dijo...

Qué sorpresa y qué alegría, Enrique. Todo lo que venga de casa de nuestro querido haiku encendido me suena siempre algo más limpio y cierto. Así que gracias por quebrar tu silencio observador y dejar tu abrazo. Yo no me atrevo con esa tesis, Dr. Goñi, sobre todo porque creo que sería de todo menos breve… Daría para unos cuantos tomos. Porque así es, hay hombres que locos o lúcidos, audaces o insensatos (eso nunca lo sabremos), preferimos perseguir con el alma entregada un gramo de intensidad, una astilla de lo imposible, antes que conformarnos con la tibieza. Y no es soberbia, tan sólo, como decía el escorpión de aquella fábula… es nuestra naturaleza.

Un abrazo hipertenso, doctor.

Sergi Bellver dijo...

Pues como le digo a Arilena, José C., no tengo muy claro si va a mejorar la visibilidad en este viaje, ni si cuando llegue a su término podremos hablar de relato, conflicto, deseo… Me he subido a ese tren sin billete de vuelta, y ya veremos qué pasa. A este paso, lo que me va a enganchar a mí, compañero, es leer vuestros comentarios, como píldoras de diazepán para el temblor de manos y así atinar mejor con el pulso a la próxima, porque es un lujazo que seáis tan pocos pero tan fieles, de veras. Y aprovecho para incluir a los silentes, que me consta que hay unos cuantos. De unos tengo constancia por el contador de visitas y la IP de quienes repiten todos los días –bueno, igual hay algún troll que me está clonando la página al otro lado del mundo y no me entero, que todo puede ser-, y de otros tengo noticia por medios como el correo-e o el abrazo en persona. En fin, José C., que como siempre es toda una inyección de moral leerte y notar (y anotar) la sinceridad y generosidad de tus impresiones (tienes mucha razón en lo de ofrecer pistas desde el inicio para irlas recogiendo después, cosa que trato de hacer con mis relatos –los que acabarán en papel, digo, espero-, pero por la naturaleza semi-espontánea de estos textos, a veces quedarán flecos por anudar).
Esta Lucía es un poco hierática, y hasta borde (por vanidosa), si me apuras, sin duda, pero es que el narrador protagonista no ha escogido qué forma de la belleza le dejó k.o., simplemente sucedió y no hay más. Algo de autobiográfico hay, y también un cedazo que lo filtra todo, como en cualquier libro. Hasta los de ciencia ficción, en algún momento, alojan cualquier pequeña gran verdad del autor, entreverada con todas las útiles mentiras de la ficción. Un hombre con la azada en el maizal, o un hombre con el sable láser en Plutón, ¿qué es, sino un hombre, al fin?

Oye, déjame ser un poco capullo, pero… ¿tú me financiarías un taller de escritura, un intensivo en agosto, por ejemplo? Porque no hay otra (ni hay pasta), si quiero aprender no me queda más que hacerlo a base de ensayo y error, en solitario o con la ayuda ocasional y el consejo de algunos amigos escritores, y mucha paciencia, que el camino será largo.

Y hablando de enlaces, a ver cuándo os animáis algunos comentaristas habituales, sospechosos de juntar letras o de devorar las de otros, y os hacéis una bitácora, que no cuesta nada y ya ves todo lo grata que puede llegar a ser la experiencia. En fin, es una idea.

Un abrazo.

Sergi Bellver dijo...

Cuánto tiempo, Navegante, y qué alegrón verte fondear de nuevo en mi puerto. No hay que pedir disculpas de nada, ni que hubiera que fichar. Esto es como una terraza abierta (o una taberna, un boliche de madera vieja, más acogedor, ahora que pienso en el invierno del Cono Sur), y aquí todo el mundo es bienvenido, tanto si repite como si no, si viene todos los días a tomarse el café o pasa de largo una noche de tequilas. Además, qué demonios, yo tampoco es que me haga muy presente en todos aquellos espacios que quisiera, así que nada de disculpas. Y mucho menos si la ausencia fue por imponderables como esos. Ojalá se haya solucionado todo y estés bien.
Aparte, me sabe fatal cada vez que sé de alguien que tuvo algún problema técnico para visitar estas alas, y más si fue por mi culpa (por mi derroche barroco anterior en el continente –lo del contenido ya es irremediable, me temo…-). El Windows 98 (y anteriores) siguen vigentes a ambos lados del Atlántico, y hasta hace poco mantuve abierta la versión “Redux” de esta bitácora, precisamente para ponérselo un poco más fácil a los que no tenían una conexión muy rápida. Espero que ahora, con este reciclado y este diseño más sencillo, nadie tenga mayores problemas con la logística, y así verte más a menudo, atracando en este muelle.

Gracias por reparar también en mis metáforas (siempre me viene a la mente la madre de la morenaza de El cartero de Pablo Neruda, cuando le dice alarmada al poeta que el cartero del pueblo le escribe a su hija ”guarrerías, metáforas”, y esas cosas), pero me temo que tendré que construir mi prosa con algo más, porque sólo con eso no puede sostenerse un buen relato, y menos una novela –por eso me están costando tanto, porque trato de utilizar todos los recursos-. Eso sí, de escritor de lujo nada, si me permites la broma, prefiero ser un escritor de minorías, si quieres, pero sin excesos, accesible y hasta proletario.

Un abrazo trasatlántico, capitán.

Sergi Bellver dijo...

Mira, eso sí que es lujo (privilegio), Marina, saber que un lector desmenuza con sus propias manos aquello que has querido decir, que lo palpa, lo siente y lo hace suyo. Ese tipo de cosas son a las que cualquier artista ha de estar atento durante toda su trayectoria, no a la crítica, no a los premios, sino a esa clase de conexiones con los que aprecian su trabajo. Y he dicho artista porque tú eres música, y estoy seguro que nadie podría ponerle precio a esas veces que algún espectador se habrá acercado a decirte lo que le ha emocionado la pieza que acabas de tocar.
Ya tengo ganas de ir volando a compartir otro café contigo, o una cervecita, un mojito bien frío, cerca del mar. No sé cuándo ni cómo, ni si podré pronto, pero ya sabes que te tomo la palabra y sé que tengo un rincón en el Maresme para sentirme en casa.

Una abraçada gegantina

Sergi Bellver dijo...

Antes que nada, Escéptico, te pido disculpas por demorarme en contestar a tu generoso gesto, ya sabes. Pero aparte de ánimos, también me han faltado ratos, y es que tengo la a veces sana costumbre, a veces imperdonable manía, de querer tomarme siempre mi tiempo para escribir y decir ciertas cosas sin prisas. Pero tampoco hay que pasarse, que luego se quedan las cosas por hacer con esa puñetera cantinela que unos e repite en voz baja a sí mismo: mañana, mañana fijo…

De esa cinta transportadora algunos saltan, y aprenden a caminar a campo abierto, y los demás les señalan con el dedo, y les azuzan con el desprecio, y les toman por locos. En el fondo yo quiero ser uno de esos exiliados, y lo intento. Porque me niego a no ser consciente de cada paso, aun con las llagas, porque me niego a que sea la inercia de los otros la que me gobierne. A lo mejor por eso, aunque también soy, sin duda, una vasija defectuosa, abro de par en par mi maleta y me muestro, hasta destripar el forro, para ver si algún viajero le da el sentido a todo esto, y me lo explica, que yo no abarco. Sólo lo intento.

Una forta abraçada i fins després.

Pd: Hasta luego, digo, que ahora escribo esto a medianoche, mañana a primera hora (el ahora-ahora) copio y pego, y en cinco minutos empiezo con el curso (vamos por el Photoshop). Pero esta tarde, antes de la editorial, con más calma voy a contarte y comentarte unas cuantas cosas en tu Laboratorio de ideas.

Sergi Bellver dijo...

No sé si te entrometes, Ada Juneau (oye, me gusta tu alias ¿es pseudónimo o real? Me gusta para un personaje, ¿me prestarías el copyright?), pero desde luego, no te equivocas. De hecho, me dejas con el culo al aire, del todo expuesto, y hasta utilizas ciertas palabras que ya me han dicho muchas veces, viejos amigos, antiguos lectores, nuevos amigos (pienso ahora en una surrealista de mirada potente en un café de Malasaña). Creo que, si algún día nos conocemos y nos tomamos un café, acudiré con una máscara y un disfraz, porque intimida un poco que te hayan visto así, como un guante vuelto del revés, con todas las costuras al aire.

Pero hay una cosa que no comparto contigo, ni con tu impagable y afectuoso empeño (que agradezco hasta lo indecible). Me refiero a la utopía, al mundo y a lo “inteligente”. Si las cosas son como dices, en efecto, tengo un problema, porque no me conformo con la vulgaridad, ni con las medias tintas, ni con los perfiles impuestos desde arriba, ni con el yugo invisible e implacable de las necesidades artificiales, ni mucho menos con la conveniencia de un amor paseable, decente y cabal, ni en ningún caso con toda la farsa de “valores” que le empujan a uno a ser “un hombre de provecho” (de provecho para el que quiere sacar partido de nuestra mansedumbre).
No, no lo voy a tener fácil, lo sé. Ni en el arte, ni en la vida, ni en lo personal, ni por supuesto en el amor. Ni el mundo está bien así, ni la gente es buena, ni mala, sino todo lo contrario, la gente no es, y cada postura no es más que un nuevo intento (fallido) de hacerse real. Y lo real miente, y la literatura confiesa, y el sentido común lastra, y lo demás, qué será lo demás, no tengo ni idea, pero eso otro, ese “algo” que no sé describir, locura, lucidez, incendio, cuelgue, deseo, apasionamiento, raíz, radical, raigambre, de la Tierra al abismo, del abismo al cielo… No tengo ni puñetera idea, querida Ada, pero mantenerme en pos de mis utopías me ayuda a sentirme digno, a mirarme al espejo y no despreciarme del todo. ¿Que me irá mal? ¿Que no me compensa, que salgo perdiendo? Puede, pero como ya he dicho más arriba, es mi naturaleza… Además ¿y si gano? ¿no seré acaso, por fin, un hombre nuevo? Vale la pena apostarlo todo, aun si pierdes, que conservar unos míseros retales de “cordura”, con esa implacable renuncia

En fin, no lo dudes, amiga, no soy un maldito ni un taciturno, en la compañía adecuada, cuando me siento en casa, soy un tipo alegre (y hasta canto en las cenas, o me encaramo a cualquier parte a hacer proclamas encendidas, y me río desde las tripas, cuando me atizan ahí con el humor, y me como a besos a quien quiero). No se trata de postura, Ada, lo que trato de decirte, sin explicártelo –porque no podría- es que soy así.

Déjame que trate de contagiarte un poco de mi “locura”, utilizando tus propias palabras, tan bellas: “Yo quiero que un libro me vapulee, en una palabra”. Pues yo quiero que la vida –y las palabras- me vapuleen. No hay que salir indemne de esta, hay que zambullirse de cabeza.

Un larguísimo y agradecido estrujabrazo.

Sergi Bellver dijo...

El mismo viento que empuja las velas o las rasga, es el que sostiene en el aire a los albatros o el que, en el vendaval, los empuja contra tierra firme.

Gracias por el poema, el afecto y el puñado de segundos que has dedicado a tratar de devolverme la sonrisa.

Un abrazo muy fuerte, Raquel.

Sergi Bellver dijo...

Claro que cuando duele, duele el doble, IF, pero aunque a veces -tras las caídas más duras- he deseado ser diferente, y hasta anodino, y conformarme con cualquier cosa, y vivir tranquilo, al instante he vuelto a las andadas, y de nuevo he asumido lo que soy (un artista, no sé, está por ver, pero un albatros, seguro). Piensa que cuando disfruto, también es más intenso...

Jamás he confundido la sensibilidad con la flaqueza, como hace mucha gente. Soy como el árbol en el páramo, la tormenta me quiebra algunas ramas, algún imbécil se ensaña con mi pulpa de madera, algunos ingenuos dibujan corazones en mi corteza, algunos sedientos la rajan para beber mi savia, los terremotos sacuden mis raíces, abren grietas bajo mi médula... pero sigo ahí, ocupando las nuevas simas y haciendo cuña, para hacerme más fuerte, para recibir las lluvias, para darle un poco de sombra al viajero cuando reverdezca mi espíritu.

Me alegra que estés a gusto en mi vagón.

Un abrazo y gracias.

Sergi Bellver dijo...

Casi me dejas sin palabras Anónimo (Anónimo # 1, para entendernos). Digo casi, que ya sabe mi gente que si de algo peca el albatros es de locuaz y grafómano... de "pródigo", como dice un amiguete. No te lo tomes a mal porque te lo digo con toda la humildad y ninguna modestia, pero creo que exageras un poco en tu apreciación, al menos has conseguido abrumarme. Tanto que hasta puse un poco de distancia, releí como un extraño mi propio texto y concluyo que la literatura actual ha de esperar cosas más grandes, audaces y trabajadas, o mal vamos.

En lo demás, no sólo estoy de acuerdo, sino que huellas quedan por ahí de que he dicho a menudo las mismas cosas, hasta con palabras similares, por lo que no puedo más que comulgar con todas mis fuerzas contigo. Te aseguro que no me interesan ni la fama, ni publicar a cualquier precio, ni el supuesto prestigio, ni todas esas ínfulas que cuelgan de la equivocada vocación episcopal de ciertos escritores.

Sólo escribo lo que necesito escribir, y saber que a alguien puede parecerle útil o bello, es lo único que le da sentido. Incluso si a nadie se lo parece, de todos modos, no podría dejar de hacerlo. Que luego el tiempo y la gente haga lo que le de la gana con mis cenizas y mis letras.

Gracias por tu comentario, tan implicado e intenso. Me da rabia no tener un rostro o un remite al que agradecérselo.

Sergi Bellver dijo...

No quiero usar tu alma, MaLeNa, mi querido haiku encendido, quiero conocerla, aliviarla y confortarla. Y si alguna vez has de beber ajenjo desde mis letras y perder la noción de las cosas, o cualquier cosa te deja un regusto acervo en tu paladar, prefiero desparecer, callar, y no traerle a mi compañerita de viaje, y a ningún otro amigo, ni un sólo instante amargo.

El mundo es un poco mejor por gente como vosotros, mi vida es un poco más tolerable por abrazos como los vuestros.

Sergi Bellver dijo...

Anónimo # 2, ¿qué le sucede? ¿Quién es Lucía, quién Elena? ¿Qué sabe usted de lo que me late dentro?

Un "orgasmo" no da para tanto, y le aseguro que yo busco bastante más que eso en una musa. De todos modos, dije Visibilidad reducida, no espejismo (voy a trabajar y estudiar cada día caminando -no en tren-, tengo el mar muy lejos, por desgracia, y no vivo en un pueblo a los pies de una hogaza de lodo). La frontera entre lo literal y lo literario es tan tenue y ficticia como la que hay entre dos aguas "jurisdiccionales". Aquí la corriente lo mezcla todo... las olas resbalan de un lado a otro...

Zoe dijo...

Presioso como has conseguido describir el efecto que tiene Lucía sobre el pasajero, y magistral el modo en que con pocos datos das a entender la vida de la que él quiere escapar.

Me voy a ir de vacaciones, Sergi, qué ganas tengo de levantarme tarde todos los días!! ;) Me imagino que me conectaré menos de lo que ya lo hago ahora, pero te pienso echar un ojito desde la playa de vez en cuando, y quiero verte sonreir, estamos??

Un beso muy fuerte, sol.

A identidade do indiscernível dijo...

Referime no a las ropas, Sergi. Pero imaginei sus zapatos, no sé porqué e tambien los detalles poeticos entre las imagines, un hilo de pelo y cosa así. A revista de moda incomodame, pero yo la comprendo. Rogo que esteja mejor

Un beso muy, muy fuerte, hombre.

Sergi Bellver dijo...

Zoe, deben ser las ganas de Caribe que tienes en el cuerpo, pero se te ha escapado una "S", de sabrossón, mi amol. No sé si he dicho mucho de la vida de ese personaje, pero desde luego, sí del ambiente que le agobia. ¿Quién no quisiera escapar del barro a un mar turquesa? Y si no, mírate tú, que ya hueles a chiringuito y clara (qué envidia). Tranquila en cuanto a las visitas, después de tres años ya estoy acostumbrado a que en verano bajen en picado. Disfruta tus horas de sueño y de playa, tú que puedes. Prometo aplicarme fórceps de oreja a oreja, si hace falta...

Un besote.

Sergi Bellver dijo...

A identidade, creo que en próximas estaciones sí voy a introducir algunos rasgos de Lucía, es lo bueno que tiene escribir sobre la marcha (o en el tren en marcha), que los lectores también podéis participar... La revista de moda es casi un insulto, la tiraría por la ventana el personaje masculino, imagínate.

Oye, quiero ponerte en mis enlaces, pero tienes tantas páginas que no sé decidirme por ninguna ¿Prefieres que aparezca alguna en particular? De ahí los visitantes ya irán al resto.

Un abrazo carioca y un beso flamenco.

Sergi Bellver dijo...

Para quien quiera entender:


a) No es que haya solucionado nada, el tema sigue igual, mi corazón sigue enjaulado, harto de no poder cuando se quiere y no querer cuando se puede, de estar siempre en el lugar y el momento equivocados, de vivir de aire y nostalgia, cuando estoy hecho de presencia, fuego y sed. No, no tengo motivos para estar mejor, pero me voy haciendo a la idea, me voy mentalizando de que habré de volar de otras maneras, olvidarme del amor (el que yo espero y como lo espero, no debe ser para mí, siempre hay algún imponderable de por medio -la distancia, las circunstancias, el momento, el desdén, la ceguera, la distancia, la puta distancia, etc.-) y refugiarme en las letras, la vida y los amigos. Así que nada cambió, pero la sonrisa la tengo un poco más fácil, poco a poco, gracias al afecto recibido por muchos de vosotros (incluído el de ciertos correos privados cargados de bites, buen humor y mejores intenciones) y otros tantos que están a este lado de las cosas, hombro con hombro, con o sin albatros.

b) aviso, porque me lo veo venir, que cualquier intromisión en lo concreto, en cuanto a mi vida personal (una cosa es teorizar sobre lo que uno siente y otra muy distinta hacer de ello un cotilleo) será implacablemente eliminada. No sé, de repente he tenido esa intuición, he recordado viejos tiempos, viejas miserias de terceros, y no me apetecen en absoluto. Alas de Albatros no es sólo literatura, en esta bitácora caben muchas cosas, pero no le voy a conceder el más mínimo margen a las indiscrecciones. Para eso, para mandarme convocatorias de duelos al amanecer, amenazas destempladas, fotos comprometidas, berenjenas-bomba virtuales, proposiciones deshonestas, cartas eróticas, o cualquier otra clase de pirueta, ya está el correo electrónico, que para eso lo he puesto.

Un abrazo a todos.
Salud y República.

A identidade do indiscernível dijo...

Sergi, pones la que quiseres, que yo no me incomodo con eso. Yo la hago no por las mismas razones que las tuyas. No me preocupa en nada la literatura, hago para darlas, simplemente, y para tirar essas cosas de mi. Haga como lo quieras.

Me gusta lo beso flamenco, sobretodo, cuando yo retornar a mi zapateo recuerdaréme de lo beso en la batida de mis pies.

Escéptico dijo...

No es por llevarte la contraria, pero te la llevo: sólo hay una manera de volar y es de la mano del amor. Cualquier otra forma de moverse no es por el aire, es a ras del suelo. Y no por ello peores, sólo son distintas.

Tu inteligencia sabe que los impedimentos que mencionas -distancia, ceguera...- sólo son circunstanciales. Aunque tu corazón dolido quiera negárselo. Es por ello mismo que sabes que más allá de este dolor que te oprime se encuentra la esperanza, pues el amor sublime y complementario existe, créeme.

Sólo hace falta que confluyan las cuatro dimensiones con el estado de ánimo. Y eso, lo dicen las matemáticas estadísticas, es cuestión de aumentar el número de ensayos.

Un abrazo,

Joan.

David Condés dijo...

Querido Sergi,
Coincido bastante con él comentario de José c sobre tus metáforas: son muy buenas, muy plásticas. Pero sobre todo, a mí me atrapa la atmósfera que consigues crear, la cadencia de lo que narras y lo presente que tienes el propio acto de narrar, cosa que considero muy importante.
he gozado especialmente con cosas como: "Tirito con ellos cada mañana, y el sueño también me llena de burbujas el fango de la cabeza", o "empiezo a rozar esa otra orilla de las cosas"...
Me gusta la isotopía del barro, fango, lodo, alfarero, tierra rojiza, valle, orilla, península... no sé, no me acueddo de más.
Por decir algo malo, por rizar el rizo, vamos, para mi gusto Lucía entra en escena un poco tarde en este texto, me hubiera gustado verla en la primera frase. Pero es una cuestión que creo de preferencia personal, nada más.

Es una gozada leerte, conpañero.

Un fuerte abrazo,

David

Faerie dijo...

Sergi!!! Me ha encantado esta "segunda parte"... peaso escritor... hacía mucho que no navegaba por blogs... me alegro de estar de vuelta... besotes!!!

la hechicera de la luna dijo...

Hola Sergi:
Lo prometido es deuda llego toda despeinada desde la luna hasta tu océano maravilloso de letras montada en cometa.
Como no recordaba si había leído el texto que le precede, he vuelto a la primera parte para ponerme al día y leerte del tirón. Como siempre tu prosa impecable, casi me sonó a principio de novela intimista y muy de mi gusto. Gracias por dedicarme esta segunda parte, es un honor contarme entre tus amigas, lectoras y por que no, compañera de letras.
Has hecho que pueda sentir el roce del cabello oscuro y brillante de Lucía como si estuviera viendo la misma imagen.
Pero sobretodo leerte me inspira y me da ganas de escribir, gracias chavalote, nunca pliegues tus alas…
Felicidades escritor, un besazo!!!
muá

Simplemente Olimpia. dijo...

He leído con suma cautela y con parsimonia tus relatos, y brevemente y por encima los comentarios dejados en ellos.
Describes con una amplia riqueza de matices los paisajes, las imagenes, y dibujas con similes bellamente tejidos instantes de vida. En "mi opinión", es como si te fumaras en grandes caladas esos momentos, pero que en ningún caso llegan a invadir tu pulmón.
Eres el artifice de unas palabras que vislumbras desde lejos, como un actor al que no toca nada más que narrar la controversia de no partcipar en esa vida.

Leo después tu "para quiera entender" y no entiendo. Este medio no es quien para retratar ni etiquetar a nadie, y mucho menos desnudar el todo y lo que somos.(sólo es una ínfima parte) y sólo se debe atender a los relatos, como tales. Presuponer es un ejercicio gratuito y popular, que siempre lleva consigo un elevado índice de error constatable, por lo que mantenerse circunspecta es el mayor acierto.

Olimpia.

Sergi Bellver dijo...

A identidade, has de saber que le estuve dando muchas vueltas a eso que dijiste: No me preocupa en nada la literatura, hago para darlas, y que se las estuve dando aún meses antes de "conocerte" -es un tema que me preocupa-. El pasado viernes lo estaba debatiendo con unos amigos escritores (ellos ya se han ganado con su trabajo el que uno les llame así de todas todas). Creo que algún día, además de en esta bitácora -en la que también se entrega lo que hay, sin más- encontraré la manera de publicar (en papel) y no sentir que estoy comerciando con algo. Es complicado. Pero para resumirlo: me interesa la literatura, sí, pero mucho más la vida.

Un beso enorme, amiga.

pd: Al final me decidí por dos de tus bitácoras en mis enlaces (con banderita brasileña y todo -para marcar que son en portugués-).

Sergi Bellver dijo...

Importante el matiz, Escéptico, no son mejores ni peores, sólo distintas. A ras de suelo duelen menos las caídas, en pleno vuelo se atisban antes ciertos horizontes. A ras de sueños, como decía el de Montevideo ("monte sexto de este a oeste", desde que me lo dijo mi editor jefe, me encanta soltar la cuña), es a la únic a altura en la que toleramos vivir algunos pajarracos...

Me encanta que no me des la razón (me volvería un imbécil), y quisiera creerte, con todas mis fuerzas, o creer al tipo que yo era hace tiempo, pero me temo que estoy agotando mi cupo de ensayos soportables, o es que no llevo bien la cuenta y aún me queda alguno, no sé, soy de letras, qué quieres que le haga.

Una abraçada.

Sergi Bellver dijo...

Hombre, mi sputnik favorito. Qué bien que tu órbita por estos lares te sea placentera, David. Me alegra de veras que me lo hagas saber siendo tan concreto (al referirte a la isotopía, o a la voluntad narrativa) pero sin dejar de lado lo inefable. Está muy bien que leer sea una experiencia casi sensorial, pero a uno le halaga mucho que además se fijen en esa voluntad de hacer las cosas de una manera determinada -pero no determinista, porque se permite las aparentes divagaciones, las derivas que hacen al texto algo impredecible a veces, es decir, menos mecánico, más vivo-.

Lucía (y así lo viene haciendo en este viaje) es una presencia equívoca, aunque sea el eje sobre el que rota el deseo del protagonista. Aparece y se difumina, viene y se va, como una imagen que se acerca y se aleja tras un vidrio esmerilado. De ahí, aparte de en el paisaje mismo, el título de la "serie".

¡Spasibo por tu huella y da svidanya!

Sergi Bellver dijo...

Y yo el doble porque regreses, Faerie. Ya me contarás en qué proyectos anda metida ese "peasho" de actriz, que digo yo que ya es hora de coincidir de nuevo y verte alguna vez subida a las tablas, con lo que te apasiona, en tu salsa, que ya doy "ajco", que soy un "desarraigao" y ando en plan ermitaño de un tiempo a esta parte.

Y hablando de partes, a este viaje en tren le deben quedar dos o tres, espero que también te gusten.

Un besazo.

Sergi Bellver dijo...

Una Hechicera ha de venir siempre en cometa, vamos, es lo suyo, con una bata de cola de polvo estelar y un halo desenfocado en rojo sobre el pelo.

Qué bueno que reemprendieras el viaje desde el inicio (ahora no estoy muy seguro de aquella onomatopeya, creo que hoy no la hubiera incluído, pero así se queda, hay que anotar, aprender y avanzar), así vas cayendo en tres o cuatro "anclajes" que saltan de una parte a otra y, dentro del desvarío atropellado -aparente- le dan alguna consistencia.

¿Sabes? En algún momento he pensado algo parecido, en cuanto al tono, la prosa, el ambiente, la manera de construir los textos, no sé, pero aunque me lo estoy tomando muy en serio con mis relatos (nada que ver con esta clase de textos, son otra cosa, mucho más pulida y cerrada), y soy un apasionado del cuento, me da que, por mucho que lo intente, si tengo madera de algo en esto va a ser de novelista. Cada uno ha de aceptar lo que es... y para lo que sirve. En fin, literatura es literatura, qué más da la forma del envase, pero desde luego novela y relato tienen lenguajes distintos. Y, por supuesto, no me estoy refiriendo en ningún momento a la extensión... Como me dijeron una vez, creo que soy más un creador de ambientes, de universos habitables, que de dardos certeros.

Me encanta como cada lector hace suyo el texto, unos ven a Lucía como poco más que una sombra fugaz, a otros se les queda un detalle en la retina. Es lo divertido de todo esto.

Y me hace muy feliz el saber que puedo contagiarte en algún momento las ganas de agarrar la pluma (alas aparte) o darle al teclado. Sólo por eso ya vale la pena daros la paliza con mis historias, sólo por saberse útil, del modo que sea.

Un estrujabrazo estelar, amiga mía.

Agur!

Sergi Bellver dijo...

¿Para qué la cautela, Olimpia? Puedes leer igual que escribo, entre desfaroado y concentrado, una mezcla extraña, que no pasa nada. Tampoco creo que este cuarto de recreo, este taller de ensayos, tenga la entidad suficiente como para tomarse tanto trabajo. El efecto (o su ausencia) se ha de notar a primera vista, auqnue bien es verdad que la prisa le sienta mal a casi todo en general y a estas alas en particular. Y eso sí que te lo agradezco de corazón, que te hayas tomado tu tiempo.

Gracias por el desinterés y la generosidad, insisto.

En lo que no estoy muy de acuerdo (sólo parcialmente) es en ese no-efecto de las caladas que le doy a lo que hago, a lo que respiro. Y a la vez me halaga que lo digas. Me explico: en los textos, digamos, "literales", no es que respire, es que sangro y me deshago en cada palabra, y desde el afuera puede llegarse a la raíz, con sólo estar atento. Ahora bien, en los textos más "literarios", lo que trato de conseguir (y pocas veces logro) ews justo lo contrario: desparecer, aniquilar al "Yo" del trabajo. Por eso digo que en parte no estoy de acuerdo contigo (en cuanto a esos primeros textos) y en parte me halaga en el fondo (tuvieras o no la intención) que pienses que no me toca lo que narro. Será que "algo" debo estar haciendo bien, al final, aunque sea de rebote...

En cuanto a aquél comentario, con para quien quiera entender me refería a cierto anónimo y a experiencias pasadas, de gente que traspasó la línea de lo literario virtual a lo biográfico literal, vamos, que se metía en camisa de once varas. Sólo era una llamada de atención, para mantener al Albatros lejos de esa clase de "trolls" y otros especímenes internautas. Nada más.

En fin, cautela, la justa, sentido común (tan poco corriente ya hoy en día), todo el que haga falta.

Un abrazo y gracias por regresar, Olimpia.

A identidade do indiscernível dijo...

Yo también, mon ami, estuve dando muchas vueltas a eso, pero es una cuestión de prioridad en mi caso: no veo problema en la publicación, de forma alguna, pero para mim no es una prioridad porque mi medio era otro. Hoy no lo sé más que hacer, pero lo hago mismo así porque mi perdi en lo camino de las letras. También me preocupa lo tema. Yo sé que tu entregas lo que hay sin más- y rogo que encontres la manera de publicar (en papel) sin comercio. Sin embargo, que venda mucho! Si, es complicado, pero hay la vida!

Un beso enorme, amigo.

pd: adore la banderita! Quien sabe un dia lo consigo hacer en español también!?

Simplemente Olimpia. dijo...

Bien;...antes de proseguir...discrepo, por que no leo tu sangre desparramada por el suelo, ni la ropa tirada por la habitación. Leo (y digo leo) simplemente, como dije...imagenes, y me faltan los sentidos. Será que mi percepción es menos nítida, quizá enturbiada por mi desconocimiento (que no ignorancia)

Y no, no tengo "intenciones", sólo opiniones argumentadas por mi lectura. Y "Cautela"; puede ser por astucia o por reservas...(sin absolver). No todas las palabras tienen un único sentido o acepción....escoger el primero suele ser lo más fácil y ese es el que no suelo utilizar.

Simplemente Olimpia.
P.D; Veo que habilitas con el mismo impulso que filtras.