Bitácora de Sergi Bellver: De oficio.

4/4/07

De oficio.

Apuntes previos: un blues en dueto de saxo y bajo, una partida de cartas, un sesgo de cólera y paso de mano con pareja de ases.

• Esta tarde la ciudad se quedará un poco más sola, y yo con ella, mientras legiones en desbandada se van coagulando a lo largo de las venas de asfalto del país. Trombosis excéntrica en pos de las orillas. Y ahora que las calles y yo podremos vernos las caras sin maquillaje, sin el tumulto, a las bibliotecas y las casas encendidas no se les ocurre otra cosa que cerrar. De modo que, salvo imprevistos, el albatros hará vacaciones forzadas y mantendrá el pico sellado (a lo mejor por eso hoy deja ración doble). Aprovecharé para quedar con un par de amigos, de los viejos y de los nuevos, pero todos de esa estirpe de camaradas indispensables que se quedan a tocar con la banda mientras el Titanic hace aguas. Adelantaré trabajo, seguiré buscándole una carga de profundidad a los tres cuentos que voy armando al tiempo (Bolaño tenía razón). Leeré mucho. Quizá me masturbe, hace tiempo que ya no me divierte, hace mucho que ya sólo me excitan alucinaciones lamentables de amor y entrega, en fin, milagrerías tan improbables como la causalidad, la magia y otras chiquilladas. He vuelto a ser, justo ahora que la edad demanda cinismo, un estúpido adolescente que delira con el advenimiento de alguna musa a la altura de sus atroces pasiones, a salvo del tedio general. Tal vez uno de estos días madrugue para evitar procesiones y otras inercias, y me deslice por las aceras, brillantes y agotadas por el sudor de la lluvia, como quien hurga entre las sábanas para saborear la espalda de una prostituta dormida, cuando sus párpados guardan el secreto de su verdadero nombre y por la candidez despreocupada de sus labios vuelve a respirar una mujer. Así, más o menos, pasaré mi santa semana: tirando folios a la papelera, tirándome de cabeza a una alberca de papeles, o besando la nuca desprevenida de Madrid, la más amable de las putas.

• Antes de cumplir con lo pendiente, ese correo del que hablaba el otro día, un guiño para algunos amigos de esta bitácora: un meme literario. Este es arbitrario e inasible a más no poder, pero no me paro a pensarlo demasiado, simplemente me hace gracia y acepto el testigo. Me lo hace llegar el Sr.Curri, desde su exilio voluntario en las galias. Tal como se lo han transmitido, se supone que hay que abrir el libro que estemos leyendo por la página 139 y transcribir en nuestra bitácora las cinco primeras líneas del segundo párrafo. Luego hay que invitar a tres "blogueros" más a continuar el juego, que a su vez invitarán a otros tres... hasta que llenemos la "blogosfera" de retales que, en el mejor de los casos, quiero pensar, llevarán a algún lector a decidirse por una nueva lectura (desengañémonos, eso es lo más útil que podemos hacer con nuestras iniciativas, contagiarle algún buen libro a otros).
¿Por qué la 139 y no otra? ¿Por qué el segundo párrafo? Misterios, pero cuando te decides a jugar no te preguntas tanto por las reglas. A propósito, o sin venir a cuento, me da igual, pero me hastía esta proliferación interminable de críticos de pacotilla, en los medios, en los suplementos, en las bitácoras, tanto da. Detesto a los cascarrabias que hacen leña de cualquier astilla, a toda esa panda de usureros con gorro de astracán o toga de chupatintas, que sancionan esto y aquello pero nunca se deciden a aportar nada de cosecha propia. Y lo que es peor, cuando asoman tímidamente la patita, espoleados por algunos colegas, achispados por la ebriedad que da esa poltrona que algún tendero haya considerado otorgarles, es para mancharnos la vista con una escritura tosca, ramplona y gratuita, que no deja tras de sí más que el rastro embarrado de una pezuña amaestrada. Puedes encontrarte a individuos de esa calaña en cualquier ámbito, en las aulas, las fábricas, los comercios, en cualquier oficina, siempre hay algún miserable dispuesto a fastidiarnos el día y hostigarnos las costillas con los codazos de su pedante gravedad, pero, ay, camaradas, qué insufrible es la plaga de sapos avaros en este mundillo de las letras. Hoy en día SÍ hay libros y bitácoras que valen la pena, SÍ hay iniciativas desinteresadas y fecundas, personas que, con mayor o menor acierto, pero con toda la honestidad, se exponen, arriesgan, apuestan... pero esta otra gente se ha caído de la higuera y el golpe en la cabeza les ha hecho creerse sabios, cuando su único mérito, tal vez, es haber hincado los codos y papado tantos higos como les diera abasto el buche, lo que no significa en absoluto haber sabido apreciar el jugo de la vida en cada fruto. En fin, esas malas hierbas (bien sabéis que la higuera es un árbol parásito que asfixia al huésped) son para otro día, cuando venga a desbrozar nuestro jardín.
Ahora sigamos con la partida. Espero que se animen y no robarle demasiado tiempo a los anfitriones de las tres bitácoras a las que (I'm sorry, my friends) cedo el testigo de este divertimento: Callecitas estrechas, El blog de Enrique Ortiz y Frag-mentos. Como es mi costumbre, estoy leyendo dos libros al alimón, así que me tomo la libertad de hacer dos transcripciones. En el primer caso, el segundo párrafo no aparece hasta la página siguiente, no sé si eso será fuera de juego, pero como los jueces de línea, interpretaremos la jugada:

"De pequeño, cuando me preguntaban: "Y tú, guapo, ¿qué quieres ser cuando seas mayor?", contestaba: "Depravado". Y he dedicado todos los esfuerzos de mi vida a intentar conseguirlo. A mi generación (más bien tendríamos que llamarla degeneración: hemos sido una generación afortunadamente degenerada) le..."
Ochenta y seis cuentos, Quim Monzó.

"-No, muchas gracias. Para mí una mujer es sólo un mamífero inofensivo, o un camarada de diversión..., a veces.
Albinus soltó una carcajada.
-Bueno... pues ya que es usted tan franco al respecto, permítame que a mi vez le confiese algo. Esa actriz, Karenina..."
Risa en la oscuridad, Vladimir Nabokov.

Se diría que uno y otro se confabularon para recordarme el cinismo en el que deberían estar instaladas mis expectativas, o la ausencia de las mismas, pero la obstinación es uno de mis peores defectos. Prefiero la sed y la espera a hundir la cabeza en el agua estancada del conformismo. Así me va.

• Y ahora, por fin, lo prometido, lo que debería haber sido esta entrada:

De oficio.


"Una mujer es más bella que el mundo en que vivo".
Paul Éluard.


Deberían existir las musas de oficio, para la defensa de cualquier acusado de lirismo y otras perversiones que se declare insolvente. Debería uno poder enfrentarse a la noche sabiendo que en alguna parte, provista de material poético y ataviada con la preceptiva bata blanca para la intervención erótica, una musa de guardia vela las veinticinco horas del día.
Remito a la entrada anterior para que todo esto resulte mínimamente inteligible. Pero digamos de nuevo que estoy escribiendo muchas cosas a la vez, y que de repente me acordé de este correo electrónico, mientras preparaba un par de textos para retomar la sección Musas y trataba de responder a la pregunta de un amigo sobre el tema. El apartado de Maestros lo tengo muy abandonado, tal vez por estar leyendo a gente nueva, buscando, indagando, sondeando el presente. Como es de recibo, respetaré la privacidad de la remitente (espero que no le importe que haya utilizado su breve mensaje para dar sentido a mi desvarío). De nuevo he decidido dejarlo todo como estaba, con sus erratas, que tienen su gracia, ya que donde dice "semejan hacer", por ejemplo, quise escribir "se dejan hacer", pero, por una vez, el corrector del Word o el lapsus mejoraron la cosa.

Pasadlo bien. A la vuelta os quiero a todos en perfecto estado de revista.



Fecha:
De:
Asunto:
Para:
Mon, 26 Feb 2007 16:22:17 +01 00 (CET)
"Sergi Bellver" alasdealbatros@yahoo.es
RE: Musa
*****@hotmail.com



>From: ***** <*****@hotmail.com>
>To: alasdealbatros@yahoo.es
>Subject: Musa
>Date: Thu, 22 Feb 2007 11:22:17 +0100 (CET)
>
>Yo puedo ser tu musa venezolana, hace días leí
>que había quien pagaba por una novia virtual, pues,
>fíjate, no había pensado que también había nicho
>para musas virtuales...
>Vivo en Madrid donde ser musa resulta demodé, pero
>de vez en cuando entro en personake y lo sigo
>disfrutando como cuando el sol del caribe me
>quemaba los hombros.
>También estoy muy lejos del mar, por ahora,
>un abrazo, *****

>______________________________________________
>LLama Gratis a cualquier PC del Mundo.
>Llamadas a fijos y móviles desde 1 céntimo por minuto.
>http://es.voice.yahoo.com


Difícil tarea...

Ante todo, *****, agradecerte el impulso. Que haya gente capaz aún de ser fiel a su primer arranque y no lo ahogue en dudas, me reconforta. De vez en cuando sucede, y te encuentras con las mayores sorpresas en la bandeja de entrada, y de repente, por ejemplo, te escriben de parte de un señor mayor que quiere regalarte un ordenador porque sabe que te hace falta y no tienes recursos, y se ha enterado de que proyectas una novela y le gusta cómo escribes... sí, a veces (de esto ya hace un tiempo) la vida te zarandea y te dice que todo es posible. Así que gracias por la frescura de tu mensaje.

Pero lo de ser musa no es cualquier cosa, he de ser sincero contigo. Para empezar, no es nada frecuente decidirlo, quiero decir, que una musa no hace oposiciones, simplemente llega un bardo chiflado y la elige, y ni siquiera esto es del todo cierto, porque la elección es aparente. Digamos que todo sucede sin intervención de la voluntad. Las musas caminan por las aceras, suspiran cansancio en los vagones, sujetan la puerta del ascensor con el culo mientras desalojan las bolsas de la compra, o flotan entre los árboles del parque. Sin más. A menudo sin saber que lo son. Y de pronto se cruzan en el camino de un artista y el accidente es ya inevitable. Eso sí, hay musas que colaboran, que cobran conciencia de su condición, y escuchan, y semejan hacer. Y otras, a menudo, ignoran la llamarada y se la quitan de encima con cualquier gesto huraño. Es un misterio.

Yo nunca he elegido una musa, sólo me las he encontrado por el camino, y casi siempre de la manera más insospechada. A veces se produjo el entendimiento, hablamos el mismo idioma, y pude volcar mi inspiración ante sus pies. Otras muchas llovió sobre la piedra estéril de su indiferencia. Así son las cosas.

Dicho todo esto, con el ánimo de ser honesto contigo, agradezco tu sensibilidad por pensar siquiera que mis letras merecen la atención. En cuanto a la posibilidad que sugieres, te diré que una vez, hace cuatro años, encontré una musa de Puerto Ordaz, en tu país. Fue un fogonazo del que aún duran los destellos, aunque con el tiempo se haya convertido en una amistad leal, en una presencia constante en el afecto. Lo inaudito. Empieza uno por el tejado y acaba obviando esa fantasía para disfrutar de algo más real y humano, más necesario para el hombre mortal: una amiga.

Pero la pequeña chispa de lo inmortal que aún nos habita, y que supongo que en los artistas (¿lo soy? aún no estoy seguro) es una pavesa que jamás toca el suelo, que siempre gira y gira en el aire para que la persigas, sigue pidiendo el alimento no terrenal de una musa. Por eso contesto así, encendido y reflexivo a la vez, porque una musa, definitivamente, es algo bien caro de encontrar, una rareza maravillosa que siempre le da alas al poeta, y campo abierto al deseo. No puedo definir cómo es mi musa ideal, porque todas las que aparecieron (pocas) antes eran en muchas cosas diferentes, y en algunos matices la repetición del mismo deslumbramiento, como olas del mismo mar que aparecen de un color u otro según la luz del día. Sólo sé que no eran comunes, que aunque no fueran perfectas, aunque pasaran desapercibidas en algún momento, no eran en absoluto comunes. Había mucho más que belleza (y la había por doquier, esto es innegociable) en sus formas y sus gestos, en el reflejo de la vida sobre sus dunas, en la llama de lo imperecedero en el fondo de sus ojos. Había, sobre todo, una mirada atenta y una actitud desinteresada, generosa, en su manera de escuchar.

Para la amistad soy un tipo tolerante y sencillo, y todos mis amigos son diversos, opuestos en apariencia a veces, de toda índole y condición, de cualquier tribu, descalzos o distinguidos. Sólo tienen en común la sinceridad, la generosidad, y la inteligencia. A una musa le pido más aún, demasiado tal vez, pero, belleza aparte, también esas tres virtudes. Incluso algún pecado inconfesable que la haga más oscura y peligrosa, si hace falta. Una santa me sirve de bien poco, y además no me la creo. De modo que no es fácil encontrar una musa. Si uno se conformara con cualquiera, no harían falta musas, podría inspirarse en cualquier cosa, en cualquier persona, en tu amigo, en tu vecino, en el gato de la anciana del quinto. Y de hecho, trato de hacerlo, porque no puedo pasarme la vida esperando a mi musa, y la sed me reclama siempre que escriba.

Estar lejos del mar, estimada desconocida, es sin duda un exilio amargo para los que hemos nacido con su sal en las venas.

Un abrazo muy fuerte.

Sergi.

Pd: ¿Querías decir “personaje” o hay algún local en la ciudad que se llama “personake” y yo me lo he perdido...? Por un momento parecía una invitación soslayada a hacerse el encontradizo por cualquier bar...


14 comentarios:

Raquel dijo...

Yo también estoy demasiado lejos del mar.

Un abrazo procesional,

Raquel


LECCIÓN DE GEOGRAFÍA (J. C. Mestre)

Quien no haya visto el mar que se levante,
yo os lo voy a contar, cerrad los ojos.
Imaginad que el agua, como un caballo blanco,
se hubiera subido al campanario.
Las hojas de los árboles son peces,
la nieve, espuma de cristal sobre las olas.
Como de un vaso de luz
que sostuviera la mano de Dios,
van cayendo una a una las gotas de la vida.
Así, el inocente pájaro,
la piedra, el musgo o la mariposa
van entrando en el agua que ya todo lo cubre.
Creeréis que el mundo, desde siempre,
ha ido llevándole sus ríos.
Del fuego, de la oculta ceniza de madera
ha tomado el mar su verde brote de esmeralda.
Como el ruiseñor que canta
en los jardines de la tierra
también las caracolas en sus profundos valles
celebran la música.
Por eso al acercar tu oído
a ese bello laberinto de leche
escucharás, aunque no quieras,
el inmenso ruido de la mar.
Ahora ya lo sabéis,
Y sólo falta empujarlo, entre todos,
Al aire.

Solvvinge dijo...

Tomo el testigo del juego con mucho gusto.
Disfruta de estos días por ese Madrid dormido de las madrugadas, aunque me pregunto si Madrid duerme a alguna hora del día o padece de insomnio crónico. En fín, sea como sea disfrútalo. Nunca se sabe en que paseo, bar, portal o parque te puede esperar una musa.

Un abrazo apretadísimo.

Sol

Enrique Ortiz dijo...

Querido Sergi, gracias por la invitación, de la que daré cumplimiento enseguida. Veo que eres afortunado y te has quedado en Madrid. Ya de vuelta, te mando un abrazo.

Sergi Bellver dijo...

• No sé si darte las gracias o retirarte el saludo, Raquel, esas cosas no se hacen, mujer, no se puede traer la orilla y el festón de espuma, y la brisa salada, al albatros exiliado en la meseta... ¿no ves que escuece? Es medio broma (medio, ¿eh?), gracias por ese bello poema, de veras.

Un abrazo herético.

• Querida Solvvinge, ante todo, pedirte disculpas por esos efectos de ebriedad virtual que te hacen verme triple (pobreta meva), y darte las gracias por el esfuerzo. El otro día volví a ver "Irma la dulce", de Billy Wilder, con Lemmon y McLaine. Y comenzaba desmitificando la noche de París, eso de que nunca duerme... lo mismo le pasa a Madrid, me temo que aquellos años de nocturnidad y alevosía han pasado a una foto en sepia. Entre semana, al menos, hay días en que parece un cementerio por el que pululan sombras y verdes luminiscencias (nada de fuegos fatuos, sólo empleados municipales de la limpieza, ya sabes).

Empiezo a creer que la musa no espera en ninguna parte, que tendré que inventármela, o exiliarme a cualquier terruño extranjero, a ver si me aguarda en otro idioma.

Gracias por jugar, Sol-ete.

• Y a ti por lo mismo, Enrique, acabo de abatir las puertas de tu Saloon, me he servido una zarzaparrilla y he vaciado el revólver en tu casa. Detesto seguir la corriente, las marbuntas, y cuando podía elegir, me reservaba los viajes para días "normales", cuando los aviones nunca se llenaban y aún se podía contar el vacío en la carretera. Pero esta vez me he quedado en Madrid por narices. Ya me hubiera gustado, con lluvia y todo, llenarme de salitre (en cualquier playa semidesconocida, eso sí, felizmente huérfana de turistas desencantados con el clima).

Estrujabrazo.

Marsu dijo...

Más vale tarde que nunca...

A veces, cuando te leo hablar sobre musas, siento como si hubiera algo incorrecto en tu enfoque . Me explico: me da la impresión de que buscas una musa muy concreta, de que ya sabes cómo tendría que ser. Me recuerda al "hombre ideal" con el que soñamos cuando somos niñas ("el mío será alto, rubio, jugará al tenis, tendrá tableta de chocolate..."). Luego llega el momento y te casas con el moreno, bajito y algo fondón :-).
Pues con tus musas pienso que pasa lo mismo. Llegará cuando hayas decidido no esperarla, y a lo mejor será pelirroja y con pecas, en lugar de un bellezón moreno como tu sueñas. Pero es posible que si estás empecinado en encontrar tu ideal, estés cerrado a otras opciones, y dejes pasar a la que podría ser "la definitiva".
Es posible que mi interpretación no sea correcta. De hecho, esta entrada es tardía; aunque pensé en ello cuando leí tus letras, no iba a escribir nada. Pero hoy tuve noticias de un amigo poeta, con el que hablaba mucho de musas y de fuentes de inspiración, y pensando en él me puse a escribir. Así que te contaré su historia, ya que tengo la noche incontinente (verbalmente hablando, of course...).

Mi amigo era poeta, pero poeta amateur, ya que en sus ratos libres ejercía de informático. Escribía sus versos inspirándose en la mujer a la que amaba. Y cuando esa relación se acabó (demasiado asustada ella por la fuerza de aquel sentimiento), él continuó escribiendo, nutriéndose del dolor que sentía. Pasó el tiempo, y el dolor fue menguando. Y conoció a otra persona. Y se hicieron grandes amigos, los mejores. Estaban muy lejos el uno del otro, pero procuraban coincidir. Él le contó lo que había sufrido, ella le hizo confidencias sobre su pareja. Y él volvió a escribir versos, inspirándose en ella. Los versos eran preciosos, pero con el paso de los días empezaron a subir de tono. Ella se preocupó. Eran poemas de amor. Y como no tenían secretos, un día lo habló con él.
Y el poeta le dijo que se tranqulizara. Que simplemente, él necesitaba inspiración para poder escribir. Que ella era su musa. Y que volcaba en sus versos todo lo que conseguía sentir al pensar en ella. Pero que el resultado final no reflejaba la realidad; no todo lo que decían los versos era verdad. Él no estaba enamorado de ella. Sólo era su musa, su sustento de ideas, y por encima de todo, su amiga.
Ý así quedó la cosa, todos felices.

Pero... ¿sabes una cosa? Creo que los dos supieron siempre que él sí estaba loco por ella. Pero era más sencillo para ella creer que no, y para él decirlo...

Sergi Bellver dijo...

Déjame darle la vuelta al dicho, Marsu:

¡Mas nunca es tarde si vale!

Hoy has estado sembrada, primero adelantándote a ese postre de la última entrada, acordándote de lo de las frases (tendré que ir pensando en un lote de productos como premio al lector del año, o algo así…), y después dejándome en cueros delante de tu huella. ¿Te parece bonito? Porque la historia de ese amigo tuyo, con matices, se parece escandalosamente a la mía (cobardes aparte, a las tías no les asusta la intensidad, sólo les incomoda que no sea quien ellas quisieran el que venga a su puerta con un volcán a cuestas). Sobre todo a los penúltimos capítulos, menos mal, ya que, gracias a Chéjov (esto es otra subversión del dicho, no es que un cuento me diera la clave, es que yo elijo mis deidades), en los últimos tiempos he aprendido a dedicar impulsos y letras a alguna que otra musa, sin tener que callarme los otros anhelos, absolutamente despreocupado de los “réditos”. He escrito, y escribo, cosas que no van a ninguna parte, palabras con las que no conseguiré (de la musa en cuestión) nada más que, en el mejor de los casos, una boca que sonríe desde lejos y dice gracias (precisamente hoy, jueves, es el cumpleaños de una de esas, amable y apartada, en su faro). Otras veces no hay más que un estúpido silencio. Sí, palabra, he conseguido aislar la inspiración, el arrebato, la belleza, de cualquier aspiración, rapto o aspereza del deseo “material” por una musa-mujer.

Ya he decidido, muchas veces, no esperarla, pero así la muy perra tampoco aparece, no hay ley que valga, y aún así, al final siempre me rindo, siempre aguardo, como un centinela que se hace el despistado. Es como pedirle a la vela que no piense en el viento. No importa si es para hincharla y navegar, o para apagar su llama, no importa si es vela o candela, sólo cuenta lo que dio de sí la travesía, o la luz, mientras duró. No la busco, eso te lo puedo asegurar, eso ya lo he conseguido, pero no puedo evitar la sed, como no puedo evitar la de escribir, aunque tampoco sirva para nada. Supongo que es mi naturaleza.

De momento, también me arrancan palabras otras comparecencias de la belleza: lo inaudito en los gestos del prójimo, la nobleza de un amigo, la integridad del enemigo, el compromiso de los justos en su lucha vital, la desolación de los parques entre semana, el recuerdo (de momento sólo el puto recuerdo) del mar en abril, templado como una espada envainada, los artefactos del inconsciente, la lectura desaforada… no sé, mil cosas. Y entre ellas, eureka, alguna que otra musa, desprovista de cualquier halo de posibilidad.

Ahora bien, para qué mentirte, amiga mía, también existieron las otras, las que, como a tu amigo, no sólo encendieron la hoguera en mis textos, sino que avivaron los rescoldos de una esperanza, de una espera, tan antigua e incendiaria como yo mismo (para mis entrañas, el mundo empieza el día en que me doy cuenta de la otredad, de que no habrá ser si no franqueo esa frontera; el día que tomo posesión de mi sed, siendo niño aún).

He estado con chicas (fíjate que igual que no todas las musas fueron futuribles, tampoco todas las compañeras, leales u fugaces, qué más da, fueron musas) rubias, pelirrojas, castañas… eslavas, celtas, pilongas… (esto es una maldad, lo decía por alguna petarda que me tocó, que conste que me encantan los cabellos de tono madera, olivo, avellana...) De toda raza, de todo acento. Bellísimas, normales, y hasta una rellenita (me gusta ponerme a prueba, conocerme, y a fe mía que lo conseguí, entre lo empírico y la intuición). Por sus cuellos se deslizó mi carne locuaz, la saliva de mis palabras, y por sus venas corrió la sangre viva, la divina lava, el vino ancestral, pero también la horchata (algún pan sin sal me encontré) o el mercurio calculador… De todas aprendí, incluso de las que temieron mi fuerza, obviaron mi carcasa, despreciaron mi calor o retiraron la copa de mis labios. Las bendigo a todas, a las mejores y a los errores, porque me hicieron el hombre que soy ahora.

Así que, ya ves, aunque me abra al mundo y la sorpresa, si la belleza viene con un festón azabache al viento, y me abre el alma en canal una mirada de obsidiana, oscura y brillante a la vez, me convierto en material inflamable, inevitablemente, y toda noción de lo cabal, mi fortaleza inexpugnable, se viene abajo al primer embate.

Yo no busco seguridad en este mundo, somos un puñado de polvo arrojado al abismo, y, mientras otros debaten sobre la trayectoria de las partículas, o se encaraman al vecino con tal de retrasar el impacto, o se apiñan en el centro, al abrigo de las tinieblas exteriores, o imaginan una escuadra de ángeles que les salve del batacazo, a mí, qué quieres que te diga, lo único que me preocupa, es dibujar una hermosa espiral en el aire, aceptando mi condición de ceniza: fruto del incendio, volátil, perecedera, y capaz de trazar palabras en las paredes del abismo.

Una buena mujer es una bendición, las pequeñas rutinas de la vida tienen su encanto, no lo pongo en duda, porque lo he vivido, pero lo que yo espero, sencillamente, es una potencia que me eleve exponencialmente, que me abrase, que me proyecte, que me consuma, y que se deje escribir en la piel la fórmula de la vida, en caracteres de ceniza.

Quiero arder y tiznar el mundo, nada más que eso, amiga Marsu. Por lo tanto, tengo que darte toda la razón: mi enfoque es desmesurado, como el de cualquier otro loco de atar.

Un estrujabrazo.

Pd: ¿“pa qué coñio” digo que voy a tomarme un tiempo, que voy a trabajar en “los otros textos”, si luego estoy escribiendo una verdadera bitácora paralela, al hilo de vuestras huellas? Ya dije que seguiría presente.

raquel dijo...

Cambio "muso" en Madrid, acogedor y bien amueblado por poder volver a vivir junto al mar.

Me encanta tu blog paralelo, Sergi. Así en columna resulta más íntimo :-))

Besos,
Raquel

Sergi Bellver dijo...

¿"Muso"? En masculino me suena casia mascota, a adorable perrote guardián. ¿Es que ya lo tienes? ¿Y piso también? Jo, pues qué suerte... porque, por lo demás, me temo que los dos tendremos que aliviarnos la nostalgia de la brisa marina con, yo que sé... algún disco, algún libro, algún silencio.

Un beso, Raquel.

P0ko dijo...

"Las bendigo a todas, a las mejores y a los errores, porque me hicieron el hombre que soy ahora."

Pues anda, hay que bendecirlas a todas, yo las bendigo también y bendigo al hombre que eres ahora, así como a las musas siguientes que te harán mejor.

Solo somos un puñado de cenizas al viento, pero eso ya lo sabes y yo, en tus palabras, me di cuenta de que también lo sabía, pese a que ya lo había escrito. Gracias por una de esas casualidades, por una de esas chiquilladas que hacen sonreir, tanto como una paleta de dulce.... espera, quiero una paleta ^^

un abrazo, joven de las alas de albatros. =)

Raquel dijo...

No Sergi, ni muso, ni mascota, ni pisito, ni mar, ni ná de ná.

Te han quedado muy bien las notitas en el tablón, y lo de incluir a Metallica mucho mejor.

Como ves me he quedado enganchada en las alas del albatros. Te envío un beso y espero que te esté cundiendo para que pronto tengamos un Sergi en nuestra estantería.

Raquel

Zoe dijo...

Estoy con Raquel, a mí también me gusta la intimidad de este "blog paralelo", disfruto con esa especie de conversación de cafetín que se va formando, y párrafos como los de esa preciosa contestación que le has dado a Marsu merecerían un post en toda regla (¿se aceptan frases de los comentarios para "me dicen que dije"? Esa de "el mar en abril, templado como una espada envainada" es buenísima, tiene ese juego de significados de los versos de Quevedo, qué pena que no sigas con la poesía). Así que otra vez como Raquel y Marsu, también, insisto, algún día quiero un Sergi en mi estantería ;-P

Pobrecito, me siento un poco culpable porque, entre todos, no te dejamos escribir esas otras cosas, pero entiéndenos, cuando una encuentra emoción y talento en alguna parte, le sabe mal que le racionen las dosis... En fin, culpable o no, no me resisto a comentarte algunas otras cosas, y es que menudo post, Sergi, menuda labia, repito (en el buen sentido de la palabra). Me encanta cómo saltas de un tema a otro, que parece que no tienen relación, y sin embargo consigues ligarlos.

Te tengo que dar un coscorrón por ese primer párrafo, o punto, a pesar de que lleve tanta fuerza debajo, porque no creo que las "alucinaciones de amor y entrega" tengan nada de lamentables. No te lamentes si aún crees, "a tu edad" (me tienes que contestar a lo de antes, eh), en el amor. Una cosa es que con los años, aprendamos a protegernos de las decepciones, de que nos hagan daño, y otra muy distinta que nos convirtamos en gente amargada, incapaz de amar. Lo que sí parece un milagro es encontrar personas que se dan tanto a los otros y conservan esa fe, así que no la pierdas nunca. Lo de "la más amable de las putas" me ha hecho gracia, me ha recordado a una canción de Mano Negra, porque es verdad, en Madrid hay que pagar para todo, hasta para dejar el coche un rato a media hora del centro, pero luego, a pesar de todo, no sé, te compensa. A mí me gusta esta ciudad, a pesar de los pesares. Qué bien que, siendo catalán (¿no? pensaba que vivías allí), también tengas esa relación amor-odio con ella, eso te hace madrileño de pleno derecho, jajaja.

Del segundo punto, no te puedo decir mucho, yo no conozco el mundillo ese del que hablas, sólo soy una lectora, y no me interesa mucho la crítica, porque lo mismo cuando he hecho caso de ella o la he ignorado, igual me encontré con libros que a veces me entusiasmaron y otras me aburrieron. Pero sí es cierto que en todas partes, y en mi trabajo te juro que hay unos cuantos de esos "elementos", puedes encontrarte a gente que juzga, que opina gratuitamente, que te mira por encima del hombro, y que luego nunca está ahí cuando hay que arrimalo, o nunca se muestra tal y como es. Vampiros, los llamo yo. La soberbia y el interés son algo asqueroso en todas partes, Sergi. Entiendo que te cabree todo eso de la crítica, porque supongo que si quieres publicar, te afectará en algo, pero creo que debes hacer aquello en lo que creas y pasar de todo. Te vendrá lo que te merezcas.

Oye, los fragmentos del meme, ¿seguro que no lo has elegido tú a propósito? jajaja.

Por fin ese correo del que hablaste. No sé si has explicado todo lo que es una musa para ti, supongo que no, pero, desde luego, me ha encantado leerlo (y otra vez la curiosidad por los truquitos... ha quedado muy chulo, parece sacado de la bandeja de entrada). Mira, y de paso, ya me has dado otro trocito para enmarcar en tu "me dicen que dije", porque esto me ha parecido genial:

"Deberían existir las musas de oficio, para la defensa de cualquier acusado de lirismo y otras perversiones que se declare insolvente. Debería uno poder enfrentarse a la noche sabiendo que en alguna parte, provista de material poético y ataviada con la preceptiva bata blanca para la intervención erótica, una musa de guardia vela las veinticinco horas del día."

Qué puedo decir, cada persona sabe lo que le llena y lo que desea, y yo sólo puedo animarte a seguir tus propios sueños, pero sin despegarte nunca del todo de la realidad, porque, aunque no nos guste, debemos desenvolvernos en ella todos los días. De todos modos, me parece que sí la tienes en cuenta, como cuando dices de esas musas que también sujetan con el culo la puerta del ascensor mientras cargan con la compra, o que se agobian en el metro como todo el mundo. Eso me hace creer que, en el fondo, sabes exactamente lo que quieres. ¡No me habré quejado yo veces de la gente que no sabe lo que quiere y te calienta la cabeza para nada, o incluso de mí misma, cuando era una cría, y todo lo que eso me hacía sufrir! Y aunque ahora veo que saber demasiado bien lo que uno quiere también puede doler, porque no te conformas con otra cosa, creo que es mejor eso que lo otro.

Ojalá tu espera tenga fruto y te llegue esa musa, creo que te la mereces, y además, algo me dice que todos los que te leemos saldremos ganando, que escribirás mejor que nunca, por mucho que se diga siempre que se escribe mejor cuando se es desgraciado. Quiero pensar que también hay escritores que crean desde el otro lado, desde lo positivo.

Cada vez que abro esta página, tú también eres una sorpresa, Sergi, así que confía en el futuro, y haz caso de tus propias palabras:

"a veces (...) la vida te zarandea y te dice que todo es posible."

Hoy me he pasado tres pueblos, jajaja, así me quedo luego de agotada, o sea que hala, hasta el domingo que viene, si Dios quiere, jajaja.

Un abrazo fuerte fuerte fuerte.

Zoe

Sergi Bellver dijo...

Hola de nuevo, P0ko, y gracias por tomarte el tiempo de acudir a esas cenizas que te comenté. Como un dulce, o una sonrisa a tiempo, o otras mi cosas, hay detalles que nos ponen delante al otro y nos dicen que no estamos tan locos, ni tan solos, ni somos cuatro gatos. Nos hace bien saber que otros pueden sentir, aunque lo exprese cada uno a su modo, los mismos vacíos y la misma plenitud que nosotros, en algún lugar. Uno se lo imagina, día a día quiere creerlo, pero qué bien que la vida de vez en cuando te lo confirma.

Gracias por tu “bendición”, prometo estar atento a esas musas futuras y seguir creciendo. Aunque, en secreto, desearé que venga sólo una, pero se quede para siempre.

Abrazo de hemisferio hablador a hemisferio que platica.

Sergi Bellver dijo...

Pues sí que estamos buenos, Raquelilla.
Menos mal que de vez en cuando se encuentra uno a gente linda, que desmiente a todos los obtusos que no conciben que se pueda conciliar a Metallica (que por cierto, ahora no pita la canción ¿…?) con la poesía, por ejemplo, o hacen los deberes que no le subirán nota, pero sí la moral del otro.

Gracias por el detallazo que ya sabes, y por quedarte en estas alas, no enganchada, sino montada, dejándose llevar sin temer el vuelo.

De la “estantería” hablamos ahora, déjame un rato y cuelgo una huella más en la entrada de arriba.

Un besazo.

Sergi Bellver dijo...

Madre mía, Zoe, al final me sentiré yo culpable por haberte ocupado la tarde del domingo, pero en fin, supongo que me vas a decir que ha sido un placer y todo eso, porque si no, no se entiende esa generosidad tuya.

A ver, de nuevo, vayamos por partes:

Con esta bitácora paralela (soy pesado, ya lo sé, pero prefiero usar palabras castellanas, reales, si puedo, pero vosotros podéis seguir diciendo “blog, post, comment” y lo que os de la gana, que no es asunto mío) queda claro que el albatros no se va, no se calla. Responder a vuestros comentarios no me quita tanto tiempo como escribir un par de buenas frases para mis literaturas, porque lo hago directamente, in situ, sin tener que planear, corregir o estudiar nada. Es una conversación, como bien dices, entre amigos. Así que no se preocupe nadie por mi tiempo, además, como ves, vengo cuando puedo.
Es verdad que a veces me explayo, y llevado por la emoción, doy unos cuantos saltos mortales, como en esa respuesta a Marsu, que a lo mejor se pierde cualquier visitante que no tenga la ocurrencia de dejar una huella o leer las anteriores. Pero no importa, cada cosa surge en su momento y su lugar. Por supuesto, puedes señalar las palabras que quieras, desde el lugar que quieras, para esa sección a la que te refieres, pero lo más importante es que lleguen donde tienen que llegar, al refugio privado del que las lee y las siente.

Algunas veces, o bien pensado, a menudo, vuestras huellas me parecen impagables, e insuflan bocanadas de viento en mis velas, para seguir mi rumbo. Me ha hecho mucha ilusión que te fijaras en el juego de el mar en abril, templado como una espada envainada, porque casi siempre se retrata un mar turquesa y plácido, o uno bravío en la galerna, o… pero a mí (tan lejos del mar aún, joder) me seduce también en esa quietud a la espera, en esa promesa de otra cosa, de peligro, de batalla, de fuerza, como la espada que aguarda en su funda. La palabra “templado”, por otro lado, hace referencia, en efecto, tanto al forjado de una espada como a la temperatura de las aguas. En fin, todo esto me da esperanzas para mis libros… a poco que me encuentre con lectores tan atentos y generosos como muchos de vosotros.

Creo que nos estamos pasando unos y otros, y si llega algún despistado a esta bitácora, a estas huellas, debe estar flipando con las parrafadas que nos dedicamos unos a otros… pero en fin, la charla anima. De todos modos, creo que ya toca ser algo más conciso, y además los temas personales, como digo en la última entrada, resultan muy aburridos a terceros, así que, brevemente:

Sigo creyendo en el amor, o en el Amor, mejor dicho, que resulta aún más inaudito. No ya en el amor conveniente, benefactor, que nos hace la vida algo más tolerable, sino en el otro, ese que lleva mayúscula, y que sólo se parece, en lo incondicional, al de una madre o un patriota desaforado, tan profundo uno, tan delirante el otro. Si quieres que lo resuma en una palabra: trascendente. Precisamente es mi capacidad de Amar, lo que me escuece, mientras tenga que comérmela a solas, o repartirla en mil pedazos.

Llevo una década, o algo más, en Madrid, así que ya soy uno más, casi un bígamo, que reparte su amor entre dos ciudades, esa Barcelona estimulante y este Madrid acogedor. Veo que más o menos de la misma época que los Guns’n’Roses, has sacado de la chistera una canción que yo escuchaba, precisamente, en mi viaje a Chile, y otras tantas veces: La vida, creo que se llamaba, de Mano Negra. Ay, qué ñoños nos ponemos, qué recuerdos:

…si la vida me da palo yo la voy a soportar
si la vida me da palo yo la voy a espabilar
(…) el mundo es una puta para todo hay que pagar
el que tiene se queda y el que no tiene se va…”


En cuanto a los vampiros (vampiros emocionales, que también los hay, o de esos otros, chupa-sangres de oficina o chupatintas de academia), en la vida y en las letras, no tengo nada más que añadir a lo que ya he dicho muchas veces, y has señalado tú misma. Eso es lo que trato de hacer, ser fiel a mi sueño y a mis valores, y no medrar, no hacer de tiralevitas por la vida, como dice un amigo mío. Lo malo es que hay gente más dócil que tú y que yo, que se cree lo que les dicen esos popes de las letras, o les influyen las faenas que les gastan las comadrejas del curro.

Lo del meme me lo pasó un compañero desde su bitácora, y palabrita que esos fragmentos son los que venían (cuéntaselo a Anagrama), por eso mi tímido estupor ante la “casualidad”.

Desde ya mismo figurará tu aportación en el “marca-páginas” de la izquierda, aunque le quitaré la primera frase, para no hacerlo tan largo, y porque la segunda ya sobra para decir lo mismo. De todo lo demás que comentas, creo que podríamos hacer el mismo resumen: también duele saber exactamente lo que quieres. Andar perdido por el desierto, o entre una multitud de extraños, pero reconociendo siempre el ser que nos habita, y sintiéndose uno mismo en esa piel, puede doler, por la soledad, pero a mí, como a ti, me parece mucho peor alienarse y ser un completo extraño para sí mismo, aunque deambules entre todos los contactos de tu agenda, de verbena, de fiesta, estúpidamente “feliz”.

Yo no quiero ser “feliz” desde la ignorancia, prefiero un estado de grata lucidez, y sí, contar también las cosas desde su lado más luminoso. El conformismo y el malditismo me parecen dos caras, muy duras, de la misma cochina moneda.

Desde luego, quiero pocas cosas, muy pocas, pero sé perfectamente cómo las quiero y cuánto me importan. La vocación, los amigos, el Amor, el aprendizaje, el viaje… ¿acaso hay algo más que importe de veras?

Un abrazo inmenso, Zoe, tanto como tus intervenciones, y no las cuento por lo extensas, sino por lo intensas, por lo que implican.