Bitácora de Sergi Bellver: Temo, pero debo.

30/3/07

Temo, pero debo.

“Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, Nadie. Sólo hay un recurso: vuelva sobre sí mismo. Indague cuál es la causa que lo mueve a escribir; examine si ella expande sus raíces en lo más profundo de su corazón. Confiésese a usted mismo si moriría, en el supuesto caso de que le fuera vedado escribir. Ante todo, pregúntese en la más silente hora de la noche: “¿Debo escribir?”. Hurgue dentro de sí en procura de una profunda respuesta y, si esta resulta afirmativa, si puede afrontar tan serio interrogante con un fuerte y simple “debo”, entonces construya su vida según esta necesidad. Su vida, hasta en los más vacíos e insignificantes momentos debe convertirse en señal y testimonio de este impulso.”

Rainer Mª Rilke, Cartas a un joven poeta.


Se habla mucho del miedo del escritor a la página en blanco, al bloqueo. Pero a veces sucede lo contrario, y las hojas se arremolinan en todas las aceras por las que se apresura el escritor desaforado. Y la hojarasca se amontona al pie de las tapias, en las bocas de los desagües, en el primer escalón de todas las puertas. La hiedra zombie trepa por las piernas del escritor desmesurado y dificulta su avance como si fuera el último trozo de carne viva en la ciudad, y una inundación de pasta de papel, verdosa y caníbal, le hubiera atrapado hasta la cintura. Entonces, en vez de golpearse la frente con las manos o gritar auxilio, el escritor desorbitado busca un retal de hoja todavía seca, un pedazo de pared blanca, y entregado al delirio incurable de la escritura febril, deja que la crecida le vapulee el pulso mientras garabatea la última frase, un instante antes de ahogarse.
Hay escritores que temen derramarse sobre todas las cosas, diluirse como una llovizna fría por las calles, a los que les angustia no achicar a tiempo todas las vías de agua que amenazan desde el abismo de sus entrañas, y hoja tras hoja, tras hoja, tras hoja, comienza a adueñarse de ellos el indescriptible horror de ver cómo todos los esquemas, todos los árboles, se quedan en blanco, desposeídos, mudos. El miedo atroz a que, de tanto decir, cuando ya no quede nada con vida del presente, vengan los forasteros de mañana a pasear entre las ruinas de una ciudad cementerio, de una arboleda muerta, una catedral de ramas secas que no conserve ni el eco de una voz desolada, ni el canto de los pájaros azules, sobre la que no se pose más que el plumón de sombra de marzo.
No alcanzo a ver la suerte ni el privilegio. Vive más feliz el ganado en su abrevadero, que el centauro desquiciado, que se abandona a su naturaleza y galopa por las noches detrás de las tormentas, hasta el fragor de los acantilados. No hay más que sufrimiento en la criatura imposible que subsiste a base de lluvia y mareas. Tener la necesidad de escribir a todas horas, de tramar novelas, de esbozar cuentos, de reprimir poemas, de arrojar cartas, sondas, balizas de palabras, es una condena, que nadie os venda la bohemia, es un estigma, y no sé quién ni cómo, pero en alguna parte debería decirse alguna cosa al respecto.

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De cómo suceden estas destemplanzas: un amigo me pregunta, ya que hablo tan arrobado a veces de ellas, qué es una musa para mí, y yo le respondo atropelladamente, sin aclararme a mí mismo las ideas, con lo que desoriento a mi amigo aún más de lo que estaba. Después recuerdo un correo electrónico que respondí hace poco más de un mes, y que, utilizando las palabras de un tipo más lúcido del que soy este viernes, el inquilino que habitaba hasta hace días mi carcasa, responde bastante mejor a esa pregunta. No la finiquita, claro, hay mil flecos, mil detalles, y sobre todo dos o tres pilares que no ha mencionado, pero me doy cuenta de que ese mismo correo (que iba dirigido a otra persona) le puede servir a mi amigo para hacerse una idea de lo que tengo en mente cuando hablo de musas.
Bien, dejo el cuento sobre osos pardos en Montmârtre (o por ahí) que tengo entre manos, dejo ese jodido capítulo, o mejor dicho, escena, de la novela que tanto se me está resistiendo, dejo una reseña que tengo a medias sobre un libro de cuentos, dejo todas las versiones del currículum en las que voy cambiando las mentiras para conseguir un trabajo en esta ciudad, o en mi ciudad natal, o en otra ciudad cualquiera (se aceptan propuestas) en la que volver a nacer a mis años, dejo aquella carta incendiaria para, precisamente, una de esas musas, y decido que no estaría mal, respetando la privacidad de terceros, por supuesto, publicar el correo electrónico en la bitácora, para explicarle vagamente el asunto a unos cuantos amigos además de a mi amigo.
Después pienso en un breve (maldito iluso) preámbulo explicativo para que la gente no piense que se le ha colado cualquier cosa rara en la pantalla, o le ha dado sin querer a la tecla del correo-e, pienso también en hablar de las muchas cosas que estoy haciendo a la vez y que por eso, y por “ahorrarme algo de tiempo” (ya lo veo, ya) recurro a unas palabras (una respuesta para uno de esos correos de gente desconocida que de vez en cuando me llegan a la bandeja de entrada, a veces por rubor de comentar al albatros en público, a veces con cualquier pretexto, una duda, un dato) ya pasadas para contar algo y, en cosa de una hora, me sale “eso” que habéis podido leer arriba. Decido no corregirlo, decido incluso dejar frases ya algo sobadas en mí, como esa de las tormentas y los acantilados.
Nada que ver, supongo, o todo, yo qué sé. Me hierven las tripas y la mente cabalga el rayo, y lo inaudito es que no estoy pensando en lo que debiera en estos tiempos: que tengo que despabilar en buscarme la vida, porque no tengo donde caerme muerto. En fin, después recuerdo súbitamente un fragmento de esas cartas de Rilke, me cuadra el título, y dejo ese correo electrónico para el próximo día. Necesito un buen maestro que me enseñe a sintetizar, o a priorizar, más bien, supongo... ¡y yo qué sé!

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posdata: Hacedme el favor, si os apasionan los cuentos, de pasaros por aquí, leer las indicaciones y votar. A poco que la literatura os importe, prometo que no saldréis decepcionados.

Y echadle un ojo ahí a la derecha, en "Sugerencias", donde la mosca, vaya, a la entrevista de Ángel Zapata a Medardo Fraile. Y decidme si no han pergeñado un microcuento, probablemente sin proponérselo, a propósito de los guisantes. Vaya dos admirables bribonazos.

17 comentarios:

Marsu dijo...

Date cuenta, querido Sergi, de que lo que para tí es una condena, para tus lectores es un premio. Leer "eso" de arriba y "lo otro" de más abajo, todo esto que tu llamas "destemplanzas", a mí, al menos, me reconcilia con el caos de mundo que hay por ahí fuera.

Por cierto, sobre lo que has dicho tú o lo que han dicho los demás, voy a arriesgarme y a utilizar el correo. Espero que los duendes no me pongan la zancadilla.

Y suerte con todos los frentes que tienes abiertos.

M dijo...

Querido, ¿has leído el mail que te mandé emplazándote a un café cuando tengas un hueco? Entre otras cosas, tenemos que hablar de Pámies, y de la incomprensible buena acogida que está teniendo el limón. Zapata y yo estamos indignados. Voy a preparar una contrareseña donde le voy a dar hasta en el carné de identidad. Me jode tanto un libro tan malo de un cuentista que admiro, en fin.

Mariluz Barrera González dijo...

Hermoso Blog, y efectivamente, escribir es una pasión, y siempre he pensado que las palabras necesitan siempre de una voz y un espíritu que las respalde; sino son solo palabras.

SALUDOS EN VOZ ALTA.

José C. dijo...

Vengo de esa votación a la que nos invitas y debo decirte que he pasado un mal rato teniendo que elegir sólo a cinco libros entre tantos buenos.

A partir de ahora no voy a tener mucho tiempo, ya sabes, las fechas, los viajes, pero en cuanto pueda le echaré un vistazo al pasado y te comentaré algunas de esas frases en las que estuviste sembrado. Por ahora ya te digo que ese "plumón de sombra" o esa inundación carnívora ya me han parecido memorables. Ya te dije que cuando divagas mejora tu fuerza.

Como en todo en la vida, siempre hay quien puede enseñarnos algo, y creo que tú sacarías mucho partido de un buen maestro, en efecto, porque tienes mucha madera, muchas ganas, y capacidad para ver tus propios errores o muletillas, lo que es muy útil para cualquier escritor.

Que vaya bien la semana. Me voy a ver capirotes al pueblo de la abuela.

Zoe dijo...

Efectivamente, debes priorizar, para concentrarte en un trabajo y rendir todo lo que puedas en esa obra, y después en otra, y luego en otra más, sin que las ganas de abarcarlo todo hagan que todas queden imperfectas, incompletas, confusas. Si es eso lo que quieres decir, porque, la verdad, mientras "desvarías", temes, dudas, intentas... los que te leemos vamos disfrutando.

Ese primer párrafo es demoledor. Y ya tengo ganas de leer ese correo, a ver qué es eso de una musa en pleno siglo XXI.

Un beso muy fuerte, albatros.

Ah! se me olvidaba, con esta pereza de domingo no estoy a lo que estoy: ya probé lo de las marquesinas en mi perfil, aunque he optado por la versión más sencilla, pero ha quedado genial. Mil gracias de nuevo, sol.

olvido dijo...

Me temo,mi querido amigo, que sabes lo que tienes que hacer.
Mientras...el'entretanto'puede ser este delicioso que nos ofreces.
Un abrazo con mucho cariño Sergi.

Anónimo dijo...

No temas demasiado, porque con el talento que tienes y las ganas que se te notan, puedes conseguir lo que te propongas. A lo mejor te falta decidirte por algo, motivarte en concreto por una cosa, no sé, concentrar todo lo que llevas dentro en un punto y explotarlo. Pero algo me dice que lo conseguirás. Lo importante es que sepas enfilar una dirección y no mires mucho atrás, ni a los lados.

¿De verdad has diseñado tú toda la página? Entonces eres un artista integral, por lo que veo, y leo. Y te leo desde hace un tiempo, sólo que prefiero guardar silencio. Llámalo pudor.

Eso sí, te digo lo que ya te han dicho otras veces: hay tristeza en tu mirada, lo que no me cuadra con la fuerza de esas letras.

Yo también espero leer esa idea de musa que tienes, a ver si... Llámalo voyeurismo, pero me divierte.

Un abrazo.

Sergi Bellver dijo...

Amiga Marsu, me gusta especialmente que hayas utilizado esa expresión, “me reconcilia con…” porque es de las primeras que me viene siempre a la cabeza cada vez que algo o alguien me regala un pedazo de esperanza, cada vez que alguien es generoso o noble con el otro. Por eso, por el detalle que ya sabes, y por otras tantas cosas, me reconcilio yo también con las personas. Con la gente, así, en bruto, en masa, me llevo peor.

Gracias de veras. Esta vez amenacé a los duendes con cortarles la cabellera, y fueron buenecitos. En breve te haré señales de humo.

Sergi Bellver dijo...

Mi frigoricida Matías (perdona la licencia, pero se me hace raro llamarte por esa inicial, que me sugiere siempre un logotipo de superhéroe metropolitano en el pecho –mira que tu nombre y apellido suenan bien, suenan a cuentista, deberías usarlos abiertamente-), a estas alturas ya se desfizo el entuerto (esos duendes…), ya hemos hablado, y espero que pronto, en vivo, destripemos lo que nos subleve y compartamos lo que nos encienda. Quedo a la espera de tu diatriba pública contra el limón de Pàmies, pero ya que en su día (sí, lo admito) lo recomendé a bote pronto (Marsu, Marina, pasad de mí y de todos, fiaros de vuestra intuición cuando le echéis un ojo), me veo en la obligación de señalar aquí que a mí, de entrada, no me pareció tan malo, si bien lo he leído una sola vez –de prestado- y no como releo y dejo reposar a los grandes. Hay libros que me dejan un sabor, un eco, sobre todo, imposible de modificar. Por ejemplo, podríais atarme entre tu sensei y tú en el potro, aplicarme descargas en los innombrables, obligarme a escuchar reggaeton (bueno, tampoco hace falta que os paséis) y me negaría hasta el último aliento a cambiar mi opinión sobre Los girasoles ciegos, por ejemplo, por citar una obra “menor” o sujeta a discrepancias. Pero en cuanto a Si te comes un limón sin hacer muecas, no sé, no estaría tan seguro de pasar la prueba. No caló tan hondo en mi percepción. Así que todo es posible…

En todo caso me gusta que Ángel te contagie su ánimo siempre lúcido y militante de ofender a los conformistas. Me temo que lo que vas a decir de Pàmies será comparable en esencia a lo dije en su día de Neuman (que nos fastidia que un buen escritor se acomode y acostumbre a su éxito y no mantenga la audacia), con lo que todo, de nuevo, es subjetivo.

Un abrazo parabólico.

Sergi Bellver dijo...

En voz alta y agradecido te doy la bienvenida, Mariluz.
En ello andamos, tratando de conjugar palabras y pasiones en un lenguaje que no traicione a las unas ni a las otras. No recuerdo ahora quién dijo aquello de “la mala literatura está plagada de buenos sentimientos”, pero me aventuro a intuir que tú y yo queremos decir lo mismo (nada que ver con sentimentalismos) cuando hablamos de un espíritu potente que sostenga la verosimilitud de vida en los textos literarios. Nada que ver, insisto, con la emoción descarriada y “buenista”, sino más bien con la intuición, la pulsión y el deseo a la misma altura, por lo menos, que el intelecto, cuando nos ponemos a escribir con honestidad.

Espero volverte a ver por estos lares.

Sergi Bellver dijo...

Mi siempre grato José C., que de un tiempo a esta parte no faltas a ningún bombardeo, gracias por votar en El Síndrome. Qué bien que también has votado a Medardo y a esos dos títulos que yo no pude incluir entre los cinco, parece que lo hayas hecho a drede. El libro de Ignacio Ferrando no lo he catado, pero ya me tienta. Te recomiendo también las votaciones en las bitácoras de Ortiz & Ortiz (detectives), Enrique y Francisco, y que encontrarás también enlazadas en esa entrada de Miguel Ángel. Una elige a la mejor novela en castellano de todos los tiempos y la otra a la mejor novela negra. Yo no he votado en la primera, porque bastante mal lo pasé también con los cuentos, ni en la segunda, porque no soy un buen conocedor del género y paso de repetir tópicos. Ahora que lo pienso, creo que la de Enrique ya acabó, pero en fin, si ya estás de procesiones en el pueblo, qué importa a estas alturas.

Y gracias sobre todo (además de por tomarte tu tiempo, cuando sea, en revisar mis “hallazgos”), por lo que más ilusión me hace en los lectores de este albatros: que leáis con atención. Eso demuestras en tus comentarios y te lo agradezco de veras. Tienes razón en lo del maestro, en realidad, era más un ruego al “karma” que una simple frase, pero me temo que no me puedo permitir las tarifas de un buen taller de escritura (si te digo la verdad, creo que sólo me apuntaría a uno o dos, muy, muy concretos), ya que no son nada baratos. Ahora mismo no me podría permitir ni los baratos… Y además, para qué mentirte, hay algo en ellos que no me acaba de convencer. Supongo que debo apechugar y avanzar con mis lagunas y carencias, o toparme con un sabio que me tome por su pequeño saltamontes. La lectura, el tiempo y los errores serán mis maestros… al fin y al cabo, Chéjov tampoco fue a ningún taller… y más de un novelista no empezó a escribir hasta pasados los cuarenta. Todo es posible.

Disfruta tus vacaciones, los potajes, los besos bomba de las vecinas de tu abuela, en fin, todas esas cosas, tú que puedes.

Sergi Bellver dijo...

Otra vez gracias, Zoe, por leer con ojos amables el rumbo de mis extravíos. A lo mejor vosotros acabáis teniendo una mejor perspectiva, desde fuera, de lo que voy haciendo, y por eso me fío muy mucho de vuestras opiniones, por otro lado casi siempre acertadas (tengo que concentrarme, está claro…), ya que pocas veces he de quitaros la razón. Por algo será. Para lo perezosa que estás siempre, te marcas buenos detalles con tus comentarios, así que doble ración de gracias por el esfuerzo dominical, gandula, con perdón…

Si tú tienes curiosidad por mi musa del siglo XXI (no muy diferente a la de otras épocas, me imagino, o del todo opuesta, no lo sé, pero desde luego personal e intransferible), yo la tengo por ese perfil… a ver cómo te habrá quedado la cosa. Bueno, sea como fuere, me alegra que sacaras provecho.

Un besazo.

Sergi Bellver dijo...

Querida Olvido, lo que temo es desperdigar mis esfuerzos en mil frentes y que al final el enemigo (el vacío, el absurdo, el fracaso) haga cuña por cualquier flanco y me derribe. Pero me horrorizaría mil veces más no hacer nada, y al menos, de momento, energías y valor me sobran, un valor casi inconsciente, delirante, ilógico, pero incontestable. Esperemos que una cosa compense la otra. Lo que cada vez tengo más claro es que debo seguir escribiendo, diez cuentos a la vez, como decía Bolaño, o sólo una página al día, a la semana, mil veces hasta que salga perfecta, como Flaubert. Lo que sea, pero la verdad es que ya no concibo mi vida sin la escritura.

Lo único que me preocupa es la manera de conciliar este cuerpo mortal, combustible, vulnerable, con ese deseo febril. Ya sabes, todas esas cosas tan tediosas, darle de comer, salvaguardarle del frío, tener un cuchitril en el que yacer… perder tiempo de vida en “ganármela”.

Te abrazo fuerte, amiga.

Sergi Bellver dijo...

Bienvenido, anónimo.
No sé si eres nuevo o ya dejaste alguna huella, pero por lo que dices en tu comentario me inclino a lo primero, y por eso te doy la bienvenida. Otra vez he de decir que fastidia un poco recibir un mensaje tan cordial y no encontrar remite, pero lo agradezco igual.

Lo del talento es siempre subjetivo, pero te digo más o menos lo mismo que acabo de comentarle a mi amiga Olvido, el valor, el deseo, o como queramos decirlo, es el crédito inagotable que me ayuda a invertir en esta empresa. La motivación lo es todo. El problema es que encuentro muchos temas en los que volcar mi creatividad, muchas cosas que me conmueven o indignan, y me llevan a escribir algo, sea lo que sea, a querer decir cosas. En fin, bendito problema, dirían otros, supongo, si están bloqueados.

Mirar hacia atrás no suele ser una buena estrategia, siempre que no olvidemos de dónde venimos, pero mirar a los lados no me parece un error, mientras no abandonemos el camino. Mirar a los lados, a las lindes, bajar la vista hacia la fauna minúscula de las cunetas, perderla entre los bosques lejanos, girarla para saludar a otros caminantes… no me parece un error en absoluto. Así llegaremos más sabios a nuestro destino, o al trecho que la vida nos deje. Pero enfocar un horizonte lejano y cegarse para el resto del mundo también puede ser peligroso. Radicalizarse es peligroso. Despegarse de la vida real, para un escritor, es absolutamente peligroso.

Vaya, para una vez que te atreves a comentar y te encuentras con uno de mis testamentos, pobre…

Sí, como dije en esa entrada a la que supongo que te refieres, menos la foto del maestro Chéjov, la textura del corcho y la foto del albatros (la original era mucho más grande y sin marco ni chincheta, claro), el diseño de toda la página es mío, por lo que siempre agradezco que se fijen en él.

En cuanto a la mirada triste… ¿tanto se nota? Que me lo decís a menudo. Bueno, en esa foto estaba escribiendo en el ordenador, coloqué la cámara sobre la CPU (vertical, sobre la mesa) y disparé al azar. La idea era captar la mirada (entre concentrada y ausente) mientras escribo. Si aparece tristeza, no lo sé… supongo que todo se refleja, pero te garantizo que a pesar de no estar en un buen momento personal (me faltan varias cosas de las intangibles, imprescindibles, hace siglos que no vivo el amor, tanto que ya me parece una leyenda urbana, la familia parece una foto en sepia, fría… y en lo material, prescindible pero inevitable, me falta absolutamente todo), a pesar de todo eso, soy un tipo optimista y obstinado en creer, a lo mejor por eso “no te cuadra” la cosa. Juro y firmo ante notario que soy un alma vitalista, un corazón que conserva la fe en la belleza.

Palabra.

Un saludo, voyeur anónimo.

Sergi Bellver dijo...

Por cierto, anónimo, con toda la retahíla que te he soltado este mediodía, y acabo de darme cuenta de que he dicho una media verdad imperdonable: hay otros grafismos que no he dibujado yo, obviamente, como la ilustración japonesa del Fujiyama, del siglo… , o el carpetón del pie de página, y algunos que he retocado desde otros originales, como esa mosca que revolotea por ahí. La textura de papel carta del marca-páginas de la izquierda tampoco es mía, aunque sí el dibujo a lápiz del faro. En fin, hay que ser riguroso.

Anónimo dijo...

Hola, Sergi:

Es un blog precioso, vaya "currada". Volveré.

Un abrazo,
Raquel

Sergi Bellver dijo...

Muchas gracias, Raquel, no sé desde qué otros rincones has llegado hasta aquí, pero vuelve cuando quieras. Intentaré que no se arrepienta nadie de hacerlo.

Un beso.