Bitácora de Sergi Bellver: Subjetivo cumplido (y IV).

7/3/07

Subjetivo cumplido (y IV).

“Muchos críticos de hoy han pasado de la premisa
de que una obra maestra puede ser impopular,
a la premisa de que si no es impopular
no puede ser una obra maestra”

G. K. Chesterton


7:45 AM, domingo casi azul que bosteza.

Pausa, “mi agüita amarilla” contra el silencio del patio, zapatillas sonámbulas por el pasillo, sonido de vasos en la cocina, trago largo y vuelta al teclado. El té rojo, ni que sea al micro-ondas, no sabe igual recalentado.
No sé, pero debo estar aún de mala hostia. Debe ser eso. Que mi aliada incondicional ha estado enferma y le han rajado esa piel de papel de arroz, y le han hurgado en esos huesos breves que la sostienen milagrosamente a cada salto, como una ranita inquieta por el mundo. Que hoy, domingo, debería estar aquí, en Madrid, y no aún en su Polo Norte, convaleciente, y con una nueva cicatriz que apenas encontrará sitio para asentarse en su cuerpo de marioneta animada. Debe ser eso, una ausencia imprevista, un abrazo que todavía no, una conjunción planetaria que se enfría, lo que me tiene de mala leche. La magia del encuentro no sabe igual recalentada. Un agravante más para mi ineludible delito de subjetividad.
Pero aún me queda motivo para la sonrisa, ya ves, y esta viene por la del prójimo. Mi flaca reunió fuerzas para cosechar un gran éxito dirigiendo desde bambalinas su ballet flamenco, y apoyada en el bastón aparece en una fotografía del diario local de su ciudad vikinga, vestida de volantes, recogiendo aplausos y afecto. Y así a uno se le ensancha el corazón y le caben las ausencias, las distancias, y la felicidad del otro, al que abraza por encima de los mapas.

¡Yo había venido aquí a hablar de su libro!
(voz cazallera de insomnio y perennes ojeras)


Y aun en asuntos menos íntimos, pero deseos y delitos al fin, en los que también se siente involucrado, en los que también ve la sonrisa del prójimo, uno encuentra pretexto para el buen humor. Hay ocasiones en que una obra maestra pasa desapercibida para el mundillo literario, y aunque consiga encender a muchos amantes, lectores o autores, del cuento, no encuentra eco en ese entramado de intereses y se le ningunea con total desfachatez, con lo que permanece inadvertida para el público. Eso es lo que le ha sucedido, por ¿desgracia?, al mejor libro de cuentos publicado en España en el pasado año 2006, La vida ausente (Páginas de Espuma). Me cuestiono el matiz de esa situación, ya que ese libro de relatos no tiene vocación de producto, ni aspira a una difusión masiva, aunque se venda en la misma FNAC que la Beyoncé y en la misma Casa del Libro que la Grandes –inescrutables paradojas del sistema-, porque desde la misma raíz habita en los márgenes, sin posturas afectadas, sin lamentaciones baratas, convencido de la propia cualidad del nadador a contracorriente. Incluso esa cita de Chesterton, que sigue acertando desde el pasado (porque la crítica sigue arrastrando las mismas inercias), vale para confirmar esta excepción de la regla. Por eso, si ya la llama de ese maestro, de Ángel Zapata, ya está dicho, pasa como un testigo de boca en boca, en voz baja, en un incendio discreto para el paseante pero arrollador para el oído atento, qué silencios no habrán de lastimar la expectación de unos autores que se lanzan de cabeza por primera vez, o como si fuera la primera vez, a esa corriente. Pero por eso sonrío, por eso me regresa el buen humor, porque las yemas de nuevas raíces vienen empujando.

La editorial Gens acaba de publicar Parábola de los talentos, una selección de autores, casi todos inéditos, amén de ciertos galardones y otras publicaciones colectivas o minoritarias, pero desconocidos de hecho para el lector común, que ha ido descubriendo en los rincones más apartados de la periferia literaria. Si esta iniciativa no pasa desapercibida del todo, tal vez venga algún crítico de lo más rústico y se saque del morral algo así como “vaya bola de los talentos” para el título (de lo más jocoso, oiga, o cualquier otra chanza barata de romo aguijón) de su próxima columna del suplemento o entrada de la bitácora, quién sabe. Todo es, insisto, completamente subjetivo, y arremeter contra el que recién asoma la cabeza es demasiado fácil. Pero vendrán esas hienas, no quepa duda. Yo prefiero darle un poco de margen al que empieza (en esto de la literatura, creo que "empezar" es tarea de años, de rocosa paciencia, así que nadie se me ofenda) porque el cuento necesita savia nueva, y por eso me ahorro las críticas que no escatimo a los “consagrados”.
Pero dar margen no supone dar coba, así que seamos honestos. Subjetiva es mi apreciación y tampoco voy a decir que la próxima década ya tiene su generación de cuentistas deslumbrantes, porque sería exagerar un mundo, y creo que para el artista inteligente es más útil la sinceridad que la palmadita en la espalda. Así que no voy a hacer ningún cumplido, ni por camaradería, que no lo justificaría, ni por amistad, que a día de hoy no existe. En Parábola de los talentos se desacoplan las inevitables diferencias entre un amplio número de autores, y en esa selección, subjetiva también, por supuesto, de la editorial, encontramos incluso altibajos entre relatos de un mismo autor. Pero me parece encomiable el esfuerzo y la audacia que supone apostar por un grupo heterogéneo de escritores no reconocidos (aún... porque intuyo que al menos hay dos nombres ahí, tal vez cuatro, que sonarán mucho en un futuro no muy lejano), y todavía más si se hace en torno a la emergente pero todavía no lo bastante escuchada manifestación literaria del cuento. Zarandearlo, poner ante la mirada del lector inquieto esta reunión de talentos e intenciones es la aspiración de este libro, y en cuanto a eso, y a la espera de lo que los propios cuentos consigan mover por sí mismos entre los lectores, creo que se puede considerar su objetivo cumplido.
Cada vez que nos encontramos con un nuevo cuentista en Parábola de los talentos, a modo de presentación, aparece un breve párrafo en cursiva, como si fueran citados, como si los autores recurrieran a la ficción de sí mismos que tantas veces resulta la biografía de los escritores. En esos párrafos se desgrana el currículum o el palmarés (si se tercia) de cada autor, lo que a mi modo de ver puede condicionar, como cualquier solapa, a algunos lectores. De nuevo no hay premio ni apellido que mejore un texto. No hay caso, no hace falta que nos revelen la pertenencia de un par de cuentistas al colectivo La llave de los campos, por ejemplo, para reparar en la pulsión surrealista de Julio Jurado o Inés Mendoza. El vértigo ante el borde de la pecera de El constructor no se queda a cenar, la mejor de las dos piezas de Jurado, o los relatos de la autora venezolana, especialmente atrevida en Cuento neoplástico, y lo bastante hábil en su otro cuento, si no incendiario, sí encendido, como para haberme dejado con ganas de más, hablan por sí mismos del afán de estas dos firmas por subvertir la lógica enmohecida, usando una prosa sin ruido, efectiva como una percusión atemperada.
El inteligente juego, sin aspavientos, que Juan Carlos Márquez hace en Las preposiciones de Blint o la prosa de Enrique Triana (La cuchara, que también me ha gustado, me ha recordado un poco al asfixiante Quiroga), sorprendente para todo aquél que albergue prejuicios contra las capacidades literarias de un ingeniero aeronáutico (ármese de paciencia el ortodoxo, que vendrán más ingenieros –sugerente Elena González-, médicos –osado Ignacio Jáuregui-, arquitectos, físicos teóricos, y lo que haga falta, para hacer tambalear su preconcepción de la escritura), son sólo algunos ejemplos de la diversidad de intenciones, estéticas y propuestas de esta antología, y aunque unos anden más acertados que otros, debe reconocerse la honestidad con que este grupo de cuentistas se acerca al relato.
En fin, desgranar mi opinión sobre todos y cada uno de los autores de Parábola de los talentos, doce, como los apóstoles, por cerrar el círculo bíblico (se echa de menos un Judas subversivo y visceral, molotov en mano, si acaso), supondría emplear más tiempo del que dispongo en este momento, ahora que la claridad de la mañana ya empieza a resultar molesta para unos ojos aún errantes entre el desvelo y el sueño atrasado. Además, ni me compete, ni me siento con autoridad para ello, ni me ha mandado nadie invitación para este bautizo. ¿Por qué me meteré en estos “fregaos”? Después de haber leído atentamente Parábola de los talentos en estos últimos días, imagino que si a estas horas de la mañana me vienen unos nombres y no otros será porque esos autores me han dejado más huella, y es que a veces hay que permitir que las cosas reposen y tomen cuerpo en la parte menos utilitaria del consciente, en la fibra que las hace ciertas. Si reseñara cada relato, sinceramente, podría desfallecer ante el teclado, o matar de inanición al incauto que leyera esta entrada completa (¿habrá insensatos?), pero para no eludir del todo ese desafío, seré despreciablemente injusto y me concentraré en los últimos, que serán los primeros, cuando se lea el libro, se entiende:
Quien escribe Cuando se muere la nevera no sólo transparenta, sino que dignifica y merece sus influencias. No se dejen engañar por la efectividad de la primera frase, no hay boutades en ese cuento, todo está perfectamente trabajado, pulido, y les aseguro que aún hay hallazgos mayores cuando la narración se va asomando al acantilado, nunca mejor dicho, cuando se atreve a hacer equilibrios entre el lirismo de un vestido de novia al viento y la hilarante rotundidad de una mecedora asesina (no despejen incógnitas, la mecedora no es el mayordomo en este thriller, a la nevera se le ocurre solita, en un gesto incomprensible, morirse). No en vano encabeza esta selección de nuevas voces (bregadas ya en la palestra algunas, lejos de los focos, pero en todo caso nuevas para el lector común, insisto). Este relato no abre fuego por casualidad (porque el orden alfabético bien parece en este caso una “causalidad” intencionada), digo, ya que, a mi parecer, es de los más valiosos del libro. En los dos siguientes asoma el talento y la ambición de Matías Candeira, pero Cuando se muere la nevera me parece, a pesar de los inquietantes coleópteros, un logro más redondo que los otros, más brillante, más capaz de soportar varias lecturas (en el sentido literal y en el de interpretación diversa), lo que es síntoma de literatura.


¿Han pensado alguna vez que ese relato en una bitácora o aquél cuento perdido en un foro, o aquella perla agazapada en una revista local merecían una publicación en toda regla, o valían más que algunos de los títulos que se encuentran en las librerías? Pues aquí tienen una ocasión para comprobar si la intuición les funcionaba. Con este breve esbozo (plúmbeo, sí, pero brevísimo si se trata de valorar el trabajo de doce personas) de los últimos párrafos creo que basta para constatar mi parecer, y como en la parábola del evangelista Mateo, las monedas de los cuentistas que más hayan arriesgado e invertido no acumularán polvo en ningún terruño, en ninguna bitácora, en ningún fanzine, porque puede usted gastarse sus talentos (unos dieciséis) en adquirir esta Parábola y leerla sin prisas. No sabría si recomendarle que empleara su dinero en Parábola de los talentos, desde luego, no en el Alumbramiento de Neuman. Si porfía en Neuman, cualquiera de sus títulos anteriores tendrá algo que ofrecerle, pero ese quizás le deje insatisfecho, a poco que sea usted un exigente lector de cuentos. Si acaso espere un poco, que dicen que Páginas de Espuma va a reeditar El último minuto (si no quieren hacer caso a este papafolios, háganselo a Eloy Tizón, a quien también le gustó de veras). Y si insiste en Anagrama, hágame caso, ahora sí, sin titubeos, mire hacia Los girasoles ciegos y deje a Gándara en el estante, no vaya a levantar su pedrusco y le pique el alacrán del tedio.
Veremos que nos trae la editorial Gens en el futuro, ojalá más títulos concentrados en un solo autor (apuesta que siempre prefiero), tal vez en los más talentosos de esta parábola. Creo que cuanto menos hay un puñado de ellos que se lo merecen. Por ahora he repartido estopa a un autor de Anagrama (sin quitar una coma) y a un título (no a Neuman, quien no compartirá pero tal vez sepa entender mi subjetiva desmesura y del que espero sinceramente una obra mayor) de Páginas de Espuma. Y he dejado claro que admiro profundamente a otro autor de Anagrama (el por desgracia ya desaparecido Méndez) y a otro de Páginas de Espuma (se hará larga la espera hasta el próximo título de Zapata). Así que nadie podrá acusarme ni de pandillero, ni de nadar y guardar la ropa. De bocazas, eso sí, me declaro culpable yo solito, sin remisión, ni más atenuante que este arrebatado madrugón dominical.

.........


Si logré despertarle la curiosidad, o tiene usted una vena exploradora, o es un lector militante del cuento, o simplemente quiere romperle las piernas a este pelmazo, este viernes tiene una cita en Madrid:

Viernes, día 9, a las 19 h, en La Casa Encendida, Ronda de Valencia, 2. Madrid. Metro Embajadores, Bus 27, etc. Entrada libre hasta completar aforo.

Posdata a jueves, 8, día previo al evento:


Para otra opinión con más rigor y tablas sobre Parábola de los talentos, consultar esta entrada de El síndrome Chéjov.

Y como nota curiosa, para los que mañana lleguen demasiado pronto y no sepan cómo matar el rato: vale la pena tomar el ascensor y hacer una visita a la azotea de La Casa Encendida.

14 comentarios:

Juan Carlos Márquez dijo...

Gracias por tus comentarios sobre La Parábola, Sergio, que me han parecido sinceros y honrados. En lo de si son más o menos acertados, no voy a mojarme, que lo haga Blint en mi lugar.

Miguel Ángel Muñoz dijo...

He seguido, al filo de la madrugada, y hoy, tarde ventosa y literaria, tu magnífico serial. Entrega absoluta, textos derramados, golpes sobre la mesa en favor de la honestidad, del trato justo a libros que lo merecen, sacerdote del cuento, puro Bellver.

Anónimo dijo...

Lo que yo espero, sinceramente, es que ni el futuro ni ninguna editorial nos traigan nunca ningún peñazo de este "albatros", que te queda grande hasta la metáfora. Como mucho, golondrina, mozalbete.

Palimp dijo...

He tenido la suerte de poder conseguir un ejemplar del libro y de disfrutarlo ayer mismo. Quizá las frases de la contraportada sean demasiado grandilocuentes para el contenido, pero calidad y talento tiene.

Me quedo con Candeiras del que creo que puede llegar alto y con dos o tres autores más -Juan carlos Márquez, Enrique Triana, Aldara Fernández...-, pero en general está muy bien.

Marsu dijo...

Estoy contigo en agradecer el esfuerzo de algunas editoriales, con autores nuevos, como Gens, o con otros no tan nuevos pero poco conocidos, como Libros del Asteroide. Me fío de tu prescripción; buscaré los talentos dentro de estas parábolas.

Me ha gustado tu tetralogía. Yo prefiero el carcadé al té rojo; tiene también ese color familiar a sangre, pero me endulza más que el té, y cuando la boca sabe a amargura, alivia.

Por cierto, me adhiero a las palabras de Olvido de ayer..."no te automachaques". Deja eso para las visitas. Unas veces te pondremos colorado...y otras amarillo. Ya lo has visto, en cuanto te lo propones, te salen detractores. Pero no sé por qué, leyendo algo de lo que he leido, me pasea por el coco un refrán que decía mi madre....."a palabras pronunciadas por laringes inconscientes (y sin nombre, diría yo) resuenan trompas de Eustaquio en estado aletargado".

Buen viernes. Cuida tus piernas. Si consiguo acercarme, ya te daré otro día mi opinión.

Juan Carlos Márquez dijo...

Por favor, Palimp, no, no te quedes conmigo, soy una nefasta influencia. Ahora en serio: agradezco tu mención.

marina dijo...

La curiosidad ya me va dando batalla por ahí...así que lo intentaré. Si encontré a Zapata en el Maresme, seguro que las Parábolas también...
Un petó ben fort!
(per cert, si t'atures a reprendre l'alè,trobaràs un Moncada prenent un cafè)

Palimp dijo...

Juan Carlos, su cuento es quizás el mejor construído de la antología.

Juan Carlos Márquez dijo...

Hola, Marina, que el librero te lo traiga, las distribución se come la mayoría del coste de un libro y está pagada y requetepagada. Que tu librero mueva el culo y te lo traiga. Son unos vagos, dales caña.

Sergi Bellver dijo...

Supongo, Juan Carlos, que en toda esa avalancha de impresiones habré cometido algún error de bulto y de forma, que es lo que pasa cuando te pones a escribir como un poseso y no corriges nada más que ortografía y erratas (y aún me habrá quedado alguna). Pero como la lectura de la Parábola la hice bien atento (dediqué una tarde por cada tres autores, ¿poco o mucho?, no lo sé, pero concentrado) toda mi verborrea brotaba desde el fondo. De todos modos, y por si acaso, que igual me expresé mal, aclaro (por si hace falta) que tu cuento es de los que sí me han gustado, como se deduce de ese “también” después de Triana, y que lo de “sin aspavientos” se refería a tu prosa, lo que es un cumplido, objetivo, y con el que trataba de decir lo que nuestro Muñoz ha opinado con más rigor y acierto sobre tu cuento: “que sin alardes verbales, con una prosa ajustada pero muy bella, y una imaginación germánica -pasión bajo la cuadrícula-, nos lleva de su mano con suavidad”.

Pensaba el domingo, mientras decía lo del puñado de talentos que se merecen un libro, que por “algo” vas a sacar en breve Norteamérica profunda. Y pienso ahora, que por “algo” el señor Blint nos habrá convencido a Miguel Ángel, a Palimp (dichosos los ojos, y agradecido, aunque sea por terceros, de que se haya acercado desde su Cuchitril) y a este albatros. Y ojalá a esos lectores impagables como Marsu o Marina, cuando su librero espabile.

Como bien me han dicho, no te hagas tampoco tú de menos, no seas modesto (humilde siempre), mira que tu cuento y los de Matías, que se autoproclamaba “mindundi” en su bitácora, como si los vuestros fueran de los menores, no se merecen la modestia…

Oye, una parida, me hace gracia que me añadas siempre la “o” al nombre, pero no me molesta en absoluto, que lo sepas. Mira que te llamo Joan Carles, Ion Karlos o Johann Karl –por lo de la germanía, que te pega-, ¿eh? Que no, que no…

Envíanos una postal desde Marrakech, anda.

Sergi Bellver dijo...

¿Sacerdote, Miguel Ángel? Collons, que eso me ha dado grima, que me suena a dogma, y bastantes sectas he encontrado ya en estos días por la red… ¿Y tú qué, entonces, con la que estás liando en tu bitácora? ¿Arzobispo del cuento? Yo creo que somos unos creyentes, que nos desborda la fe, puede, pero sin cruzadas. Como mucho, con la inquebrantable voluntad de avanzar hacia alguna parte, ni que sea en papamóvil…

La verdad es que no sé qué agradecerte más, si tu comentario (aunque no venga a cuento el motivo, hoy estaba de capa caída y ha sido un poco de viento en las velas –el de la calle sólo me aturde-) o el hecho de haberte tragado todo el serial –culebrón, casi-. Entrega, honestidad, son las pocas armas que nos quedan para combatir la hipocresía y el conformismo. Puede que con tanto puño en la mesa haya derramado también alguna burrada, alguna vento-sidad (temía que torcieras el gesto por lo de Neuman, por ejemplo, a quien por cierto envié un correo electrónico, porque me parecía lo más decente, y quien por cierto, en un gesto que le honra, me ha contestado, dándome una lección, de lo más útil, que no caerá en saco roto), pero ha sido a pecho descubierto.

Y eso tiene mucho de noble, como me han dicho algunos ya en privado, puede, pero también demasiado de torpe. En fin, sobre todo esto creo que hablaré en breve (por una puta vez, en breve en todos los sentidos), y eso sí, con una tila, nada de estimulantes por esta vez…

Un abrazo, Homer Allen, digo, Woody Simpson, bueno, ya me entiende.

Sergi Bellver dijo...

No se olvide, ilustre anónimo, de batir bien fuerte sus aletas, cuando se asome al borde de la piscina para que el domador le de su reluciente pescadito.

A los demás, una pausa y ahora sigo.

Sergi Bellver dijo...

Hay lectores que uno ficcionaría si pudiera, hasta darles cuerpo y llenar el mundo de manos abiertas a la letra. A Marina ya le he contagiado Zapata y otras fiebres, que me ha devuelto con intereses en otros descubrimientos (ara mateix faré una ullada a veure qué has penjat d'en Moncada, i m'ho llegiré a casa per apreciar-ho amb temps).

Libros del Asteroide o Páginas de Espuma, Marsu, dos buenas editoriales insumisas (aunque sometidas, como todas, a la viabilidad), y a las que veremos si se une Gens en su labor. Parábola de los talentos es probable que quede con el tiempo como aquella antología donde publicaron los ahora (conjugo un futurible) pujantes Fulano, Mengano y Zutana. Coincido con Palimp en que eso de "para empezar un siglo" le ha quedado un poco grandilocuente a la editorial. Pero es ahora cuando hay que dejar que las nuevas voces respiren, nos digan, contagien. Lo que calen en el lector lo conseguirán solitas, por sus propios méritos, pero al menos en bitácoras como esta, aunque sea con esa compulsión temprana de domingo, tratamos de difundir un poco las ganas, que son muchas, que bullen en la gente de ir creando otra literatura. Como casi nunca se comentan muchas novedades en los suplementos de siempre (parte interesada), ¿cómo no apoyar a otros autores desde esta alternativa de la red?

Eso sí, lo de gastarse el dinero... es mucha responsabilidad recomendar nada, con la de cosas que hay por ahí, mira, se me ocurre otra para que tú y Marina (y el que se apunte)acompañéis a la Parábola: Si te comes un limón sin hacer muecas, de Sergi Pàmies (a més, em penso que fins i tot al Maresme ho trobaràs en catalá original, Si et menges una llimona sense fer ganyotes).

Hay amarguras que no se aplacan con una infusión de dulzura, y necesitan respirar por la herida, precisamente, desbocarse un poco, para diluirse.

Tenía razón Olvido, claro que sí, pero hay que ver, mi querida Marsu, qué frasecitas tienen vuestras parientes... ;-P

Mañana viernes llevaré algo para que me reconozcan los rompehuesos, sean con bate de "baseball" o con el abrazo apretado. Me lo estoy pensando, un "pà de pagés" en la cabeza, un papagayo azul en la solapa, ya veremos... lo más seguro es que al final me decida por un par de alas de albatros en las cejas.

Un beso talla XL para las dos.

pd: Marina, oi que sería genial que el curset d'Alcalà sigués aquest cap de setmana... i veure tota aquesta gent a "La Casa Encendida"?

Juan Carlos Márquez dijo...

Cago en la o. No volverá a ocurrir, Sergi. Oye, que a mí tu comentario ya me había parecido muy positivo. Joder, aibá la hostia, ojalá sean siempre así todos.