Bitácora de Sergi Bellver: La trastienda.

23/2/07

La trastienda.

“Continúen leyendo estas barbaridades, no abandonen
prematuramente a estos seres depravados. Saldrán ganando,
no sé cómo, no soy más que una escritora,
pero ustedes saldrán ganando”.

¿Flannery O’Connor?

Aclaración del todo prescindible: la redacción de la entrada anterior, "Musgo y roca", me tomó dos horas de impulso en la noche del martes y otras dos de correcciones en la mañana del miércoles. Esto es completamente irrelevante para todo el mundo, pero como quiera que, por una vez, tengo noción exacta de esos plazos, la comparto. Su publicación fue el resultado de una concatenación de hechos y vértigos a lo largo de la última semana, de la que paso a dar una relación desordenada:

• La broma con una amiga, a la hora de la comida, que desencadena el recuerdo de la madre muerta.
• La lectura de algunos pasajes de “Mil grullas” de Yasunari Kawabata.
• La bonita edición, a cargo de “emecé”, de otro título del autor japonés.
• La relectura, en aras de una futura reseña, del cuento “Ambulancias”, del libro “El síndrome Chéjov” (Páginas de espuma, 2006), de Miguel Ángel Muñoz.
• Los fragmentos, leídos por encima, y los posteriores juegos malabares con tres títulos de John Cheever, influenciado por la serie “Cheeveriana” del autor de “Ambulancias” en su bitácora, justo dos días antes (lo juro, me someto al polígrafo si hace falta) de encontrar, por una de esas “casualidades” de la mente planetaria, mi nombre en la dedicatoria del capítulo sexto.
• La cierta pero fugaz idea de robar varios libros (los que barajaba de Cheever, el de Kawabata y alguno más) en sendas librerías de las calles Alcalá y Fuencarral; corrijo, en sendos hipermercados del libro.
• La decepción con un cuentista madrileño del que no diré una palabra, ni sobre la presunción de su inocencia, hasta que demuestre lo contrario. Edgar Degas dijo que "un cuadro debe ser pintado con el mismo sentimiento con que un criminal comete un crimen". Lo mismo un cuento, si tiene entrañas.
• La decepción con otro cuentista argentino del que pronto hablaré sin tapujos ni abogado, aunque pueda ser utilizado en mi contra. De todos los crímenes, la estafa es de los menores, de los más tibios, y por tanto, el más distinto a un cuento.
• La decepción con una musa argentina (mera coincidencia, usualmente adoro a esa gente histriónica y abrazable) que no se digna a enviarme de una vez ese extraño poema de Julia Prilutzky Farny.
• La enésima relectura de “Enemigos” de Antón Chéjov, y sin embargo lo de siempre: admiración infinita por un crimen perfecto, por un relato sublime.
• La relectura de algunos cuentos de Cortázar y O’Connor y la consecuente comprensión de las carencias de sus imitadores, aunque sean buenos, y de la estrechez de miras de los malos.
• La lectura cruzada de Bolaño y Vila-Matas y una suerte de cansancio, el que sobrevendría de un atracón de tu comida favorita y su versión playera, hasta hacerte dudar de tus gustos.
• El hartazgo que comienza a producirme la omnipresencia de la metáfora en mi prosa, como una red de pesca a la deriva en la que perecen los delfines. ¿Lo ves? Estoy enfermo.
• La relectura de “La mujer que viene a cenar esta noche”, “Un cisne de porcelana (o las mujeres francesas)”, y “El amor es sólo tiempo” del libro de cuentos “Amor del bueno” (Caja España, 2004), de Víctor García Antón (al que le voy a rajar el escroto como siga sin leer esta bitácora), y una certeza inmediata: esos cuentos siguen siendo tan buenos como entonces, pero yo ahora soy mejor lector que hace dos años, y puedo apreciarlos del todo.
• El indescriptible agobio de la hora puta en la línea 3 del metro de Madrid ("es lo que te hace sentir..."), y la certera premonición, la deducción casi, de que si ya los maestros son ignorados, de que si apenas se encuentra uno con los mismos best sellers de siempre, de estación en estación, mis libros le importarán un carajo a casi toda esta muchedumbre, enlatada en el trajín subterráneo de sus días.
• La obsesiva audición durante dos días de “Nocturn per a acordiò”, un poema de Joan Salvat-Papasseit, maravillosamente recitado por Ovidi Montllor, que una amiga (sentida la palabra) me hizo llegar al correo, y del que he perpetrado una traducción al castellano para compartirlo en breve.
• La proximidad de la visita de mi incondicional aliada desde el Polo Norte y el previsible desorden que dejará a su paso ese huracán de impaciencia y huesos.
• La relectura de una entrevista a Ángel Zapata, y una de las citas del poeta granadino que el militante utilizó en “El vacío y el centro” (Fuentetaja, 2002), y que me tomé la libertad de reproducir.
• El paréntesis en el que tengo detenido “Memorias de Adriano” de Yourcenar, un poco por estar en otra cosa, un poco porque quiero volver a disfrutarlo sin distracciones, porque no quiero que se acabe.
• El paréntesis en el que tengo detenido el manuscrito de la novela.
• La redacción y reelaboración constante de un cuento, del que sólo tengo absolutamente decididas la primera frase (su motor, en realidad) y un par de imágenes.
• Un sueño húmedo en el que se sucedían larguísimas escenas de sexo oral con una mujer de melena oscura y labios, todos, resbaladizos como fruta recién pelada.
• El andantino de la sonata para piano nº 20 de Franz Schubert, y la canción "High and dry" de Radiohead.
• El perfeccionamiento de mi receta de arroz picante de calamares para bohemios o escritores en ciernes sin trabajo (a un euro la ración).
• La incurable nostalgia por el mar, no sólo mi mar antiguo, por cualquiera, por todos los mares.

La influencia de todas estas circunstancias en el texto es obvia en algunos casos e indescifrable en otros, pero perfectamente demostrable en todos. La pertinencia de esta nota aclaratoria es absolutamente cuestionable, pero no me he parado a pensarla, tan sólo la vuelco. Quizá le sea útil a alguien para comprender eso que viene a llamarse “proceso creativo”. Yo sólo expongo los atenuantes y agravantes de esta tentativa. A lo mejor un día, no sé cómo, entiendo el por qué.

.........


(*) Apéndice informativo a martes, 27 de febrero de 2007:

Con “Alas de Albatros Redux”, la versión sencilla de mi bitácora, quise garantizar a todo el mundo un fácil acceso a mis entradas. Por eso, en “Redux” el formato es simple, y sólo cuentan los textos, para que la descarga no ofrezca problemas y los minimalistas no encuentren distracciones molestas. Salvo un par de excepciones, cada vez que publico una nueva entrada lo hago de manera simultánea en ambas versiones, de modo que una y otra bitácora son absolutamente idénticas en el contenido principal. Por esta razón, y por mi convencimiento de que el intercambio de opiniones tiene un valor inestimable en esta realidad de las bitácoras, a partir de ahora volcaré (con la inevitable demora en algunos casos) vuestros comentarios y mis respuestas (que trataré en breve de poner al día) de una a otra versión, para que no pasen desapercibidos a aquellos que sólo regresan a una de las dos, o para que el lector ocasional no se pierda cualquiera de vuestras aportaciones. Así pues, desde este momento, cada vez que publiquéis un comentario, o mejor dicho, cada vez que yo tenga noticia de ello y actualice, vuestra huella aparecerá duplicada en la otra versión, exactamente igual que el cuerpo de las entradas. El objetivo final, tras lograr esta especie de “clonación” íntegra, no es otro que hacer más provechosa la experiencia para todos.

15 comentarios:

Marsu dijo...

Me he acordado de una palabreja muy utilizada en marketing: brainstorming....

Anónimo dijo...

Inevitable sonreír ante algunas de tus selecciones.
Me impresionó mucho el relato corto "Ambulancias" del Síndrome Chéjov porque me parece prodigioso en la resolución formal de frases cortísimas -a veces de sólo una palabra- separadas por puntos, consiguiendo trasladar la urgencia y el sonido de las ambulancias. Especialmente este fragmento me cautivó por muchas razones:

"Paula nadaba a veces en la playa hasta el fin del mar. La perdía de vista y me ponía muy nervioso. Me quedaba en paralelo a la orilla. Pensaba que si le ocurría algo no sabía donde ir a recogerla. Para salvarla. Pasábamos días enteros juntos. Pero no las noches. Solitarias, yo escuchaba las sirenas de las ambulancias que cruzaban la avenida. Veía las luces anaranjadas y cuando desparecían y se llevaban el sonido los nervios volvían. Vuelve, Paula. Gritaba sin vergüenza cuando se hacía la tarde y quedaba menos gente en la playa. Y ella, a su gusto, cuando lo decidía, volvía de las aguas. El mar la echaba a la arena como un guijarro y Paula se incorporaba. Se levantaba y pisaba la arena y dejaba huellas. Un día salió del agua calzada con sus zapatos de tacón ancho y desapareció de mi vida."

Permíteme que te recomiende "El Curioso incidente del Perro a medianoche" de Mark Haddon. Soberbio, por lo original y diferente.
Tu párrafo final de releerlo varias veces, ¡se expresa de maravilla oiga! (tenía que decirlo).

Me he agarrado a las alas, no hay quien me suelte.
Un abrazo.
E.F

Sergi Bellver dijo...

Una de las cosas que más me motivan para continuar con esta bitácora es comprobar la catadura de los que la leéis con cierta asiduidad. Desde mayo de 2004, cuando empecé a escribir con alguna intención pero del todo desorientado, y un colega de un taller literario (del único al que fui) me descubrió este mundo de la “blogosfera”, han desaparecido decenas de visitantes, aburridos o desbordados, pero creo que he ganado un puñadito de buenos lectores. Mal asunto para mi vanidad, si se midiera en cifras, y buen síntoma para mi empeño, si lo enmarco en vuestros comentarios. Dije continuar con esta bitácora, seguir compartiendo todas esas letras que no me caben en los manuscritos todavía privados, seguir divagando, cuestionando, pensando en voz alta, porque lo de escribir ya es incurable, es decir, que puede que un día me harte del albatros y le ponga un bozal, pero es seguro que no dejaré de emborronar folios y taladrar teclados en la soledad sin respuesta de lo privado. Sencillamente, lo necesito.
No debe ser casualidad que, según descubro en la bitácora del Sr. Curri, la editorial Páginas de Espuma decidiera publicar a la primera el libro de Miguel Ángel Muñoz. Asistí hace casi tres años, cuando tal vez Miguel Ángel apenas esbozaba en su mente “El síndrome Chéjov”, a una conferencia (de la que, por cierto, conservo una grabación casi completa) de Juan Casamayor, el editor en cuestión, desentrañando el mundo editorial en general y las estrategias y condicionantes de su pequeña editorial en particular, por lo que puedo corroborar lo prodigioso de su decisión. Y aquí no hay peloteo alguno, ya que, si buscara algún rédito en ello, le bailaría el agua a otros autores mucho más influyentes pero bastante menos dotados que he podido conocer en este tiempo, y no es el caso. Sólo me guío por las letras que son capaces de mover “algo” en mí, sobre todo como lector.

No es casualidad en absoluto, pues, que esté orgulloso de quienes leen esta bitácora. Muchas gracias, E.F, de veras.

Sergi Bellver dijo...

Sí, Marsu, también recuerdo esa palabra a menudo (de cuando me tentaron con la publicidad), aunque, en este caso, casi sería mejor hacer como los alemanes e inventarse otra, Herzundeingeweidesturm, o algo así, ¿nops?

Besos.

marina dijo...

Conchas, vidrios de colores, caracolas...reposan en nuestra mano. Recolectadas durante un paseo por la playa, el latido de vida que va y viene. En el camino de vuelta,a cada paso, una sola música cristalina se escapa de algún hueco en nuestras vestiduras. La escuchamos...la escribimos...y sonreímos.
Un petonàs!

Marsu dijo...

So, du benutzt dein Gehirn nicht? Das kann ich nicht glauben...aber Du benutzt mehr Herz und Eingeweide, jeder musst frei fühlen, seine eigene und inner Sturm zu wählen, nicht wahr?

Pfff...he debido cometer "tropecientasmil" faltas en esa frase. Creo que voy a retornar a mi mutismo; me siento algo incómoda. Pero cuéntame entre los gatos que te leen, aunque cuando maulle, lo haga muy bajito.

Eine Umarmung, liebe Sergi. Und viel Glück.

Sergi Bellver dijo...

Dile a esa persona que se queja de que te enrollas, Marina, cuando te pones a trazar tus sentimientos e iluminaciones en palabras, que el oído parece más sabio que el entendimiento, pero eso es sólo porque los pentagramas, con todo el trabajo que conllevan, tienen leyes más estrictas. A ver, que divago, lo que trato de decir es que has hecho una definición muy bella de lo que a veces pienso/siento que es un escritor...

Abraçada de pluja, baixant pel montseny i les Gavarres, i omplint les rambles del Maresme, fins que puguis capbussar-te al seu redós.

Sergi Bellver dijo...

Buff, Marsu, mi alemán está de veras oxidado, el tuyo aún es de lo más presentable, a ver si me he enterado de algo:

"Así pues, ¿no utilizas tu cerebro? No puedo creer eso... pero utilizas más corazón y entrañas, cada uno debe sentirse libre, para elegir su propia tormenta interna, ¿verdad?"

Pues mira, ayer, en el club de lectura al que asisto cada martes, después de decidir entre todos que el libro de Muñoz Molina era un rollo, dije algo así como:

"Quien se ha muerto aquí no es Lorencito, la que está muerta aquí -mientras sostenía el libro en alto- es la literatura. Porque eso que decimos del oficio está muy bien, sirve para hacer una mesa y que no cojee, pero una mesa está muerta si no vivimos la emoción del vino, la taberna, los amigos, en ella"

Bueno, era algo así, más o menos, que me puse estupendo al acabar la sesión. Pero vamos, que sin corazón ni entrañas no em interesa la literatura, ni del más privilegiado de los cerebros de la Academia.

Lo que no quiere decir que no se ordenen las evocaciones y las palabras con la herramienta d ela razón, natürlich!!

Un beso, Marsu, y, tómate tu tiempo, ven cuando quieras, pero ven, y ni se te ocurra quedarte en el "economato".

Anónimo dijo...

¿De dónde sacas tantas palabras? ¿No te cansas nunca? ¿Y de verdad escribes también, aparte, según dices, novelas y cuentos? ¿No serás un programa informático, un virus o algo así? Qué avalancha...

Sergi Bellver dijo...

Pues mira, anónimo (que supongo que lo eres a secas, sin firmas), precisamente hoy no es un buen día para responderte.

Hoy siento que todo lo que hago es absurdo, prescindible. Hoy me siento idiota, y, como acabo de decirle a un amigo, hoy tengo la noción de que lo que escribo no va a ninguna parte, no sirve para nada, de que llevo toda la vida haciendo el gilipollas, y de que tal vez le hiciera un favor al mundo si cerrara la boca de una buena vez.

Lo que sí puedo decirte, incluso hoy, es que no soy un virus, que por desgracia, soy de blanda carne y tosco hueso.

Saludos.

Marsu dijo...

Yo sí puedo cerrar la boca, y quedarme callada, porque soy lectora. Puedo ahorrarme una crítica negativa ante un bodrio, o callarme una alabanza ante un buen texto. Puedo dar la vuelta y no regresar, cuando leo algo zafio o con lo que no estoy de acuerdo.

Pero hay veces que estoy en desacuerdo, y aunque quisiera quedarme callada, no tengo más remedio que protestar. Para mí, lo que tú haces sí tiene sentido. Y desde luego, tu bitácora es ahora mismo una de mis imprescindibles. Algunos de mis sitios favoritos ya se congelaron. Flaco favor me harías si decidieras, un mal día, cerrar la boca de una buena vez. Y estoy segura de que mucha más gente de la que crees lo sentiría igualmente.

Vuelve a sentirte estupendo y a echar mano de todas tus vísceras, de tu carne, y de tus huesos. Sigue "sacando tantas palabras" y echándonoslas en "avalancha", que yo no sé tú, pero yo "no me canso nunca."

Aquí me quedo. Esperando.

Solvvinge dijo...

De blanda carne y de tosco hueso...
Además de... de conversación fluída y cercana, de sonrisa sutil y mirada profunda, de café y preguntas, de cigarro y respuestas...
Menos mal que me consta que estos sirocos son propios del gremio, que sino te mordía un ojo ahora mismo :P
Lo que escribes va directo al corazón de todos los que te leemos, y más de un "Planeta" quisiera poder decir eso. Llevas las letras grabadas a fuego en tus manos, mi querido alitas.

Un besazo gigante.

Sol

PD. Me encanta la reforma que has hecho en ésta, tu casa.

Enrique Ortiz dijo...

Llego tarde a comentar tu texto, esa enumeración infinita que podría no acabar nunca. Me acuerdo de esa frase, de no recuerdo quien, que citaba Benjamín Prado: "El poema nunca se acaba, se abandona". Además, también quería decirte, Sergi, que viendo que eres un consumado cocinero con base en el arroz, te comento que soy el mejor cocinero del mundo en lo que se refiere a la paella de marisco o pescado. En cuanto a tu entrada, terminaré santiguándome antes de entrar en tu casa. La he leido muchas veces y cada vez me parece más apetitosa. Un abrazo. Mañana o pasado, cuando solucione lo del fin de semana, te enchufo un correo para ver si podemos hacer la fogata ésa del viernes. Otro abrazo.

Sergi Bellver dijo...

Que no parezca otra cosa que lo que es: mero cansancio de leerme a mí mismo en los comentarios, porque en realidad este rincón es más vuestro que mío, así que, por favor, que no se confunda con prisa o dejadez. Mi ombligo es algo de veras cansino y aburrido para cualquiera, así que, fugazmente: gracias, Solvvinge, Marsu, Enrique, gracias desde lo más hondo por estar ahí. Con el silencio os digo más de lo que os pensáis.

Eso sí, Enrique, lo de la paella no me lo dices en la calle a caar descubierta... :-P Eres el segundo mejor del mundo... bueno, va, para ti el marisco y para mi la aldeana, la valenciana de la huerta.

Solvvinge, ya va siendo hora de repetir, ¿no crees? A ver cuando me escapo... aunque Barcelona me parece ahora tan lejana, tan extraña, un poco por descubrir de nuevo.

Marsu, de veras, a veces me sacas los colores...

Enrique Ortiz dijo...

Je, habiendo llegado a un grado de perfección suma en la de marisco, he comenzado (con muy buen pie) con la valenciana valenciana. Así que ya veremos... Un abrazo fuerte.