Bitácora de Sergi Bellver: Metamorfosis

26/1/07

Metamorfosis

“Manejar el silencio es más difícil
que manejar la palabra”.

Clemenceau

“No hay talento más valioso que el de no usar
dos palabras cuando basta una”.

Thomas Jefferson

A lo mejor es que aún persisten los efectos secundarios del cambio de año, y me quedaron ganas de hacer eso que los anglosajones llaman resolutions, pero lo cierto es que casi nueve meses después de haber comenzado a publicar en Blogger, necesitaba parir otra cosa, mudar la piel. Como tantas buenas intenciones, es probable que se vayan gastando con el tiempo y queden en meras tentativas, pero al menos por ahora vienen en firme.
Esta nueva versión de la bitácora (que todavía estoy ajustando) quiere desprenderse cada vez un poco más de lo inútil, o cuanto menos de lo superfluo. Podría llegar al extremo y reducir toda presentación a una hoja en blanco, como tantas otras bitácoras, pero tengo dos buenos motivos para no hacerlo: el primero, que continuará disponible una versión abreviada para minimalistas en “Alas de Albatros Redux”, y el segundo (aparte de por el mero placer de dibujar), que, como dice Andrés Trapiello, las palabras dicen cosas distintas en distintas ediciones y con distintas tipografías. El caso es que esta tabla de corcho, este libro viejo, este marcador, estos cuadernos, estos albatros, incluso esta mosca cascarrabias que se pasea por la pantalla, son parte indisoluble del todo, y no cambian en nada el cariz de los textos, pero sí dicen más, para bien o para mal, de su intención. Al sobrio le parecerán burdas cenefas, y para el que hable el idioma de las cosas llevarán cifrado otro mensaje. Como dato curioso he de decir que hasta ahora el diseño de la bitácora, cabecera móvil y dos barras laterales, tomaba otro de www.insaini.com como armazón, aunque completamente retocado en gráficos y medidas. Pero el nuevo diseño lo he desarrollado enteramente desde cero, desde la plantilla mínima original de Blogger. Ha sido laborioso pelearse con el HTML y encontrar la manera de disponer el cuerpo de las entradas entre dos barras laterales, o idear algunos trucos, como el de publicar una entrada a dos columnas, como en los enlaces, por ejemplo, pero en fin, espero que el resultado valga la pena. Algunos gráficos, como el del libro viejo, los he dibujado también desde cero (si lo veis reproducido por ahí, recordad que el copyright es de estas alas), y otros, como la animación de la cabecera, los he hecho con retales de fotografías, con los programas Paint y Microsoft GIF Animator. En fin, la culpa de mis reiterados silencios en estos últimos tiempos se la reparten mi novela, que avanza, retrocede, muta y renace a cada instante (cuando un escritorzuelo se tira siglos preparando algo, parece que va a ser la leche, que traerá un novelón fin de siglo o epatará al mundillo con una vanguardia, pero no, no es el caso, el único motivo por el que este horno cuece lento es el afán de dar lo mejor de sí mismo), y cierto gusto por el diseño virtual, que en breve traerá un par de proyectos por encargo. Uno ya está terminado (y me ha procurado los cuentos completos de Flannery O’Connor) pero el dueño de esa bitácora está reuniendo material antes de emprender el viaje, y el otro estoy a punto de acabarlo (palabra), y con él, una peculiar y heterogénea cuadrilla promete amenizar el panorama de la “blogosfera”.
Para que el bosque crezca saludable es preciso desbrozarlo, quemar los rastrojos. Por eso desaparecen algunas secciones que durante meses titubeaban a los flancos de los textos. La agenda llegaba a menudo con retraso, los mensajes de bienvenida que, en el apartado de traducción, se supone debía grabar de viva voz en los idiomas que hablo o chapurreo, se quedaron para siempre “under construction”, y últimamente parece que se ha colapsado el servicio de alojamiento de archivos en el que guardaba la música de esta bitácora. Todavía estoy buscando la mejor manera de ponerle banda sonora a esta página, espero no tardar mucho. Desaparecen los “haiku” (a los que sólo se animó Marina), y también “Mi ventana”, que tanto prefería la hechicera, aunque en “El baúl del albatros” quedará rastro de lo publicado en su día, por si hay algún aficionado a la arqueología virtual.
Por supuesto, también se esfuma la encuesta sobre mis textos, ese disparadero anónimo. Echaré de menos esos aguijonazos en el trasero que me espabilaban de vez en cuando, infumable, infumable… pero en fin, creo que fue un sano ejercicio aceptar que cualquiera pudiera opinar impunemente lo que le apeteciera. Que conste que podrán seguir haciéndolo en los comentarios, aquí no se censura ni se filtra nada, excepto el mal gusto. Ni siquiera el insulto, si este viene con ingenio. En general, los que no aprecian una bitácora dejan de visitarla, sin más, rara vez se toman la molestia de criticarla (aunque aquí hubo alguna estrepitosa excepción), y mucho menos a cara descubierta. Quien deja un comentario suele hacerlo con opinión favorable, y el que echaría pestes de lo que acaba de leer (si de veras se ha tomado el tiempo necesario) no se atreve o no se digna a hacerlo. Por eso pensé en exponerme al tomatazo, aunque al final resultó bastante más benévolo de lo esperado…
Al cabo de los 238 días que ha estado disponible “Tu crítica”, y a un total de 261 votos mis textos les han parecido:

Buenos:      88 (33,72%).
Profundos:   57 (21,84%).
Brillantes:    41 (15,71%).
Geniales:      25 (9,58%).
Correctos:     14 (5,36%).

Mejorables:  12 (4,60%).
Recargados:   9 (3,45%).
Infumables:   8 (3,06%).
Superficiales:  4 (1,53%).
Ininteligibles:  3 (1,15%).

Números, sólo eso, simples logaritmos que siempre casan mal con las letras. Si me preocuparan mucho, o si midiera la valía de este impulso por ellos, sería un necio más. Durante los dos años que publiqué “Alas de Albatros” en blogs.ya.com acumulé un total de ochenta mil visitas, y eso quiere decir que ahora recibo al día, como máximo, un tercio de las de entonces. Pero eso es algo que ya suponía cuando decidí abandonar en lo posible la pornografía emocional y concentrarme más en lo literario, una ley no escrita. Los hay que no concilian el sueño hasta ver su bitácora en el podio, pero esto, creedme, no tiene demasiado secreto. La fórmula para ser una estrella de la “blogosfera” es bien sencilla:

-Publicitarse por todos los medios imaginables.

-Dejar comentarios estereotipados en el mayor número posible de bitácoras cuyas entradas rara vez se leerán más que de pasada, en el mejor de los casos.

-Responder a los comentarios del prójimo siempre en la propia, incitando al regreso escrutador.

-Colgar fotos espectaculares y no extenderse demasiado en los textos, ni profundizar en los conceptos, es decir, servir “fast-blog” con panecillos de sésamo.

-Hablar siempre al ritmo de la actualidad, confundiendo interés con novedad.

-Hablar de lo mismo que se farfolla en papel impreso, dejando estéril la posibilidad de crear una verdadera alternativa con lo virtual.

-Hablar de sexo y sucedáneos, por supuesto, o de política (otra manera de joder), que eso nunca falla.

-Pergeñar alguna que otra trifulca entre “blogueros” y entrar al trapo de las ajenas.

-Abrumar al visitante con datos, citas y conocimientos arcanos en el caso de las bitácoras literarias hasta que el incauto crea indispensable seguir al santón de turno.

-Pasar de la felación mutua al mal humor de enfant térrible, impostando lo que haga falta con tal de estar en boga.

Evidentemente, hay excepciones, y algunas de las bitácoras más visitadas en general, y de tema literario, en particular, lo son por méritos genuinos y no les preocupa incumplir, ni siquiera cumplir ocasionalmente desde la heterodoxia, esta especie de infame decálogo del perfecto “blogadicto”, ya que obedecen sólo a su necesidad de decir y compartir, y se prodigan bien poco en otros menesteres. Quienes leen esas bitácoras lo hacen por lo que allí encuentran, y no por un extraño entramado de complacencias. No es complicado, en suma, acceder al público por esa otra vía adyacente, ni siquiera hace falta talento, sólo se requiere tiempo libre y una buena sobredosis de vanidad. Lo difícil es llegar al individuo, llegarle de veras, hacer temblar alguna fibra en él, y eso no obedece a estrategias someras. Uno debe hacer lo que le pide el deseo, y hacerlo sin contar con la respuesta o la repercusión, estas llegarán (o no) por los caminos más insospechados. Y puedo asegurar que alguna vez sucede, pues me lo ha hecho saber parte de esa grata minoría que tiene a bien visitar estas alas de vez en cuando.
Sólo queda dejar constancia de los dos propósitos más importantes para esta nueva etapa en el viaje del albatros: la palabra y el tiempo. En cuanto a la palabra, intentaré cuidar un poco más los textos, desenmarañarlos, pulirlos hasta el hueso, y aún una vez más, hasta desenmascarar la médula. No me ha sido concedido el don de la brevedad, por eso, aunque como lector considere a esa manifestación literaria hermana y par de la novela o la poesía, no soy cuentista. Creo que el cuento es en sí mismo otra manera de hacer literatura, y no un campo de juego para novelistas o palestra de aprendices. Por eso mismo, por respeto y decencia, no soy cuentista. Lo que publiqué para constatar el efecto de “La vida ausente” era una reseña ficcionada, nada más, o, como el propio Ángel Zapata me dijo generosamente en privado (todo impulso genuino tiene su respuesta al final): “Tu “deriva” me parece una de las mejores maneras posibles de expresar la pasión por un libro”.
Si a partir de ahora los textos perseguirán la brevedad (no comencé hoy, como se ve, pero esto es simple logística, prometo hacerle caso a Jefferson en adelante) no será para acomodarlos al apresurado gusto del internauta, sino por ganar en efectividad y perder los ripios. Pocas ficciones llegarán aquí, ya que agoto todo el imaginario, o acaso es mi imaginación la que queda exhausta, al servicio de esa novela, pero cuando tenga algo que decir al margen (o a cuento) de dicha labor, trataré de no avasallar al visitante.
Y en cuanto al tiempo… bueno, eso no está del todo en mi mano, sigo sin conexión en esta casa prestada, y además siempre he preferido leer a fondo una o dos bitácoras en cada momento que pasar fugazmente por decenas de una sentada. Ni tendría lógica (a no ser que fuera ferviente cumplidor del infame decálogo), ni valdría para nada. Pero lo único que puedo decir es que a partir de ahora voy a intentar leer (siempre leer) y comentar (cuando proceda y pueda hacerlo sin prisas) vuestras bitácoras. De antemano, mi más sincero agradecimiento a todos aquellos que aún alberguen paciencia para soportarme.
Ya rasgó la seda, ya desentumeció sus alas y reestrena el vuelo. Veremos qué sale de esta metamorfosis.

3 comentarios:

Palimp dijo...

Pues si hay cambios, que sean para mejor. De momento ya he localizado la música para desactivarla nada más entrar, y la página se carga más rápido.
Por lo demás, encantado de volver a verte en activo y esperando más entradas.

Los elefantes bajaron alegres, bramando por las montañas. Pisaron las margaritas.

(Esto último para no ser un comentario estereotipado :P )

Infinito yo dijo...

La vida es cambio, encantado de haber topado ahora aquí.

Marsu dijo...

Me ha gustado volver a leerte (suspiro de alivio......ya me estaba empezando a poner neviosa, otro congelado más no, por favor...). Me gustan los libros viejos, los atesoro, los cuido, los arreglo, los mimo. Me gusta este renacer, me gusta esta nueva imagen, y creo que en este texto, aunque largo aún (y conste que a mí me encanta, pero comprendo la necesidad de brevedad en algunos momentos), ya se vislumbra más claridad, más concisión, menos "vuelos sin motor".
Felicitarte por tu aguda fórmula para ser estrella del mundo del blog, aunque tú y yo conocemos alguna estrella que lo fué (odio decirlo en pasado, pero al parecer, ya casi un año sin pisar sus tablas, es lo que hay...), y que no utilizaba esos trucos para mantener su audiencia.
Ahora soy yo la que no soy breve. Un saludo. Y suerte en tu nueva etapa.