Bitácora de Sergi Bellver: Ser otro.

6/10/06

Ser otro.

“Si pudiera ser un indio, ahora mismo, y sobre un caballo a todo galope, con el cuerpo inclinado y suspendido en el aire, estremeciéndome sobre el suelo oscilante, hasta dejar las espuelas, pues no tenía espuelas, hasta tirar las riendas, pues no tenía riendas, y sólo viendo ante mí un paisaje como una pradera segada, ya sin el cuello y sin la cabeza del caballo.”

(“El deseo de ser un indio”, Franz Kafka).


Antonio Vivaldi: Concierto para laúd RV 425, Allegro.



Delegar honores en el escudero, calzarle el yelmo y hacer de Sancho mi testaferro en virtudes y hazañas, y marchar al destierro, lo más lejos posible de estas yermas planicies, a la ínsula Barataria o a cualquier otra en agua mora, para ser tan sólo Quijano, el librero del puerto.
Tocar el laúd a solas en un patio, bajo los naranjos, y esparcir la música por las callejuelas de la medina, como quien vierte un cubo de agua sobre las baldosas y revela cada surco, hasta que algún caminante se de por vencido y, apoyada la sien en el frescor de una tapia encalada, deje de buscar en el laberinto la fuente de esa melodía, y se siente a escucharla en la tarde umbría.
Ser diestro barquero en Srinagar, asomado a las cumbres nevadas de Cachemira desde el ventanal de mimbre de un hogar flotante. Gobernar con la pierna el remo de una canoa en el lago Inle, como equilibrista o bailarín en perpetua retirada. Fijar la mirada en los destellos dorados de la corriente, descalzo, plegado el cuerpo sobre las piernas, rodeándolas con los antebrazos, como un cormorán posado en la proa de la barcaza, mientras esta se deja arrastrar río abajo hacia el mercado del delta del Mekong.
Gitano trashumante en archipiélagos desconocidos, sobre una balsa de troncos, que hoy pueden ser nave y mañana cobertizo en cualquier playa, sin más tripulación que la sangre ni más bandera que el clan.
Ulises renegado de Ítaca, apátrida olvidado por todos, desaparecido más allá del borde del mundo conocido, a la deriva por los mares del sur, y llevando de timonel, vigía, contramaestre y concubina a una leva de sirenas, a las que seduje con mi silencio.
Viajero camino de la estación, atravesando al amanecer el inmenso burdel de los callejones de Pat Pong, saludando el insulto de la última prostituta con la moneda de una sonrisa austera, sorteando la discusión del borracho rezagado que tropieza con el repartidor, despidiéndome en silencio de un Bangkok mojado que también madruga, alejándome célibe y sereno, como un asceta cruzando los muros de Gomorra.
Registrarme en el hotel Raffles de Singapur, por última vez con el nombre de Humbert Humbert, como si el nombre prestado fuera ese odioso grito de quien reclama a los niños que se alejan demasiado de la orilla, mientras Lolita se pinta las uñas de los pies en el vestíbulo y deja que le suban las maletas, sin saber que esta misma noche conseguiré un nuevo pasaporte, una nueva identidad, y desapareceré con aquella señora del café, la que anoche hablaba de Conrad, mientras Lolita insistía en cambiarse de hotel. Sí, dejarla aquí mismo, harto de que nunca lea un maldito libro, harto del olor dulzón de sus labios, hastiado del timbre de su voz.
Sodomizar de una buena vez al joven Tadzio y dejarle dormido y roto en la cama, mientras olvido su nombre paseando por los silenciosos campi de Venecia, recuperando el sentido de lo relativo al descansar la mirada en la pintura gastada y tenue de las casas, dejando atrás las bellas fachadas nobiliarias de los canales y su hedor de agua estancada.
Cortesana iniciadora de la perfecta Friné en el arte de alcoba, ladrona de besos en las termas de Lesbos, musa y objeto erótico de Safo, gota de saliva preñada de deseo resbalando nómada por las nalgas de la doncella, oculta perversión homosensual de cualquier hembra rotunda y hermosa.
Violinista abstinente en San Petersburgo, torrero flautista en el faro de Cornualles, griot albino en la curva del Níger, bibliotecario ambulante en Guatemala, barítono retirado como guarda forestal en Patagonia, trampero apóstata en Alaska, viejo escribano en Samarkanda, vendedor de tiritas en Bagdad, maestro de marionetas en Kyoto, siniestro vegetariano en Transilvania, encuadernador bígamo en Praga, amante y refugio de una arqueóloga libanesa, puerta muda y respuesta impredecible para una mestiza argentina, atleta negro en los brazos de una pintora genovesa, secuestrador y combustible de una incendiaria bailarina flamenca, brigadista libertador de París.
Quasimodo abandonando su cuerpo maltrecho, estallando en una burbuja, elevándose sobre la isla de la Cité, dejando atrás las torres de Nôtre Dame, perdiendo de vista el punto borroso de París a sus pies, mientras cierra los ojos y los hombros oscuros de la gitana Esmeralda le rozan en un abrazo las mejillas. Camarero del bistrôt que presenciara el apretón de manos de Javert y Jean Valjean, cuando este salvara a aquél de sí mismo. El matón sin ánimo de lucro que le diera una paliza al tibio Frédéric Moreau o le rompiera las piernas al bastardo de Julien Sorel, y la aventura sexual jamás contada de Emma Bovary o Ana Karenina, ese orgasmo impúdico e impublicable que las salvara de las telarañas. Destino involuntario e inevitable de los extravíos de La Maga, entre el bullicio del Pont des Arts y la calma aldeana de la isla de Saint Louis. Profanador de silencios, a fuerza de besos wagnerianos, en la estación de Orsay, y cartero en bicicleta por los adoquines del Pére Lachaise, entregando certificados a los muertos.
Ese hijo de Aureliano Buendía del que nadie tuvo noticia, emigrado a Estocolmo y compositor de una sinfonía inspirada en las sagas islandesas. Capitán sarraceno de la marina mercante vaticana. Marlow manejando un trasbordador por los fiordos noruegos, guiado por el sol de medianoche, hacia el corazón del resplandor. Huckleberry Finn desembarcando en Manhattan y fundando un hospicio en Harlem.
Cochero dublinés que llevara al parque a Leopold y Molly Bloom, el diecisiete de junio, y desde entonces a diario, observando de reojo la manera en que vuelven a conocerse y rozarse las manos. Hans Castorp desertando a tiempo en la Gran Guerra y el brillante abogado de Fausto ganando el último pleito. Jardinero en Regent’s Park. Tabernero de Innisfree. Hijo pródigo y relojero infiltrado en Barcelona. Barbero que le escondiera las navajas a Van Gogh, mozo de almacén de Leonardo, casero incorregible de Mozart, feliz con su deuda.
Conductor a la fuga en Viena, tras atropellar a cierto cabo de minúsculo bigote y dejarlo agonizante en la calzada, mientras el ruido de otros automóviles ahoga sus maldiciones de profeta bíblico, antes de expirar. Mecánico negligente, ofuscado por el bochorno de julio, y a cargo del Dragon Rapide, responsable del sabotaje que le precipitara a un aterrizaje forzoso del que no hubiera supervivientes. Maquinista del teleférico en alguna ciudad del cono sur, en horario de madrugada, arrojando generales con tenebrosas gafas por el portón abierto al abismo.
Dueño de un hidroavión en Canadá, piloto de dirigibles en Londres, pescador en los cayos de Belice, conjurador de nubarrones en los bombardeos, obrero incompetente en una fábrica de cañones, carpintero en Karelia, jinete en Mongolia, centauro en las laderas del Parnaso, fauno superdotado en un internado femenino, pastor de ballenas en el Ártico, colega médico de un cuentista en el Mar Negro, piel roja en Little Big Horn.
Cualquier otredad, mientras me despojara de este áspero frac, que en nada me es útil, rodeado de pingüinos. Pero, sobre todo, que no volviera esa copa curvilínea y rebosante a pasar de largo por mi sed antigua. Si pudiera obviar la faja de lo opaco, si pudiera ser su vecino de mesa en el café, destinatario de su mirada, augurio de una conversación hechicera y trampolín estremecedor de esa vida que espera al otro lado de la “casualidad”, hasta olvidar el reparto, pues no había actores, hasta dejar atrás la literatura, pues no había palabras, y viendo ante mí un océano en el que diluirse, ya sin la sed y sin la cabeza del albatros.

11 comentarios:

Insanity dijo...

Gracis por tu invitación a la música, Sergi (Ni se como haré para definirme en canciones, pero trataré :))


Este post me deja sin palabras. Es uno de los mas bellos que he leído durante mi vida.
Te deseo luz, amor y salud.


"Cualquier otredad, mientras me despojara de este áspero frac, que en nada me es útil, rodeado de pingüinos. Pero, sobre todo, que no volviera esa copa curvilínea y rebosante a pasar de largo por mi sed antigua. Si pudiera obviar la faja de lo opaco, si pudiera ser su vecino de mesa en el café, destinatario de su mirada, augurio de una conversación hechicera y trampolín estremecedor de esa vida que espera al otro lado de la “casualidad”, hasta olvidar el reparto, pues no había actores, hasta dejar atrás la literatura, pues no había palabras, y viendo ante mí un océano en el que diluirse, ya sin la sed y sin la cabeza del albatros."

Alvy Singer dijo...

Su blog es un bocato di cardinale ! Todo un resumen de buenos momentos literarios, y sí, es bello.

Respecto al tema Pamuk cuando digo corrección política me refiero a Turquía-UE y sobretodo a eso: que condene el genocidio armenio el señor turco me parece fantástico. Pero eso es el premio Nobel de la paz, que parece ultimamente muy minusvalorado. Y bueno valga decir que cuando decía calidad novelística lo hacía haciendo referencia a Roth-Pamuk en comparación.

Que no hayan premiado a un escritor de cuentos es una verguenza. Efectivamente nadie se acuerda hoy de Nadine Gordimer: ¿cuantas veces se ama más a Chéjov y a Borges? Pues eso, tiene vd. razón.

M dijo...

Sergi, supongo que te habrás enterado ya, pero la presentación del libro de Ángel es el día 27, a las siete y media, en el Círculo de Bellas Artes. La sala no me la sé porque todavía no tengo la invitación. De todos modos, muy difícil no será, seguro.
Jajajjaa, miedo me da eso que dices de "extensa reseña", porque entonces yo a ver qué giligaitez de cuarto de parbulario escribo sobre el libro.

En fins... Me voy a pillarme el último de cuentos de Andrés Neuman.

El Lector de Comics dijo...

Hermosas líneas.

Jose Zinc dijo...

Hola Sergi..Parece que tu Meme-nto musical no llegó a su destino, supongo que por cortesía de la incompetencia de hotmail. Me quito el sombrero ante este post, sin duda de los mejores. Pese a hacerse un poco denso me encanta la incontinencia verbal y la imaginación de la que haces gala, y te envidio sanamente muchas frases brillantes que me gustaría haber encajado en cualquier canción: “Cartero en bicicleta (...) entregando certificados a los muertos” “fauno superdotado en un internado femenino” Tú... Si, tú... ¡Eres bueno!
Un saludo

Sergi Bellver dijo...

Uno se define por cada cosa que hace, sobre todo si le pone ganas, así que no te preocupes, Insanity, sólo piensa en las canciones que hicieron de banda sonora en tu vida. No debe ser casualidad que hayas señalado ese último párrafo, ya que era el menos literario de todos… Siempre eres leal y amable con mis letras, y siempre pareces captar a quien hay detrás. El día que publique mi novela espero que seas tú la primera persona que la tenga en sus manos en todo el Uruguay. Y si no me la publican, también, ya encontraremos el modo.
Abrazos transoceánicos.

Sergi Bellver dijo...

Mi sorprendente Alvy Singer, a veces me dejas patidifuso con toda esa avidez que demuestras en tu espacio, y también desperdigándola aquí y allá en comentarios a otros. Lo que habría hecho yo de tener tan claro el deseo (y un coco tan bien amueblado) a tu edad… Por cierto, este año en Nobel de la Paz ha sido todo un acierto, lo que hacen falta son inconformistas pragmáticos como el fundador del Grameen Bank. A ver si los literatos y editores se contagian y hacen algo parecido con la novela, el cuento y la poesía, concederle el crédito a todo aquél que demuestre valía, y fijarse menos en las credenciales.
Eso sí, dos cosas te voy a decir, amiguete, una, que tendré muchos amantes, pero me casé (literariamente) para siempre con Chéjov. Y la otra, que no me llames de usted, collons, ¡que me da urticaria!
Un abrazote, compañero.

Sergi Bellver dijo...

Gracias de nuevo por el detallazo, M, efectivamente, ya me soplaron la fecha de la presentación, pero sin especificar demasiado, supongo que porque quedaré para ir con un amigo (más aún de Zapata que mío), al que rebanaré las pelotas si se olvida de las invitaciones, caso de que sean imprescindibles. ¿No podrá acudir todo aquél que lo desee? A la de “Escritura y verdad” de Medardo Fraile fue hasta el apuntador. Para el día 27 creo que ya estará publicada mi llámale reseña, llámale invento, de “La vida ausente” pero no se te ocurra esperar a este juntaletras, que por mucho que se extienda, seguro que tiene menos cosas interesantes que decir. Puestos a esperar, hazlo al 27, así tendrás más sustancia con denominación de origen que echarle al cocido. Lo de “giligaitez” me ha recordado a lo de “gilipichis”, que Zapata usa en “La dura realidad”, cuento que hace tiempo colgó el bravo Antonio (mencionado en los agradecimientos de “La vida ausente”, por cierto) en su “Vivir del cuento”. En fin, para darte una pista, mi invento será de todo menos una reseña habitual, es decir, algo así como un pseudocuento.
Andrés Neuman, lo que leí de él hace tiempo me agradó, aunque las buenas lenguas dicen que se ha acomodado un poco. Ya me contarás.
Un abrazote con birras.

Sergi Bellver dijo...

Gracias, Lector de cómics, uno trata que además de hermosas, que para esto nunca nos pondremos todos de acuerdo, sean efectivas.

Sergi Bellver dijo...

Hombreee, querido José Zinc, ya te daba yo por deliberadamente perdido en combate, allá con las musas de garito, componiendo. En las últimas semanas, tanto Yahoo como Hotmail me han saboteado varios correos, entre ellos una “circular” general que informaba de la nueva versión abreviada de estas alas, etc. Y ya son muchos los que me dicen que no recibieron ni ese, ni otros particulares. Pero en el caso de la memez esta, la culpa sólo la tengo yo, que he estado ausente a medias. Se supone que bastaba leer mi entrada para darse por aludido, ¡pero yo ni siquiera había reparado en que te habías mudado de bitácora (te había puesto primero la dirección antigua)!
La verdad es que más que densas, mis publicaciones son casi testamentarias, pero al menos tengo una buena excusa: en vez de decir cada día alguna cosita, de buscar lo cotidiano y reciente, me espero, reúno fuerzas y motivos, y le dejo luego a la gente su tiempo para leer lo que haya hecho. Lo que no tiene perdón, si pasa, es si digo algo que no venga a cuento o esté de más. Que sea largo, bueno, ya dije que no soy ni breve ni buen cuentista… defecto de fábrica. Con que cada cual rescate una sola cosa válida para sí, me doy con un canto en los dientes. Oye, y si de utilizar alguna frase se trata, para tus canciones digo, bueno, todo se puede hablar… Por cierto, porque sí, y por la gorra, si te apetece te echo una mano con el diseño de tu bitácora, si quieres. Tú imagina, propón (pompero). ¿Pentagramas? ¿Cuadernos escolares? ¿Plastidecor? ¿Pedazo foto en la cabecera? ¿Canciones? Nos lo quitan de las manos, oigaaa.
Cantabrazos.

Jose Zinc dijo...

Que majete eres!
Mil gracias por la oferta... Pero la declino por decencia: Sería el colmo que un dibujante y diseñador le cargase a otro el muerto de diseñar su propia web por la cara. En cualquier caso no te creas que me disgusta el tener un blog tan parco... Obliga a la gente a prestar atención tan solo en el contenido (Si, me estoy buscando excusas y se me nota)
A ver si saco tiempo (¿de donde?, me pregunto) Y poco a poco voy añadiendo, puliendo y retocando.
Abrazote!