Bitácora de Sergi Bellver: Sueño y sopor.

15/9/06

Sueño y sopor.

En respuesta al “comentario” que alguien dejó ayer jueves,
en mi entrada anterior del lunes, día 11.

Bellini: La sonámbula.
("Come per me sereno"), por Maria Callas.




Excelentísimo Sr. Despertador:

Hacia el final de la desapacible tarde que ayer encogió los hombros de Madrid, tuve noticia, al poco rato de producirse, de Su impagable aportación a esta humilde bitácora. Lo de impagable lo implica Su Señoría, ya que me ofrece Su infinita sabiduría de manera gratuita y además, en caso de que este “juntaletras” insistiera en hacerle llegar el justo precio de Su tiempo, no consta un remite válido o razón a la que dirigirme. Consternado pues, por el dispendio de Su Ilustrísima, quisiera evitar cualquier sospecha de ingratitud por mi parte.

He creído oportuno no reaccionar a bocajarro y dejar enfriar el ímpetu de mi respuesta hasta este momento, para no mancillar Su deferencia con las salpicaduras de un malencarado. Dicho lo cual, a vuelapluma pero ya sereno, me gustaría matizar algunas de las afirmaciones que Su iluminado juicio tuvo a bien desgranar, así como responder diligentemente a Sus veladas interpelaciones. Ignoro en qué lugar sufrió Su Excelencia el infortunio de tropezarse con mi incómodo rastro por primera vez, aunque dado el poco tiempo del que dispone este neófito para navegar por las procelosas aguas de lo virtual, no pasan de cinco o seis los cuadernos ajenos, por la temática que sospecho nos relaciona en este menester, en los que pude haber dejado esos desesperados ruegos de limosna que a Vuecencia tanto parecen haber soliviantado. No obstante, halagado por el denuedo con el que dice haber acechado mis correrías por doquier, aquí y acullá, y sin la menor intención de importunar, creo que debo darle contestación a Su comentario, mil excusas, quiero decir a Su clase magistral.

La sinceridad es sin duda una de las más altas formas de cortesía, al contrario de lo que suele tenerse por costumbre. Ahorrarle al prójimo toda esa agotadora serie de cábalas, deducciones y decepciones que supone interpretar las protocolarias palabras del otro, es sin duda una muestra más de Su ilimitada lucidez, Sr. Despertador. No vaya a pensar que no aprecio en toda Su generosidad la mano tendida, y tenga por seguro que Su anonimato no menoscaba en absoluto la vigencia de Su evaluación. Me tendría por el más zafio de los patanes si no hiciera beneficio de ella. Huelga decir que por eso mismo acondicioné en su día una tabla (amén de las huellas tras cada entrada) para que todo aquél que quisiera criticar de manera anónima “mis textos” lo hiciera, y lo ha hecho, sin el quebranto de verme trasteando en su propia bitácora, caso que la tuviera. Tan sólo lamento no poder acudir a Su foro o tal vez Su bitácora (conscientemente, quiero decir), no poder postrarme ante Su púlpito ¿en alguna revista literaria o algún suplemento quizás? y expandir mis entendederas, o no poder palmear en mi frente ante el hallazgo de alguna de Sus obras, con toda seguridad excelsas, en negro sobre blanco. En cualquiera que sea el ámbito en el que Su Señoría desarrolle Su profesión, la cual no me aventuro a adivinar, del mismo modo que no pretendo desentrañar si Su identidad, a la que quizás he ofendido sin tener conocimiento hasta el punto de provocar Su arrebato, se encierra en alguna de esas bitácoras de corte literario que tengo la desfachatez de visitar con la regularidad que las circunstancias me permiten.

Sin duda alguna, “mis textos”, más exactamente, los textos que publico en esta bitácora, adolecen del talento, el bagaje, la claridad y el oficio necesarios para agradar a Su Excelencia y a otros seguros disconformes, y es más que probable que mi bisoñez se cuele por los resquicios de cada párrafo. No escojo a mis amistades por su afición literaria (aunque la deseara en todas, por su bien), aún cuando ésta oscile entre la erudición y la falta de interés. Sólo tengo en cuenta el gusto literario cuando me acerco a un autor y su obra, dejando la calidad de las relaciones personales para otros criterios, por lo cual, mis amigos pueden perfectamente aburrirse o divertirse con lo que yo escriba. Que de vez en cuando lleguen a mi correo (que podría usted haber usado, por cierto, habiéndonos ilustrado a todos con sus comentarios sobre John Steinbeck, que era el tema) las cartas de algunos lectores anónimos y agradecidos, sólo puede suponer que esta estirpe de soñadores incurables rebasa, inexplicablemente y en número desconocido, mi persona. Como no podía ser de otro modo, no yerra el tiro Su Ilustrísima cuando señala mi analfabetismo literario, aunque me temo que esa será una carencia perenne, pues mi sed de aprendizaje no abarcará jamás del todo la vastedad oceánica de la bibliografía que aún estoy por descubrir, y a la que, si se me permite, me acerco antes caminando por la seguridad de las suaves dunas en las viejas orillas, que de puntillas por los inciertos acantilados de la contemporaneidad.

En un arranque de inusitada grosería, creo que podría arriesgarme a suponer que Vuecencia se dedica de algún modo a la crítica literaria, ya que en el único renuncio de Su exposición que me atrevo a sancionar, demuestra no haber leído más que por encima la mayoría de “mis textos” (más exactamente, insisto, los textos que publico en esta bitácora –meros fogonazos, desahogos e impresiones, como ya dije la semana pasada-, ya que no publico aquí ningún borrador ni fragmento de mi novela, por decoro y porque no me parece el lugar adecuado), costumbre más que comprensible en todo crítico que se precie, pues el agotador cometido que desempeña le obliga sin duda a emitir un juicio de valor sobre tanta morralla y escoria literaria, que ha de echar mano de su capacidad de síntesis, no dedicándole más que unos minutos a una lectura apresurada. De no ser así, Su Excelencia habría reparado en que algunas de las faltas e inopias que me atribuye ya las anoté yo mismo en su día, consciente de todo el trecho que me queda por recorrer. No me alcanzaría el día entero, sin embargo, para agradecerle la condescendencia de reconocer en mí ese “algo”, esa inefable justificación para que Su Señoría haya derrochado Su valioso tiempo en esta bitácora, tratando de abrir mi entumecida sesera a la luz. Aprovecho para recordarle (ya que apareció también en su momento en uno de “mis textos”) que apenas llevo escribiendo unos cuatro años, los dos últimos con verdadera intención, o desvergüenza, quizás. A mediados de otoño cumpliré treinta y cinco años, y toda la labor autodidacta de la última década no puede ocultar que en su día tuve que dejar los estudios en segundo de bachillerato. No me he parado a hacer inventario, pero creo que no habré leído más de un centenar de libros hasta hoy, costumbre, no obstante, que pienso mantener de por vida. De todos modos, en mi desmesurada candidez, pensaba que un escritor no se definía por todo eso, ni por lo precoz de su vocación o lo abultado de su currículum, sino por el afán de contar, por su sensibilidad a lo real y lo intangible, por la necesidad ineludible de escribir, por su mirada sobre las cosas y por su capacidad de transmitirla. Que el resultado tenga o no algún interés para el lector es otra cuestión, algo sobre lo que Su Ilustrísima tiene sin duda una sólida postura. Coincido estupefacto con Su acotación, respecto a la cantidad ingente de títulos de dudosa calidad que se publican en este país. Tenga por seguro que, en el improbable caso de que un desalmado editor decida redundar en esa catástrofe y publique mi primera novela, y si Su Excelencia tiene a bien darme alguna dirección, le haré llegar un ejemplar, para que pueda usted vilipendiarlo, calzar una mesa coja, o incluso, quién sabe, leérselo.

Finalmente, permítame declinar su exhortación y continuar sumido en este sueño de la escritura, Sr. Despertador, que no es más que una vigilia irrenunciable en un mundo de luces y sombras, porque no hice otra cosa que andar toda mi vida sonámbulo, dando tumbos, hasta que hace poco tiempo cobré conciencia de lo que, para bien o para mal, daría sentido a mi existencia. Florece el negocio de los libros (del que estoy seguro que Su Señoría conoce recovecos y trampolines), que le sirve al ocioso para eludir la realidad, y al frustrado, incapaz de crear otra, para etiquetarla. Y existe la literatura, que la desentraña. Tal vez, Sr. Despertador, anda usted demasiado ocupado cabeceando en el eterno sopor del primero, como para darse cuenta de que ni usted ni yo decidiremos jamás qué es lo que hará el lector con esa materia viva que llamamos libro.

Somnolientamente suyo:

Sergi Bellver.

12 comentarios:

Isabel Romana dijo...

Hola sergi, pasé por aquí hace unos días y no pude dejarte ningún comentario, fallaba blogger. Quiero mandarte un abrazo de ánimo y decirte que debes seguir tu camino esforzándote como lo has hecho hasta ahora. Se dice que el de escritor es un oficio. Eso significa que requiere tiempo, esfuerzo, aprendizaje, errores y aciertos, es decir, constituye un proceso. Cada cual ha de tener el suyo propio. Puede ser largo o corto, arrojar mayor o menor éxito, contar o no con el favor del público. Cuando se mira al interior de uno mismo, esas cosas tienen un valor relativo. Creo en el trabajo honesto y en el esfuerzo, aunque no vaya acompañado siempre por el éxito. A la postre, uno ha de hacer aquello en lo que cree y no lo que le manden otros. A mí me gusta lo que escribes y tu sensibilidad. Besos.

Isabel Romana dijo...

Me faltó decirte que me precio de contar con tu amistad.

Insanity dijo...

Sergi, aqui estoy (como siempre) paseando entre tus letras, y no me quedan dudas: a pesar de mi Wind. 98 antiguo y demorón, yo no puedo ni quiero dejar de leer cada uno de tus textos. Tus bellas letras, no me permiten perder el camino hasta tu casa.
Hoy vengo a agradecerte por todos estos regalos que nos haces, y te traigo este abrazo colmado de afecto.
Que seas feliz.
In.

Marea Blanca dijo...

Me quedé temporalmente sin palabras, por lo que tras leer "el histórico" he decido tomar prestadas estas otras: "La acción y la crítica son fáciles, los hechos no tanto".

Jose Zinc dijo...

Hola Sergi!
Dos cualidades me resultan especialmente exasperantes: La amargura crónica y el mesianismo del que se empeña en mostrarnos siempre el camino correcto. Cuando esas dos virtudes se dan la mano en una sola persona, la decisión más sabia es tomárselo a risa. Lo enervante de los comentarios del “Sr.Despertador” no son sus críticas que, por cierto, en algún que otro pasaje no me parecen tan desencaminadas; ni siquiera su voluntad de herir: Lo realmente sangrante es su empeño en disimular sus verdaderas intenciones. Me choca el desprecio que destilan las comillas con las que encierra “tus textos”, como queriendo evitar todo contacto, guantes esterilizados que se enfunda para tocar alguna cosa inmunda. En fin, la pobre máscara de altruismo, de voluntad de ayuda, resulta tan fallida que no consigue engañar ni al más palurdo, al más iletrado, al más lerdo de los lectores: Yo mismo.

Un abrazo

pamels dijo...

agradecida de no ser sonambula y de que seres despiertos me visiten y me permitan visitarlos...

arrullos y abrazos

Sergi Bellver dijo...

Hola, Isabel. Parece que de vez en cuando fallan los comentarios, y no sé si es sólo cosa de blogger o también tiene algo que ver mi página. Aunque ya sabes que me conecto poco, yo he podido comentar estos días en algún que otro sitio, con lo cual me quedo con la mosca detrás de la oreja por si encima también mi página pone impedimentos para eso. Como le estoy diciendo a algunas personas, tengo casi a punto una posible solución para eso. Gracias por tus ánimos, como ves, no cejo en mi empeño (a veces con testarudez casi bovina, embistiendo contra lo que haga falta) de seguir aprendiendo y compartiendo. Sé que me falta mucho camino, pero escribir es de las pocas cosas a las que sé que podría dedicarle todo el del mundo, porque no es algo que esté fuera y yo quiera poseer, sino una voz que empuja desde dentro, y a la que sólo me falta darle la forma adecuada. Todo es relativo, y el éxito aún más que otras cosas. En fin, podré andar escaso de talento o genialidad, pero a trabajo y honestidad no me va a ganar nadie, te lo aseguro. Me honra que te consideres mi amiga. Tal vez un día podamos compartir tertulia, en torno a tus mujeres romanas y mis alas, en torno a la vida y lo que nos hace ser quienes somos.
Un enorme abrazo.

Sergi Bellver dijo...

Mi in-audita In-sanity, quiero que sepas que ese puñadito de arena que sois las pocas personas que demostráis lealtad, tenéis más fuerza que todas las paladas de tierra que quieran echarme los enterradores y despertadores de turno. A veces me pregunto si no estoy perdiendo el tiempo, me dan ganas de tirar la toalla, pero de repente viene alguien, vienes tú, y me digo que si ciertas personas leen lo que escribo, y digo “ciertas” porque os tengo por sensibles sin sentimentalismos y cultas sin pedantería, debe ser que “algo” no estaré haciendo tan mal. Quiero que sepas que he pensado sobre todo en ti a la hora de preparar lo que, si puedo, este mismo fin de semana será una versión simplificada de mi página, para que ningún navegador o velocidad de conexión dificulten la lectura. Lo mínimo es ponérselo fácil a quien tiene esa bendita intención de atender a lo que uno hace.
Un beso muy fuerte.

Sergi Bellver dijo...

Me remito a algunas de las cosas que estoy diciendo en estas respuestas, Marea Blanca, para no hacerme pesado ni repetirme, ya que te cuento igual entre esas “ciertas” personas, las que leen más allá de lo previsible y ven más allá de lo tangible, y las que a pesar de todo, de mis desvaríos, de mis errores, y sobre todo de mi intermitente presencia, siguen visitando este rincón. Sí, criticar es fácil, pero es necesario, y útil, cuando la crítica es honesta. Lo fácil es atacar sin más y esconder la mugre propia bajo la alfombra. Los hechos, el trabajo, el recorrido, lo que queda aún cuando nos hayamos ido todos, eso sí necesita algo más de esfuerzo y dedicación. Y yo no voy a escatimarla.
Oleadas de afecto.

Sergi Bellver dijo...

No sé si la amargura de este hombre es crónica o coyuntural, José Zinc, porque me da en la nariz que alguna vez habré coincidido con él –o no me explico el tono- en otros lares, y con otra piel (de lobo, sin duda, que el cordero va por dentro), pero está claro que la insquisición literaria me la trae al fresco. No me voy a poner a investigar quién es, porque mi intuición en este caso no basta, pero los sospechosos no pasan de tres o cuatro. Sabihondos de esos que agitan la papada satisfechos, ya sabes. Si no me lo tomé del todo a risa fue porque, para la poquita gente que viene a visitarme, manda narices que un “profesional”, como dice, pierda su tiempo de esa irritante manera conmigo. Te sorprendería (creo) saber, Jose, que en el fondo estoy de acuerdo con algunas de las cosas que dijo el Sr.Despertador, pero como ya dije en mi respuesta, con esa rozagante antigualla de lenguaje que utilicé, para tomármelo un poco a cachondeo, soy el primer y más severo juez de mí mismo. Si este hombre (porque no creo que sea cierta mujer de letras a la que no le intereso mucho) hubiera venido con otros modales, más sincero, con menos rodeos, y sobre todo, a cara descubierta, le hubiera tomado más en cuenta. Aunque seguiría en mi vigilia durmiente, soñando en voz alta, eso ya no tiene arreglo.
Me da que tienes de lerdo lo que yo de breve, amigo, que ya es decir. Siento no haber podido acudir a tu concierto, pero apuesto a que voy a tener más ocasiones. Ayer me acordé de ti leyendo sobre un próximo disco dedicado a Andrés Calamaro.
Un estrujabrazo.

Sergi Bellver dijo...

Arrullos de este pajarraco marino para ti también, pamels, huelen un poco a salitre, dan un poco de vértigo por el acantilado, pero son de alas grandes, para abarcarlo todo. Es una suerte no estar dormido cuando hay tanto a lo que atender, y una bendición soñar cuando hay tanto sobre lo que inventar.

Lágrima del Guadiana dijo...

Iniciado el viaje, me encuentro disfrutando de una sensación que no tenía desde la niñez, cuando leía esos "libros" de escoja su propia aventura... Incitas a la exploración y al descubrimiento, y eso es de agradecer, Sergi. Así que espero que sigas mucho tiempo inmerso en esa "vigilia irrenunciable", para poder seguir leyéndote sin concederle ni un cabeceo al sueño...

Un abrazo