Bitácora de Sergi Bellver: Las espuelas del apego.

20/8/06

Las espuelas del apego.

Toumani Diabaté & Ballaké Sissoko: Cheikhna Demba.


En respuesta a una incondicional aliada
que, tal día como hoy hace cuatro años,
llegó a mi vida para quedarse.



Cobran vida de mil modos, como reflejos de la condición humana en un salón de espejos. Un vahído repentino en la boca del estómago, un hervor súbito que parece emanar del pecho y calentar el aire hasta hacerlo irrespirable, o una hiedra oscura que trepa desde los sótanos del alma y condena las ventanas de nuestra morada hasta emparedarnos el juicio. Pero también a veces una vibración que crece desde el mar del inconsciente y se hace espuma en la orilla de la lucidez, revelándonos el verdadero sentido de nuestros afectos. Las espuelas de un jinete que despereza su montura y nos cabalga. Los celos.

Pueden significar muchas cosas distintas, aunque todas surjan de algo parecido. Los celos del hijo que cree que sus padres van a relegarle a la periferia, orbitando como satélites en torno al sol usurpador, una vez llegado al hogar el hermano pequeño. Los de la chica que piensa que una nueva, tal vez más carismática, viene para seducir a su amiga de siempre y dejarla a ella en la penumbra de la costumbre sin hechizo. Los del charlatán ilustrado que ve peligrar su sitial de bufón, cuando aparece en escena un nuevo tertuliano de duende genuino, capaz de deslumbrar a los camaradas de letras sin necesidad de galones. Todos esos, y mil aún, se parecen a los celos de un perro cuando hay cachorros, y no hay más ahí que el temor a perder el status en la manada, a bajar peldaños en el orden jerárquico, un instinto animal mucho más humano de lo que imaginamos. Pura etología.

Después están los celos que no vienen de la conducta del otro ni del influjo de terceros, sino de la más honda inseguridad en uno mismo, y esos son de la peor calaña, pues no importa lo que haga la persona bajo sospecha, que el escamado enfermizo siempre encontrará una ligereza de la actitud, una falta, para traducirla en culpa, reprocharla y chantajear al otro, al que por alguna extraña razón ve como devastador de su feudo. Pura patología.

Todas estas son querencias desiguales, formas genuinas o perversas, mayores o menores, de apego al amigo, al padre, al hermano, al maestro, al correligionario, al rango, al salario o al fetiche. Pero finalmente aparecen los celos en el amor, quiero decir en la forma de amor en la que se implican la pasión, el deseo, cierto afán de exclusividad consensuada, la ensoñación o el prejuicio que tengamos de lo que es la pareja, la experiencia que al final obtenemos de lo que es la convivencia, y la lealtad al compromiso adquirido… sobre todo con uno mismo y sus anhelos. Y como en todas las demás clases, pero en esta más que en ninguna otra, los celos son algo que podría resumirse en una sola frase, más allá de este afán discursivo y de todo aquello que hayan dicho los tratados de psicología hasta hoy: miedo a perder al ser amado. Simplemente. Ese temor puede ser fundado o no, el ser amado puede ser tu cónyuge después de décadas, un amante con la cualidad de abrir atajos en los sueños y heridas en el ansia, o un amor platónico al que dedicamos poemarios. O todo a la vez, o su contrario. El amor que nos una al otro puede ser volcánico o sereno, incondicional o dependiente, arrebatadoramente físico o virtualmente místico, todo eso no importa, los celos aparecen cada vez que un instinto delator parece susurrarnos la posibilidad de perder ese privilegio, si le damos pábulo al confidente y comenzamos a creer que puede materializarse la probabilidad de que venga un extraño a arrebatárnoslo.

Por todo eso, que los celos no aparezcan entre dos que se aman, tal vez sólo pueda significar una seguridad absoluta en la permanencia de ese sentimiento, o un desapego casi inhumano. La dualidad de cada postura o temperamento viene dada por la condición del que ama. Si alguien no teme perder un tesoro es porque no tiene conciencia de su valor, o porque no le pone precio y su noción de posesión es algo sutil. En ese caso acepta la impermanencia de las cosas, el albedrío del prójimo y la fugacidad de la vivencia al servicio de la evolución personal e intransferible de cada quien. Si ha logrado trascender la pulsión más depredadora del deseo, y cobija en su interior todo aquello que siente hacia el otro, hasta darle cuerpo en sí mismo, ya nada puede hacer peligrar el nexo que les une, porque les acompañará siempre doquiera que vayan, sin importar los caminos que tomen, de la mano, opuestos o aún paralelos, como dos senderos que siempre discurren cercanos en la devoción pero que parecen no llegar a cruzarse nunca.

Aún así, a pesar de la voluntad del aprendiz y del trabajo de los años, incluso para el que atisba la maestría en este oficio del vivir y antepone la felicidad del otro a sus propios deseos, para el que ama nunca llega el día en el que abandonarse a la costumbre. Nunca podrá silenciar del todo el rumor de esa semilla rebelde que germina sin permiso, cuando algo agita el suelo que le sustenta, recordándole que somos tierra viva y perecedera.

En singular, el celo supone la diligencia y la eficacia a la hora de desarrollar una tarea. Tal vez en plural no sean más que el trabajo que se toma la vida para hacernos palpitar y apurar el trago ante la hora final. Por lo que realmente me han devorado alguna vez los celos fue por todos aquellos momentos que hubiera querido compartir, y en los que la vida me pilló desprevenido y rezagado en alguna otra parte, a solas con mi sed y lejos del aliento del otro, sin poder beber de sus labios.


.........


posdata: A veces me planteo no colgar música y dejaros leer en silencio, por no mezclar sensaciones, como sé que hacéis algunos. Pero para eso dejé visible el controlador, para que la decisión sea vuestra. Hoy había pensado abrir un vínculo al espacio de un músico español, pero el problema de que las letras sean en castellano son las interferencias, y quiero que conozcáis su trabajo sin confundir unas palabras con otras. Desde que comencé a compartir con desconocidos esto del contar la mirada, algunas de las mayores satisfacciones se me han tendido desde manos ajenas. En la etapa anterior, cuando todo era visceral e inmediato, las visitas diarias se multiplicaban por cuatro y el volumen de los comentarios se dividía por dos. Coseché algunas amistades que trascendieron esta ventana y recibí algunas bocanadas de fe inesperadas. Desde que colgué en la entrada estas nuevas alas, las reuniones son menos concurridas, cabemos todos en la misma terraza o junto al mismo hogar y, no sé si tiene algo que ver con la proporción, pero esta leal minoría que me acompaña me hace sentir orgulloso. Nunca seré para las muchedumbres, jamás para las élites, pero el hecho de saber que escancio mi vino en las copas de escritoras en ciernes, poetas, músicos, apóstatas del cinismo o buscadores natos, hace que sienta próximas esas manos que me tienden sorpresas. Gracias a vosotros. Gracias, José Zinc (descubridle aquí). Como dice una amiga, "cuanto talento hay por el mundo".

6 comentarios:

Daniellha dijo...

Sergi..hoy coincidimos con el tema de los celos, te puedo decir , que los celos son apegos y debemos amar , sin ese sentimiento de propiedad, amando sin importar si nos quieren o no , ese es el verdadero amor.
Un beso, me encanta tu blog, es tan agradable!

b dijo...

hace tiempo descubrí un sinónimo de la palabra "celos": "achares"
me encantó
cuando los nombro así, en algún poema, parecen menos malos

un saludo

Darilea dijo...

Los celos, no es más que la consecuencia de no valorarse así mismo, de pensar que el trono de rey puede ser arrebatado por alguien mejor.
Besitos.
Pd: La libertad de expresión y la libertad de comentarios es gratuita, quien entra en tu rincón, es por que lo que encuentra es de total agrado.
Yo... Continuaré entrando. Muackk

Hipolitta dijo...

Abriste un tema polémico.
Los celos a mi entender, sean los del niño que recibe un hermanito, o los del amante, son mezquinos y, provienen de una autoestima pobre.
Creo que más que el cuidado de un afecto, los celos expresan persecusión solapada vuelta sobre uno..
El niño está en formación, pero el adulto ya debería conocer la naturaleza humana y comprender que lo esperable, es que alguien esté a nuestro lado por deseo, no por obligación.
Leo: "Si alguien no teme perder un tesoro es porque no tiene conciencia de su valor, o porque no le pone precio y su noción de posesión es algo sutil"
Se me antoja cruel y corto el valor que damos a un afecto, si lo consideramos en términos de propiedad.
El otro, es un sujeto, y como tal inmerso en las reglas de cambio que rigen a la vida, dueño de su querer, de sus intereses, y creo, que es esa condición la que lo vuelve apetecible y digno de ser amado.
Y más adelante: "En ese caso acepta la impermanencia de las cosas, el albedrío del prójimo"… ¿No es así? ¿No radicaría en esa aceptación el plus de la experiencia que diferencia al niño de quien arribó a la adultez? Yo al menos, no podría amar a quien me quisiera por obligación, la libertad del otro dignifica el que me elija. ¿Para qué querría la fidelidad de quien permanece conmigo por deber?
El deseo es tornadizo por mucho que nos duela.
Y en el caso que nuestro amante, haya cambiado de deseo, ¿qué ocurre con el propio tesoro que depositamos en los afectos? ¿No habría que ponerlo a salvo de un mal querer? ¿No tendríamos que ser los primeros en valorar lo que entregamos?
Perder es terrible, pero también una condición ineludible del ejercicio del vivir.
Como siempre, es un placer leerte.
Besos

Jose Zinc dijo...

¡Que socorridos son el amor y los celos! Por más que se hable de ellos, parece que siempre hay algo que se nos escapa.
Celos: Posología, contraindicaciones, manual de uso y disfrute.
Si una relación funciona y el amor existe, no se rompe, independientemente de que puedan entrar terceras personas en escena. Los celos surgen siempre en estados terminales en los que alguno de los dos (o ambos) se niegan a aceptar el final evidente e inevitable, y eso tiene, en gran medida, un origen cultural: Amores de ensueño, amores perfectos, pero sobre todo, amores eternos. Eso es lo que nos venden desde que nos erguimos sobre nuestros pies y empezamos a digerir toda esa basura espléndida que Disney y compañía nos suministra a diario: Veneno.
Así pues, cuando el amor termina su ciclo vital y no se acepta, se transforma en posesión pura y dura. La negación de una realidad que nos rompe los esquemas, que nos acobarda de puro inverosimil, la obsesión por retener algo que hace tiempo que no existe es un mal que aqueja a innumerables parejas y que puede (y desgraciadamente suele) cronificarse convirtiéndose en simple rutina.
Creo yo que los celos son, simplemente, un síntoma de la absurda búsqueda de eternidad, y esta es, a su vez, una prueba más de la mayúscula soberbia humana.
Una amiga me dijo una vez “Yo no soporto la incerteza, el no saber lo que va a pasar”. Me pareció algo tan horrible y tan preocupante como decir “No soporto estar viva”.

MaleNa dijo...

Entro a tu espacio lentamente, descalza, me arrodillo y leo tus palabras.

Trato de priorizar lo aprendido con lo visceral.

Hay mil ensayos sobre los celos, desde los netamente psicologicos (falta de autoestima) pasando por los filosoficos, culturales y demas demas.

Presiento que`para los amantes, los celos son validos (no me maten, s'il vous plaît), una cosa es filosofar y otra muy diferente es estar con las manos impregnadas de pasion.

Cual es el limite de los sies y noes?

Recuerdo una cancion de Antonio Vega "Hojas que arranque" que me pega en el alma y nos cuenta sobre este tema.

Se que la finitud existe la reconozco, pero cuando amo quiero eternidades, inmensidad. (aunque no sepa que va a pasar, ahi esta la magia)

Sergi, mille excuses étant tellement peu cohérent.

Pd. me siento avergonzada comentando, ante tan exquisitos compañeros, tengan en cuenta que soy pintora, me muevo por la vida a percepciones.
Un cariño a todos.