Bitácora de Sergi Bellver: De los cedros.

15/8/06

De los cedros.

Ibn Báya Ensemble (Omar Metioui, Eduardo Paniagua & Luís Delgado): Mawwál sobre Tab’, en modo Raml Al-Máya .

(O acerca de las alas).


Khalil Gibran, el poeta que vino al mundo entre el valle fértil y los altos cedros, publicó en 1912 la primera versión de “Alas rotas”, en la que utilizó diversos heterónimos para sublimar en sus páginas el amor por una muchacha de su aldea, Hala Dhaler, su particular Beatrice, con la que jamás podría llegar a casarse. Dos años más tarde le seguiría “Lágrimas y sonrisas”, donde el amor y el dolor caminaban trenzados aún con la inspiración de su musa inasequible. ¿Quién conoce el lugar que ocuparía en su corazón el resto de su vida, quién sabe de los retales que de un fervor quedan en los cajones del alma? Pero la realidad es que a partir de entonces Gibran abandonó los poemarios de amor inspirado y logró hilvanar lo mejor de su obra vital y literaria (“El Loco”, “El Profeta”...), un lienzo que habría de acercarle cada vez más a los hombres, a sí mismo, y a la esquirla de la divinidad que nos habita a todos.

Una vez supe de un hombre que había servido en las fuerzas aéreas libanesas como piloto de un caza, y en el fuselaje de sus alas había lucido siempre el dibujo de un cedro verde sobre fondo blanco y rojo. Cuando se retiró, cambió la velocidad de los reactores por la brisa de las montañas de su patria, y decidió, fusil en mano, salvaguardar el legado de sus venerables cedros, defenderlos de aquellos que vinieran a talar los solemnes testigos de los siglos por la inmediatez de un fajo de billetes en madera fragante. Montaba guardia ante los árboles centenarios con el mismo celo con el que antaño patrulló el cielo y esquivó las escaramuzas de los cazas sirios o israelíes. Después del oficio de las armas, aquel hombre supo hacer de la naturaleza su estandarte. A veces, cuanto más hemos encarado la muerte, más sagrada nos parece cada manifestación de vida. No sé si ese hombre sigue vivo hoy, la nieve ya cubría la cima de su rostro pedregoso y resuelto cuando le vi, pero estoy seguro de que en estos días las alas de su espíritu han volado sobre sus amados cedros, sobre las casas de sus antiguos vecinos, musulmanes, drusos, y cristianos, como la sombra de un águila fenicia sobre el valle, tratando de confundir la puntería del enemigo.

Uno no conoce la envergadura de sus alas, a veces parecen dos ligeros trazos extraviados en la inmensidad del cielo, pero quizá sólo porque las ve de costado, sin la perspectiva adecuada. Lo que uno va sospechando con el tiempo es su resistencia, la capacidad de arquearse y soportar el peso del aire antes de romperse. Todavía no tengo las alas rotas, todavía no me he retirado, pero tras cada viaje de ida y vuelta la expectativa se va marchitando un poco más. Uno sabe que en el aire viciado de una cápsula la vida sólo brota en formas nocivas, como bacterias. Y que crecer es también herirse, y respirar es un poco comenzar a oxidarse, pero algo en el interior de cada héroe (cualquier simple mortal que brega con su miedo lo es) le conmina a exponerse, a cerrar cicatrices y continuar. Cualquier revés puede acechar en el peregrinaje, pero nada bueno saldría de renunciar, de taparse la cara con la sábana y dejar de crecer, como el niño de "El tambor de hojalata". Uno ha de descubrir su propia condición enfrentándola al camino, labrando su existencia en cada acción, encadenando momento tras momento, habiéndolos vivido todos como si fueran el único, o el último, porque un solo momento puede cambiar el rumbo de una vida. Después de haber concentrado mi motivación en repentinos hallazgos personales, quizás sepa algún día ir más allá y llegue a los demás, trascendiendo mi propia experiencia. Sería el fruto de estas semillas, trocar la vocación de hablador bisoño por el digno oficio de trovador. Estoy en ello.

Tal vez por eso mis alas aún resisten, porque quieren estar preparadas por si el viento cambia. Porque nunca sabe uno cuando tendrá que abrirlas para dar cobijo o cuando necesitará el prójimo encaramarse a ellas para tomar impulso. Quizás por eso cuando encuentran una meta, se despliegan y emprenden el vuelo, su ímpetu desborda y asusta, como la carrera de un enorme perro desconocido, de la que no borramos el peligro hasta que se abalanza sobre nuestras manos, si aún estamos allí, para una caricia. Tal vez por eso te fuiste, mi querida musa de los cedros.


Ibn Báya Ensemble (Omar Metioui, Eduardo Paniagua & Luís Delgado): Mawwál sobre Tab’, en modo Al-Hiyáz Al-Kabïr.


El momento. Me hubiera gustado poder escoger otro para volver a tu puerta, para traerte otra de aquellas sonrisas que con la palabra justa siempre acababa por hacer brotar de tus labios. Han filmado tus pesadillas y las pasan cada día en las noticias. ¿Lo ves? Ese es el peligro de andar por el mundo con las ventanas abiertas de par en par, con esos ojos de agua limpia, como los que conseguí leer una vez. Alguien puede colarse en el fondo marino de tu mirada y robarte un mal sueño, en el que tu pueblo se desmorona, mientras al otro lado del teléfono esperas un rastro, una salida, tragándote tu desesperación por no hacer más dura la suya. Hubiera deseado venir a regalarte algo, precisamente en este día, que no pudieras comprar en las tiendas, y lo mejor que se me ocurre es una supuesta tregua de la que hablan en los periódicos. Los cañones se silencian, dicen, pero nadie habla del profundo silencio de las playas ennegrecidas de Beirut, de la ropa huérfana que ondea en un viento de ceniza, del inmenso solar en el que las madres trazan círculos desquiciados. Nadie habla de las manos llevadas a tu frente, rotas por la impotencia, ante el inaudito talento de la gente para odiarse. Nadie habla de los judíos, cristianos y musulmanes que, como tú, no quisieran escuchar nunca el sermón de la ira. Nadie dice nada de la diáspora, rota desde la raíz, desde París al fin del mundo.

París, alguna vez hablamos tú y yo de París, de gatos (¿cómo está tu querido Snezze?), de chocolate, y de cualquier cosa, porque cualquier cosa dejaba de ser vana en nuestra conversación. El momento quiso que desde tus años de estudiante, soñando con desenterrar algún misterio fenicio, llegaras a mi ciudad. No a esta en la que vivo aún ahora, exiliado en medio del mapa, lejos de nuestro hogar mediterráneo, tan parecido en su luz y sus ecos desde una orilla a la otra. A estas alturas ya te perdí la pista, y no sé si estás o no en Barcelona (ojalá sea así, porque eso significará que estás lejos del peligro), ni siquiera si leerás esto alguna vez, pero no espero más ganancia que la necesidad colmada de decir lo que es preciso. Y acaso la esperanza de que cualquier día descubras este momento que ahora despido, como si esta pantalla fuera el vidrio de una botella varada a tus pies.

La gente te trata de manera condicionada, por quién eres, por tus orígenes, incluso por tu aspecto, hasta hacerte desconfiar. Si de alguna cosa estoy orgulloso es de no haberte hecho sentir así, pero ya te dije una vez, en una carta azul, que no es mérito mío, que la culpa la tienes tú, porque del mismo modo que alguien puede robar tus pesadillas, también puede suceder alguna vez que un loco consiga ver más allá de la tragicomedia mundana, y descubra quién eres de verdad, si sigues yendo por ahí con esa mirada diáfana, capaz de decir más de ti en un silencio de lo que imaginas.

La otra noche volví a ver “Dr. Zhivago”. Un día de estos tendré que leer a Pasternak. Hubo un momento en que tuve que morderme el labio y disfrazar la humedad de resfriado, porque no estaba solo. Fue en la parte de la vieja casona de campo, con el invierno alojado en las vigas, en la madera, hasta en los aullidos desvalidos de los lobos, mientras los dos protagonistas esperan a que lo bolcheviques vayan por ellos o les olviden (el odio y el miedo son viejos compañeros de viaje de la jauría humana). Yuri se deja calentar el corazón por la claridad del sol temprano, que atraviesa con una luz casi láctea el hielo de las ventanas. Se levanta y, con la casa dormida, empieza a escribir sus versos para Lara. Algo más tarde ella se despierta, se incorpora, y toma en su mano el primer poema. El momento que define una vida. La musa que cobra aliento emocionada, el poeta que toca su destino, la mujer y el hombre que alcanzan un punto sin retorno, y las alas que se alejarán para siempre de la soledad, porque allá donde se encuentre cada uno estará el otro. “Esta no soy yo”, y el doctor señala el título, su nombre, Lara. “No, Yuri, eres tú”. Y ambos atrapan en ese instante lo que siglos, generaciones y bibliotecas aún no han acertado a describir por completo con palabras. El momento lo es todo, lo que pasa de largo no regresa, los días han de exprimirse porque nunca sabemos si esa magia regresará. Tocar con los dedos ese instante, en medio de una guerra, en las tripas de una ciudad, en la estepa de una paz tensa, al borde del fin del mundo, o en el albor del resto de los días… aprehenderlo es burlar la muerte.

La vida te sorprende, conmigo lo hizo también alguna vez. La vida, aún con su amargura, te gusta, y yo aún no la he repudiado. Nunca dejamos de aprender. Yo busco mi musa todos los días, a veces me doy de narices con las paredes y a veces la encuentro donde menos me lo imagino. Espero el Amor a cada aliento, aunque una vez conocí, durante años, una versión amable de aprendiz. Pero mi voz interior me advierte que me queda un paso más, que aún puedo ponerle esa letra mayúscula de una vez, que aún aguarda tras el recodo más insospechado del camino. Ojalá hayas encontrado tú al hombre que sepa verte tal cual eres, sin quedarse en las puertas, dando rodeos, sin escucharte, como les recriminé una vez a todos. Que se anden con cuidado contigo, o se las verán conmigo. Ojalá descubras tu lugar en el mundo, el bendito silencio de sentirte en casa estando en cualquier parte. No importa donde encuentre yo a las musas, si son pasajeras, nómadas, o habitantes de mi bosque privado. Lo que cuenta es hacer de cada instante algo vivo, parte de uno mismo, hasta que deja de ser un recuerdo y se convierte en la esencia misma de mis alas. Me gustaría haber descubierto muchas más cosas, haber tenido más tiempo para alimentar la amistad. Pero hoy, a estas alturas, me conformo simplemente con saber que estás bien. Quiero imaginarlo así, mientras continúa este maldito silencio perplejo, añorando más un mañana que el ayer.

Te gustaba una cita con rango de ley: “La energía nunca se crea ni se destruye, sólo se transforma”... a donde irá a parar entonces todo este caudal que veo escapar de mi aliento, me pregunto... ¿Qué hará la relatividad con mis palabras? Ojalá se tornen brisa cálida y consigan darte un poco de luz, allá donde estés. Que te abracen y notes que no es tu talle lo que ciñen mis brazos, ni tus hombros lo que envuelven mis manos, sino el frío antiguo de ese rincón oscuro de tu alma en el que nadie repara, lo que abarcan las alas de mi voz hasta fundirlo. Inshallá.

Joyeux anniversaire, A.
À toujours...

Sergi.


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Ibn Báya: filósofo, científico, médico, poeta y músico hispano-musulmán (Avempace para Occidente), nacido en Zaragoza en 1070 y muerto en Fez en 1138; influencia para Ibn Rushd (Averroes) y otros tantos, fue el principal renovador de la música andalusí, concebida para suscitar una reacción mística y psico-fisiológica.

De la primera pieza:
Humor: Sangre. Elemento: Aire. Estación: Primavera.

De la segunda pieza:
Humor: Flema. Elemento: Agua. Estación: Invierno.
Letra en castellano:

“Si mi alma estuviera en mis manos,
se la entregaría entera con un mensajero a su llegada.
No te preocupes por mí en el amor, ni vaciles.
Mi amor es natural, no tiene doblez”.


Ibn al-Färid (El Cairo, 1181-1235).

12 comentarios:

mamen somar dijo...

Es una joya, lo que escribes y como lo escribes. No sé si te comente que me encantan tus haikus.
Tienes un blog estupendo, Sergi.
PD: Además me has dado donde más me duele. Adoro a los filósofos arabes. Mi favorito Rabindraz Tagore.
Un beso.
Mamen

Sergi Bellver dijo...

Tagore era bengalí, es decir, hindú. Pero no creo que se enfadara por tu lapsus, pues sabía que todos los místicos beben de la misma fuente.

Gracias de todo corazón por tu comentario. Alimenta las ganas de seguir.

pamels dijo...

"puede suceder alguna vez que un loco consiga ver más allá "

que simple,
que cierto,
que fortuna que exista alguien capaz de leer nuestros silencios...

mamen somar dijo...

Pasaba para hacer la corrección pero has sido más rápido. Cachisss...
Esta noche me di cuenta sobre las tres de la mañana, pero claro, si me levanto pensaran en casa que estoy loca (como si no lo pensaran ya) así que lo he hecho a las siete. Algo menos loca estoy ¿no?
Besos, sergi.
Mamen

Daniellha dijo...

Sergi...vengo de otro blog, con alas , me quedo maravillada de éste tuyo , de verdad escribes con un sentimiento único, te felicito, tambien leo a Tagore, admiro su obra.
Un beso.

angeldealaspapel dijo...

Alas de Albatros ( prefiero llamarte de ésta manera, aunque dejas ver tu nombre yo soy fan de la ficción, que mi nombre nada tiene que ver con lo que soy)
He quedado pasmada, he sentido el fino roce de una botella encallar en mi orilla; son tus palabras.

No te puedo escuchar, no podría reconocer tu voz entre la multitud, pero hoy me he dejado llevar y te he visto recordar y quemar hojas.

''que crecer es también herirse, y respirar es un poco comenzar a oxidarse'' Dolorosamente perfecto.

Admiro profundamente tu fuerza y esa nostalgia tuya. Ojala tus alas resistan, que aguanten el peso y el polvo del aire y del tiempo.
Tus alas...

Me gustaría verlas extendidas, somnolientas, mientras su dueño tira y afloja.
Tienes ese no-sé-que que me obliga a volver una y otra vez sobre mis pasos de ángel caído.
Merci

Darilea dijo...

Hace unos años por casualidad en mis manos tropezó un libro de Khalil Gibran, y quedé atrapada entre sus letras.
Añadiré con tu permiso
unos renglones de El jardín del Profeta.
La Vida es más vieja que todos los seres vivientes; más que la belleza antes de que esta naciera y adquiriera alas en la Tierra; más que la Verdad, antes de que alguien la dijera.
La Vida canta en nuestros slencios, y sueña cuando dormitamos. Y cuando lloramos, la Vida sonríe a la luz del sol, y es libre hasta cuando arrastramos nuestras cadenas.

Así si dispones de alas para seguir soñando que ese sueño sea en libertad, y que en su vuelo encuentres la musa en los ojos de quien te este esperando.
Besitos
Pd:Es un placer leerte.

Isabel Romana dijo...

Sergi querido, cuántas cosas bellas has dicho, y cuántas verdades. De todo ello quiero resaltar tu disposición a ofrecer tus alas a quienes las necesiten y para aquello que las necesiten. Sólo con decirlo ya nos las has dado. Besos muy fuertes.

Jose Zinc dijo...

Hola Sergi!

Acabo de tropezarme en el cielo de internet con este trabajo titánico que te ocupa desde el 2004 nada menos.
Muy buenos textos: Bellos, con contenido y perfectamente comprensibles (Nada me jode más que los escritores crípticos)
Desde aquí te envío mi felicitación y mi aliento a que sigas tu vuelo regular con escalas hacía algún destino invisible.
Te invito a que visites mi blog, un blog en el, más que leer, lo importante es escuchar.
Un saludo

Lilith dijo...

Hola Sergi, aún no habia estado en tu nuevo blog, me alegra que empieces a usar esas alas por fin para volar. El diseño de este blog es precioso,añadiré este enlace en mi nuevo blog ya que yo también inicie una nueva etapa en un nuevo blog,pero por otros motivos.Besotes enormes,un placer como siempre leerte.

Hipolitta dijo...

Es un texto magnífico, como todo en tu blog.
Por causas personales, esa carta, me conmueve particularmente.
Vivir es el más complejo de los oficios. Yo no creo en las musas, sino en el compromiso. En el entregarse a la vida, dispuesto a sus caricias y golpes.
Un abrazo

lokura dijo...

Me parece genial como te ha quedado el espacio, los textos la estetica, los enlaces, la musica.... me encanta sergio, de veras.
Mil besazos