Mostrar u ocultar la barra de navegación Bitácora de Sergi Bellver

Si pudiera verme así: esperándole, horas antes, mucho antes de que llegue, buscando cualquier señal o sonido suyo. Vería lo entusiasta que soy. Vería la desesperación en mi pecho. Si pudiera verme ahora, desde la distancia, sin que yo supiera que me está mirando, me vería tal y como soy.

SAM SHEPARD, «Convulsión»

16/11/09

Convocatoria del X Premio de Relato mínimo Diomedea.

Estamos de celebración, ya que se cumplen dos años de la primera convocatoria del Diomedea, allá por noviembre de 2007. Gracias a todos los participantes y colaboradores que durante todo ese tiempo han hecho posible que esta iniciativa siga viva y a día de hoy continúe contagiando las ganas de compartir buenos textos.
Debido a las vacaciones navideñas y, sobre todo, a diversos compromisos (editoriales, docentes, personales y "viajeros") que me tendrán más ocupado de lo ya habitual durante casi todo el mes de enero, de nuevo el Diomedea amplia en un mes el plazo de admisión de relatos. Así pues, en esta décima convocatoria tendréis tres meses para escribir vuestro relato. Alcanzamos las diez ediciones y, como he dicho, el premio Diomedea cumple dos años de vida. Dos años, muchos textos de calidad, algunas polémicas, unos cuantos amigos nuevos y, lo más importante, un montón de bitácoras interesantes descubiertas y muchos autores que han podido llegar a otros lectores. Ese es el logro del que realmente podrá presumir el Diomedea en febrero de 2010. Llegará entonces el momento de hacer balance, de agradecerle algunas cosas a ciertas personas y de, tal vez, plantearse el final de esta iniciativa. Voy a dejar esa decisión para febrero, ya que va a depender mucho de mi disponibilidad y de mis circunstancias en esas fechas, para poder seguir llevando adelante o no este premio, con todo lo que conlleva (tiempo y dedicación, sobre todo). Por lo tanto, lo de la undécima edición queda en suspenso y me refiero a ella en condicional en el punto 5 de las nuevas bases. Veremos qué pasa en febrero.

Recordad que el fallo de la novena edición se publicará a las 14 horas (en zona GMT +1.00) del próximo lunes 23 de noviembre de 2009. Cualquier relato que haya sido entregado después de las 14 horas (en zona GMT +1.00) del día de hoy, 16 de noviembre, pasará de manera automática a participar en la décima edición del certamen. Han llegados todos, que nadie tema, el correo de registro se ha retrasado un poco por saturación del administrador, nada más.




Bases del X Premio de Relato mínimo Diomedea:


1. Desde las 14 horas (en zona GMT +1.00) del lunes 16 de noviembre de 2009 queda abierta la convocatoria para el X Premio de Relato mínimo Diomedea, al que pueden optar autores o autoras de cualquier país, presentando UN SOLO RELATO a concurso por convocatoria. Los finalistas y ganadores de anteriores ediciones pueden volver a presentarse, siempre y cuando concursen con nuevos trabajos.

2. Los relatos se presentarán en castellano y deberán ser originales e inéditos en medios impresos. Pueden haber sido publicados en una bitácora personal o colectiva, o en alguna revista virtual, pero en ningún caso estarán sujetos a compromiso alguno de publicación o de derechos de cualquier tipo con terceros. Toda responsabilidad derivada del incumplimiento de este punto o por cualquier otro tipo de lesión de derechos de terceros recaerá exclusivamente sobre el participante en este concurso.

3. La extensión de los trabajos no superará las doscientas palabras ni será inferior a cien. El título del relato (en ningún caso superior a cuarenta caracteres) no se incluye en ese cómputo.

4. Los relatos sólo podrán presentarse a concurso a través de un mensaje a esta dirección de correo-e, escribiendo siempre en el asunto del mensaje: «Para el X Premio de Relato mínimo Diomedea». En el cuerpo del mensaje deberá constar el nombre y apellido real del autor o autora y la localidad en la que reside, así como la URL de su página o bitácora, si dispone de ella. El relato se enviará sólo como documento adjunto de Word, en el que no constarán los datos del autor. A modo de plica virtual, a cada relato se le asignará un código alfanumérico de diez dígitos, por lo que el jurado no tendrá ninguna referencia de su autoría durante la semana en la que valore los relatos candidatos. El administrador estará a disposición de los autores para resolver cualquier duda o imprevisto, pero en ningún caso mantendrá diálogo con ellos acerca de la valoración de sus trabajos o de las deliberaciones y decisiones del jurado.

5. El plazo para la recepción de relatos expirará a las 14 horas [1] (en zona GMT +1.00) del próximo lunes 15 de febrero de 2010. Todos los relatos que lleguen a la dirección facilitada pasado ese plazo pasarían de manera automática a participar en el XI Premio de Relato mínimo Diomedea, en caso de que se llegara a convocar, lo que se anunciará con la debida antelación.

6. El jurado estará compuesto y asesorado por críticos y escritores reconocidos, así como por profesores de diversos talleres de escritura creativa, y su fallo ―inapelable― se dará a conocer a las 14 horas (en zona GMT +1.00) del lunes 22 de febrero de 2010, mediante una entrada en esta misma bitácora, en la que aparecerá publicado el relato ganador, el nombre de su autor o autora, la localidad y el país en la que resida, junto con un enlace a su página web o bitácora, si dispone de ella. También aparecerán publicados, en los mismos términos, los dos relatos finalistas. En ningún caso se hará pública ninguna dirección de correo-e. Los autores de los relatos son los únicos propietarios de sus derechos y su publicación en esta bitácora está bajo una licencia de Creative Commons, que permite la reproducción sin fines comerciales ni alteración de contenidos y obliga a indicar autoría y fuente.

7. El premio para el autor o autora del relato ganador consistirá en un lote de tres libros de relatos, por determinar. Los finalistas obtendrán un libro de relatos. El método de envío o recogida de los libros se convendrá con los interesados [2].

8. Si el ganador o ganadora dispone de página web o bitácora, hará constar en ella su galardón, en una entrada o con un banner facilitado por el administrador, pero siempre con un enlace a la entrada de esta bitácora en la que se haya publicado el fallo con su relato, y en el que figure el texto: «X Premio de Relato mínimo Diomedea». A los finalistas se les hará una propuesta en términos similares.

9. En el futuro se considerará la posibilidad de publicación de los relatos ganadores de anteriores y sucesivas convocatorias y de una selección de los finalistas y demás participantes, en una antología editada y supervisada por un sello editorial [3].

10. La participación en este concurso supone la plena aceptación de sus bases.

[1] Los autores o autoras que envíen sus relatos desde otras zonas deberán tener en cuenta la diferencia horaria para poder entrar a tiempo en la convocatoria.
[2] El administrador correrá con los gastos de envío por correo ordinario en territorio de la Unión Europea. Para otros territorios y envíos especiales, como certificados y urgentes, el destinatario asumirá parte del cargo.
[3] Este punto no es vinculante. Se presentará el proyecto a una editorial y se tomará la decisión de hacer una edición venal o no venal de la antología según las circunstancias.
Premiados en anteriores convocatorias:

I Premio de Relato mínimo Diomedea
II Premio de Relato mínimo Diomedea
III Premio de Relato mínimo Diomedea
IV Premio de Relato mínimo Diomedea
V Premio de Relato mínimo Diomedea
VI Premio de Relato mínimo Diomedea
VII Premio de Relato mínimo Diomedea
VIII Premio de Relato mínimo Diomedea

15/11/09

Nevsky Prospects en Tres rosas amarillas.

"Me llena de orgullo y de satisfacción" dar noticia de la presentación de los dos primeros libros de la nueva editorial especializada en literatura rusa Nevsky Prospects, que tendrá lugar en la santa librería del cuento Tres rosas amarillas, el próximo día 18, miércoles, a las 20.30 horas.

El acto contará con las intervenciones de Marjorie Eljach, directora de la Semana Gótica de Madrid, que comentará la antología Rusia Gótica, y de un tal Sergi Bellver, que hablará acerca de Historias de Belkin, de A. S. Pushkin. Además, disfrutaremos de la interpretacion de la actriz de teatro Virginia Méndez, que realizará la lectura dramatizada de uno de los cuentos. Al terminar (trataremos de hacer algo ameno y poco sesudo), podremos comparar el lambrusco de José Luis con algún que otro vino post-soviético.

Un fuerte abrazo a todos y espero veros por allí, en nuestra guarida del cuento y, por primera vez, al otro lado de la mesa.

Nevsky Prospects en Tres rosas amarillas
(pinchad en la invitación para verla a tamaño real)

07/11/09

Literatura de viajes (I):
Javier Reverte y los bloggers.

El pasado lunes, día 2 de noviembre, y gracias a una iniciativa de la empresa Addoor, pude asistir en la sede de Hotel Kafka a una charla que impartía el conocido escritor y viajero (siempre por ese orden, pues no concibe viaje que no haya de desembocar en palabras) Javier Reverte. Con el escritor y crítico Juan Soto Ivars como maestro de ceremonias, nos reunimos en el salón de Hotel Kafka un buen puñado de viajeros, de escritores y de bloggers (en ese orden, al menos, en mi caso).

Javier Reverte y Juan Soto Ivars (Addor) en Hotel Kafka. Foto: © José Miguel Redondo
© José Miguel Redondo

Una vez más, la experiencia me demuestra que lo presencial y lo virtual no pueden ser mundos aparte, y que uno y otro se alimentan, ya que a menudo la red es la única manera de establecer contacto con viajeros y escritores de otras latitudes, pero también en reuniones, cara a cara y entre vinos, como la que Addoor propició el pasado lunes en Madrid, los bloggers que nos dedicamos, entre otras cosas, al viaje y a la literatura de viajes, pudimos establecer contacto entre nosotros. Y un dato que refuerza esta impresión mía de que lo virtual no abarca todas sus posibilidades sin el apoyo de la relación personal y la cercanía, por eventual que esta sea, es que todas las páginas de los asistentes tienen un número importante de visitas en su haber y sin embargo, prácticamente ninguno de estos viajeros y escritores conocía la labor de los demás compañeros.

Tampoco sabíamos de otras iniciativas y posibilidades para la literatura de viajes y para cuando llega el momento de lanzarse otra vez al camino. Yo tomé buena nota de unas cuantas, más como viajero que como escritor, pues llevo demasiado tiempo enfrascado en mil proyectos literarios y en el dique seco, alejado de la vida nómada. Así, supe de la realidad de muchos de esos destinos en mi agenda de pendientes, ya que varios de los compañeros acababan de regresar de ellos. Rusia, sin ir más lejos, fue uno de esos destinos comentados, un territorio vasto y complejo, que uno tiene entre sus sueños migratorios... Siberia, Kamchatka, el Baikal, los Urales, los montes Altai, las grandes ciudades del Oeste, lugares tan físicos como sugerentes en el imaginario de todo viajero.

Descubrimos también amigos comunes (como Santos, de la librería Deviaje en la madrileña calle Serrano, jaima insólita para los nómadas y sede de una de las tertulias más veteranas de la capital) y hablamos de todos aquellos lugares que ya no volverán a ser, como Zanzíbar, o de la España que antaño era tan "exótica" como hoy puedan serlo África o China, si nos conformamos con el tópico (por eso pongo la frase en cuarentena). Hablamos también (abrió fuego Reverte) del poco predicamento que la literatura de viajes tuvo hasta hace bien poco en nuestro país, de la valentía y del buen ojo de editores como Mario Muchnik y hasta del modo en el que una narración de viajes puede ser estructurada y matizada para que cobre entidad como proyecto literario. Hablamos de Conrad y de Gide, por supuesto. De todos esos grandes escritores que cultivaron el género, como Stendhal, Miller, Andersen, Flaubert, Pushkin... para reflexión de quienes infravaloran la dimensión literaria del viaje narrado.

En lo que a mí se refiere, pude aportar a mis compañeros algunos datos que desconocían, más relacionados con lo literario que con lo viajero (excepto al referirme a Trourist, otra original iniciativa que, para mi sorpresa, no conocían mis compañeros), como digo, dado mi sedentarismo forzado de los últimos años. Premios literarios como el Eurostars Hotels, cuya quinta edición se llevó el periodista Paco Nadal; premios desparecidos como el Grandes Viajeros, por dejadez o por mala praxis, quién sabe; cursos de literatura de viajes como el que yo mismo preparé para la Escuela de Escritores (pronto un presencial, tres meses mano a mano con Isabel Calvo y con un cierre de lujo: Jordi Carrión) pero también los que figuran en el programa de otras escuelas y talleres; o noticias de editoriales (pocas, por desgracia, como por ejemplo Altaïr) donde cabe la literatura de viajes, aunque los jóvenes que llegan con nuevas ideas y que viajan por un mundo cada vez más uniformado lo siguen teniendo difícil para publicar, para impactar, para mirar de un modo distinto la realidad, algo que están consiguiendo muy pocos autores del género.

El pasado lunes en Madrid compartimos experiencias viajeras y aprendimos, una vez más, de la humildad y de la cercanía del maestro Javier Reverte (una condición que ya pude descubrir en Almería, en el pasado LILEC'09), de sus estrategias literarias a la hora de enfrentar el viaje y de sus cuitas viajeras cuando toma notas (siempre a mano, siempre en vivo) para sus libros.

Detallo a continuación la lista de páginas (por orden alfabético) que llevan adelante todos estos nómadas irreductibles (y os invito a descubrir otras, saltando de enlace en enlace) a quienes pude conocer el lunes, para todo aquél que esté interesado en los viajes, en la literatura de viajes y en el intercambio de experiencias e información relativa a este apasionante modo de vida, que lo es.

  1. Aines en ruta
  2. Alrededor del mundo con una mochila
  3. A Salto de Mata
  4. Cumplir un sueño
  5. Desde Saigón
  6. Diarios de un fotógrafo de viajes
  7. Edu y Eri Viajes
  8. El rincón de Sele
  9. Expatriada
  10. Intentando recorrer el mundo
  11. Miss Viajes
  12. Vagamundos
  13. Viaje al atardecer

01/11/09

¿Qué cuento, mañana?

Nuestra ortodoxia es la inconsciencia.

GEORGE ORWELL, 1984



Pienso en voz alta. Bajad el volumen o cambiad de canal si os apetece; es lo bueno de una bitácora: es gratis y con un clic ya estás fuera, ya estoy fuera. Pienso en voz alta. Hace tiempo que preparo varias antologías de relatos. Es mi manera de saciar un deseo casi febril de editar libros de calidad sin esperar a disponer de una editorial propia, una realidad que todavía tardará unos años en cobrar forma para poder abordar con garantías mi idea concreta de lo que puede llegar a ser la edición independiente. El pasado 20 de octubre, en la charla que ofrecí sobre este tema junto a Jordi Corominas en la biblioteca Francesca Bonnemaison de Barcelona (el próximo día 11, miércoles, hablaré del relato contemporáneo en la Jaume Fuster), y entre otras muchas cuestiones más importantes, hice una fugaz referencia a una figura que podríamos definir como editor freelance, es decir, un editor que trabaja por su cuenta y riesgo en un proyecto concreto y lo presenta a un sello editorial ya establecido. Este editor libre sería, sobre todo, un productor de ideas y contenidos que luego trataría de contagiar, con todo el buen criterio y el entusiasmo de los que fuera capaz, a un posible editor final del libro. Es evidente que, por muy buena que sea la idea desde un punto de vista literario, por muy trabajados que estén los contenidos y por muy fuerte que empujara ese entusiasmo, la decisión del editor final siempre dependerá de otros condicionantes lógicos, como la rentabilidad comercial, la adecuación del proyecto a sus colecciones y los compromisos previos de su programa. Además, si se me apura, queda un componente subjetivo, nada desdeñable, que puede terminar de definir el sí o el no. Hay editores a quienes no les gustan las antologías o los cuentos, sin más, otros editores que se dejan guiar demasiado por las firmas y aún los hay que, simplemente, toman decisiones por otros motivos, a menudo extraliterarios. Así pues, cuando ese editor freelance presenta un proyecto ha de estar preparado para cualquier tipo de respuesta y aceptar que no basta con el criterio literario, que el mundo editorial no deja de ser un negocio en el que muchos editores comprometen su esfuerzo, su tiempo y su capital, y que en ese negocio no dejan de participar personas que toman decisiones, a veces equivocadas y a veces acertadas, bajo premisas que tal vez se le escapan al impulsor original de ese proyecto. A veces, más allá de la rentabilidad y del criterio literario, el deseo de un editor no coincide con el de otro y no hay más. Si, por ejemplo, el editor freelance está pensando en una antología de nuevos escritores egipcios y el editor final da una negativa por respuesta porque ha decidido publicar una antología de relatos sobre escarabajos peloteros subsaharianos, no hay que echarse las manos a la cabeza, sino seguir adelante y buscar otro editor, menos miope, más audaz o, simplemente, más interesado en la literatura egipcia que en la fauna del Alto Nilo.

De esas antologías que tengo entre manos, alguna es más que probable que termine durmiendo el sueño de los justos, porque su naturaleza implica un volumen de trabajo considerable y su publicación tendría un dudoso interés para la mayoría de editores desde el punto de vista comercial. Los autores noveles, a priori, no son un buen negocio. Sucede algo parecido con otro proyecto en el que me he embarcado hace unos meses y que coordino junto a otra persona, aunque en este caso hay algunos nombres conocidos en la lista y el tema de fondo es literariamente muy atractivo, pero de nuevo los editores parecen torcer el gesto cuando uno quiere apostar por escritores jóvenes.

Mis otros tres proyectos son, si cabe, todavía más ambiciosos (y hablo siempre desde una perspectiva literaria, y no sólo porque en estos las firmas sean ya de cierto peso específico en el mundo editorial, si nos ponemos a hablar su idioma). Una de estas tres antologías tiene una temática muy definida, aunque desborde las orillas de varios géneros literarios, y en estos momentos su borrador se encuentra en manos de unos editores de quienes valoro mucho su trayectoria, a la espera de una respuesta que me lleve a volcarme con ellos o a seguir llamando a otras puertas. Las otras dos antologías, que llevan más tiempo gestándose en mi cabeza, en unos cuantos folios de apuntes y en muchas horas de lectura y de estudio, tenían su espacio reservado para esa editorial futurible que todavía espero montar algún día. Sin embargo, se han cruzado en mi camino cuatro editoriales independientes que poseen el perfil perfecto para su publicación y he decidido ofrecerles mis ideas a estos sellos, dos de los cuales, por el momento, las han acogido con cierto entusiasmo y se han adelantado en mis preferencias, aunque fuera por mera complicidad. En fin, con un poco de suerte es posible que 2010 sea un año de muchas sorpresas y unas cuantas buenas noticias para el cuento, para los cuentistas, para este hiperactivo Bellver y, sobre todo, para los lectores.

Pero, ¿a santo de qué comento todo esto hoy, aquí y, sobre todo, así? Bien, el caso es que de todos estos proyectos voy a sacar un partido que no tiene nada que ver con lo económico. Por las condiciones que propongo y negocio con varias editoriales, mi remuneración será más bien testimonial, así que la satisfacción va por otros derroteros. Primero, como es lógico, un editor se hace editando y todo esto me aporta experiencia, algo de currículum, unos cuantos contactos y más ideas para el futuro. Segundo, y aunque también hay malos ratos, sinsabores y decepciones, me divierto muchísimo trabajando en todo esto, me apasiona saber que de alguna manera dará fruto un día y que un puñado de autores y yo habremos sido capaces de llevar a buen puerto este barco, aunque a veces naufraguemos. Pero, sobre todo, lo que saco de todos estos proyectos y de todo este caudal de ilusión tiene que ver con lo literario y me sigue formando como escritor, como lector y como crítico sui géneris. Gracias a las horas de lectura y selección de relatos inéditos y publicados, de revisión y estudio de textos críticos y teóricos previos, de un arduo trabajo de reflexión y escritura en los diferentes prólogos y del trato directo con escritores y editores de todo tipo, mi perspectiva sobre el cuento se amplía, mis conocimientos abarcan propuestas y experiencias que antaño me pasaron desapercibidas y mi noción de lo que es, puede ser y debería ser el relato contemporáneo va afianzándose en sus principios fundamentales pero va cobrando también nuevos matices y abriéndose a un cuestionamiento inevitable, que me devuelve a cierto punto de partida.

¿Qué es, exactamente, el relato contemporáneo? ¿Qué derivas, qué inercias, qué caminos trillados y qué nuevos rumbos está tomando el cuento hoy en día? ¿Se está haciendo algo realmente innovador en el cuento? ¿Queda todavía espacio para esa innovación en un tiempo en el que ya todo parece haber sido escrito? Ciñámonos, por tratar un marco asumible, a lo que se está publicando en los últimos años en España. ¿Qué títulos o qué autores están trabajando de veras una renovación del cuento? ¿Hay espacio para propuestas diferentes, aunque estas insistan en vías ya de sobra recorridas por la narrativa española reciente? ¿Estamos, al final, ante una simple cuestión de afinidad y apetencia de los autores y lectores? ¿Todo lo que publican las editoriales obedece sólo a cuestiones de sus departamentos comerciales o todavía hay editores irreductibles que apuestan por la literatura a cualquier precio? ¿Existen de veras las editoriales independientes, independientes del mercado, quiero decir? ¿No es eso una quimera, un absurdo? ¿Se puede conciliar el criterio literario con la viabilidad de la edición? ¿Se practica ese ejercicio de equilibrio? ¿La crítica mantiene su papel de preceptora autónoma o se ha rendido a la ley de la compensación y los vasos comunicantes? ¿Hay de veras un espacio para la crítica independiente? ¿Pueden o deben dedicarse a la crítica literaria aquellos autores que también participan o anhelan participar en el mercado editorial? ¿Cómo reconocer una crítica desinteresada, no viciada por otras aspiraciones? ¿Debiera especificarse un criterio universal como mínimo común divisor para señalar lo que tiene o no calidad literaria y lo que puede o no renovar los discursos del cuento? ¿A quién le corresponde esa tarea? ¿Y los autores, no debieran ser los primeros críticos de sí mismos, lejos de la autocomplacencia? Permitidme esta actitud tan poco asertiva, tan inquisitiva, pero no quiero sentar cátedra sobre un asunto que, desde luego, acepta múltiples miradas. Simplemente, me preocupa que el cuento no esté hoy lloviendo sobre mojado. El cuento, mañana, vendrá de estas lluvias, y depende de todas las partes (autores, editores, críticos y lectores) que los lodos no ahoguen la capacidad del relato breve para cuestionar lo real, su vocación de maravilla y estremecimiento, esa naturaleza que un buen día atrapó al lector y le hizo ver que la vida era posible entre palabras.

Se está escribiendo mucho cuento en España y, a veces, se está escribiendo incluso buen cuento, desde un punto de vista formal. Cuando se ha dicho, y lo hemos dicho muchos, que el cuento comienza a gozar de buena salud en este país, uno ha interpretado que ya va siendo hora de abandonar el discurso de la queja, que si el cuento no tiene más presencia en los medios tal vez sea porque los medios tradicionales están demasiado condicionados por las inercias habituales del mercado editorial, que al cuento no le hace falta parecerse a otra cosa, y que, si bien poco a poco va ganando su espacio, tal vez su hábitat natural sea siempre periférico, como, no nos engañemos, le sucede a menudo a toda buena literatura. Pretender ocupar el cauce principal con el cuento es nadar contra la corriente. Ahora bien, de un tiempo a esta parte observo con una tibia preocupación que esa buena salud del cuento español se está quedando en la superficie. Porque sí, se publican cada vez más libros de relatos, y algunos incluso ganan cierta visibilidad, a través de importantes premios, a veces en algunos medios y de vez en cuando en las mesas de las librerías. Pero he de retomar mis dudas, he de volver a preguntarme y a preguntaros en voz alta si no estamos desactivando entre todos el potencial socavador y vivo del cuento en aras de la literatura de entretenimiento, de las mismas estrategias de producción y consumo que algunos cuentistas dicen despreciar, del placebo para todos y ninguna herida por la que respire una literatura nueva.

No venga nadie a darme la palmadita en la espalda ni a hablarme de pureza o de partidas de ajedrez. Sé muy bien cómo funciona este mundo, conozco sus reglas y soy lo suficientemente humano (es decir, contradictorio) como para desear sacar adelante mis proyectos, ahora como editor, pronto como escritor. Pero, sobre todo como lector, y como lector de cuentos en particular, creo que estamos ante un momento clave y delicado, al menos en el ámbito hispano. Supongo que es lícita la voluntad de todo escritor (como la mía propia) de hacer carrera, de vivir de la escritura si los planetas se alinearan, de dedicarse a lo que a uno le gusta sin tener que prostituir demasiadas horas en cualquier otra actividad profesional. En fin, escribimos, y nos apetece que alguien lea un día nuestro trabajo y nos pase de vez en cuando la mano por el lomo. Somos humanos. No hay nada malo en todo ello. Ahora bien, esa buena salud del cuento podría asentarse en un estado mucho más profundo de las cosas, para que el diagnóstico asegurara un cuento vivo el día de mañana. De lo contrario, si todo lo que anotamos como saludable en el cuento tiene que ver con la cantidad de títulos publicados, con la incidencia de estos en los medios o con la omnipresencia de algunos cuentistas, el futuro del cuento incuba el virus del tedio.

Pienso en voz alta. Escribo a vuelapluma. Creo que cada vez más escribo para los lectores, y no para el gremio, no para los demás escritores, no por la aprobación de nadie. Este espacio es sólo un cuaderno, un balcón abierto, una tertulia por turnos. Demonios, sólo es una bitácora, pero me basta para cuestionarme todo esto, para preguntarme y preguntaros si de veras el cuento goza de buena salud desde un punto de vista literario y creativo. Porque no lo sé, de veras, ya no estoy seguro. Cuanto más leo, cuanto más investigo, cuanto más estudio, cuantos más talleres imparto (con todo lo bueno y lo malo que tiene la escritura en un taller), cuantos más libros nuevos de relatos llegan a mi buzón (y cuando no hablo de ellos, no significa sólo que no me gusten, pues no todos los que omito están mal escritos, pero me desconciertan y no sé cómo abordar su crítica sin cuestionarme el futuro del cuento, si es que esos libros se quieren hacer pasar como buenos o, peor aún, como nuevos), cuanto más leo, edito y escribo, más me pregunto qué caminos le quedan al cuento para no morir de demasiada buena salud, para no atascarse en estos lodos, para poder llover con fuerza otra vez sobre aquél lector al que un día maravilló y le hizo temblar, con las manos abiertas y heridas, como recibe un niño la vida.

Insisto. ¿Qué es, exactamente, el relato contemporáneo? ¿Se está haciendo algo realmente innovador en el cuento? ¿Puede un libro formalmente bien escrito, como De mecánica y alquimia, de Juan Jacinto Muñoz Rengel, aportar algo nuevo si en 2009 trabaja premisas y modos de los clásicos orientales, de Borges o de los románticos ingleses? ¿Queda todavía espacio para esa innovación en un tiempo en el que ya todo parece haber sido escrito? ¿Nos hemos quedado en Tizón, Zapata, G. Navarro y Monzó como los últimos grandes bisontes blancos que hicieron algo de veras nuevo en el cuento? ¿Tiene sentido escribir Con la soga al cuello, de Flavia Company, si ya se ha hecho tantas veces antes y si la redacción austera y literal no se entiende como otra forma de exceso estético, de postura retórica, al fin? ¿Qué títulos o qué autores están trabajando entonces una renovación del cuento? ¿No son más viejas que el tebeo las propuestas de Yo también puedo escribir una jodida historia de amor, de Carlos Salem, gran tipo, o de Materia prima, de Francesc Serés, tipo listo? ¿Acaso da igual que no pretendan la novedad? ¿No es el propio título de Quédate donde estás, de Miguel Ángel Muñoz, una broma involuntaria y toda una declaración de principios que inhabilita cualquier riesgo literario, como luego sucede en sus cuentos? ¿Estamos, al final, ante una simple cuestión de subjetividad, afinidad y apetencia de autores y lectores? ¿Tienen el realismo castellano en La marca de Creta, de Oscar Esquivias o el neorrealismo generacional en Los borrachos de mi vida, de Nuria Labari, su cuota fija de lectores, su nuevo público objetivo? ¿Lo saben las editoriales? ¿Quedan o no editores irreductibles que apuesten por la literatura a cualquier precio? ¿Qué es literatura de riesgo (y me cuestiono a mí mismo): la fría audacia conceptual de Mirar al agua, de Javier Sáez de Ibarra; la demasiada perfección técnica de Sicilia, invierno, de Ignacio Ferrando; el trabajo demorado de Como una historia de terror, de Jon Bilbao; la sutil crueldad de La ciudad en invierno, de Elvira Navarro; el chiste sostenido de España, aparta de mí estos premios, de Fernando Iwasaki o la deriva estética de La soledad de los ventrílocuos, de Matías Candeira? ¿Arriesgar qué? ¿Por qué se acepta desde hace años como bueno el cuento encajado con precisión de relojero, si el cuento es una criatura viva e impredecible, si después de desmontar y volver a montar su mecanismo siempre quedaría una pieza fuera, prodigiosamente inútil? ¿Por qué Calcedo o Merino tienen más predicamento que Panero? ¿Por qué no se aprecia hoy en día el valor de una grieta, de una fisura, de un espacio de penumbra en el cuento? ¿Por qué tantos editores sólo quieren cuentos narrativos, que se entiendan, claritos y con buena letra? ¿Rechazarían un original de Kafka o de Beckett en 2009, si fuera firmado por un novel que no entiende cómo funciona este mundo editorial? ¿Por qué ya nadie lee otras capas por debajo de la primera lectura, por qué ya no hay discurso latente más allá de lo explícito? ¿Por qué esta adoración de la forma, del becerro de oro, y tan poco espíritu de búsqueda? ¿Se puede conciliar el criterio literario con la viabilidad de la edición? ¿Qué libro habrá vendido más ejemplares, después de todo, El trabajo os hará libres, de Espido Freire; Manderley en venta, de Patricia Esteban Erlés; Oficios, de Juan Carlos Márquez; El deseo de ser alguien en la vida, de Fernando Cañero; Submáquina, de Esther García Llovet; Carne, de Eider Rodríguez; Nosotros, todos nosotros, de Víctor García Antón; Estancos del Chiado, de Fernando Clemot; Órbita, de Miguel Serrano Larraz; Los objetos nos llaman, de Juan José Millás…? ¿Significaría algo, realmente, que el peor libro fuera el más vendido y el mejor un desconocido, o todo lo contrario? ¿Después de todo, qué libros de cuentos, o qué relatos, siquiera, recordará la gente dentro de cinco o diez años? ¿No iba de eso, la literatura, de rasgar para perdurar?

En definitiva, la gran pregunta regresa: ¿hay de veras un espacio para la crítica independiente? ¿No estaba justo aquí, en las bitácoras, en las revistas digitales, en cualquier página en la que escribiera la gente por amor al arte y sin rendirle cuentas a nadie? ¿No nos vamos a cargar entre todos ese espacio alternativo bailándole el agua al mercado, a las editoriales en las que querremos publicar un día nuestros cuentecitos, a los autores que nos hacen un poco de caso, a los lectores que comulgan con ruedas de molino? ¿Cómo reconocer una crítica desinteresada? ¿Por qué parece siempre que en este país de letras hay que jugarse el tipo, el futuro y la agenda si uno quiere decir de veras lo que piensa? ¿Y qué dicen los lectores? ¿Qué dicen los lectores, qué piensan de todo esto, qué les pasa por la cabeza cuando tienen un libro en la mano, una reseña delante, un autor en la sala? ¿Lee la gente en realidad, y de la poca que lee, cuánta lee bien? ¿Quién educa al lector, si medios, editores y autores son parte interesada, si el lector es para ellos un cliente? ¿Y ese lector que lee mucho y lee bien, de veras lee cuento? ¿Le importa a alguien, todo esto? ¿Y si al final dan lo mismo la búsqueda o el arte y un escritor escribe porque es lo que cree que sabe hacer, y un editor edita porque es lo que quiere hacer, y juntos lo venden, y unos lo compran y otros no, y no hay más, y eso del compromiso literario es un camelo? ¿Hay alguien ahí fuera? ¿Qué será del cuento, mañana?

31/10/09

Crónicas de un hombre-rana en Barcelona (I).

André Breton: ¿Los objetos de orden mágico tienen posibilidades de inserción en nuestra vida personal?

Juan Eduardo Cirlot: […] Al fin encontré un pedazo de arbusto quemado; con un fervoroso cuidado, lo tomé en mis manos y me lo llevé a mi casa, donde todavía lo conservo. Este «resto de fuego» me dice más de Schönberg que todos los libros y todas las partituras. Es así como llevo mi vida y mis problemas, como todos los hombres, frente a la invisible muralla del destino.

Cirlot en Vallcarca (Alpha Decay, 2008, p. 41-42)


Lunes, 19 de octubre de 2009.


Consigo un billete de última hora en el AVE a Barcelona. Hay algo en todo lo imprevisible que, sin obedecer a la lógica, me hace sentir humano. Tal vez sea la posibilidad de que todo se vaya al garete lo que mantenga mis sentidos alerta y me recuerde que vivir de veras es, sobre todo, improvisar. Tengo el tiempo justo, así que meto algunos libros en la maleta. No son para leer, son regalos para los viejos y los nuevos amigos. Como una maldición para mis horas muertas en los viajes, me mareo casi siempre que leo en movimiento, no importa el medio de transporte; por eso la lectura es para mí una forma de quietud, de espera, de convalecencia, que diría mon cher.

Atocha, el jardín húmedo y las tortugas. Viajeros, escobas, policías en cochecitos de golf, azafatas ariscas, estatuas con ojeras y algún hombre casado que merodea en la puerta de los lavabos, traje de ganador, maletín en mano y susurrando, a la caza de su ración diaria de cruising con algún bakala de hormonas revolucionadas. No puedo evitarlo, pero nunca he confiado en las corbatas.

La calle Téllez, la fosa invisible a cielo abierto. Los suburbios. Tomar velocidad. Guadalajara. El páramo. Mensajes al móvil y algún vistazo a la prensa en un vagón semivacío me salvan de una extraña sensación: en algunos tramos, la oscuridad es total ahí fuera, no hay luna, ni estrellas, ni puntos de luz en el horizonte. Por momentos, creo estar en el vientre de una anguila de luz que cruza el fondo de algún yermo submarino. Se lo escribo en ciento sesenta caracteres a una librera. Tomo uno con leche en la cafetería. Se me acerca un hombre con corbata. Se tambalea pero no parece peligroso. Se tambalea por los botellines, no es el AVE, no parece peligroso. Sólo tira un papel al suelo, como si aún estuviera en una taberna de Madrid y no en la barra del coche cafetería del AVE. Le etiqueto como inofensivo porque no se preocupa en parecer educado y además le mira el culo a la azafata. Regreso a mi asiento, al vagón semivacío, al vientre de la anguila y miro las fotografías de la revista Paisajes (ya he dicho que, viajando, apenas puedo leer dos párrafos seguidos sin marearme). Soy un Jonás postpoético. La película que cuelga del techo es infumable. Guerreros y mamporros al estilo Conan pero en versión marca blanca. Épica de Carrefour.

Llego pasada la medianoche a Sants y cambio la anguila por gusanos que horadan las tripas de la ciudad (el nuevo túnel del AVE se tragará la Sagrada Familia cualquier día; eso sí será como los gusanos aquellos de Dune, para verlo). El metro de Barcelona no está pensado para acarrear maletas. Salgo a la superficie en la boca de metro Monumental, mi barrio de siempre (quince años fuera y la sensación sigue siendo la misma). Bajo la penumbra amarilla de las farolas, la puerta principal de la plaza de toros parece la boca de un dragón jubilado, sin dientes, casi inofensivo, sin corbata. El catalán en los rótulos ("Sol i ombra") me hace pensar en la desubicación, en la cabra y el garaje, en la cabra como cebo, atada a las afueras del pueblo, por si el dragón picara el anzuelo, aceptara su cena y se le pudiera dar el descabello todavía dormido.

Para mí, la plaza Monumental de Barcelona siempre fue otra cosa. Nunca me interesó demasiado el asunto taurino, ni para desgañitarme a las puertas de la tortura, ni para hacer un panegírico trasnochado y pedante al estilo Dragó-Boadella. Para mí la Monumental fue siempre el tugurio triste de los circos, los fuegos artificiales y las hogueras de Sant Joan, coca y cava en la terraza, mis primeros conciertos de rock de los ochenta, Bob Marley o Rod Stewart atronando, amortiguados, por la Gran Vía, hasta la terraza, en un tercer piso, desde la que me asomaba al verano. Luego vendrían Metallica o Iron Maiden y mis primeros cabezazos sobre el albero, qué faena, dos orejas y el rabo para aquellos grandes cabrones del metal. Vendrían también los muslos de una morena en mis orejas, primero a caballo sobre mis hombros en un concierto de Eros Ramazotti, luego cobrándome el detalle, mi cara entre sus muslos y el primer sabor del fuego en la boca. Qué faena. Las dos orejas. Y el rabo.

Antes de llegar a casa (a la que hoy es la casa de mi hermana), paso por un punto del Bicing y observo una solitaria bicicleta, anclada pero hecha añicos, doblada sobre sí misma, destrozada quizá por la rabia de un borracho que no ha podido robarla para ahorrarse una caminata. Ahí, retorcida y amarrada, parece un toro de lidia a punto para el despiece, o una cabra mordida por un dragón más listo. La ira de los perdedores es perra vieja y no suele morder los anzuelos. Los perdedores son de fiar, no llevan corbata y gritan cuando torean bicicletas. Matadores de bar, picadores a pedales.

Cruzo la Gran Vía, observo los bulbos blancuzcos y morunos de la Monumental, recuerdo aquellas gaviotas que los coronaban, cuando aprendieron a cazar palomas y a despellejarlas luego sobre el tejado de la iglesia de enfrente, bajo mi ventana. Veo de lejos la punta de la torre Agbar, esa mole fálica que parece un remedo de los bulbos de azulejo de la Monumental. Me distraigo lo justo, y un claxon me detiene en el bordillo. Pasa una sombra negra y amarilla, un taxi Citroën. Mientras se aleja, el hombre, como una estatua al volante de un abejorro de metal, me da la bienvenida con un insulto en catalán y una peineta. Es el mismo cruce en el que me atropelló de niño una furgoneta Dos caballos. Por no estar alerta, casi me mata a los nueve años una furgoneta azul de hojalata, en el mismo cruce, ahora con paso de cebra y semáforo. Ahora con una paloma muerta y destripada en ese paso de cebra, a las puertas de la iglesia del Roser, a diez metros de mi portal. Los resortes del destino son imprevisibles. Estoy vivo. Tengo el tiempo justo. Estoy en casa y presiento grandes cosas. Es hora de improvisar.

30/10/09

Microrregalo.

El pasado 22 de octubre, para celebrar las cien mil visitas en su página, el escritor Juan Carlos Márquez ofreció a sus lectores el relato «El progreso», que forma parte del original que quedó finalista del premio Ribera del Duero. Causa cierta sorpresa que dicha colección de cuentos no se haya convertido ya en libro, a estas alturas, sobre todo cuando el ritmo de publicaciones en relato está rozando la saturación en este último trimestre del año. Saturación por títulos desde diversas editoriales y sin embargo, salvo heroicas excepciones, desolación en las propuestas literarias. En fin, cosas del mundo editorial.

Yo, que todavía soy un escritor pequeño y torpón, y que saco adelante esta página que, contra viento y marea, ha pasado ya de los cien mil visitantes en sus pocos años de vida, no tengo gran cosa que ofreceros. Mi agradecimiento. Mi gratitud hecha sorpresa, a menudo, por el hecho de que siga habiendo lectores al otro lado. Por eso, porque me sigue pareciendo inaudito que, entre toda esta marea de bitácoras, libros, revistas y panfletos, alguien encuentre unos minutos para leer mis derivas, quiero haceros un microrregalo. Lo escribí para ese concurso al que todo Dios ha mandado un micro, pero me temo que no se ha comido una rosca. Por algo será. De hecho, creo que esta historia es más el germen de un relato breve, de tres o cuatro páginas, que un microrrelato en sentido estricto. Así que no hay mal que por bien no venga: aprender a renunciar siempre es una buena escuela para el escritor. No sé si este chico sin brazos pasará de aquí, ni si me apetece o viene a cuento contar su deseo en 1.000 palabras, en vez de 100. Pero mientras preparo algunas reseñas, un nuevo curso de literatura de viajes, dos artículos, una crónica y tres antologías (arf, arf... un momento, que respiro), ahí os lo dejo. Creo que, de haberlo recibido en el Diomedea, igual también me lo cargaba.
Feliz fin de semana a todos.

AJENJO



EL CHICO SIN BRAZOS sueña con ser médico.
Dejó a la madre y a las siamesas en su granja de Ucrania y llegó aquí para comprender cómo juega la genética con las piezas del cuerpo: sus manos le nacen de los hombros como brotes en un tubérculo rancio.
Los otros estudiantes se mofaban de él, le empujaban para hacerle caer o le llamaban dinosaurio. Un día, el chico sin brazos embistió a uno de segundo y le arrancó la lengua de un mordisco, con una furia antediluviana.
Ahora, en su celda, cada noche atenaza el diccionario con sus manos terribles y aprende una palabra nueva.
Ya va por «ajedrez».
«Ajenjo» es propiedad de © Sergi Bellver 2009.

19/10/09

Breves y agenda.

(entrada actualizada a 19.10.09)

Durante la semana que hoy empieza estaré en Barcelona, encontrándome con editores, autores, libreros y amigos, y me apetece daros noticia de algún que otro evento, por si os puede interesar. También aprovecho esta entrada para compartir ciertas actividades de algunos amigos de esta bitácora y comunicaros un par de asuntos, amargo uno (ver mi comentario a esta entrada), ilusionante el otro.

*

El martes, día 20, a las 19 horas, tengo una cita en la que me haría especial ilusión encontrar a algunos de los amigos y lectores de esta bitácora que residen en Barcelona:

Dentro del ciclo de tertulias Vine a fer un café amb ("Ven a tomar un café con") de la Biblioteca Francesca Bonnemaison, y en la Sala Dante, Jordi Corominas i Julián y un servidor charlaremos acerca del presente y del futuro de la edición independiente.

Os paso los enlaces (en catalán):

Vine a fer un café amb, a l'Espai Francesca Bonnemaison

También aquí.

Y si os apetece, en el mismo espacio se encuentra el Centre de Cultura de Dones ("Centro de Cultura de Mujeres").

*

El próximo jueves 22 se inaugura oficialmente el nuevo curso 2009-2010 en L'Escola d'Escriptura de l'Ateneu Barcelonès, toda una institución cultural en la ciudad. Allí estaremos algunos profesores del centro hermanado, Escuela de Escritores de Madrid.

*

El lunes, día 19, se inicia en la librería Laie de Pau Claris una serie de conferencias que promete mucho (atentos a Laura Borràs) y que está relacionada con nuestra actividad al frente de bitácoras literarias, colaborando con revistas digitales y demás. Copio de la página de la librería:

Ciclo de literatura digital

"Las posibilidades de creación y difusión de la literatura que ofrece actualmente la tecnología, implica frecuentemente un cambio radical en la manera de entenderla (nuevos géneros, problematización de la noción de autoría, hibridación con otras disciplinas) y en la manera de leerla e interpretarla. Estas sesiones quieren ofrecer al público interesado en la literatura las herramientas bàsicas para navegar a través de un nuevo mundo de letras."

*

El martes, día 20, a las 20.30 horas, y tras la tertulia en la Bonnemaison, Jordi Corominas y un servidor iremos a la fiesta de Alpha Decay en el Minusa Club (C/ Valencia, 166), donde presentará sus libros Matar en Barcelona, Socorrismo y Cul-de-sac. Se rumorea que Antonio Luque/Señor Chinarro está preparando una canción especial e inédita para el evento. Pasaros por allí, será divertido, punk e inolvidable, como fue ya en Madrid.

*

Gracias a nuestro amigo Iván Humanes me entero de que el Área de Cultura Contemporánea de Fedelatina y el Laboratorio de Escritura han organizado una actividad que estoy seguro que interesará a muchos: Roda el món 2009 (ver página para conocer todos los detalles), primer ciclo de literatura latinoamericana y catalana, una serie de mesas redondas y talleres que tendrán lugar las tardes del 22 y 23 de octubre, jueves y viernes, en Casa Elizalde.

*

Los bloggers y camaradas Pepe Cervera y Francisco Ortiz publican nuevo libro. Con motivo de su reciente libro de relatos Conozco un atajo que te llevará al infierno (Ediciones de Aquí), Pepe ha sido entrevistado en El Síndrome Chéjov. Por otra parte, está a punto de aparecer Última noche en Granada (Mira Editores), de Francisco Ortiz.

*

Carmen Moreno, poeta entre otras cosas, arranca una nueva página,
Letratlántica, con una entrevista al loopoético y ubicuo Jordi Corominas. Mucha suerte en esta nueva singladura, Carmen.

*

Están a punto de aparecer dos antologías de relatos más que apetecibles (sutilmente relacionadas y con algunos buenos escritores amigos en ellas), y para cada una se ha confeccionado una bitácora en Blogger que podréis seguir desde este momento: Antología hispánica del cuento Beatle (Páginas de Espuma) y Asamblea portátil. Muestrario de narradores iberoamericanos, con selección y prólogo de Salvador Luis Raggio (Editorial Casatomada), de la que daré más detalles en breve y con algunas jugosas sorpresas.

*

A partir del próximo martes y hasta el lunes, día 26, es posible que vaya publicando de manera diaria en esta bitácora una crónica impresionista de este viaje a mi ciudad natal, que no visito desde hace demasiados meses.

*

No puedo revelar más datos por ahora, pero acaban de confirmarme una complicidad que va a hacer que 2010 se convierta en un año muy especial para mí, para el cuento y también, si se me permite, para todos vosotros que amáis el relato breve (con perdón por la expresión, tan cierta como "cursi").

Feliz semana a todos.