Aunque se conserva la antigua URL, hace MUCHO tiempo que esta bitácora YA NO se llama Alas de Albatros.
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16/07/09

Curso de Literatura de viajes en Madrid.

Literatura de viajes Literatura de viajes

Como tal vez algunos recordarán, el pasado Día del Libro, 23 de abril, tuve el placer de impartir un breve taller de Literatura de viajes en el Jardín Botánico de Madrid. También el pasado mes de mayo me invitaron a dar un taller de dos días sobre Literatura de viajes en el marco del LILEC'09, la Feria del Libro y de la Lectura de Almería. La versión virtual del curso, del que redacté el temario el año pasado, ya ha conocido varias ediciones, pero creo que es en persona, cara a cara, donde el taller cobra toda su dimensión y se establece un intercambio más fluido con los alumnos. Por fortuna y por fin, el curso va a conocer su versión presencial, después de cuatro ediciones en Internet.

El próximo lunes, día 20 y a las 19 horas, dará comienzo el taller en la sede de la Escuela de Escritores, en la calle Ventura Rodríguez, 11, 1º, muy cerca de Plaza de España y de las calles Princesa o Ferraz. Serán cinco sesiones de dos horas repartidas en dos semanas y en días alternos, es decir, un taller intensivo y que por lo tanto se puede compaginar con otras actividades o encajar antes o después de vuestras vacaciones. Os hago este recordatorio porque tal vez pueda resultar de vuestro interés, o tal vez del de vuestro amigos y conocidos, si comentáis la noticia con ellos, y me gustaría mucho poder ayudar a quien lo desee a mejorar las narraciones de sus viajes. Todavía quedan algunas plazas libres para el curso (limitadas, eso sí, para una mejor atención al alumno).

Os dejo el enlace con toda la información. En el caso de que os interesara, la matrícula se puede formalizar hasta el mismo lunes por la mañana:

Curso presencial de Literatura de viajes en Madrid

También a partir de los próximos días 3 de agosto y 7 de septiembre tendrán lugar dos nuevas ediciones del curso de Literatura de viajes en Internet, de un mes de duración y con cuatro entregas, como de costumbre:

Curso de Literatura de viajes en Internet

Un abrazo a todos y, tanto si nos vemos el lunes como si no, espero que tengáis felices viajes este verano.

10/07/09

Siete-mil riales de Omán.

Al cambio, más o menos, eso es lo que se llevará el ganador del Premio Setenil en curso: doce mil euros para aquel libro de relatos que el jurado considere "mejor" entre los publicados en España entre el Día del Libro de 2008 y el de 2009. A vuelapluma y sin rodeos, se me ocurre hacer algunos comentarios sobre este certamen, que en cierto modo alienta a la publicación de relatos por parte de algunas editoriales, lo que no es poco, tal y como está el asunto. Creo que ése es el principal efecto secundario (en clave positiva) de premios como éste, como el Hucha de Oro y otros a libros publicados: cada editorial asume sus riesgos y recoge lo sembrado con cada libro de cuentos, pero si el Premio Setenil (o similares) ayuda a mantener el interés de algunos editores por el cuento, bienvenido sea.

Ni que decir tiene que sólo cobra sentido un premio cuando es honesto y transparente. De entrada, creo que la trayectoria del Setenil mueve a cierta confianza, si reparamos en la nómina de finalistas del año pasado, o en la editorial del autor que se llevó los siete mil riales omaníes (quiero decir, doce mil euros) en 2008: Ediciones del Viento, un sello independiente gallego que apostó por Oscar Esquivias y La marca de Creta. También la presencia de Javier Tomeo en el jurado hace pensar en una lectura más ácida y moderna (si se me permite el exabrupto) de los textos, lo que anima a los autores más arriesgados. Ahora bien, a esto cabe hacer dos apostillas: por un lado, todo depende siempre de la labor del prejurado (bien está que conozcamos los 74 títulos candidatos, para calibrar mejor a posteriori la selección de finalistas), y por otro, la nota oficial del Ayuntamiento de Molina de Segura (la entidad que convoca el premio) este año comete el desliz (a mi parecer, ya que le hace un feo a los demás cuentistas) de añadir el siguiente párrafo: "Entre los autores que optan a este VI Premio Setenil se encuentran algunos tan conocidos como Ignacio Martínez de Pisón, Juan Bonilla, Juan José Millás, José María Merino, Espido Freire, Vicente Molina Foix, José Luis Borau, Albert Sánchez Piñol o Miguel Ángel Muñoz". Mal asunto para todos los candidatos que se comience a señalar con el dedo y a priori a unos autores sobre otros. Un feo, cuanto menos, como digo, ya que el trabajo y las ganas no conocen apellido. En todo caso, la decisión final será la que cuente, como es lógico, y ahí veremos si el jurado del Setenil permanece fiel al texto, al cuento y a lo literario, prescindiendo de lo demás. Creo que el certamen ya goza de prestigio por sí mismo y no necesita de ninguna estrategia por la tangente, ya que no existe a posteriori la expectativa de una publicación o de una rebanada de ningún pastel editorial (el premio es para el autor, aunque la editorial consigue cierta difusión para "relanzar" su libro, por supuesto).

Esperemos que este año, por lo tanto, no venga ninguna vaca sagrada con la pataleta de turno, si es que no gana el premio. Con esas rabietas que pretenden denunciar no se sabe muy bien el qué, el único retratado termina por ser siempre el ego del cascarrabias en cuestión. Confiemos en el buen hacer de todos y a ver qué pasa. Repasando la lista de candidatos creo que podemos concluir insistiendo en algo que ya se ha dicho en otras ocasiones en este espacio: desde el punto de vista editorial y de los medios, todavía queda mucho camino por recorrer para el cuento contemporáneo, pero desde el punto de vista creativo, creo que la cosecha ha sido bastante buena en general, con algunos títulos de los que, con siete mil riales o sin Setenil, nos seguiremos acordando dentro de unos años.

De entre los 74 títulos candidatos (puede consultarse la lista completa en la página Molina digital, o en las bitácoras El síndrome Chéjov y Relataduras), hay unos cuantos que he leído o catado y de los que se me ocurre detallar algunas cosas. Quien quiera, que haga su propia "porra". Y que ustedes los lean, sobre todo, que es lo que importa.

1. Oficios, de Juan Carlos Márquez (Castalia)
Un autor muy productivo, que el año pasado ya llegó a los finalistas con Norteamérica profunda. Para no repetirme sobre este nuevo libro, se puede leer en esta bitácora mi reseña de Oficios. No debiera tenerse en cuenta su Premio Tiflos, ya que las bases permiten presentar un libro ya premiado. Como este hombre es de Bilbao, es capaz de todo...

2. Cenizas, de Gonzalo Calcedo Juanes (Pre-Textos)
Un libro muy en la línea de Calcedo, solvente, bien resuelto, impecable, aunque tal vez ése sea el "pero" que se me ocurre ponerle, precisamente: que sigue en la línea de Calcedo y ésta comienza a ser un poco recta.

3. Aeropuerto de Funchal, de Ignacio Martínez de Pisón (Seix/Barral)
No he leído este libro, pero sí varios de sus relatos, ya publicados con anterioridad, por lo que a pesar del ilustre apellido, creo que debieran tenerse en cuenta las bases del Setenil, no sea que luego venga nadie a impugnar nada.

4. Tanta gente sola, de Juan Bonilla (Seix/Barral)
He comenzado a catarlo y a alegrarme del regreso de Bonilla al cuento. Además, Pre-Textos acaba de reeditar El que apaga la luz con algún nuevo texto. Los Bonilleros (en ningún caso nocilleros) están de enhorabuena.

5. La soledad de los ventrílocuos, de Matías Candeira (Tropo Editores)
Ha de venir una reseña de este libro en esta bitácora, y no tardará mucho. Creo, sin ambages, que estamos ante uno de los debuts más interesantes y originales del año. En esta ocasión el lugar común de la crítica, lo de "una voz propia" es, por una vez, un lugar cierto.

6. Cuatro veces fuego, de Lara Moreno (Tropo Editores)
7. Malas influencias, de Sergio del Molino (Tropo Editores)

No he podido más que catar estos dos libros, bien trabajado el segundo y arriesgadamente lírico el primero. En todo caso, creo que la candidatura más seria de los editores zaragozanos en este año es la de Candeira.

12. Sicilia, invierno, de Ignacio Ferrando (JdeJ Editores)
Sin rodeos, uno de los libros del año. Aun con las mínimas apostillas que le hice en su día a Ferrando en esta bitácora, con mi reseña de Sicilia, invierno, creo que si este autor no publica pronto en un sello fuerte será por pura miopía del sector editorial. Pocos narradores tan escrupulosos con el texto y la forma se me ocurren.

14. Los objetos nos llaman, de Juan José Millás (Seix-Barral)
No es el mejor Millás, pero entre las vacas sagradas de este año para el Setenil es uno de los que cumple mejor con sus cuentos.

18. Con la soga al cuello, de Flavia Company (Páginas de Espuma)
De todo el desembarco espumoso (cinco títulos), no es éste desde luego el que más números tiene para llevarse el gato al agua. No creo que el jurado del Setenil sea de la cuerda de esta heredera (más voluntariosa que real) de Fleur Jaeggy.

19. Propuesta imposible, de Javier Sáez de Ibarra (Páginas de Espuma)
Javier Sáez de Ibarra tiene un serio competidor este año: el propio Javier Sáez de Ibarra. Y es que después de Mirar al agua las huestes del cuento verían con ojos inyectados en vino (ya que de Ribera hablamos) su hipotética victoria. Un dilema, porque Propuesta imposible me parece uno de los mejores títulos del catálogo de Páginas de Espuma en 2008 (en lo que llevamos de 2009 sería La fe ciega del argentino Gustavo Nielsen, sin duda).

20. Las puertas de lo posible, de José María Merino (Páginas de Espuma)
Ahora entiendo por qué donde dije Merino digo Tomeo. En fin, el maestro Merino se merecía optar alguna vez al Setenil y lo hace con un libro muy digno, pero creo que sería bueno fijarse en los que vienen pisando fuerte, esa horda de jóvenes hambrientos.

21. El trabajo os hará libres, de Espido Freire (Páginas de Espuma)
Sí, el libro ha tenido buenas críticas. Sí, Espido Freire se ha llevado este año el Premio Llanes de Viajes. Sí, otro apellido de postín para la lista. Pero con franqueza, con humildad y con todo el respeto del mundo, creo que es el más flojo de los cinco libros de cuentos presentados por Páginas de Espuma.

22. Quédate donde estás, de Miguel Ángel Muñoz (Páginas de Espuma)
El regreso del caballero de la adusta figura. El responsable de El síndrome Chéjov (la bitácora) vuelve a experimentar un crisol de voces tras su primer libro, a no conformarse con sacar el rodillo y repetir el mismo cuento.

27. El boxeador polaco, de Eduardo Halfon (Pre-Textos)
Guatemalteco nacionalizado español y flamante finalista del Ribera del Duero (como Juan Carlos Márquez), para mí es el responsable de otro de los libros del año, aunque me temo que teniendo en la cabeza la ortodoxia y la praxis del cuento que tenemos en este país, el libro en cuestión es más un compendio de textos que de relatos y no se llevará el Setenil. Léanlo, en todo caso, porque merece la pena, como ya dije en su día, con mi reseña de El boxeador polaco.

29. Nosotros, todos nosotros, de Víctor García Antón (Gens ediciones)
Libro incomprendido por unos pocos, admirado por unos cuantos y adorado por más de uno, me parece otro de los títulos del año, la confirmación de su autor como magnífico cuentista tras Amor del bueno. Por méritos estrictamente literarios, creo que merecería estar entre los finalistas del Setenil. Lean por qué en mi deriva de Nosotros, todos nosotros.

31. Submáquina, de Esther García Llovet (Salto de Página)
32. Como una historia de terror, de Jon Bilbao (Salto de Página)

Marco estos dos libros de manera conjunta por varios motivos. Primero, porque los dos, para mí, irían de cabeza a una hipotética decena de finalistas. Luego, porque Salto de Página presenta dos libros muy parejos en su calidad literaria. El de Jon Bilbao ya obtuvo un premio importante e insito en lo que he comentado sobre Oficios. Incomprensiblemente, el de García Llovet no ha tenido todo el eco que merecía. Sería una buena ocasión para que las leyes del karma hicieran su trabajo. Más detalles en mis reseñas de Submáquina y de Como una historia de terror.

35. Órbita, de Miguel Serrano Larraz (Candaya)
El trabajo de hormiga de Candaya terminará por cosechar su recompensa más tarde o más temprano, pero aunque, como dije en mi reseña de Órbita, el libro tiene más aciertos que deslices, alzarse con el Setenil sería un premio excesivo para los cuentos de Miguel Serrano. Eso sí, al tipo, humilde y franco donde los haya, le daba yo los siete mil riales de Omán.

37. La ruta de Waterloo, de Adolfo García Ortega (Menoscuarto)
38. Un mortal sin pirueta, de Ernesto Calabuig (Menoscuarto)
39. El amigo de invierno, de José Luis Borau (Menoscuarto)

Menoscuarto siempre en la brecha y con las botas puestas. Como no recibo sus novedades (ya son unas cuantas editoriales las que me mandan sus títulos para una posible reseña en esta bitácora o en alguna revista), he de leerlas de prestado, catarlas en la librería de costumbre o pedirlas prestadas a un amigo. Ya lo sé, también existe el verbo "comprar", pero a día de hoy no lo puedo conjugar demasiado. Caté pues los libros de Calabuig y García Ortega, algunos cuentos, y el del gran Borau sigue intacto. En fin, me dejaron buen sabor de boca, aunque lo mejorcito de este año en Menoscuarto se lo he leído a Moyano, que no está en la pomada.

46. Estancos del Chiado, de Fernando Clemot (Paralelo Sur)
Una pequeña sorpresa este libro melancólico, demorado y vivo. Me lo hizo llegar el autor, o la editorial, no lo sé porque apareció sin previo aviso en mi buzón. Creo que de entre las editoriales más periféricas es el título que, de momento y aún con algunas objeciones, más me convence.

60. Abierto para fantoches, de Patricia Esteban Arlés (Dip. de Zaragoza)
En cuanto a ediciones periféricas también hay que destacar la de esta autora aragonesa, que en 2010 va a pegar con fuerza, ya lo verán. El año pasado consiguió entrar en la lista de diez finalistas del Setenil con Manderley en venta. Lo tendrá más difícil en esta ocasión, vista la competencia.

61. Revelaciones y magias, de Miguel A. Zapata (Traspiés)
No he podido catarlo aún, pero conociendo al autor, y si ha porfiado en su imaginario y formato habitual, es posible que el microrrelato le deje a cierta distancia de lo que tal vez espera el jurado de un premio como éste.

68. Yo también puedo escribir una jodida historia de amor, de Carlos Salem (Escalera)
A día de hoy creo que Carlos Salem, autor prolífico y expansivo donde los haya (novela, poemario y libro de relatos en un mismo año no puede ser bueno para la salud) es más solvente en la novela negra (que quede por escrito en la Semana Negra de Gijón, ya que estamos) que en el cuento. Un libro menor, a mi juicio.


*


¿Mi pronóstico? Ni idea, tal vez ganarán Merino, Bonilla o de Pisón, tal vez Millás o Molina Foix, a lo peor, y que habrá alguna que otra ausencia clamorosa entre los finalistas. Alguna vaca sagrada puede incluso que se comporte como un jeque de Omán, sin sus siete mil riales ni su Setenil. Mi deseo (que no es lo mismo) es que los lectores conozcan y lean un puñado de buenos libros de esta añada fértil. Y mi criterio (que tampoco es lo mismo) me llevaría a dejar por escrito mi decena de finalistas, pero declino. No me apetece seguir "haciendo amigos", que es lo que pasa en este mundillo literario cada vez que uno dice lo que piensa o deja de nombrar a Fulano. La gente se queda más con el titular que con el argumento. Paso. La verdad, ya me he ganado unas cuantas espaldas de más. Haced la "porra" vosotros. Y que Chéjov reparta suerte, camaradas.

4/07/09

Balada para un loco: Astor Piazzolla.

El 4 de julio de 1992 fallecía en Buenos Aires el maestro Astor Piazzolla, quien con su bandoneón revolucionó la ortodoxia del tango, no sin una oposición frontal de la curia porteña de la época, para quienes siempre fue un descarriado, un hereje insolente.

Piazzolla supo beber de fuentes que no estaban en el santoral del tango tradicional, y en su búsqueda arriesgada e innovadora no dejó nunca de existir un hilo deudor desde Bach y demás pilares de la música clásica hasta Gershwin y otros grandes del jazz. Pero por encima de todo Astor Piazzolla, desoyendo todas las voces críticas con una lucidez que otros tacharon de ignorancia, de locura o de provocación, y a través de su estilo y de su perseverancia, logró inscribir en su música irrepetible la más pura esencia de la condición argentina. Y es que en todas las artes al pionero, al adelantado a su época, le toca en primer lugar la lapidación, para que a su debido tiempo esas mismas piedras sirvan para erigirle un pedestal, el mismo en el que la música argentina tiene desde entonces al maestro. Piazzolla dijo que el tango no debía limitarse "al canon de una permanente tradición", y en un día como hoy, diecisiete años después de su desaparición, sus palabras convocan , en lo que me toca en una bitácora como esta, a una reflexión sobre la actividad artística en general y en particular sobre el estado de la literatura contemporánea en castellano.

Un escritor del ahora ha de beber de muy distintas fuentes, sin renunciar a los basamentos más sólidos de la tradición, pero sublimándola y trascendiéndola, a través del trabajo y de la confianza en el propio estilo, sin hacer demasiado caso de las voces más formales, esquivando las piedras de los mediocres y de los popes de turno. Nada garantiza que al final del camino la búsqueda dé el fruto esperado, pero porfiar en ella es la única manera posible de conciliar lo artístico y lo artesano, el deseo y lo literario, lo concreto y lo universal, por encima de toda inmediatez, de las modas, los tabúes y las inercias del mundo editorial.

Va por ti, maestro Piazzolla, por esas derivas que tampoco yo entiendo hasta mucho tiempo después, por regalarme la banda sonora de un cuento amargo, y porque quiero pensar que en mi libro también habrá un poco de padre muerto y de patria diluida, de ignorancia audaz, de bendita locura y de herejía.


28/06/09

En cadena.

Inaudito. De nuevo, los lectores se revelan como el más valioso hallazgo en esta página. Tras desvelar una de mis enfermedades crónicas (bibliofilia severa), ya han llegado cuatro libros a mis manos: desde Asturias a mi buzón, Morfología del cuento, de Vladimir Propp; desde Barcelona, vía librerías Laie, Apuntes hacia una pequeña teoría de lo visible, de John Berger y El diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce; y también desde Barcelona a mi buzón, El pensamiento del afuera, de Michel Foucault (en la edición de Pre-Textos de 1988, nada menos). Merci beaucoup, mes amis!

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En uno de los artículos más recientes de la cada vez más interesante Revista de Letras se rememora el legado y la figura de Michel Foucault, pensador de una estirpe de la que ahora andamos un tanto escasos. El otro día conversé con un amigo acerca de esta revista literaria digital y la charla me hizo reflexionar sobre ese tipo de páginas. Muchas personas ofrecen de manera gratuita (y loable) su tiempo y su esfuerzo para dotar de contenidos iniciativas como Revista de Letras y otras muchas publicaciones. Sin embargo, la mayoría de estas revistas, incluyendo la susodicha, se enfrentan a un dilema complicado: la necesidad de material para seguir publicando con cierta regularidad contra la conveniencia de una cierta criba en esas mismas colaboraciones. Apenas encuentro salvedades en todas las publicaciones digitales que me vienen ahora mismo a la cabeza (en formato revista, cuaderno, fanzine o foro abierto, con una periodicidad específica, imprevisible o en función de los artículos, pero páginas literarias colectivas en todo caso) alternan colaboraciones interesantes con intervenciones menos afortunadas: La tormenta en un vaso, Diagonal, Hermano Cerdo, El coloquio de los perros, Espacio Luke, Siete de siete, Narrativas, Masacre en los jardines, etcétera. De repente uno encuentra en esas páginas artículos estupendos, reseñas e ideas que merecerían una mayor difusión junto a textos de compromiso, pantomimas de los acólitos habituales o movimientos estratégicos que se le podrían ahorrar al lector.

En fin, tampoco es algo endémico de lo virtual: en los suplementos culturales de los diarios y en algunas de las mejores revistas literarias impresas (incluidas dos de mis favoritas, Quimera y Letras libres) sucede exactamente lo mismo. Sólo me preocupa que esa inercia se contagie por sistema del papel al bitio, cuando lo virtual debiera quedar como espacio de absoluta independencia. Supongo que no es fácil decirle a un colaborador habitual que su texto no lleva a ninguna parte (más allá del intento de promoción del responsable), y renunciar con ello al artículo y muy probablemente al colaborador (cuando no al amigo, incluso: el ego de los escritores es muy delicado, como bien sabemos), pero sólo dejo por escrito mis cavilaciones por si le sirven a alguien. Creo que, en el dilema expuesto, a corto plazo puede resultar complicado mantener un criterio firme para aceptar sólo los mejores textos y sacar adelante con ellos una revista literaria, pero a medio plazo ese método sólo puede redundar en beneficio de su calidad y, por lo tanto, logrará con el tiempo la fidelidad de los lectores. Una revista, como un catálogo editorial, ha de tratar de acertar en cada apuesta (no siempre posible), pero ha de mantener sobre todo un sello en todo lo que haga (asumible a partir de unos mínimos).

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Otra de esas publicaciones es Calidoscopio, la revista antes conocida como panfleto (a lo Prince). Para el mes de julio prepara un especial canalla y delirante (en estado alterado de conciencia), pero en su último número todavía se pueden encontrar algunos textos interesantes, de esos que merecerían una mayor difusión, una impresión en rotativas o, cuanto menos, quitarle la silla por un día a tres o cuatro «profesionales» (de esquina, labial grumoso y bolso de lentejuelas) de la crítica que ya han amoldado su trasero en cualquier columna, farola o suplemento cultural. Calidoscopio, como cualquier otra página, no es ajena a lo comentado en el eslabón anterior de esta cadena a vuelapluma, pero también permite que a uno, de repente y por ejemplo, le sorprenda una librera de Cambrils (Tarragona) escribiendo sobre escritoras sin aburrir con los lugares comunes de siempre, y logrando lo que debiera conseguir siempre un texto: contagiar la pasión de quien firma por el tema del que escribe. En casos así uno toma conciencia de todos los matices que las palabras amateur y «profesional» adquieren cuando las aplica a las esquinas peor alumbradas de lo literario.

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Uno de los responsables de Calidoscopio (iniciativa bicéfala, entre Madrid y Barcelona) tiene la culpa de que un servidor participe como jurado, prescriptor, elector o uomo di respetto (a lo Corleone) para la sección Arroz negro de la revista BCN Week. Desde hace unos días ya están disponibles los dos nuevos textos seleccionados. Circulan por la ciudad en cualquiera de los 15.000 ejemplares impresos y aguardan en la red para los lectores de toda la galaxia (¿tendrán WiFi en Ganímedes?). Como ya avancé en su día, los autores de este mes son dos conocidos de esta bitácora, bloggers activos, habituales del Diomedea y de otras lides: Manu S. Vicente y Gilda Manso.

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Hablando de bitácoras, de textos, de cuentos, de publicaciones y de iniciativas, desde hace unos días circula por la red, como un rumor, el Proyecto Troyanos. No sé en qué quedarán todas esas pistas y declaraciones de intenciones (algo pomposas a veces, pero sugerentes en todo caso) que van dejando por ahí, ni si al final del sendero estará la bruja o la casita de chocolate, si todo ese proyecto no es más que un cuento chino o de veras se están tomando un trabajo de chinos, pero desde luego, si no se tuerce ni es un bulo, la cosa promete. Veremos qué pasa. De momento tiene buena pinta.

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Una de las muchas cosas que comentan estos troyanos, y que a mí particularmente me interesa, tiene que ver con la relevancia que va cobrando día a día el idioma castellano en países como Brasil y Estados Unidos. No sé hasta qué punto ese fenómeno tiene una incidencia real en lo literario, ni si hay un movimiento editorial apreciable en cualquiera de esos dos países que recoja la creación literaria autóctona (o inmigrada) en castellano. Tendría que investigarlo. El caso es que ayer, cuando desperté, en ese fructífero estado de duermevela (una ebriedad serena y calidoscópica) que precede a la vigilia completa, tuve una visión: Iowa. Luego el intelecto, la razón y todos esos torpes invitados quisieron llevar la fiesta a su terreno y me hablaron de Chicago, de Nueva York o, por supuesto, de Los Ángeles, Miami o San Diego. Pero nada que hacer. De hecho, si algo me atrae de Estados Unidos está en otra parte, en los paisajes de otros estados: Wyoming, Montana, Oregón, Vermont, Arizona, Wisconsin, la California no urbana… Nada que hacer, como digo, la fiesta ya tenía su protagonista (un borracho lúcido y carismático): las Grandes Llanuras del Medio Este, el condado de Madison, las anodinas Iowa City o Des Moines (según dice una buena amiga portorriqueña afincada en Chicago), las riberas del Mississippi y el American Writer's Workshop seguían martilleando en mi cabeza Iowa, Iowa, Iowa… someday I'll be there.

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Me quedo con I'll be there, I want you back con Billy Jean, Rock with you, I wanna be startin' something, Beat it, Smooth criminal y con tantas otras canciones de los dos primeros tercios de la vida de Michael Jackson (desde los Five y la joya Off the wall hasta Bad y, ya en menor medida, Dangerous). Personalmente, me tocaron mucho más las muertes de Freddie Mercury, John Lennon, Kurt Cobain o Cliff Burton, bajista de Metallica. Y la de Vicente Ferrer (maestro en armonía). Pero creo que «Jacko» fue un genio musical, audiovisual y del baile que tuvo al menos tiempo de demostrarlo en vida, antes de que el personaje engullera al artista y sus demonios personales destruyeran su creatividad.

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No se estudia escritura creativa en la universidad, no de una manera seria y planificada. Y no en Europa, al menos hasta donde yo sé, aunque no tengo todos los datos (creo que en Alemania sí existe algún caso). Pero no en España, eso desde luego. Por esa razón, algunos de los programas de estudios que se presentan como «máster» desde varias iniciativas privadas no obtienen el reconocimiento, la convalidación y el prestigio «oficiales». En España existía ya al menos un Máster a partir de unos talleres literarios, Máster que pretende estar homologado por una universidad española, aunque lo cierto es que sólo goza de su permiso para utilizar un nombre y un logotipo en las promociones, como mero reclamo publicitario. Pero insisto: el mundo universitario mira para otro lado y se desentiende de la enseñanza de escritura creativa (o de creación literaria). Sé que en Estados Unidos, por ejemplo, existen estudios oficiales de escritura creativa que suman los correspondientes créditos en diferentes carreras de Humanidades. Sucede por ejemplo en la Universidad de Nueva York, en la prestigiosa Universidad de Berkeley, en la de Iowa y en algunas otras. Toronto, en Canadá, también es otro caso. En algunas de estas universidades, además, la escritura creativa en español forma parte de los departamentos correspondientes (Literatura, Filología, Traducción, etcétera).

Con el tiempo ha de llegar este debate a las universidades españolas y europeas, y no sé hasta qué punto esto será positivo o negativo para los talleres literarios privados, de los que, entre otras cosas, come un servidor. Tampoco la posible incorporación de esta materia al ámbito universitario sería garantía de una mejor docencia, si no contara con la experiencia de quienes llevan más de una década en talleres privados. Como en todo, lo fundamental es el criterio. Al menos el centro para el que trabajo forma parte de la Red Europea de Programas de Escritura Creativa, que se preocupa de compartir y contrastar entre varias escuelas de toda Europa métodos y estrategias para mejorar la docencia y sumar esfuerzos, entre otras cosas. Pero me planteo todo esto con el mismo espíritu con el que antes hablaba de las revistas literarias: conciliar la necesidad de rentabilizar cualquier iniciativa empresarial con el rigor en su actividad cultural (también, con sus peculiaridades, toda universidad es en cierto modo una empresa).

El próximo día 1 de julio finaliza el plazo para la inscripción en la prueba de acceso al Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores de Madrid, prueba que tendrá lugar el día 4 de julio. Los seleccionados (incluyendo varios becados, uno completo y dos parciales) comenzarán el Máster en otoño y la ponencia inaugural correrá a cargo del escritor italiano Alessandro Baricco. No es casualidad: Baricco dirige la Scuola Holden de Milán, donde se desarrolla un Máster en escritura que, si bien tampoco está homologado por ninguna universidad en los dominios de Il Cavaliere (ocupado en otros menesteres y menesterosas), goza de un prestigio real en todo el espectro literario italiano, después de años de buen hacer y de buen criterio. Ése es el espíritu con el que nace el Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores de Madrid: formar escritores (narradores, en concreto) que, con el tiempo, podrán argumentar la realización de ese Máster como garantía, cuanto menos, de un trabajo serio y riguroso, el mismo con el que (me consta) se ha desarrollado todo su temario.

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No sé si ya lo he dicho alguna vez, pero me encantaría trabajar algún día al frente de un programa de radio. En una emisora local o a través de un portal de radio en línea, da lo mismo. Todavía me fascina ese medio, donde la voz es la protagonista, y creo que se pueden hacer cosas interesantes e imaginativas con la literatura y la radio, donde la imagen no roba protagonismo. De un tiempo a esta parte han aparecido algunas buenas iniciativas que relacionan lo virtual y la televisión (literalia.tv, aviondepapel.tv, canal-l.tv, etcétera), pero ojalá pronto alguien se anime con la radio. Las emisoras convencionales (RNE y compañía) cuelgan archivos de sus programas en sus páginas web, pero no estoy muy al tanto de si hay iniciativas serias que trabajen sólo el formato podcast y on line. ¿Alguien tiene más pistas?

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La Escuela de Escritores y la cadena SER, como muchos ya sabéis (porque participáis en él), convocan cada semana el concurso Relatos en cadena, que en su primera temporada ya desembocó en un libro recopilatorio, publicado por Alfaguara. Formo parte del pre-jurado en ese certamen y el pasado martes ganó un texto que había pasado (de manera anónima, con un código numérico, como siempre) por mis manos. Eso satisface, pero también plantea un interrogante que extiendo a todos los concursos, como el Setenil, por ejemplo, ya en marcha: el jurado es el último responsable del fallo de cualquier premio (se entiende que hablamos sólo de los limpios, por supuesto, como parece serlo el Setenil), pero ¿quién audita, controla o valora al pre-jurado de esos premios? ¿Cuántos textos no habrán quedado en el camino por la falta de criterio, el desbordamiento o el descuido de quienes hacen la primera criba? En fin, ni yo mismo quedo libre de estas cuestiones, ya que nadie es infalible, pero lo que quiero decir con todo esto es que un escritor ha de relativizar siempre sus expectativas y sus «victorias y derrotas» en todo concurso literario. Escribir es lo más importante. Trabajar en ello. No hay victoria ni derrota real, sólo lucha con, para y desde el texto. Lo demás ha de ser siempre accesorio y llegar (o no) a posteriori. Ganar un concurso puede llegar a ser un estupendo efecto secundario, pero el síntoma y la fiebre han de ser siempre el deseo y la escritura.

*

Ya que de concursos hablamos, hago una apostilla: ya es la quinta vez que un participante del Premio Diomedea me escribe un airado mensaje de correo, protestando por el fallo del jurado. Uno puede errar con la preselección de textos, pero no creo que se equivoque por sistema todo el jurado del Diomedea, mucho más amplio en proporción que en cualquier otro premio literario: entre ocho y doce escritores (muchos ni siquiera se conocen entre ellos) valorando los seis textos que yo les presento como candidatos. Me puedo equivocar, sí, pero la experiencia y cierto ojo para estas cosas han hecho que mi pronóstico personal se cumpla en casi todas las convocatorias. Tras cada fallo, llegan algunos de esos afectados (en todos los sentidos). Unos me escriben con cajas destempladas, otros con la tibia máscara de la ironía, pero todos los que han caído en ese error han gozado de mi paciencia y de la respuesta más amable y argumentada que he sabido darles, cuando no tendría por qué (por eso no se da nunca ningún tipo de explicaciones en ningún premio literario, menos en éste, claro, porque su administrador es un poco tonto). Aún así, es habitual que estos «agraviados» dejen de concursar en el Diomedea, lógicamente, o que borren de su bitácora un enlace que, a veces durante años, ha conducido a la mía, lo cual ya es menos lógico y bastante más infantil. En fin, libres son.

Cualquier día, sin embargo, alguien terminará por calentarme los cascos más de la cuenta, y publicaré entonces su texto, dejándole en evidencia con un concienzudo análisis crítico con los motivos por los que no ha llegado a la final, porque una cosa es el gusto y las modas, sí, y otra muy distinta el criterio literario y el conocimiento de los recursos utilizados en la escritura contemporánea (no hablo ya del talento). Menos mal que ésta es una iniciativa personal y no remunerada (a veces hay quien olvida que sólo me supone trabajo y algunos euros en la ventanilla de Correos, y me pide explicaciones que no vienen a cuento) y que el premio se reduce a un puñado de libros (animo a otros cuentistas o editoriales a tomar ejemplo de Juan Carlos Márquez, por cierto, y a donar alguno de sus libros para futuras ediciones del Diomedea), porque si llega a haber un buen dinero de por medio igual hasta me envían a casa una carta bomba o me meten en la cama la cabeza de un caballo (a lo Corleone). Un poco de humildad y de sentido del humor no vendrían mal. Creo.

*

Veremos qué pre-jurado y qué criterio gastan en el primer concurso de relatos al que mando un texto en mi vida. El viernes grapé las copias de mi cuento, cerré la plica y crucé los dedos en Correos. Nunca he sido muy amigo de los premios literarios, pero comienzo a cambiar de opinión. Alguna vez tenía que empezar. Tal vez envíe mi libro de relatos al Tiflos, por ejemplo, si es que se convoca este invierno, ya que a pesar de la pésima distribución de Castalia al menos la edición es buena y el libro estaría en una fecha razonable en manos de los lectores, porque por la vía tradicional, con los editores, hay que pensar en plazos inabarcables de espera. No tengo prisa, pero después de tres años trabajando en el libro, cuando lo acabe, no estoy seguro de que me apetezca esperar otros dos años para compartirlo con los lectores, por cuestiones de agenda editorial. Por eso a partir de ahora, cuando descubra un certamen que parezca limpio y tenga, premio aparte, cierto prestigio literario, buscaré algún relato acabado que no esté en el libro y que encaje en ese concurso, me preguntaré por qué no y me imaginaré un día con dinero en el bolsillo para comprarme un portátil nuevo, lanzarme de una vez con aquella revista o dedicarme unos meses a la escritura a tiempo completo, que para eso sirven los concursos. Para eso, y no para dorar el ego ni creerse licenciado de nada. Prometo callarme la boca y no darle la vara a nadie cuando no gane un concurso, y otro, y otro... y seguir así, encadenando palabras y grapando folios, calladito y humilde, hasta que un buen día mi trabajo dé (o no) algún fruto. Porque la fiebre todavía no remite y a mí, la verdad, lo que me divierte es escribir.

27/06/09

Quark.



Del DRAE:

quark. (Voz ingl.). 1. m. Fís. Tipo de partículas elementales, componentes de otras partículas subatómicas, como el protón y el neutrón, y que no existen de manera aislada.

*

El término quark, que en inglés puede referirse al graznido de una gaviota, fue acuñado por los científicos a partir de una frase que aparece en el libro Finnegans Wake, de James Joyce:

«Three quarks for Muster Mark!»

*

quark. Tipo de queso fresco de Europa Oriental. De leche de vaca, tiene textura untuosa, color blanco y sabor ligeramente ácido.

*

Quark Inc. Empresa responsable del programa de edición QuarkXPress para los sistemas operativos Mac OS X y Windows, utilizado como herramienta profesional por editores, impresores y fotomecánicos.

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Stephen Hawking, físico teórico, dijo del libro Finnegans Wake, de James Joyce:

«Me lo llevé a la playa un día, pero no entendí nada.»

22/06/09

Fallo del VII Premio de Relato mínimo Diomedea.

Para la séptima edición del Diomedea llegaron textos desde siete países y, como en la sexta entrega, ha vuelto a aumentar el número de participantes en casi un 20 por ciento. Varios relatos de autores fieles al Diomedea se han quedado muy cerca de los seis candidatos finales (los que valora en última instancia el jurado) que en esta ocasión fueron (por orden alfabético): «Cambio climático» (código 7V29Y13CO4), de Rosana Alonso; «Carteras ajenas» (código 7S13J19CS3), de Hugo García Saritzu; «El hatillo» (código 7V29Y17EO8), de Jesús Esnaola Moraza; «El velatorio» (código 7L15J23EO9), de Manuel Sánchez Vicente; «Tomates Cherry» (código 7V29Y18TY9), de Claudia Munáiz y «Sumamente desesperados» (código 7V29Y16DS7), de Andrés Portillo González.
Enhorabuena a los dos finalistas y al ganador, que desvelamos a continuación. Los tres se llevarán, además de los títulos de Gens ediciones que estaban previstos, el libro de relatos Norteamérica profunda, que su autor, Juan Carlos Márquez, ha tenido el detalle de donar al certamen. Esperemos que el ejemplo cunda entre otros cuentistas en futuras ediciones del Diomedea.
Como siempre, gracias a todos vosotros, que seguís y muchas veces ayudais a difundir esta iniciativa, próxima a cumplir los dos años de vida. Gracias también a los miembros del jurado, que continúan colaborando de manera desinteresada.
Recordad que desde el pasado lunes ya está abierta la convocatoria para el VIII Premio de Relato mínimo Diomedea, que en esta ocasión comprenderá un trimestre para abarcar las vacaciones (se falla en septiembre) y también para que durante el mes de julio podáis concentraros en el I Concurso Internacional de Microrrelatos "Museo de la Palabra", si os apetece.


Fallo del VII Premio de Relato mínimo Diomedea:


Finalista del VII Premio de Relato mínimo Diomedea
Finalista del VII Premio de Relato mínimo Diomedea:

Título: «Carteras ajenas»
Autor: Hugo García Saritzu
Nacido en la Patagonia argentina, desde 1980 vive en la localidad barcelonesa de Vilanova i la Geltrú. Es Doctor en Filología Hispánica por la UB y ha ejercido la crítica literaria en medios como el suplemento cultural de LA VANGUARDIA.
Bitácora: Vell Talp

Obtiene los libros de relatos Mujer con perro sobre fondo blanco, de Alfonso Fernández Burgos (Gens, 2006), y Norteamérica profunda, de Juan Carlos Márquez, por gentileza del autor.


CARTERAS AJENAS



ELLA SE PUSO DELANTE DE USTED mientras el metro entraba en Liceu. Pinta de guiri, buen culo y la cartera en el bolsillo trasero clamando hurto sin violencia. Fue fácil. Dos dedos en pinza, grúa y adiós. Las puertas tardaron en abrirse, usted maldijo y ella se volvió. Sonrisa de diosa pagana. Un temblor le recorrió el espinazo recordándole monos pasados y olvidados. Cuando quiso reponerse de aquella mirada, ella había desaparecido en el gentío.
El botín: cinco euros, DNI de Katharine Werfel, un folleto del Gimnàs Raval y un papel con direcciones. Aunque usted siempre se deshace de las carteras robadas, ésta decidió quedársela. Necesitaba encontrarla.
Ni en el gimnasio, santuario del breakdance, ni en las direcciones, todas casas okupadas, le dieron novedad de ella. El golpe bajo vino del consulado alemán: el año anterior, el metro había arrollado a Katharine Werfel.
Buscar el olvido no fue fácil.
Hace dos días, en Sants y en hora punta, las puertas del metro tardaron en abrirse. Dos manos se sujetaron a su cintura. Se volvió. Reconoció su mirada y su sonrisa y, otra vez, la perdió en el gentío. Inmediatamente se palpó el bolsillo, ya no tenía su cartera.
«Carteras ajenas» es propiedad de © Hugo García Saritzu 2009.


Finalista del VII Premio de Relato mínimo Diomedea
Finalista del VII Premio de Relato mínimo Diomedea:

Título: «El hatillo»
Autor: Jesús Esnaola Moraza
Donostiarra de nacimiento, reside en Barcelona. Recientemente obtuvo una mención especial en el III Concurso de relatos de TMB de Barcelona.
Bitácora: El doctor Frankenstein, supongo

Obtiene los libros de relatos Mujer con perro sobre fondo blanco, de Alfonso Fernández Burgos (Gens, 2006), y Norteamérica profunda, de Juan Carlos Márquez, por gentileza del autor.


EL HATILLO



AQUELLA MISMA NOCHE, tras escuchar la decisión de Marta, subí a la azotea de casa con el fusil de precisión que usaba cuando iba de caza mayor. Saqué los prismáticos y miré con ellos alrededor de todo el edificio, intentando descifrar cuál sería la ruta más probable.
Hasta el amanecer no las oí acercarse. Venían dos juntas. Aguardé a que se separaran. Todo se complicaría mucho si no lo hacían. Tras unos segundos de tensión, una de ellas viró hacia el sur mientras que la otra siguió directa hacia mí. Cargué el fusil. Coloqué la rodilla derecha en el suelo y encajé bien la culata en mi hombro. Un disparo. Tal vez no me diera tiempo de hacer dos.
Apareció su cabeza en la mira telescópica. Contuve la respiración y mi dedo índice apretó suave el gatillo. La cabeza de la cigüeña reventó y el hatillo que llevaba en el pico con mi hijo, con nuestro hijo dentro, se precipitó al vacío. Cuando estaba a mitad de camino del suelo, desapareció como la pólvora de un fuego artificial pero sin luz, sin ruido.
«El hatillo» es propiedad de © Jesús Esnaola Moraza 2009.


Cuento ganador del VII Premio de Relato mínimo Diomedea
Ganador del VII Premio de Relato mínimo Diomedea:

Título: «Cambio climático»
Autora: Rosana Alonso
Compagina su trabajo como analista de laboratorio en un hospital con la escritura. Ha recibido diversos talleres literarios y obtuvo un segundo premio en la modalidad de texto hiperbreve en el XIII concurso de la Fundación Civilia “Todos somos diferentes 2008”. Reside en Camarma de Esteruelas (Madrid).
Bitácora: (no consta)

Obtiene un lote con cuatro libros de relatos: Despeinadas, de Gema Fernández Esteban (Gens, 2009); Nosotros, todos nosotros, de Víctor García Antón (Gens, 2008) y la antología Parábola de los talentos (Gens, 2007). Recibe también el libro Norteamérica profunda, de Juan Carlos Márquez, por gentileza del autor.


CAMBIO CLIMÁTICO



FUE UNA PRIMAVERA PRECOZ. El terapeuta le había dicho a mamá que cuidar del jardín le vendría bien; se había convertido en una selva en miniatura en la que perdíamos siempre la pelota. Compró un abono universal a un extraño hombrecillo de acento extranjero que vendía sus productos a domicilio. Todos, menos papá, nos dedicamos a desbrozar, abonar y sembrar el jardín con entusiasmo. Pasado un mes germinaron un poeta, una bailarina y un violinista entre los macizos de clavelinas y pensamientos. El poeta escribía palabras nuevas que mamá cantaba siguiendo el sonido del violín y la bailarina giraba alocada a nuestro alrededor, como una mariposa gigante y exótica. Llovían colores primarios y saltábamos sobre charcos violetas y verdes, salpicándolo todo. Papá nos miraba muy serio resguardado bajo el porche, como si no le alegrara escuchar a mamá cantar después de tanto silencio. «Es el cambio climático», murmuraba, y recogía el agua multicolor en frasquitos para analizarla en su laboratorio. Una noche, mientras dormíamos, tiró el abono al contenedor y echó herbicida en el jardín. Nuestros invitados se fueron marchitando y mamá se encerró en su cuarto de nuevo. Un aliento helado se adueñó de la casa.
«Cambio climático» es propiedad de © Rosana Alonso 2009.


Todas las obras están bajo una Licencia de Creative Commons.

Premiados en anteriores convocatorias:

I Premio de Relato mínimo Diomedea
II Premio de Relato mínimo Diomedea
III Premio de Relato mínimo Diomedea
IV Premio de Relato mínimo Diomedea
V Premio de Relato mínimo Diomedea
VI Premio de Relato mínimo Diomedea


Consulta las bases

21/06/09

Bibliofilia severa (recaída).



El pasado viernes 19, desde tierras del norte llegó el primer libro: Morfología del cuento, de Vladimir Propp.
La gente es increíble, de verdad. GRACIAS.


Del 13/6/09:

Estoy enfermo. Soy bibliófilo. Tengo deudas. No llego ni a mileurista. Busco (más) trabajo. No moveré un dedo por menos de 9 euros la hora. Estoy enfermo. Soy braquiófilo (los brazos, ciertos brazos, esos brazos: me río de ti cuando señalas otra pasión cualquiera como bella y te ríes de la mía; qué sabrás tú de brazos). Tengo branquias. No puedo respirar fuera del agua. Busco una pecera amplia, a compartir. Me han dicho que a una editora que me gusta (su trabajo, no sus brazos) no le gusta la narrativa de humor. El primer relato de mi libro va de un hombre-rana a la deriva. No es una broma. No es humor. A la deriva, el hombre-rana c'est moi. Y estoy enfermo. Soy bibliófilo. Tengo deudas. No llego a fin de mes. Hoy he mentido y he dicho que mañana madrugaba, porque no tenía dinero para las copas. No me moveré de aquí por lo menos hasta las 9. Estoy enfermo. Soy antólogo. Tengo proyectos. No doy abasto pero el deseo me alcanza. Busco editores. No moveré ninguna antología sin una buena apuesta. Quiero muchos libros, narrativa, narrativa y poesía, claro, como siempre, ya te lo he dicho, estoy enfermo. Pero ahora quiero (mucho) estos libros. Dámelos. Los quiero. Regálamelos. Mándamelos a casa. Pásamelos por la calle, en el metro, métemelos en la mochila sin que me entere o déjame una nota. O los robaré. Soy un hombre-rana enfermo. Y no tengo dudas: los quiero, dámelos o los robaré [*]:

  • Berger, John. Apuntes para una pequeña teoría de lo visible, Árdora, 1997. (recibido)
  • Bierce, Ambrose. Diccionario del Diablo. (recibido)
  • Bordieu, Pierre. Las reglas del arte, Anagrama, 1995.
  • Calvino, Italo. Seis propuestas para el próximo milenio, Siruela, 1989.
  • Deleuze, Gilles. Lógica del sentido, Paidós, 1989.
  • Foucault, Michel. El pensamiento del afuera, Pre-Textos, 2000. (recibido)
  • Gombrowicz, Witold. Cualquiera, casi.
  • Herzog, Werner. Del caminar sobre el hielo, Ediciones de la Tempestad, 2003.
  • Huxley, Aldous. Si mi biblioteca ardiera esta noche, Edhasa, 2009.
  • Jung, Carl Gustav. Sobre el fenómeno del espíritu en el arte y en la ciencia, Trotta, 1999.
  • Maillard, Chantal. La razón estética, Laertes, 1998.
    -Contra el arte y otras imposturas, Pre-Textos, 2009.
  • McDougall, Joyce. Alegato por una cierta anormalidad, Paidós, Buenos Aires, 1993.
  • Miller, Jacques-Alain. Los signos del goce, Paidós, Buenos Aires, 1998.
  • Muchnik, Mario. Lo peor no son los autores, El Taller de Mario Muchnik, 1999.
  • Pavese, Cesare. El oficio de vivir, Seix Barral, 2001.
  • Propp, Vladimir. Morfología del cuento, Fundamentos, 1991. (recibido)
  • Roth, Joseph. Cualquiera, o las Cartas de Acantilado, o Viaje a Rusia, Minúscula, 2008.
  • Steiner, George. George Steiner en "The New Yorker", Siruela, 2003.
    -Presencias reales, Destino, 1993.
  • Talens, Jenaro. Elementos para una semiótica del texto artístico, Cátedra, 1980.
  • Todorov, Tzvetan. Poética, Losada, Buenos Aires, 1975.
  • Valéry, Paul. Teoría poética y estética, Visor, 1990.
  • Virilio, Paul. La estética de la desaparición, Anagrama, 1988.

  • [* Pero no robar a libreros como estos, que son cojonudos. No, ahí, si acaso, cómprame los libros y me los mandas:

    Laie CCCB
    Auzolan Liburudenda
    Galatea Llibres
    Librería La Clandestina
    Librería Xoroi
    Librero humanoide
    El llibreter
    Librería Valdeska
    Tres rosas amarillas

    Si vas a robarlos, hazlo en la FNAC o en un sitio de esos, y que se jodan. Aunque, bien mirado, ni te molestes, no los tendrán, esos libros: un día pregunté por Flannery O'Connor y se pensaban que era una cantante de folk.]